ECONOMIA INTERNACIONAL: ADRIAN RAVIER

Argentina: la mala costumbre de romper el termómetro

La temperatura del cuerpo humano oscila entre 35 y 37 grados. Cuando nos ataca un virus o una bacteria...

26 de Junio de 2014
La temperatura del cuerpo humano oscila entre 35 y 37 grados. Cuando nos ataca un virus o una bacteria, la temperatura puede subir por encima de 38 grados y a eso lo llamamos “fiebre”. Las causas pueden ser varias, pero si el termómetro marca esa temperatura, ello implica que existe un problema. Hay dos acciones posibles ante éste: intentar solucionarlo atacando las causas o ignorarlo, rompiendo el termómetro. Está claro que hacer esto último en forma continua puede ser fatal. La economía argentina comporta numerosos desequilibrios, o fiebre, en el frente fiscal, monetario y cambiario. Veamos cómo ataca el gobierno estos problemas.
 
En primer lugar, tenemos el déficit fiscal, donde la presión tributaria más alta de la historia argentina no alcanza a cubrir el total del gasto público. El gobierno ha decidido ignorar esta situación, sumando a los ingresos tributarios el dinero que toma de ANSES (Administración Nacional de la Seguridad Social) como si fueran impuestos. Esta política, sin embargo, le deja al Estado una deuda pública que deberá atenderse con impuestos de generaciones futuras.
 
En segundo lugar, aparece el desequilibrio monetario, que es una derivación del déficit fiscal anterior. Conforme la recaudación tributaria sumada a la deuda de ANSES aún no alcanza a cubrir el déficit fiscal, se monetiza la diferencia, lo que significa que se impone un impuesto inflacionario, regresivo y creciente a la población. Las estimaciones no oficiales ya evalúan una inflación del 39% para 2014, aspecto que se cubre con la manta del INDEC que, si bien ha sido corregido, todavía se muestra lejos de ofrecer estadísticas confiables.
 
En tercer lugar, tenemos el déficit cambiario, con una limitada oferta de dólares que no puede atender la creciente demanda de la divisa estadounidense. La respuesta del gobierno ha sido la aplicación de todo tipo de restricciones para la compra de divisas. Primeramente,  jurídicas, con penas para quienes compran y venden divisas por fuera del sistema “oficial”, y luego, morales, como si estos compradores interesados en mantener el poder adquisitivo de sus ahorros fuesen delincuentes, ajenos al “modelo de inclusión”. El desdoblamiento cambiario muestra, pues, un dólar oficial en 8,20 pesos, y un cambio paralelo en torno a los 12 pesos, aunque una potencial disparada del paralelo está siempre latente. Overshooting que se justificaría en la relación circulante/reservas “netas” que mantiene el Banco Central de República Argentina (BCRA), que se mantiene por encima de los 20 pesos por dólar.
 
Por supuesto que existen otros desequilibrios, como los crecientes niveles de pobreza, las mayores dificultades para encontrar empleo y la recesión. En el primer caso, se observa en la Argentina de estos últimos años crecientes niveles de pobreza asociados a la inflación, que encarece el costo de la canasta básica. El gobierno no sólo niega la realidad subestimando el crecimiento de los precios minoristas sino que, ahora, ha decidido abandonar las mediciones oficiales. La Universidad Católica Argentina (UCA) ha generado estimaciones privadas que ubican la pobreza en torno al 30% de la población.
 
El desempleo real también es más elevado y creciente de lo que oficialmente se reconoce, pero esto se desmiente tomando a los desempleados que reciben planes sociales como “ocupados”, lo que vuelve ridículas las tasas de empleo y desempleo que se comunican a la sociedad.
 
Varios indicadores están mostrando una recesión en la Argentina que se presenta ajena para los países vecinos, dado el contexto internacional favorable no sólo en relación al precio de los commodities —como la soja— sino también a las política de enorme liquidez que inyectan los bancos centrales generadores de divisas. Un síntoma de este problema se observa en la baja facturación de la industria automotriz. ¿Cómo se resuelve el problema? Con un plan Pro-Cre-Auto, que establece rebajas en los precios de los vehículos y créditos blandos para adquirirlos.
 
Desde luego que la industria automotriz es sólo una industria específica en problemas, y que la mayor venta de autos no resolverá la recesión. En lugar de revisar el modelo que nos conduce a una recesión general de la economía, se vuelve a romper el termómetro para negar la realidad. Mientras no se atiendan los problemas de fondo y se siga rompiendo el termómetro, los problemas no sólo no se resuelven, sino que se acumulan.
 
Recordemos que el “crecimiento económico” del período 2003-2008 no fue crecimiento sino recuperación de una economía que sufrió en 2002 las consecuencias de un modelo “deficitario” similar a éste. Da la impresión que la “década ganada” es en realidad otra “década perdida”.
 
Sobre Adrián Ravier

Es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Publica periódicamente en el sitio web en español del think tank The Cato Institute y medios nacionales.