POLITICA ARGENTINA: MACRISMO VERSUS 'BLACKRISMO'

La Bendición del Alcalde: Jorge Macri blanquea la fusión con los libertarios, y deja al fundador del PRO en minoría dentro de su propio partido

Ante un auditorio de empresarios industriales, el jefe de Gobierno porteño Jorge Macri respaldó explícitamente una alianza orgánica con La Libertad Avanza, invocando la necesidad de blindar las reformas macroeconómicas...

Lunes, 03 de Agosto de 2026
Jorge Macri, Mauricio Macri, Ciudad de Buenos Aires, PRO porteño, Jefatura de gobierno porteño


Ante un auditorio de empresarios industriales, el jefe de Gobierno porteño Jorge Macri respaldó explícitamente una alianza orgánica con La Libertad Avanza, invocando la necesidad de blindar las reformas macroeconómicas y de estructurar un polo de centroderecha capaz de neutralizar al peronismo. La definición desborda el plano táctico: impacta de lleno sobre las deliberaciones internas de la mesa de Uspallata acerca de la identidad histórica del sello amarillo, contradice la posición sostenida por el fundador del espacio —quien reclama convergencia desde una posición de fortaleza y no de subordinación— y desautoriza el pronunciamiento que la propia conducción había emitido en noviembre de 2025. 


El anuncio y su encuadre argumental

El posicionamiento se produjo durante un encuentro sectorial con empresarios industriales en la Capital Federal, donde el jefe de Gobierno analizó la gobernabilidad de los próximos meses. Allí bendijo una alianza orgánica con el oficialismo nacional y convirtió la necesidad de blindar las reformas macroeconómicas en el argumento central de la articulación partidaria. La propuesta busca estructurar un polo de centroderecha lo suficientemente sólido como para neutralizar cualquier avance electoral de las corrientes identificadas con el peronismo ortodoxo.

El encuadre elegido merece atención, por cuanto desplaza el eje del debate. No se argumenta desde la afinidad ideológica ni desde el cálculo de poder, sino desde la protección de un legado de política pública: la alianza se justifica como seguro contra la reversión de las reformas. Formulado así, quien objete la convergencia queda situado, implícitamente, del lado de quienes facilitarían el retorno adversario. Es un movimiento retórico eficaz que estrecha el margen de la disidencia interna.

El propósito complementario es defensivo y de naturaleza electoral: al convalidar la integración con el oficialismo nacional, el jefe de Gobierno busca evitar la fuga de votos independientes hacia las listas libertarias. Se trata, en rigor, del reconocimiento de que el electorado propio ya migró en las urnas y de que resulta preferible administrar esa migración desde adentro, antes que resistirla desde afuera.


La fractura con el fundador

La posición del ex presidente Mauricio Macri y de su dirigente de confianza, Fernando De Andreis, es de otro orden: sostienen ambos que la convergencia debe realizarse desde una posición de fortaleza y no de subordinación. La diferencia no es semántica. Convergir desde la fortaleza supone negociar aportando estructura, cuadros y votos propios a cambio de participación decisoria; convergir desde la subordinación supone aceptar el papel de socio menor a cambio de lugares en listas ajenas. Ambas conducen al mismo frente electoral, pero a partidos posteriores radicalmente distintos.

El pronunciamiento del jefe de Gobierno porteño colisiona, además, con el registro público del propio partido. En noviembre de 2025, tras una cumbre del Consejo Nacional, el espacio había comunicado que «no hubo ni habrá fusión con LLA», ratificando el apoyo a las reformas pero marcando diferencias con el oficialismo: rechazo a los personalismos y reivindicación de mayor institucionalidad como elementos de una visión liberal completa. De aquella reunión trascendió una definición que hoy adquiere ironía retrospectiva: «Estamos los que queremos estar en el PRO; los que no, ya se fueron o están en camino de hacerlo».

Nueve meses después, la afirmación resulta literalmente exacta y políticamente devastadora. No hubo fusión formal, en efecto: lo que hubo fue la migración sucesiva de los cuadros con mayor peso específico, y ahora el respaldo público del principal dirigente en ejercicio a una integración orgánica.


La causa material: el goteo

La necesidad de fijar una postura clara responde a un diagnóstico que preocupa a la cúpula: el drenaje continuo de dirigentes hacia el oficialismo nacional, evidenciado en las salidas de Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich y Diego Santilli. A ello se suma el reconocimiento explícito de que el Presidente ocupa hoy el liderazgo de la centroderecha argentina, un lugar que el partido amarillo detentó durante casi dos décadas.

La respuesta orgánica ha sido de contención antes que de expansión. El jefe de Gobierno formalizó la incorporación de Cristian Ritondo a la mesa política de la Ciudad, con el objeto de fortalecer la articulación entre el distrito de origen del partido, el Congreso de la Nación y la provincia de Buenos Aires. Es un movimiento de consolidación del núcleo remanente, no de reclutamiento.

El diagnóstico interno más lúcido quedó registrado durante el relanzamiento partidario de marzo, cuando un referente ironizó sobre el propósito de la convención: «¿Para qué es el congreso del PRO? Para mostrar que existís». En aquella instancia, la conducción reivindicó la vigencia del espacio —«somos muchos más de lo que todo el mundo piensa»— y ratificó la intención de presentar candidatos en todas las categorías, con la presencia de sus tres gobernadores. La distancia entre aquella afirmación de autonomía y el respaldo actual a la fusión mide, con precisión, el deterioro de cinco meses.


El obstáculo institucional y los escenarios

Sobre esta discusión pende una variable técnica de consecuencias mayúsculas. Si el Congreso aprueba la reforma electoral en trámite, el expresidente y el Presidente no podrían competir dentro de un mismo frente, aunque en la práctica quedaría abierta la posibilidad de que cada uno lo hiciera por separado y acordaran que quien resulte excluido respalde al que acceda al balotaje, replicando el esquema de 2023. Es decir: la arquitectura institucional podría resolver por vía normativa una disputa que el partido no logra resolver políticamente.

Existe, además, una dimensión sucesoria que altera el cálculo porteño. La senadora que abandonó formalmente el macrismo para afiliarse a las filas libertarias comenzó a impulsar una agenda vinculada al territorio de la Ciudad —con intervenciones públicas sobre la falta de inversión en subterráneos— y aparece como aspirante a suceder al actual jefe de Gobierno, quien responde a esas críticas con tono conciliador y con argumentos alineados a los del oficialismo nacional. La paradoja es evidente: el dirigente que promueve la fusión enfrenta, dentro del espacio con el que pretende fusionarse, a su propia competidora.

La conclusión es que el submarino amarillo no está debatiendo si converge, sino en qué condiciones y bajo la conducción de quién. La línea del fundador conserva la carta de la marca, la estructura porteña y tres gobernaciones; la del jefe de Gobierno conserva la administración del principal distrito y la iniciativa. Lo que ninguna de las dos conserva es la capacidad de disputar el liderazgo de la centroderecha, y de esa constatación compartida —no de la discrepancia sobre el método— se deriva el desenlace más probable.


 

Redacción, El Ojo Digital