MUNDO: ORIENTE MEDIO

Ormuz y Bab el-Mandeb: la guerra con Irán entra en su fase de doble estrangulamiento marítimo

En menos de 72 horas, los Estados Unidos hundieron cinco petroleros iraníes, la Guardia Revolucionaria atacó una base en Jordania y diez buques en torno a Ormuz, y los hutíes tomaron el puerto de Moca, a las puertas del estrecho que da salida al Mar Rojo.

Jueves, 10 de Septiembre de 2026
Petróleo, Brent, Suba del precio del crudo, Oriente Medio, Guerra en Irán, Estados Unidos, Crudo Brent


En menos de 72 horas, los Estados Unidos hundieron cinco petroleros iraníes, la Guardia Revolucionaria atacó una base en Jordania y diez buques en torno a Ormuz, y los hutíes tomaron el puerto de Moca, a las puertas del estrecho que da salida al Mar Rojo. El Brent superó los US$105 y el mercado comienza a descontar un conflicto sin horizonte de cierre. Lo que está en juego es la arquitectura de rutas alternativas que, durante seis meses, contuvo el shock energético.

La guerra entre los Estados Unidos, Israel e Irán, iniciada el 28 de febrero de 2026 con la campaña que el propio arco editorial de este medio ha seguido bajo la denominación de Operación Epic Fury, transita su séptimo mes. Tras un mes de relativa calma, la segunda semana de septiembre marcó un punto de inflexión: el mayor intercambio declarado de ataques contra el tráfico marítimo desde el inicio de las hostilidades, en paralelo con la apertura efectiva de un segundo teatro en el extremo sur del Mar Rojo.

La secuencia es la siguiente. Luego de que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) intentara en dos ocasiones alcanzar con misiles balísticos a un buque de guerra estadounidense, el Comando Central (CENTCOM) destruyó cinco petroleros iraníes en el golfo de Omán y en las inmediaciones de la isla de Kharg. Teherán respondió con una salva de misiles balísticos contra una base utilizada por fuerzas estadounidenses cerca de Al Azraq, en el este de Jordania, y con ataques contra diez embarcaciones —dos estadounidenses y ocho petroleros— que intentaban atravesar una zona de Ormuz que la República Islámica declaró prohibida. Al menos un marino murió y otro permanece desaparecido. El jueves 10, fuerzas hutíes ingresaron en Moca y avanzaron hacia Dhubab y la isla de Perim, las dos llaves terrestres de Bab el-Mandeb.

La tesis de este informe es que el conflicto está mutando desde una guerra de bloqueo centrada en Ormuz hacia un esquema de doble estrangulamiento que ataca, precisamente, el sistema de derivación que había permitido a Arabia Saudita y a los Emiratos Árabes Unidos sostener buena parte de sus exportaciones. Si esa arquitectura colapsa, el mercado petrolero perderá su principal amortiguador, y el shock se trasladará con mayor intensidad a los precios, a las tasas de interés y, por extensión, a las economías importadoras de energía de América Latina.
 

Cronología de una escalada: del bloqueo cruzado a la guerra contra el tonelaje

La dinámica naval de esta guerra responde a una lógica de bloqueo cruzado. Washington mantiene un bloqueo sobre los puertos iraníes que ha asfixiado las exportaciones petroleras de la República Islámica, mientras escolta a un número limitado de buques por una ruta de tránsito sobre el litoral omaní. Teherán, por su parte, exige que las embarcaciones sigan un corredor fijado por sus fuerzas, en un estrecho que antes de la guerra era considerado una vía de navegación internacional. Cada intento de imponer una u otra ruta genera fricción cinética.

El episodio de esta semana amplió el perímetro de esa fricción. Antes de sus ataques, la marina del IRGC ordenó a las tripulaciones de petroleros fondeados o amarrados en los puertos de Kuwait y Baréin que evacuaran sus buques, al considerar a esos países cómplices por albergar fuerzas estadounidenses. Anunció, además, una zona marítima restringida que se extendería desde Chabahar hacia el golfo de Omán y el mar Arábigo, con coordenadas a precisar. La agencia británica UKMTO recibió reportes de varios buques mercantes alcanzados por fuego incapacitante a ambos lados del estrecho, un buque escorado frente a Port Rashid, en los EAU, y un metanero dañado en Khor Fakkan, sin atribución clara.

En Jordania, las versiones divergen. Las fuerzas armadas del reino informaron haber interceptado 18 de los 20 misiles lanzados, con dos impactos en zonas despobladas, y un funcionario estadounidense calificó el ataque de ineficaz. Una periodista de CBS, en cambio, reportó daños en varias aeronaves militares estadounidenses en la base Muwaffaq Salti. La discrepancia no ha sido resuelta y conviene tratarla con cautela: la guerra de la información es, en este conflicto, un dominio operativo más. Desde Colombia, el secretario de Estado Marco Rubio fijó la regla de represalia de Washington: cada intento iraní de alcanzar un buque de la Armada tendrá como costo la pérdida de petroleros.
 

La lógica iraní: negación de área y escalada horizontal

La conducta de Teherán responde a una doctrina de negación de área (A2/AD) adaptada a su situación de inferioridad convencional. Incapaz de disputar el control del mar a la Marina estadounidense, la República Islámica apuesta a encarecer el uso del mar para todos los actores. Cada ataque contra un petrolero de terceros no persigue una ganancia militar directa: eleva las primas de seguro por riesgo de guerra, retrae a los armadores y reduce el volumen efectivo que atraviesa el estrecho, aun cuando la escolta estadounidense funcione.

El intercambio de esta semana revela, además, una asimetría en la ecuación de costos. Para los Estados Unidos, hundir petroleros iraníes tiene un valor marginal decreciente: con los puertos bajo bloqueo, esos buques ya estaban en buena medida fuera del mercado, y su destrucción opera más como señal de disuasión que como castigo económico adicional. Para Irán, en cambio, cada ataque sobre el tráfico comercial proyecta costos sobre la totalidad del mercado energético y, por esa vía, sobre la economía estadounidense en plena campaña electoral. La amenaza contra los puertos de Kuwait y Baréin y la extensión de la zona restringida más allá de Ormuz constituyen formas de escalada horizontal: amplían geográficamente el conflicto en lugar de intensificarlo verticalmente, lo que dificulta una respuesta proporcional.

Esta lógica tiene un corolario político. Irán no necesita ganar la guerra naval; le basta con demostrar que el costo de sostenerla crece más rápido para sus adversarios que para sí mismo. En esa apuesta, el calendario electoral estadounidense es un activo estratégico para Teherán.
 

El segundo frente: Bab el-Mandeb y la vulnerabilidad del bypass saudí

La caída de Moca es el dato más relevante de la semana desde el punto de vista estructural. Según cuatro fuentes militares del gobierno yemení reconocido internacionalmente, los hutíes tomaron la ciudad portuaria el 10 de septiembre y lanzaron ataques sobre las islas Hanish, mientras las fuerzas gubernamentales se replegaban hacia Dhubab, frente a la isla de Perim, que divide el estrecho en dos canales de navegación. El control de Dhubab y de Perim es la condición para dominar el paso. La ofensiva hutí, lanzada la semana anterior contra fuerzas respaldadas por Riad, incluyó ataques sobre territorio saudí que dejaron decenas de heridos, y el reino respondió con bombardeos diarios. Los combates en torno a la costa del Mar Rojo dejaron más de trescientos muertos en pocos días, y el enviado especial de Naciones Unidas, Hans Grundberg, advirtió sobre el riesgo de una guerra a gran escala.

La dimensión regional se amplió. Pakistán advirtió a Irán que contenga a sus aliados yemeníes, a lo que Teherán respondió que no controla a los hutíes. El ministro de Defensa paquistaní, Khawaja Asif, señaló que los ataques contra Arabia Saudita podrían activar un esquema de seguridad conjunto con Turquía y el reino. La eventual formalización de ese triángulo introduciría una potencia nuclear en el andamiaje defensivo del Golfo, con consecuencias que exceden largamente el teatro yemení.

La importancia energética del frente yemení deriva del diseño de la respuesta saudita al cierre de Ormuz. Hacia fines de marzo, el oleoducto Este-Oeste que conecta los campos del Golfo con el puerto de Yanbu, sobre el Mar Rojo, operaba a su capacidad plena de siete millones de barriles diarios, de los cuales dos millones abastecen refinerías locales. En junio, Yanbu exportó alrededor de 4,1 millones de barriles diarios, lo que equivalía a cerca del 64% del crudo saudita que antes salía por Ormuz, según datos de Kpler. Como consecuencia, el flujo petrolero a través de Bab el-Mandeb pasó de unos 4,2 millones de barriles diarios en 2025 a 7,4 millones en junio.

Allí reside la vulnerabilidad. El Mar Rojo tiene dos salidas: Bab el-Mandeb al sur y el canal de Suez con el oleoducto SUMED al norte. Los superpetroleros (VLCC) cargados no pueden atravesar Suez, y la ruta septentrional solo absorbe una fracción de los volúmenes: entre dos y dos millones y medio de barriles diarios pueden dirigirse hacia Ain Sukhna para ingresar al SUMED. El resto, destinado mayoritariamente a Asia, debe cruzar Bab el-Mandeb o rodear África, con un costo de flete que ya se había duplicado desde marzo. Yanbu, en suma, no eliminó el riesgo de estrangulamiento: lo trasladó a otro estrecho. La información —aún no confirmada de manera independiente— de que la producción saudita cayó en agosto a su nivel más bajo desde 1990 sugiere que el sistema de derivación ya opera bajo tensión.
 

Washington, entre el calendario electoral y la guerra larga

La conducción política estadounidense exhibe una disonancia entre su horizonte electoral y la evaluación de sus propios asesores. El presidente Donald Trump afirmó que espera el fin de la guerra después de las elecciones de medio término del 3 de noviembre, porque Irán ya no podría resistir, y anticipó que los precios del combustible caerán inmediatamente después de los comicios; también dejó trascender que no busca un acuerdo con Teherán. Según el Wall Street Journal, sin embargo, el vicepresidente JD Vance, Rubio y otros funcionarios le advirtieron en privado que la República Islámica podría resistir el bloqueo más allá del fin de su mandato, en enero de 2029. En paralelo, Trump reiteró la amenaza de atacar la instalación fortificada de Pickaxe Mountain, próxima al complejo de enriquecimiento de Natanz, tras detectarse actividad en el sitio.

En el plano multilateral, la Junta de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica votó remitir el caso iraní al Consejo de Seguridad ONU por primera vez en veinte años, por la falta de cooperación de Teherán en la investigación sobre trazas de uranio en sitios no declarados. La resolución, impulsada por los Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y Alemania, contó con la oposición de China, Rusia y Níger, y ocho abstenciones. La remisión tiene escaso efecto práctico inmediato —el veto chino y ruso bloquea cualquier medida coercitiva en el Consejo—, pero cumple una función de legitimación: construye el expediente jurídico-político para una eventual escalada sobre la infraestructura nuclear remanente.

La guerra también tensiona las alianzas occidentales. La fricción entre Washington y Londres, alimentada por la disputa sobre el nivel de gasto en defensa del Reino Unido dentro de la OTAN, se tradujo en gestos del presidente estadounidense sobre la cuestión Malvinas que el Gobierno argentino busca capitalizar. El conflicto en el Golfo, en consecuencia, tiene derivaciones directas sobre la agenda diplomática del Atlántico Sur.
 

Transmisión económica: petróleo, diésel, bonos y bancos centrales

La traducción financiera de la escalada fue inmediata. El 10 de septiembre, el Brent superó los US$105 por barril por primera vez desde mayo, y el crudo estadounidense tocó los US$100 antes de retroceder levemente. Analistas del sector advirtieron días antes que, de prolongarse el estancamiento, la referencia internacional podría escalar hasta US$120 o incluso US$150. S&P Global Energy proyecta que los precios se mantendrán en una banda de US$80 a US$100 durante el próximo año y describe un mercado que se adapta a una nueva normalidad de conflicto no resuelto y riesgo marítimo persistente.

El eslabón más frágil no es el crudo sino los destilados medios. El diésel —insumo crítico para el transporte de cargas, la maquinaria agrícola y la generación eléctrica de respaldo— concentra la mayor tensión, porque buena parte de la capacidad de refinación exportadora del Golfo quedó atrapada detrás de los estrechos. En los Estados Unidos, el precio promedio del gasoil alcanzó los US$5,97 por galón.

La inflación energética ya condiciona a la política monetaria global. El Banco Central Europeo elevó su tasa principal un cuarto de punto, al 2,5%, en su segunda suba del año, y el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a treinta años alcanzó su nivel más alto desde 2007, en un mercado que descuenta un período prolongado de petróleo caro. Para las economías emergentes, esta combinación —tasas más altas en los centros financieros y un dólar demandado como refugio— encarece el financiamiento externo y presiona sobre las monedas.
 

Conclusiones accionables

Escenario base: desgaste contenido hasta noviembre. El intercambio de ataques continúa con episodios de alta intensidad, sin cierre total de Bab el-Mandeb. El Brent se mantiene entre US$95 y US$110, con picos asociados a incidentes puntuales. Washington privilegia la contención hasta el 3 de noviembre.

Escenario de riesgo: doble cierre efectivo. La caída de Dhubab y de Perim otorga a los hutíes capacidad de interdicción sostenida sobre el estrecho. Las exportaciones de Yanbu hacia Asia se reducen drásticamente, el Brent supera los US$120 y los bancos centrales profundizan el ciclo de subas. Es el escenario con mayor impacto sobre las economías importadoras de la región.

Escenario de desescalada: negociación posterior a las elecciones estadounidenses. Una ventana diplomática, eventualmente mediada por Omán, Pakistán o Catar, habilita un protocolo de tránsito en Ormuz. Aun en ese caso, las primas de riesgo tardarían meses en normalizarse.

Indicadores a monitorear. El control territorial de Dhubab y de Perim; los volúmenes de carga en Yanbu y las desviaciones de rutas registradas por firmas de inteligencia marítima; la evolución de las primas por riesgo de guerra; un eventual ataque sobre Pickaxe Mountain; la formalización del esquema de seguridad entre Pakistán, Turquía y Arabia Saudita; y las decisiones de la Reserva Federal. Para los tomadores de decisión argentinos, la prioridad es doble: acelerar la infraestructura de evacuación de Vaca Muerta para capturar la renta mientras dure, y administrar la traslación del precio internacional al mercado interno de combustibles para evitar que el shock externo erosione los avances en materia inflacionaria.

 

Redacción, El Ojo Digital