MUNDO: MATIAS E. RUIZ

Tregua sin tierras raras: el Cono Sur, retaguardia mineral de Occidente

La visita de Xi Jinping a Washington prorrogó la tregua comercial hasta el 10 de enero de 2027, pero dejó las tierras raras fuera del acuerdo. Estados Unidos responde financiando oferta fuera de China con crédito público, y Brasil y Argentina pasan a ocupar un lugar central en ese mapa.

Domingo, 11 de Octubre de 2026
Tierras raras, Matías E. Ruiz, Brasil, Argentina, Estados Unidos, China


La visita de Xi Jinping a Washington prorrogó la tregua comercial hasta el 10 de enero de 2027, pero dejó las tierras raras fuera del acuerdo. Estados Unidos responde financiando oferta fuera de China con crédito público, y Brasil y Argentina pasan a ocupar un lugar central en ese mapa. La pregunta para la región es cómo capturar valor antes de que la ventana se cierre.


La visita de Estado de Xi Jinping a Washington, cerrada el 24 de septiembre, produjo un resultado modesto en lo sustantivo: la prórroga por dos meses de la tregua comercial, que vencía el 10 de noviembre y ahora expira el 10 de enero de 2027. Los mercados esperaban una extensión de entre tres y seis meses, y algunos inversores aspiraban a un año. Los acuerdos concretos se limitaron a un trato arancelario más favorable para unos 30.000 millones de dólares de bienes no sensibles en cada dirección, compromisos chinos de compra de carbón estadounidense y un incipiente 'diálogo sobre superinteligencia'.

Lo relevante es lo que quedó fuera. Según la propia Casa Blanca, ambos gobiernos 'siguen trabajando' sobre la escasez de tierras raras y minerales críticos que afecta a la industria estadounidense. En la práctica, Pekín conserva intacta la palanca más eficaz de su arsenal económico. Washington, por su parte, ha optado por no esperar a la mesa de negociación: está financiando cadenas de suministro alternativas con el balance del Estado, y una porción creciente de ese capital desemboca en el Cono Sur.

La tesis de este análisis es que América Latina —con Brasil y la Argentina en primer plano— ha dejado de ser un proveedor periférico de materias primas para convertirse en una pieza de la arquitectura de seguridad nacional estadounidense. Esa reclasificación trae financiación, pero también condicionalidad política, y abre una ventana temporal acotada para capturar valor en el procesamiento.
 

Una cumbre de señales y una palanca intacta

El dominio chino sobre las tierras raras no reside tanto en la extracción como en las etapas intermedias: la separación química de los óxidos y la fabricación de imanes permanentes de neodimio-hierro-boro, imprescindibles para vehículos eléctricos, aerogeneradores, misiles guiados y aviones de combate. Sobre esa posición, Pekín ha construido desde 2023 un régimen de licencias de exportación cada vez más sofisticado.

Ese régimen opera hoy en múltiples capas. Los controles de abril de 2025 sobre siete tierras raras medias y pesadas siguen vigentes. El paquete de octubre de 2025 —que incluía un requisito de licencia de alcance extraterritorial para componentes fabricados fuera de China con un contenido mínimo de material chino— fue suspendido por un año en el marco de la tregua de Busán, con vencimiento el 10 de noviembre de 2026; su destino queda ahora ligado a la nueva prórroga. En junio de 2026, el Ministerio de Comercio chino incluyó a diez empresas estadounidenses en su lista de control, entre ellas MP Materials y USA Rare Earth, y en julio entró en vigor un mecanismo de recompensas por denuncias de exportaciones irregulares de minerales estratégicos.

Los datos revelan una administración quirúrgica del flujo. Las exportaciones chinas de imanes de tierras raras hacia los Estados Unidos cayeron a 512 toneladas en agosto, un 21% menos que en julio y un 13% por debajo de agosto de 2025, en vísperas de la cumbre. El caso del galio es más severo: China produce cerca del 99% del galio primario mundial y, según el CSIS, sus exportaciones de galio en bruto hacia los Estados Unidos son prácticamente nulas desde 2023, mientras el precio spot fuera de China alcanzó un récord de 1.850 dólares por kilogramo en abril de 2026.

La lógica es la de un grifo regulable. Pekín suministra lo suficiente para evitar una ruptura que precipite inversiones masivas en sustitución, y lo bastante poco para recordar a su contraparte quién controla el caudal. La Agencia Internacional de la Energía estima que una aplicación plena de los controles pondría en riesgo una producción industrial de 6,5 billones de dólares anuales fuera de China. Ningún otro instrumento de la panoplia china ofrece una relación entre costo propio y perjuicio ajeno tan favorable.
 

Washington tuerce el método: el Estado como financista

Ante la imposibilidad de negociar un acceso estable, la Administración Trump ha transformado la política de minerales críticos en política industrial ejecutada desde el balance público. El precedente fue el acuerdo de 2025 entre el Departamento de Defensa y MP Materials, que combinó participación accionarial, garantía de compra y un precio mínimo para el óxido de neodimio-praseodimio. A partir de allí, el modelo se ha replicado con el Export-Import Bank (EXIM), la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC), el Departamento de Guerra y la reserva estratégica conocida como Project Vault, dotada con unos 12.000 millones de dólares.

El método gira en torno a tres componentes. El primero es la financiación directa de proyectos, a menudo con opción de participación accionarial estatal. El segundo es la creación artificial de demanda mediante contratos de compra a largo plazo con precios mínimos garantizados, que neutralizan la principal arma comercial china: la inundación del mercado para hundir precios y hacer inviables a los competidores, como ocurrió con la quiebra de Molycorp en 2015. El tercero es regulatorio: a partir del 1 de enero de 2027 entra en vigor la prohibición del Pentágono de adquirir imanes de origen chino, lo que obliga a los contratistas a asegurar fuentes alternativas.

Este enfoque tiene una consecuencia geográfica directa. Los Estados Unidos carecen de suficiente geología, de tiempo y de mano de obra especializada para reconstruir en su territorio toda la cadena antes del cierre de esa ventana regulatoria. Necesita socios con recursos, estabilidad institucional razonable y alineamiento político. América del Sur reúne las tres condiciones en grados variables.
 

Brasil: reservas, capital estadounidense y soberanía regulatoria

Brasil posee unos 21 millones de toneladas de reservas de tierras raras, las segundas del mundo tras China, según datos del Servicio Geológico de los Estados Unidos. Sin embargo, su extracción en 2025 rondó apenas las 2.000 toneladas, cerca del 0,5% de la oferta mundial. Esa brecha entre dotación y producción es, precisamente, lo que Washington pretende cerrar.

El caso emblemático es Serra Verde, único productor comercial de tierras raras del país, que explota un depósito de arcillas iónicas en Goiás rico en disprosio y terbio, dos elementos pesados críticos para imanes de alto rendimiento. La DFC aprobó en febrero un paquete de 565 millones de dólares con opción a una participación minoritaria estatal; en agosto, el Departamento de Guerra comprometió 750 millones como primer tramo de un paquete de 1.550 millones. A comienzos de septiembre, USA Rare Earth completó la adquisición de la compañía por unos 2.800 millones de dólares, y toda su producción inicial quedó comprometida durante quince años con un comprador respaldado por agencias estadounidenses, con precios mínimos garantizados. El objetivo es alcanzar unas 6.500 toneladas anuales de óxidos de tierras raras a finales de 2027.

La respuesta de Brasilia llegó en menos de dos semanas. El 16 de septiembre, Luiz Inácio Lula da Silva promulgó la Ley 15.506, que crea una Política Nacional de Minerales Críticos y Estratégicos y un consejo dependiente de la Presidencia con potestad para aprobar, condicionar o rechazar cambios de control, transferencias de derechos mineros y determinados contratos internacionales de suministro. La ley prevé créditos fiscales de hasta 1.000 millones de reales anuales entre 2030 y 2034 para el procesamiento local, un fondo de garantías y la posibilidad de imponer requisitos de agregación de valor a las exportaciones. Lula invocó el ciclo colonial del oro para advertir que el país no repetiría la historia.

El tablero brasileño contiene, además, una paradoja: el nuevo propietario de Serra Verde figura desde junio en la lista de control de Pekín. El activo mineral más estratégico de Brasil en este sector queda así directamente expuesto al conflicto tecnológico entre las dos potencias, en un país cuyo principal socio comercial sigue siendo China.
 

La Argentina: litio, cobre y el corredor Andes-Atlántico

El perfil argentino es bien distinto. Su relevancia descansa en el litio y el cobre, dos insumos igualmente centrales para la transición energética y la industria de la defensa; las tierras raras ocupan allí un lugar marginal. Según el USGS, el país produjo unas 23.000 toneladas de litio en 2025 y cuenta con reservas de aproximadamente 4,4 millones de toneladas, concentradas en los salares de la Puna. En cobre, su potencial es mayor que su producción actual: el consejero delegado de Glencore estimó que siete proyectos de cobre argentinos requerirían entre 35.000 y 45.000 millones de dólares de inversión.

El 23 de septiembre, en plena semana de la Asamblea General de Naciones Unidas y coincidiendo con la cumbre Trump-Xi, el EXIM firmó con el Gobierno argentino el marco 'Build the Future', que contempla movilizar hasta 7.000 millones de dólares hasta 2027 en minerales críticos y su procesamiento, energía, conectividad digital y tecnologías espaciales. El instrumento se enmarca en el Corredor Andes-Atlántico, primer corredor del hemisferio occidental dentro de la Asociación para la Infraestructura y la Inversión Global (PGII) del G7, que pretende conectar el noroeste minero y la cuenca de Vaca Muerta con puertos atlánticos. Por separado, el EXIM estudia hasta 6.000 millones para un proyecto de gas natural licuado.

Conviene calibrar el alcance de estos anuncios. Se trata de un marco de financiación, no de fondos comprometidos con proyectos concretos, y su lenguaje es tentativo. La financiación del EXIM está orientada, por diseño, a la compra de equipos y tecnología de fabricantes estadounidenses. El acuerdo bilateral de comercio e inversión firmado en febrero, que abarca los minerales críticos, aún no ha sido ratificado por el Congreso argentino. Y el punto de partida no es neutral: empresas chinas como Ganfeng y Zijin controlan activos relevantes en el litio argentino, de modo que cualquier esquema de exclusividad exigiría también un reordenamiento accionarial, además de nuevas inversiones.
 

El precio de la centralidad: financiación con condiciones

La reclasificación de la región como espacio de seguridad nacional estadounidense tiene beneficios evidentes. Reduce el coste de capital de proyectos que el mercado privado consideraba demasiado arriesgados, aporta compradores de largo plazo con precios mínimos que estabilizan los flujos de caja y abre acceso a tecnología y a mercados de defensa de alto valor. Para economías con restricciones crónicas de financiación externa, se trata de una oportunidad poco frecuente.

La contrapartida es la condicionalidad, que adopta formas explícitas e implícitas. Las explícitas incluyen la financiación atada a proveedores estadounidenses, los contratos de compra que comprometen la producción durante décadas y las cláusulas de origen que excluyen a socios chinos. Las implícitas son más difusas: la expectativa de alineamiento en el escrutinio de inversiones chinas, en las votaciones en foros multilaterales y en la política tecnológica. El respaldo financiero del Tesoro estadounidense a la Argentina en 2025 ya llegó acompañado de mensajes públicos sobre la presencia china en el país.

Existe, además, un riesgo de represalia. China es el primer o segundo socio comercial de Brasil, la Argentina y Chile, y el principal comprador de su soja, su carne y su cobre. La inclusión de USA Rare Earth en la lista de control china demuestra que Pekín está dispuesto a actuar sobre empresas, y los activos que esas empresas poseen en terceros países quedan dentro de su radio de acción. Los defensores del acercamiento a Washington argumentan que la diversificación de compradores reduce precisamente esa vulnerabilidad; sus críticos advierten de que la región podría pasar de una dependencia a otra, sin haber construido capacidad industrial propia. Aunque podría ser tarde para defender el segundo argumento: el desarrollo de infraestructura propia llevaría décadas -más cuando se considera el obstáculo que cobra forma en el recurrente desorden político.
 

La ventana de oportunidad: procesar o resignarse a extraer

El valor de esta coyuntura para América Latina es temporal. La ventana permanecerá abierta mientras la escasez fuera de China sea aguda y Washington esté dispuesto a pagar una prima de seguridad. Puede cerrarse por tres vías: un gran acuerdo sino-estadounidense que normalice los suministros; la maduración de capacidad de procesamiento en los Estados Unidos, Australia y Asia aliada hacia 2028-2030; o una ofensiva de precios china destinada a hacer inviables los proyectos alternativos antes de que alcancen escala.

El nudo es el procesamiento. Brasil prácticamente carece de capacidad para separar y refinar tierras raras o fabricar imanes, según el estudio del CEBRI y la consultora Vallya, que estima que los precios mínimos y las compras garantizadas podrían reducir el plazo de retorno de una planta de separación de unos diez años a cuatro. En el litio argentino, la frontera de valor está en el paso del concentrado y el carbonato a hidróxido grado batería y materiales catódicos. En el cobre, en la fundición y el refinado. La extracción sin procesamiento reproduce el patrón de enclave: rentas fiscales y empleo directo limitados, y la captura del valor estratégico fuera de la región.

Nuestra evaluación es que el escenario más probable para los próximos dieciocho meses combina un flujo creciente de financiación estadounidense con resultados industriales desiguales. Brasil dispone de un instrumento regulatorio para negociar condiciones de procesamiento local, pero no de capacidad técnica inmediata. La Argentina ofrece un marco más abierto al capital y un alineamiento político más nítido, a costa de un menor margen para exigir agregación de valor. Ninguno de los dos países ha coordinado su estrategia con el otro, pese a que una oferta conjunta —tierras raras brasileñas y litio y cobre argentinos— tendría un peso negociador muy superior.
 

Conclusiones accionables

Primera. La tregua comercial no ha desactivado la palanca mineral china; la ha institucionalizado. Los responsables de política deben planificar bajo la hipótesis de que el suministro chino de tierras raras, galio e imanes seguirá siendo intermitente y condicionado políticamente, con independencia de los ciclos de negociación.

Segunda. El capital estadounidense que llega a la región responde ante todo a una lógica de seguridad. Eso otorga a los gobiernos receptores un poder de negociación superior al habitual. Exigir procesamiento local, transferencia tecnológica y participación de proveedores nacionales es viable mientras la escasez persista.

Tercera. La condicionalidad debe negociarse de forma explícita y documentada. Las exclusividades de compra y las restricciones a socios terceros conviene acotarlas en el tiempo y vincularlas a compromisos medibles de inversión en procesamiento.

Cuarta. Brasil y Argentina tienen incentivos para coordinar posiciones: armonizar marcos de agregación de valor, explorar cadenas integradas entre tierras raras, litio y cobre, y negociar como bloque frente a Washington y a Pekín.

Quinta. Para inversores y empresas, la variable crítica es el riesgo de represalia cruzada. Los activos sudamericanos de compañías incluidas en listas de control chinas, o financiados por agencias estadounidenses, requieren un análisis específico de exposición comercial, logística y regulatoria.

 

Matias E. Ruiz
Sobre Matias E. Ruiz

Es Analista en Medios de Comunicación Social y Licenciado en Publicidad. Es Editor y Director de El Ojo Digital desde 2005.