El Candidato Sin Interna: la fortaleza estructural y la fragilidad táctica de Sergio Tomás Massa
El ex titular de Hacienda es hoy el único dirigente de peso del justicialismo que conserva diálogo simultáneo con los dos extremos de la interna, sin haber quebrado vínculos ni con la conducción histórica del espacio ni con la gobernación bonaerense.
El ex titular de Hacienda es hoy el único dirigente de peso del justicialismo que conserva diálogo simultáneo con los dos extremos de la interna, sin haber quebrado vínculos ni con la conducción histórica del espacio ni con la gobernación bonaerense. Esa doble llegada, combinada con un perfil bajo sostenido deliberadamente desde la derrota de 2023, lo reinstala en la conversación como el nombre que podría prescindir de ganar una compulsa interna por resultar aceptable para todos.
La naturaleza del activo
Conviene precisar la moneda con la que opera. El capital del ex funcionario no consiste en popularidad, magnitud en la que otros dirigentes del espacio lo superan. Se limita a la mera aceptabilidad; esto es, la propiedad de no resultar inadmisible para ninguna de las facciones. Se trata de una divisa distinta, con reglas propias de valorización.
La aceptabilidad rinde bajo una condición precisa: que las alternativas se neutralicen entre sí. Un dirigente aceptable por todos resulta elegido cuando ninguna facción puede imponer su preferencia y todas necesitan evitar la victoria de la facción rival. En ese escenario, la ausencia de veto se convierte en el criterio decisivo. Esa es exactamente la configuración que la interna justicialista exhibe hoy.
El registro empírico acompaña la hipótesis. La reunión que las principales tribus del espacio mantuvieron a mediados de mes produjo un único acuerdo, de carácter defensivo, y ninguna definición sobre la candidatura. Su presencia en ese cónclave, junto al gobernador bonaerense y al referente de La Cámpora, funcionó como señal dirigida a los mandatarios provinciales no alineados con la conducción nacional. Quien articula sin comprometerse, acumula posición.
El argumento macro y su doble filo
El sustento estratégico de cualquier hipótesis peronista para 2027 lo aporta la demanda de alternancia. El relevamiento de Zubán Córdoba consigna que el 62% de los consultados votaría por un cambio de gobierno frente a un 33% que optaría por la continuidad de la gestión vigente.
Aquí introducimos la objeción que consideramos decisiva y que la lectura corriente omite. Una demanda de cambio de esa magnitud no premia naturalmente al rostro de la administración anterior. El ex ministro condujo la cartera económica durante el período de mayor deterioro nominal en tres décadas, y su credencial de 2023 —haber quedado a tres puntos de imponerse en primera vuelta— documenta simultáneamente una competitividad notable, aunque también una derrota. El electorado que hoy reclama alternancia incluye a un segmento que reclamó exactamente lo mismo hace tres años, y que obtuvo lo que pedía.
La consecuencia práctica es que el argumento macroeconómico funciona mejor para el espacio que para su persona. La demanda de cambio abre una ventana al justicialismo y no designa a su ocupante, y el criterio de designación difícilmente premiará la continuidad biográfica con el ciclo impugnado.
El perfil bajo y su arista paradojal
La estrategia de reserva ha sido eficaz durante casi tres años, y comienza a exhibir su costo.
Quien administra deliberadamente su ausencia de agenda propia, cede el control del relato sobre su persona. En ese vacío, los hechos incidentales adquieren dimensión desproporcionada: la cobertura de esta semana registró su regreso de una semana de descanso en el Caribe, viajando en aeronave privada por invitación de un empresario, en el marco de una celebración familiar. El episodio carece de relevancia política intrínseca y consumió espacio, precisamente porque no había otra información que ocupar.
La lección analítica excede el caso. El perfil bajo es un instrumento de preservación, no de construcción. Preserva la aceptabilidad y no genera adhesión, y llega un punto del ciclo en que la ausencia de propuesta deja de leerse como prudencia y comienza a leerse como carencia. Nuestra estimación sitúa ese umbral en el primer trimestre del año próximo.
El dilema de la formalización
Aquí reside la fragilidad táctica que da título a este informe. El activo de Sergio Massa consiste en ser una posibilidad aceptable para todos. Una candidatura formalizada deja de ser posibilidad y se convierte en propuesta, y toda propuesta genera oposición. En el instante en que declare su postulación, las facciones que hoy no lo vetan deberán decidir si lo respaldan, y el cálculo de cada una cambiará de naturaleza.
Esa mecánica explica una conducta que suele atribuirse a indecisión y que a nuestro juicio responde a comprensión estratégica. El costo de esperar es de instalación; el costo de lanzarse es de neutralidad. Mientras la interna de sus competidores permanezca abierta, esperar domina; en el momento en que uno de ellos consolide ventaja decisiva, esperar se vuelve equivalente a renunciar.
Conviene añadir una consideración sobre la naturaleza de su electorado potencial. El criterio de aceptabilidad transversal dentro de un espacio no implica capacidad de captación fuera de él, y una candidatura peronista competitiva requiere de ambas cosas. El desafío específico consiste en que los atributos que lo vuelven admisible para las facciones internas —moderación, pragmatismo, disposición al acuerdo— son los mismos que un electorado que reclama alternancia puede interpretar como continuidad del sistema que impugna. Esa tensión no se resuelve mediante posicionamiento comunicacional; requiere una propuesta capaz de establecer distancia respecto del período que él mismo administró.
La variable ordenadora es, otra vez, el régimen electoral. Si las primarias abiertas subsisten, la formalización se vuelve inevitable y Massa deberá competir, exponiendo su aceptabilidad al escrutinio de las urnas. Si el instrumento es suprimido, la definición migra hacia instancias partidarias donde precisamente la ausencia de veto constituye el criterio dominante. La supresión de las primarias, promovida por el oficialismo nacional con otros propósitos, resultaría funcional a su hipótesis. Ese es, a nuestro criterio, el hallazgo más contraintuitivo del cuadro actual.
Escenarios y variables de verificación
Nuestra evaluación distingue tres desenlaces. El más probable contempla que permanezca sin formalizar hasta que la definición del régimen electoral se resuelva, y que emerja como candidato de consenso en caso de supresión de las primarias. El segundo supone que, con primarias vigentes, deba competir y descubra que la aceptabilidad no se traduce en votos internos. El tercero, minoritario, lo ubica como articulador de una fórmula que encabece otro dirigente, reteniendo influencia sin exposición.
Dos indicadores resultan decisivos. El primero es el tratamiento parlamentario de la suspensión de las primarias, que determinará el terreno de juego. El segundo es la calidad de su reaparición pública: si el retorno a la escena se produce con propuesta programática o mediante gestos de articulación, quedará establecido si aspira a encabezar o a ordenar.
La conclusión que extraemos contradice la lectura difundida. Massa no aguarda por su turno; antes, bien, espera a que el terreno se defina, dado que su posición rinde en un régimen de negociación y se deteriora en un régimen de compulsa. Toda su conducta observable resulta consistente con esa lectura, y ello lo convierte en el actor peronista cuyo interés objetivo coincide, por razones enteramente distintas, con la reforma electoral que impulsa el oficialismo.