MUNDO: MATIAS E. RUIZ

Eisenkot versus Netanyahu: Israel somete a votación tres años de guerra

A diez días de los comicios del 27 de octubre, el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot encabeza las encuestas con su partido Yashar, pero ningún bloque roza los 61 escaños.

Sábado, 17 de Octubre de 2026
Elecciones en Israel, Gadi Eisenkot, Benjamin Netanyahu, Tel Aviv, Jerusalén


A diez días de los comicios del 27 de octubre, el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot encabeza las encuestas con su partido Yashar, pero ningún bloque roza los 61 escaños. La votación opera como plebiscito sobre el balance de Benjamin Netanyahu —éxitos tácticos, cierre estratégico esquivo, desgaste social y aislamiento reputacional—, y su desenlace dependerá menos del carisma que de la aritmética parlamentaria.


El 27 de octubre, por primera vez desde 1988, Israel acudirá a las urnas al término natural de una legislatura. La Knesset se disolvió el 17 de julio tras completar su mandato de cuatro años, y la coalición que juró en diciembre de 2022 llega al veredicto ciudadano después de haber gestionado la mayor catástrofe de seguridad desde 1973, una guerra de tres años librada en cinco frentes y dos campañas directas contra la República Islámica de Irán.

Frente a Benjamin Netanyahu, el primer ministro con mayor permanencia en el cargo de la historia del país, se alza un retador atípico: Gadi Eisenkot, de 66 años, hijo de inmigrantes marroquíes, con cuatro décadas en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y padre de un sargento primero caído en Gaza en diciembre de 2023. Su partido, Yashar (‘recto’, ‘honesto’), fundado hace apenas trece meses, lidera la mayoría de los sondeos. El presente análisis examina, con la mayor ecuanimidad posible, tres dimensiones: el balance de la gestión saliente, la arquitectura programática del aspirante y la viabilidad real de su llegada a la jefatura del Gobierno.
 

Una aritmética endiablada: encuestas, bloques y la barrera de los 61 escaños

El sistema israelí —representación proporcional en distrito único, 120 escaños y un umbral de exclusión del 3,25%— castiga la fragmentación y recompensa la capacidad de articular coaliciones antes que la mera primacía en votos. Las encuestas de la última semana describen un empate estructural. El sondeo de Kantar para la radiotelevisión pública Kan (11 de octubre) asigna 22 escaños a Yashar y 20 al Likud, pero otorga 53 bancas al bloque gubernamental frente a 50 del bloque de Eisenkot, con 13 para las listas árabes. Midgam, para el Canal 12 (12 de octubre), invierte la ecuación: 54 para la oposición sionista, 49 para la coalición, 13 para los partidos árabes y 4 para la lista de Reservistas de Yoaz Hendel y Yaron Zelekha.

Dos variables complican cualquier proyección lineal. La primera es la volatilidad en torno al umbral: Amcha Yisrael, la formación del exgeneral de brigada Ofer Winter, oscila entre el ingreso con cuatro escaños y la exclusión, y cada oscilación transfiere un paquete decisivo de bancas de un bloque al otro. La segunda es la indecisión: Kan cifra en un 30% el electorado que aún no ha definido su voto. En un duelo directo, Eisenkot supera a Netanyahu por 43% a 38% (Kan) o por 48% a 41% (Lazar para Maariv); cuando la pregunta abre el abanico a todos los líderes, Netanyahu retiene un 38%, frente al 24% de Eisenkot y el 14% de Naftali Bennett. El primer ministro conserva un núcleo duro cohesionado; el voto opositor, más amplio, permanece disperso.
 

El general que perdió un hijo: trayectoria y capital político

Eisenkot sirvió 41 años de uniforme: Brigada Golani, Comando Norte (2006-2011) y jefatura del Estado Mayor entre 2015 y 2019. Su nombre está asociado a la denominada doctrina Dahiya, formulada tras la guerra de 2006 contra Hezbolá, que postulaba castigar con fuerza desproporcionada la infraestructura de las zonas desde las que se dispara contra Israel. El dato desmiente la caricatura de endeblez que le endosan sus adversarios domésticos y explica, a la vez, la cautela con que lo observan algunas cancillerías europeas.

Ingresó en la Knesset en 2022 con la alianza Unidad Nacional de Benny Gantz y, tras el 7 de octubre, ejerció como ministro observador del gabinete de guerra, que abandonó en junio de 2024 alegando que las consideraciones políticas contaminaban las decisiones militares. El 16 de septiembre de 2025 fundó Yashar, con una lista de perfil securitario e institucional: el ex director del Shin Bet Yoram Cohen ocupa el segundo puesto, seguido de la ex ministro Orit Farkash-Hacohen y del antiguo jefe de Presupuesto del Ministerio de Finanzas, Shaul Meridor, entre otros.

Su capital político descansa en tres activos: una credencial de seguridad que neutraliza el argumento histórico del Likud; una biografía —origen mizrají, pérdida personal en combate— que contrasta con la imagen de una élite desconectada de los costos humanos de la guerra; y un expediente sin causas judiciales frente a un primer ministro procesado. Sus pasivos son la inexperiencia como líder partidario y la dependencia de socios que no han resuelto quién encabezaría un eventual Gobierno: Eisenkot sostiene que debe hacerlo el líder de la lista más votada del bloque y rechaza la rotación, mientras Bennett y Avigdor Lieberman no han renunciado a la jefatura.
 

Balance de la gestión Netanyahu (I): éxitos tácticos, cierre estratégico esquivo

Un examen honesto exige separar el plano operacional del estratégico. En el primero, el saldo de Netanyahu es difícilmente discutible: la cúpula de Hezbolá fue decapitada en 2024; el régimen de Bashar al-Asad colapsó en diciembre de ese año, privando a Teherán de su corredor terrestre hacia el Levante; y dos campañas contra Irán —la Guerra de los Doce Días de junio de 2025 y la Operación Epic Fury, iniciada junto a los Estados Unidos el 28 de febrero de 2026— degradaron severamente la infraestructura nuclear y balística persa. Análisis del concierto Open Source estiman que hasta tres cuartas partes de los lanzadores iraníes fueron eliminados. Los rehenes con vida regresaron a Israel tras el alto el fuego de octubre de 2025.

El plano estratégico, en cambio, exhibe un patrón persistente: victorias que no se transforman en desenlaces. El alto el fuego con Irán del 7 de abril, prorrogado indefinidamente, no produjo acuerdo alguno: las conversaciones de Islamabad naufragaron, el estrecho de Ormuz permanece bajo bloqueo naval estadounidense y hostigamiento iraní —el Institute for the Study of War contabilizó ataques contra al menos 24 buques comerciales en dos semanas—, y el Pentágono despliega un tercer grupo de portaaviones. En Gaza, Hamás aceptó a finales de julio una hoja de ruta de desarme bajo supervisión de la Junta de Paz, pero Israel condiciona su repliegue más allá de la Línea Amarilla al desarme completo y verificable: una ocupación de facto sin horizonte político. En el Líbano, mientras tanto, rige una tregua precaria.

El costo humano propio ha sido el más elevado desde la Guerra de Yom Kipur: el Ministerio de Defensa computaba ya en octubre de 2025 más de 1.150 miembros de las fuerzas de seguridad caídos desde el 7 de octubre de 2023. Eisenkot resume su crítica en una fórmula que conviene registrar sin adjetivos: tras tres años de guerra, considera que Netanyahu no está en condiciones de conducir otra operación porque no alcanzó los objetivos declarados. Netanyahu replica que, de haber seguido el criterio de su rival —contrario a determinadas operaciones en Gaza—, Hamás seguiría gobernando la Franja. Ambas posiciones contienen una porción de verdad: la presión militar sostenida produjo resultados que la contención no habría logrado, y la ausencia de una arquitectura política de posguerra convirtió esos resultados en activos perecederos.
 

Balance (II): fatiga social, emigración y fractura institucional

En el ínterin, una hipótesis cada vez más planteada -esto es, el desmoronamiento de la moral israelí- gira en torno a diferentes matices. De acuerdo al Jewish People Policy Institute, casi ocho de cada diez israelíes consideran estos comicios especialmente trascendentes, y el 78% de los encuestados por Maariv declara que votará con certeza. Sí se verifica una fatiga acumulativa con expresiones mensurables.

La más elocuente es demográfica. Un estudio de la Universidad de Tel Aviv basado en datos de la Oficina Central de Estadística (CBS) registra 90.922 salidas de al menos tres meses en 2025 y 91.499 en 2024; el acumulado 2023-2025 ronda las 268.000 personas, frente a un promedio anual cercano a 60.000 en la década de 2010. La CBS cifró en −50.300 el saldo migratorio de 2025, segundo año consecutivo en terreno negativo. El rigor metodológico obliga a señalar que casi la mitad de los emigrantes no había nacido en Israel —numerosos inmigrantes recientes de Rusia y Ucrania—, aunque la salida de nativos alcanzó igualmente un récord histórico.

La segunda expresión es la sobrecarga de los reservistas, núcleo productivo de la economía israelí, sometidos a rotaciones prolongadas mientras la exención de los estudiantes de yeshivá ultraortodoxos (haredíes) sigue sin resolverse legislativamente. La tercera es institucional: Netanyahu, procesado por cohecho, fraude y abuso de confianza en un juicio iniciado en 2020, solicitó en noviembre de 2025 un indulto presidencial sin admitir culpa; Isaac Herzog condicionó cualquier decisión al agotamiento previo de un acuerdo entre las partes. La negativa del Gobierno a constituir una comisión estatal de investigación sobre el 7 de octubre completa un cuadro en el que una porción significativa del electorado percibe que la rendición de cuentas ha sido aplazada sine die.
 

Balance (III): la brecha entre cancillerías y opinión pública

En el frente reputacional, los datos son inequívocos. La encuesta de primavera de 2026 del Pew Research Center, realizada en 36 países entre febrero y mayo —mayormente tras el inicio de Epic Fury—, arroja una mediana global del 67% de opiniones desfavorables sobre Israel frente a un 25% favorable; en ninguno de los países relevados existe mayoría favorable. En los Estados Unidos, la desfavorabilidad alcanza el 60% (en torno al 40% en 2022) y trepa al 74% entre los menores de 35 años. En España, llega al 78%. En la Argentina, pasó del 46% al 55% en un año, convirtiendo en mayoritaria una posición hasta entonces minoritaria. Solo Grecia mejoró su percepción.
 

La plataforma Yashar: continuidad doctrinaria, ruptura institucional

Quien espere de Eisenkot un giro copernicano en política exterior quedará defraudado. Su programa identifica a Irán como amenaza principal y propone una estrategia nacional de seguridad de largo plazo, la ampliación de las FDI, la profundización del vínculo con Washington y la extensión de los acuerdos de paz regionales. Sobre la cuestión palestina, calificó la solución de dos Estados de ‘grave error’, aunque se opuso a construir en el corredor E1 por su coste diplomático y criticó la violencia de colonos en Cisjordania. Respecto de Irán, sostiene que una nueva ofensiva solo se justificaría ante una carrera hacia el arma nuclear, escenario que considera improbable; como jefe del Comando Norte ya había desaconsejado por escrito a Netanyahu un ataque contra las instalaciones nucleares iraníes.

La ruptura se concentra en el plano doméstico. El eje es el servicio obligatorio universal —militar o cívico-nacional— para todos los sectores, incluidos haredíes y árabes, con un tope del 3% de la cohorte anual para prórrogas renovables de estudio religioso y sanciones penales y pérdida de beneficios para los evasores. Se suman una comisión estatal de investigación sobre el 7 de octubre; una Ley Básica que delimite las atribuciones de la Knesset, el Gobierno y los tribunales, sin precisar el mecanismo de designación de jueces; un límite de dos mandatos para el primer ministro; y, en economía, apertura competitiva frente a monopolios combinada con inversión pública en la reconstrucción del norte y del sur.

Eisenkot fijó, además, cuatro condiciones para integrar su Gobierno: aceptar el carácter judío y democrático del Estado, la Declaración de Independencia, el servicio obligatorio y la definición de Hamás como organización terrorista a destruir. Bajo esas reglas, admitió no ver hoy partido árabe ni ultraortodoxo dispuesto a sumarse, y descartó expresamente a la Lista Árabe Unida (Ra’am) de Mansour Abbas en sus posiciones actuales.
 

Escenarios: quién puede formar Gobierno

El 26 de septiembre, Yashar, la lista conjunta de Bennett y Yair Lapid (Beyachad), Yisrael Beiteinu de Lieberman y Los Demócratas de Yair Golan firmaron un pacto de coordinación y no agresión. Sumados, oscilan entre 50 y 54 escaños: insuficientes sin apoyo externo. Eisenkot dejó abierta, como último recurso, la opción de un Gobierno minoritario sostenido por el voto o la abstención de partidos árabes sin carteras ministeriales; Lieberman rechaza esa fórmula. La lista de Reservistas emerge así como bisagra potencial. Sobre esa base, El Ojo Digital identifica tres escenarios (estimaciones propias, sujetas a la volatilidad descrita):

  • Gobierno encabezado por Eisenkot (≈40%). Requiere que Yashar supere al Likud con margen, que Bennett y Lieberman acepten su liderazgo y que la oposición alcance 61 con los Reservistas o con un apoyo árabe externo que Lieberman tolere. Es el escenario individualmente más probable, pero el que exige mayor número de condiciones simultáneas.
  • Continuidad de Netanyahu (≈30%). Depende de que Amcha Yisrael supere el umbral, de una movilización superior del electorado oficialista y de captar a los Reservistas. El efecto de cohesión ante una escalada con Irán es ambiguo: la credencial militar de Eisenkot reduce la ventaja tradicional del Likud en seguridad, y una ofensiva percibida como electoralista podría resultar contraproducente.
  • Bloqueo, Gobierno de unidad o repetición electoral (≈30%). Si ningún bloque alcanza 61, Netanyahu permanecería al frente de un Gobierno de transición durante negociaciones que pueden extenderse meses. La encuesta de Lazar indica que una mayoría prefiere un Gobierno de unidad antes que nuevas elecciones; apenas el 27% opta por volver a las urnas.

El factor exógeno decisivo es Irán. El Polish Institute of International Affairs (PISM) anticipó en agosto que el Gobierno endurecería su postura en los conflictos abiertos sin asumir costes capaces de alterar el resultado. Donald Trump anunció que los Estados Unidos no atacarán Irán antes de sus elecciones legislativas del 3 de noviembre, y según informes el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, advirtió a Washington que una ofensiva previa podría forzar el aplazamiento de los comicios israelíes. La ventana posterior coincidirá con la negociación de coalición en Jerusalén: el próximo primer ministro —o el interino— podría heredar la decisión más trascendente del ciclo.
 

Conclusiones accionables

  1. Eisenkot es favorito para encabezar la lista más votada; gobernar es otra cuestión. El indicador a vigilar es el umbral antes que el duelo personal: el destino de Amcha Yisrael y de la lista de Reservistas definirá el 27 de octubre en mayor medida que cualquier debate televisado.
  2. Un Gobierno de Eisenkot supondría continuidad estratégica y cambio de método. Misma priorización de Irán y ningún giro hacia un Estado palestino; pero mayor deferencia institucional (comisión investigadora, distensión judicial), menor fricción con Europa en materia de asentamientos y una relación con Washington más transversal entre partidos, menos dependiente del vínculo personal con Trump.
  3. Para Buenos Aires, Bogotá y Asunción: institucionalizar lo personal. El acercamiento regional a Israel se ha edificado en buena medida sobre la sintonía con Netanyahu. Conviene blindar la cooperación antiterrorista, la ciberdefensa, la inteligencia artificial y los Acuerdos de Isaac en marcos de Estado a Estado inmunes a la alternancia. La plataforma de Yashar, que propone ampliar los acuerdos de paz y estrechar lazos con los Estados Unidos, no ofrece motivos para anticipar retrocesos, aunque sí un menor énfasis en gestos simbólicos.
  4. Gestionar el riesgo reputacional. La brecha entre alineamiento oficial y opinión pública —55% de desfavorabilidad en la Argentina, hasta 78% en España— condiciona adquisiciones de defensa y empresas conjuntas tecnológicas con socios israelíes, en particular para compañías expuestas a mercados europeos.
  5. Vigilar la ventana posterior al 3 de noviembre. La superposición entre la formación de Gobierno en Israel y el fin de la autolimitación estadounidense configura el período de máximo riesgo de reanudación de hostilidades con Irán y de una nueva prima geopolítica sobre el crudo vía Ormuz. Para la Argentina, exportador creciente desde Vaca Muerta, supone una oportunidad de precio; para Chile y los importadores netos de la región, presión inflacionaria y sobre la balanza comercial.
  6. Prever un interregno prolongado. Hasta la jura de un nuevo gabinete, Netanyahu seguirá siendo el interlocutor formal de las cancillerías, aun si su bloque resultare derrotado.


Desarrollado con información de Pew Research Center, Universidad de Tel Aviv, Reuters, JNS y Polish Institute of International Affairs (PISM)


 

Matias E. Ruiz
Sobre Matias E. Ruiz

Es Analista en Medios de Comunicación Social y Licenciado en Publicidad. Es Editor y Director de El Ojo Digital desde 2005.