POLITICA ARGENTINA: TABLERO ELECTORAL

Provincias Unidas, la coalición que nunca definió a quién postular

A poco más de un año de su alumbramiento, el frente que nuclea a seis mandatarios provinciales atraviesa el período de mayor ambigüedad de su breve historia.

Sábado, 22 de Agosto de 2026
Martín Llaryora y Maximiliano Pullaro


A poco más de un año de su alumbramiento, el frente que nuclea a seis mandatarios provinciales atraviesa el período de mayor ambigüedad de su breve historia. Sus candidatos fueron derrotados en los comicios de octubre, varios de sus integrantes dejaron de descartar entendimientos con el oficialismo nacional y, en las últimas horas, trascendió que el gobernador santafesino y la Casa Rosada avanzan hacia un pacto de cara a 2027. Nuestro análisis identifica una falla de diseño que precede a todos esos episodios y que explica la deriva: el espacio se constituyó como federación de mandatarios en ejercicio, categoría cuyo interés primario consiste en la reelección distrital y cuya preservación depende de los recursos que administra el gobierno nacional. Esa condición vuelve estructuralmente difícil sostener una candidatura presidencial contra quien controla la caja.


Balance de trece meses

La cronología es breve. El 30 de julio de 2025, un grupo de gobernadores se reunió en la Casa de Chubut para dar forma a un espacio que rompiera la polarización entre el oficialismo nacional y el peronismo; días después, adoptó su denominación definitiva, precedida por una proclama bautizada Un Grito Federal. Sus artífices fueron los radicales Maximiliano Pullaro y Carlos Sadir, el chubutense Ignacio Torres, el cordobés Martín Llaryora y el santacruceño Claudio Vidal, con Juan Schiaretti como impulsor. Más tarde, se incorporó el correntino Gustavo Valdés.

El debut electoral de octubre arrojó resultados adversos en las plazas decisivas. Los candidatos de Pullaro y de Llaryora fueron superados por el oficialismo nacional; el espacio santafesino descendió incluso al tercer lugar, relegado por el peronismo. El único ganador del frente en aquella jornada fue el correntino, que paradójicamente terminó fuera del bloque legislativo, integrado al bloque radical.

La conformación parlamentaria de diciembre exhibió las costuras. El bloque reunió diecisiete miembros y alcanzó veintidós con aliados, incorporando radicales sin distrito propio y socialistas, para constituir luego un interbloque con el espacio que conducen Miguel Ángel Pichetto y Nicolás Massot. La designación de la vicegobernadora santafesina Gisela Scaglia al frente de la bancada generó resistencia del propio Pichetto. El chubutense quedó sin legisladores tras su tercer puesto de octubre y el santacruceño permaneció al margen: un frente de seis mandatarios llegó al Congreso con la magra representación efectiva de cuatro.


Fallos de diseño

Formulamos aquí nuestra hipótesis central, que difiere de la lectura habitual sobre desgaste o falta de liderazgo.

El nombre del espacio constituye su propio diagnóstico: la denominación describe la condición de sus integrantes, no el programa que proponen. Una coalición definida por el atributo territorial de sus miembros carece de criterio interno para dirimir una candidatura presidencial entre seis mandatarios pertenecientes a tres partidos distintos, con trayectorias, bases sociales y proyectos provinciales divergentes. La ausencia de un principio ordenador se manifiesta con claridad en un dato elemental: transcurridos trece meses, ninguno de los seis ha formalizado una postulación nacional.

La segunda dimensión de la falla es de incentivos. Un gobernador en ejercicio persigue primordialmente la continuidad de su administración distrital, y esa continuidad depende de manera directa del flujo de transferencias, obra pública y participación en recursos coparticipables que administra el Poder Ejecutivo nacional. Construir una alternativa presidencial contra el titular de esa caja supone asumir un riesgo cuyo costo recae sobre el propio distrito. La conducta observada resulta enteramente consistente con esa estructura de incentivos: los gobernadores endurecen su discurso cuando los recursos se demoran, y lo moderan cuando la negociación avanza.

Ese mecanismo explica también por qué el frente exhibe mayor cohesión en materia legislativa que en materia electoral. Como bloque parlamentario, dispone de un objetivo común y mensurable —condicionar el reparto de fondos—; como coalición presidencial requiere que cinco de sus seis integrantes acepten subordinarse al sexto, sin que exista mecanismo alguno para determinar cuál.


Las primarias como línea de fractura

La discusión sobre la eliminación de las primarias abiertas atraviesa hoy a todo el sistema, y opera sobre este espacio de una manera particular que conviene precisar.

El gobernador santafesino Pullaro ha defendido públicamente ese instrumento, sosteniendo que constituye una herramienta válida para que la sociedad elija a los candidatos. Su posición admite una lectura instrumental: las primarias son el único mecanismo capaz de resolver una candidatura entre seis pares sin jerarquía, sin producir una ruptura. Cada mandatario podría presentarse, someterse al veredicto de las urnas y aceptar el resultado sin pérdida de honor.

De ello se desprende una conclusión que a nuestro juicio merece destacarse: este frente tiene, entre todos los actores del sistema, el interés objetivo más intenso en la supervivencia de las primarias, superior incluso al del justicialismo. El peronismo dispone, al menos, de una facción dominante capaz de imponer un nombre en instancias partidarias; el frente de gobernadores carece por completo de esa estructura. Suprimidas las primarias, la designación entre iguales resulta impracticable y el espacio quedaría reducido a su función parlamentaria.

La cobertura de las últimas horas confirma que la tensión ya se manifiesta: los acercamientos entre integrantes del bloque y la Casa Rosada generan fricción interna, y las primarias aparecen como punto de quiebre.


Lo que funciona y lo que se erosiona

El activo institucional más sólido del universo federal no pertenece formalmente al frente. La Región Centro, que reúne a Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, inauguró a fines de julio una sede permanente en la ciudad cordobesa de San Francisco, en coincidencia con el vigésimo segundo aniversario de su creación, y formalizó el traspaso de la presidencia rotativa. Su agenda comprende desarrollo productivo, infraestructura, seguridad alimentaria e integración regional.

El dato que extraemos de esa comparación es significativo. La Región Centro funciona porque su objeto es administrativo y verificable, y porque incorpora a un gobernador entrerriano que no integra el frente electoral. La geometría que opera con eficacia difiere de la construcción que se propuso disputar el poder nacional, y ello sugiere que la articulación federal rinde cuando se organiza alrededor de políticas concretas, aunque se deteriora cuando se organiza alrededor de candidaturas.

En el plano electoral, la erosión avanza por dos vías. Varios integrantes dejaron de descartar acuerdos con el oficialismo nacional para blindar sus distritos, y Pullaro protagonizó recientemente una fotografía junto a la conducción libertaria y a funcionarios de primera línea del Ejecutivo. Simultáneamente, el radicalismo mantiene abierta su disputa interna entre dos estrategias incompatibles: la coalición de centro que impulsa Santa Fe y la alianza nacional con el oficialismo que promueve Mendoza. Un integrante del espacio resumió el estado de ánimo con una imagen elocuente: al frente le queda una bala en el cargador.


Escenarios y prospectiva

Distinguimos tres desenlaces. El primero, que a nuestro juicio concentra la mayor probabilidad, consiste en la persistencia del espacio como bloque parlamentario con capacidad de negociación presupuestaria y sin candidatura presidencial propia, con cada gobernador resolviendo su alineamiento nacional por separado. El segundo contempla la formalización de una candidatura de consenso, alternativa que exigiría un mecanismo de selección que el espacio no ha construido. El tercero, minoritario, supone la disolución práctica por absorción de sus integrantes en las dos coaliciones mayores.

Tres indicadores permitirán seguir la trayectoria. El primero es el desenlace del entendimiento que se negocia entre Santa Fe y la Casa Rosada: su concreción marcaría el punto de inflexión definitivo. El segundo es el comportamiento del bloque cuando la supresión de las primarias llegue al recinto, votación que obligará a cada legislador a revelar su alineamiento real. El tercero es la eventual formalización de alguna candidatura presidencial previo al mes de diciembre, hecho que hasta hoy ningún mandatario del frente ha producido.

La observación final es de método. Las terceras fuerzas argentinas han fracasado históricamente por ausencia de programa distintivo o por carencia de estructura territorial. Este caso invierte el diagnóstico: dispone de estructura territorial considerable y de gestiones con resultados exhibibles, y carece del elemento más simple, que consiste en un procedimiento acordado para decidir quién encabeza. Esa carencia resulta reparable mediante una decisión política. 

Trece meses sin adoptarla constituyen, en sí mismos, la respuesta más elocuente sobre la voluntad de sus integrantes.

 

Redacción, El Ojo Digital