Tierras raras y el 10 de noviembre: China divide a Occidente
Vence la suspensión de los controles ampliados que Pekín anunció en octubre de 2025, incluida una cláusula extraterritorial inspirada en las reglas de Washington.
Vence la suspensión de los controles ampliados que Pekín anunció en octubre de 2025, incluida una cláusula extraterritorial inspirada en las reglas de Washington. China garantiza a Bruselas un acceso gestionado mientras mantiene a los Estados Unidos en la incertidumbre, y el plan estadounidense de autonomía no madurará antes de 2028.
El 10 de noviembre de 2026, expirará la suspensión de seis anuncios del Ministerio de Comercio chino publicados en octubre de 2025. Entre ellos, figuran la ampliación de los controles a cinco tierras raras adicionales, las restricciones sobre tecnologías de extracción, separación y fabricación de imanes, y el Anuncio n.º 61, que exige autorización china para productos fabricados en terceros países que contengan al menos un 0,1% de su valor en tierras raras de origen chino. Pekín los suspendió por un año tras la cumbre de Busán. Si no los prorroga, volverán a regir.
La prórroga de la tregua comercial hasta el 10 de enero de 2027, acordada durante la visita de Xi Jinping a Washington, no resolvió la cuestión: la hoja informativa de la Casa Blanca del 25 de septiembre se limitó a señalar que ambas partes 'siguen trabajando' sobre la escasez de tierras raras, y ningún documento chino vincula la tregua con la suspensión. Mientras tanto, el 9 de octubre, Bruselas obtuvo de Pekín el compromiso de seguir agilizando las licencias de exportación a empresas europeas.
La tesis de este análisis es que China está convirtiendo su monopolio del procesamiento en un instrumento de diplomacia diferenciada: concede acceso gestionado a Europa, mantiene a Washington en la incertidumbre y castiga selectivamente a actores concretos, con el objetivo de erosionar la coordinación transatlántica en materia de controles de exportación. Para América Latina y para España, la ventana 2026-2030 abre una oportunidad real de inserción en cadenas de suministro aliadas, condicionada a la capacidad de procesamiento.
Tres escenarios para el 10 de noviembre: prórroga, selectividad o reinstauración plena
Conviene precisar primero qué no está en juego. Los controles de abril de 2025 sobre siete tierras raras medias y pesadas —samario, gadolinio, terbio, disprosio, lutecio, escandio e itrio— siguen plenamente vigentes y no formaban parte de la suspensión. Según datos aduaneros chinos, las exportaciones de disprosio, terbio e itrio se mantienen en torno a un 50% por debajo de sus niveles previos. Lo que se decide el 10 de noviembre es si a ese régimen se suma una segunda capa, mucho más ambiciosa en alcance jurisdiccional.
Prórroga. Pekín extiende la suspensión, previsiblemente hasta el 10 de enero de 2027 para alinearla con la tregua comercial. Es la opción de menor coste y la que preserva el instrumento como ficha de negociación para la próxima cumbre. Su probabilidad es alta, pero su efecto estabilizador es limitado: un horizonte de dos meses no permite a ninguna empresa planificar inversiones.
Selectividad. China reactiva parte de las medidas contra destinatarios concretos —el sector de defensa, determinadas empresas o determinados países— y mantiene suspendido el resto. Es el escenario más coherente con su práctica reciente: en enero de 2026 prohibió las exportaciones de doble uso a usuarios militares japoneses; en junio incluyó a MP Materials y USA Rare Earth en su lista de control, y en julio sancionó a catorce entidades europeas en represalia por las sanciones de la UE contra Rusia. La selectividad maximiza el poder de discriminación entre socios.
Reinstauración plena. Los seis anuncios entran en vigor, incluida la regla del 0,1%. Sería la opción más disruptiva y, por ello, la menos probable mientras Pekín necesite la tregua comercial. Su mera posibilidad, sin embargo, cumple una función: obliga a las cadenas de suministro occidentales a operar bajo una amenaza permanente de interrupción.
La regla del 0,1%: la extraterritorialidad cambia de manos
El Anuncio n.º 61 es la innovación jurídica más relevante del régimen chino. Durante décadas, la extraterritorialidad de los controles de exportación fue un instrumento casi exclusivamente estadounidense. La Foreign Direct Product Rule habilita a Washington controlar productos fabricados en el extranjero con tecnología o equipos estadounidenses, y la regla de minimis somete a las normas de los EE. UU. a cualquier bien extranjero que incorpore más de un 25% de contenido controlado de ese origen. Con esas herramientas, Washington restringió el acceso de Huawei a semiconductores fabricados en Taiwán y en Corea del Sur.
La regla china reproduce esa arquitectura con un umbral muy inferior: un 0,1% del valor frente al 25% estadounidense. Como las tierras raras están presentes en cantidades pequeñas pero imprescindibles en motores, sensores, discos duros o sistemas de guiado, un umbral tan bajo extiende la jurisdicción de Pekín a buena parte de la producción industrial mundial. Un fabricante alemán de motores eléctricos o un ensamblador mexicano de componentes de automoción quedarían sujetos a una licencia china para reexportar sus productos.
La simetría es deliberada y tiene un mensaje político: la guerra tecnológica es ya simétrica en sus herramientas jurídicas. De las sanciones estadounidenses, Pekín aprendió qué controlar y también cómo hacerlo con alcance global. A ello se suma un aparato de aplicación cada vez más denso: desde junio de 2026, un mecanismo de recompensas incentiva las denuncias de exportaciones no autorizadas, del desvío a través de terceros países y de transferencias de tecnología encubiertas en contratos de consultoría o investigación conjunta.
La aplicación efectiva de la regla del 0,1% plantea dificultades prácticas enormes, empezando por la trazabilidad del origen del material en cadenas de suministro de múltiples niveles. Pero su eficacia no depende de una aplicación exhaustiva. Basta con que las empresas teman una aplicación selectiva para que ajusten su comportamiento, mediante la autocensura comercial, la sobreacumulación de inventarios o la preferencia por proveedores chinos integrados.
El trato diferenciado a Europa y la fractura de la coordinación transatlántica
El 9 de octubre, el comisario de Comercio, Maroš Šefčovič, y el ministro chino de Comercio, Wang Wentao, cerraron en Pekín la segunda ronda del mecanismo comercial bilateral creado en junio. China se comprometió a seguir acelerando la aprobación de licencias de exportación de tierras raras a través de un mecanismo de vía rápida, redujo aranceles sobre unos 4.000 millones de euros de bienes europeos y aceptó limitar el crecimiento de sus exportaciones de vehículos híbridos a la UE. No levantó sus controles ni asumió compromisos vinculantes de volumen o plazo. Šefčovič lo describió como un 'primer paso crucial'.
Para Bruselas, la lógica es comprensible. La industria europea depende de China para cerca del 98% de los imanes de tierras raras que consume, y su dependencia de las tierras raras pesadas es prácticamente total. Para Pekín, el acuerdo ofrece un beneficio estratégico superior a su coste: demuestra que el acceso a sus minerales se negocia bilateralmente y recompensa a quien no se alinea por completo con Washington.
El trato diferenciado no equivale a un trato favorable incondicional. Las sanciones de julio contra catorce entidades europeas muestran que Pekín puede premiar a la UE como bloque y castigar a empresas concretas. Esa combinación de recompensa colectiva y sanción individual es más eficaz que una política uniforme, porque divide también a los Estados miembros entre sí.
La consecuencia es una fractura en la coordinación transatlántica. Los Estados Unidos impulsan una alianza de suministro con la UE y Canadá que ha movilizado unos 6.400 millones de dólares en compromisos de capital, y a partir del 1 de enero de 2027 prohibirá en sus contratos de defensa los imanes de origen chino. Europa, en cambio, negocia acceso bilateral con Pekín. Si ambas orillas aplican estrategias distintas, la capacidad occidental de imponer controles coordinados —por ejemplo, en semiconductores o en equipos de fabricación— se debilita. Ese es, probablemente, el objetivo de fondo de la diplomacia china.
La brecha 2026-2035: por qué el plan estadounidense llega tarde
Washington ha movilizado recursos significativos: participaciones accionariales estatales, contratos de compra con precios mínimos, la reserva estratégica Project Vault y financiación de la DFC y del Export-Import Bank para proyectos en el exterior. El calendario industrial, sin embargo, no se acelera por decreto. El proyecto 10X de MP Materials en Texas, que elevará su capacidad de fabricación de imanes a unas 10.000 toneladas anuales, no entrará en operación hasta 2028.
Las proyecciones confirman la magnitud de la brecha. Bloomberg Intelligence estima que la producción de neodimio-praseodimio fuera de China se multiplicará por 4,4 entre 2024 y 2030, pero aun así prevé un déficit global del 36% en 2030, frente a una demanda que crece en torno a un 7% anual. La capacidad occidental de separación equivale a apenas un 13-15% de la necesaria para la autosuficiencia, y el Instituto de Estudios de Seguridad de la UE estima que la diversificación estadounidense y japonesa no resolverá las dependencias críticas antes de 2035.
La brecha temporal tiene implicaciones estratégicas. Entre 2026 y 2028, el período en que la prohibición del Pentágono entra en vigor y antes de que maduren los nuevos proyectos, las empresas de defensa estadounidenses competirán por un volumen limitado de material no chino, pagando primas que ya oscilan entre el 15% y el 25%. Durante esa ventana, Pekín conserva una capacidad de presión máxima.
Ahí aparece el papel potencial de América Latina. Brasil posee las segundas reservas mundiales de tierras raras, en torno a 21 millones de toneladas, y la mina Serra Verde, en Goiás, produce concentrados ricos en disprosio y terbio con financiación estadounidense. Chile alberga el proyecto Penco de Aclara Resources, en la región del Biobío, sobre arcillas iónicas de tierras raras pesadas. La Argentina, sin un perfil relevante en tierras raras, aporta litio y cobre a las mismas cadenas de la transición energética y la defensa.
Procesar o exportar concentrado: la decisión que definirá a la región
El caso de Aclara ilustra el dilema. La empresa planea abastecer con carbonato de tierras raras de sus yacimientos sudamericanos una planta de separación en Louisiana, el Proyecto Dynamo, para la que el Export-Import Bank estadounidense ha emitido una carta de interés por hasta 750 millones de dólares. El esquema es eficiente desde la óptica de la seguridad de suministro estadounidense, pero reproduce el patrón histórico de la región: el mineral se extrae en el Sur y el valor estratégico se captura en el Norte.
Brasil ha empezado a responder. La Ley 15.506, promulgada en septiembre, crea un consejo presidencial con potestad para condicionar operaciones en minerales estratégicos e incentivos fiscales al procesamiento local, y el país dispone de un laboratorio de fabricación de imanes de tierras raras en Minas Gerais. Chile y la Argentina carecen todavía de marcos equivalentes. En ningún caso existe hoy capacidad industrial de separación a escala comercial.
Para España, la oportunidad es de otra naturaleza. Como segundo fabricante de vehículos de Europa, su industria del automóvil es una de las más expuestas a la escasez de imanes, y su posición dentro de la UE le permite impulsar proyectos estratégicos al amparo de la Ley Europea de Materias Primas Críticas, que fija para 2030 un objetivo del 40% de procesamiento dentro de la Unión. La relación histórica y empresarial de España con América Latina la sitúa como puente natural para alianzas de procesamiento entre ambas regiones, una alternativa al esquema exclusivamente estadounidense.
Conclusiones accionables
Primera. El escenario más probable para el 10 de noviembre es una prórroga breve combinada con aplicación selectiva. La amenaza de reinstauración plena seguirá operando como instrumento de presión aunque no se materialice.
Segunda. La regla del 0,1% marca un cambio de época: la extraterritorialidad en los controles de exportación ha dejado de ser un monopolio estadounidense. Las empresas con cadenas de suministro globales deben mapear su contenido de origen chino con el mismo rigor que aplican al contenido estadounidense.
Tercera. La diplomacia diferenciada china busca fragmentar la respuesta occidental. Europa obtiene alivio a corto plazo, pero a costa de debilitar su capacidad de coordinación con Washington en otros ámbitos tecnológicos.
Cuarta. La brecha 2026-2030 es la ventana de oportunidad de América Latina. Brasil, Chile y Argentina deberían negociar con sus financiadores estadounidenses y europeos compromisos de separación y procesamiento local, además de contratos de compra del concentrado.
Quinta. España puede actuar como articuladora de alianzas euro-latinoamericanas de procesamiento que diversifiquen el destino del mineral de la región y den a la UE una fuente alternativa a la china, en lugar de dejar ese espacio únicamente al capital estadounidense.