MUNDO: LA UE, AFUERA

Abu Dabi sin Europa: el Kremlin fija el perímetro de la negociación

Moscú aplaza la nueva ronda trilateral con Kiev y Washington hasta después del 4 de noviembre, condiciona la fecha a la situación en el frente y excluye expresamente a los europeos.

Viernes, 30 de Octubre de 2026
Negociaciones entre Rusia y Ucrania, La UE afuera de la mesa, Unión Europea


Moscú aplaza la nueva ronda trilateral con Kiev y Washington hasta después del 4 de noviembre, condiciona la fecha a la situación en el frente y excluye expresamente a los europeos. El mismo día, un ataque con drones mató al menos a 14 personas en la estación de Dnipró. El Kremlin negocia primero el formato, y del formato dependerá el fondo.


Yuri Ushakov, asesor de política exterior de Vladímir Putin, declaró el 29 de octubre que la próxima ronda de conversaciones entre Rusia, Ucrania y Estados Unidos en Abu Dabi podría celebrarse después del 4 de noviembre, sin fecha confirmada. El calendario, precisó, dependerá de la situación en el campo de batalla y de la situación general. Añadió que Moscú observará si Ucrania lanza ataques de gran escala en torno a esa fecha, que en Rusia coincide con el Día de la Unidad Nacional. Volodímir Zelenski ha apuntado al 10 de noviembre.

Sobre la participación europea, el mensaje fue tajante: no hay discusión alguna al respecto ni planes de invitar a los europeos a la mesa. Ushakov justificó la exclusión en la llamada que Putin mantuvo el 27 de octubre con el presidente finlandés, Alexander Stubb, y el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, tras la cual Moscú concluyó que Europa carece de una posición unificada.

Ese mismo 29 de octubre, los ataques rusos con drones y municiones merodeadoras mataron al menos a 19 personas y causaron más de 80 heridos en distintas ciudades ucranianas, según el Institute for the Study of War (ISW). Un dron de propulsión a reacción alcanzó un tren de cercanías en la estación de Dnipró y mató al menos a 14 personas. Este análisis examina la lógica de la secuencia rusa, la fractura que ha dejado al descubierto la iniciativa nórdica y el papel de una Washington que negocia simultáneamente la paz, las sanciones y los activos energéticos rusos.
 

Antecedentes: un proceso intermitente

El formato trilateral de Abu Dabi arrancó los días 23 y 24 de enero de 2026, en las primeras reuniones reconocidas públicamente entre los tres países desde la invasión a gran escala de 2022. Una segunda ronda, los días 4 y 5 de febrero, se saldó con un único acuerdo tangible: el intercambio de 314 prisioneros de guerra. Las delegaciones las encabezaban los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner; por Ucrania, Kirilo Budánov y Rustem Umérov; por Rusia, el jefe de la inteligencia militar, Ígor Kostiukov, y el enviado especial Kiril Dmítriev.

El obstáculo central fue y sigue siendo territorial. Moscú exigió la retirada ucraniana del resto del Donbás que Kiev aún controla y reclamó las regiones de Jersón y Zaporiyia; Ucrania lo rechazó. Una ronda prevista para finales de septiembre, tras las elecciones a la Duma, fue cancelada por el Kremlin, que acusó a Kiev de ataques durante la jornada electoral. Witkoff se reunió con Putin en San Petersburgo el 21 de octubre, donde se abordó la reanudación del diálogo. Según Ushakov, el tema principal de la nueva ronda será un marco de seguridad para Rusia y Ucrania.
 

El formato como instrumento: excluir para bilateralizar

La exclusión de Europa responde a una lógica coherente con la doctrina rusa desde antes de la guerra. En diciembre de 2021, Moscú presentó a Washington y a la OTAN borradores de tratado que exigían, entre otras cosas, retrotraer el despliegue aliado a las fronteras de 1997. El ISW interpreta que el Kremlin no sentará a los europeos a la mesa mientras no acepten esa premisa. La negociación sobre Ucrania es, para Moscú, una negociación sobre la arquitectura de seguridad del continente, y prefiere conducirla con la única potencia que considera interlocutor de su rango.

Bilateralizar con Washington ofrece a Moscú ventajas tangibles. Reduce el número de actores con capacidad de veto, aísla a los gobiernos más comprometidos con Kiev —los nórdicos, los bálticos, Polonia o el Reino Unido— y permite vincular el expediente ucraniano a otros asuntos de la agenda ruso-estadounidense, desde las sanciones hasta la energía. La contrapartida es que cualquier acuerdo alcanzado sin Europa carecerá de los instrumentos que solo Europa controla: los activos rusos inmovilizados, en su mayor parte en jurisdicciones europeas, el régimen de sanciones de la Unión y las eventuales garantías de seguridad sobre el terreno.

El discurso ruso hacia Europa combina exclusión y exigencia. Dmitri Peskov y la portavoz de Exteriores, María Zajárova, insisten en que los europeos deben atender a los intereses de seguridad rusos, mientras califican de irrealistas las condiciones que plantean las capitales europeas. El Kremlin presenta así a Europa como un actor que debe adaptarse a un marco ya definido, no como copartícipe en su diseño. En paralelo, Putin ha responsabilizado a Ucrania de la situación humanitaria en la localidad ocupada de Oleshki, sujeta desde el 27 de octubre a un alto el fuego limitado, un episodio que Moscú utiliza para presentarse como parte dispuesta a gestos humanitarios mientras mantiene la ofensiva aérea en el resto del país.

Ushakov dejó, no obstante, una rendija al admitir que Rusia tendrá que negociar en algún momento con europeos que no le agradan. La fórmula sugiere una secuencia: primero un entendimiento con Washington sobre el fondo, después la incorporación de Europa como aceptante de hechos consumados.
 

La llamada nórdica y la fractura europea

La conversación del 27 de octubre, de unos noventa minutos, fue iniciativa de Stubb y Støre, que coincidían en Helsinki con motivo del Consejo Nórdico. Ambos instaron a Putin a poner fin a la guerra y a negociar un acuerdo estable; Stubb sostuvo que terminar la guerra exige diálogo directo y que su desenlace afectará directamente a la seguridad europea. El comunicado conjunto subrayó que hablaban como líderes de sus países, no en nombre de Europa. Después informaron a Zelenski. Noruega había acogido recientemente una ronda de conversaciones de paz en Oslo.

La reacción de sus vecinos fue inusualmente crítica. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, se declaró muy escéptica ante una iniciativa no coordinada con otros europeos, la comparó con el viaje en solitario de Viktor Orbán a Moscú en 2024 y defendió que Europa actúe unida. El sueco Ulf Kristersson se mostró menos duro, aunque con bajas expectativas, y advirtió del riesgo de dividir la voz europea. Støre replicó que Europa debe hablar con Rusia para complementar los mensajes de una Administración estadounidense con una visión distinta de la guerra.

El Kremlin explotó la brecha de inmediato. Que dos de los países más firmes en el apoyo a Kiev hayan protagonizado la primera divergencia pública dentro del bloque nórdico sobre Rusia da a Moscú un argumento retórico eficaz. El ISW valora que la llamada se está utilizando para sembrar desconfianza entre europeos y debilitar su posición negociadora. Ambas lecturas son compatibles: la iniciativa nórdica respondió a la preocupación legítima de que Europa quede fuera del proceso, y su ejecución descoordinada proporcionó a Moscú justo el pretexto para dejarla fuera.


Terror sobre infraestructura y calendario condicionado

La secuencia de los últimos días obedece a un patrón reconocible. Al tiempo que condiciona la fecha de las conversaciones a la situación militar, Rusia intensifica los ataques diurnos contra objetivos civiles e infraestructura de transporte. Además de la estación de Dnipró, el 29 de octubre una munición merodeadora mató al menos a dos niños en Chernígov, y un ataque con drones contra un edificio residencial en Kremenchuk causó al menos tres muertos. El ISW sostiene que estos ataques buscan hacer insostenible la vida cotidiana en Ucrania antes del invierno y empujar al país hacia la capitulación.

La vinculación explícita entre fecha negociadora y frente militar traslada a Kiev la responsabilidad del calendario: si Ucrania golpea objetivos en territorio ruso, Moscú puede posponer la ronda y atribuirle el bloqueo, como ya hizo en septiembre. Al mismo tiempo, el Kremlin ha rechazado reiteradamente propuestas de tregua mutua en los ataques de largo alcance y en la infraestructura energética. El efecto combinado es asimétrico: Rusia conserva libertad de acción ofensiva y exige a Ucrania contención como condición para dialogar.

En el terreno, el frente muestra un desgaste lento sin rupturas. Según el ISW, las fuerzas ucranianas avanzaron recientemente al sur de Novopavlivka, mientras las operaciones rusas en torno a Limán, Kostiantínivka, Huliaipole y Orijiv no lograron progresos en los últimos días. Moscú busca mejorar posiciones antes de sentarse a negociar, pero el frente no le ofrece por ahora una ventaja decisiva, lo que explica en parte su apuesta por la presión sobre la retaguardia civil.
 

Washington: negociar la paz, las sanciones y la energía a la vez

El tercer vértice del triángulo ha cambiado de postura en las últimas semanas. El 16 de octubre, el presidente Trump firmó una orden ejecutiva que suspende la mayor parte de las sanciones y aranceles previstos en la Ley de Sanciones contra Rusia e Irán de 2026, menos de un mes después de promulgarla; las disposiciones relativas a Irán no se ven afectadas. Días antes, el 9 de octubre, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) había emitido una licencia general que autoriza importaciones de gasóleo ruso a Estados Unidos hasta abril de 2027, en un contexto de fuerte encarecimiento del combustible. Zelenski calificó la suspensión de error.

En paralelo, Witkoff y Kushner negocian, según la prensa estadounidense, la venta de activos energéticos rusos, entre ellos los activos internacionales de Lukoil, a un grupo inversor encabezado por el empresario estadounidense Todd Boehly, con participación de la agencia estadounidense de financiación al desarrollo y de un holding emiratí. El país anfitrión de las conversaciones es, por tanto, también parte interesada en uno de los expedientes económicos asociados.

Para Moscú, esta configuración es favorable. La retirada de presión económica estadounidense se ha producido sin concesiones rusas visibles en el terreno, y la mezcla de agendas permite al Kremlin presentar cualquier avance en sanciones o energía como parte del proceso de paz. Para Washington, el argumento es inverso: incentivos económicos a cambio de un acuerdo que ponga fin a la guerra y estabilice los mercados energéticos. El riesgo para Kiev y para Europa es que los incentivos se materialicen antes que el acuerdo.
 

Conclusiones accionables

  1. El formato es ya parte del resultado. Si la ronda de Abu Dabi se celebra sin Europa y produce un marco de seguridad, ese marco se negociará entre Washington y Moscú sobre territorio europeo. Las capitales europeas deberían priorizar su inclusión en la fase de garantías y de levantamiento de sanciones, donde sus instrumentos son imprescindibles.
  2. La unidad europea es la condición de su relevancia. La llamada nórdica demuestra que la iniciativa individual, aun bienintencionada, se convierte en argumento para la exclusión si no está coordinada. Un interlocutor europeo único, con mandato explícito, es la respuesta más directa al argumento ruso de la falta de posición unificada.
  3. Los activos inmovilizados y las sanciones de la Unión son la principal palanca europea. Ningún acuerdo duradero puede ejecutarse sin decisiones de Bruselas sobre esos activos y sobre su régimen de sanciones. Europa debería explicitar que esa palanca no se activará sobre acuerdos negociados sin su participación.
  4. Es previsible una escalada de presión sobre la población civil antes de la ronda. La lógica de condicionar el calendario al frente y de golpear la infraestructura antes del invierno sugiere que noviembre traerá más ataques sobre energía y transporte. La defensa antiaérea de las ciudades y de la red ferroviaria ucraniana gana prioridad inmediata para los socios de Kiev.
  5. La desvinculación entre alivio económico y concesiones rusas debilita la posición negociadora occidental. Cada medida de alivio adoptada antes de un acuerdo reduce el margen para obtener contrapartidas posteriores. La secuencia —concesiones verificables primero, alivio después— es la que preserva capacidad de presión.
  6. Valoración de conjunto. Rusia llega a Abu Dabi en una posición táctica ventajosa: ha logrado aplazar sin coste, dividir a los europeos y obtener alivio económico de Washington sin ceder en el terreno. Su vulnerabilidad es que el frente no le ofrece una ruptura decisiva y que cualquier acuerdo sin Europa será difícil de aplicar. El desenlace dependerá de si Washington utiliza las bazas que aún conserva o las intercambia por la apariencia de un proceso.



 

Redacción, El Ojo Digital