INTERNACIONALES : PHILIP GIRALDI | REALPOLITIK

¿Hacia el fin del mundo como lo entendemos?

El Congreso y la Casa Blanca compiten, en una suerte de carrera de tonterías de fin de año.

27 de Diciembre de 2019

 

En las postrimerías del siglo XIX, Lord Palmerston compartió una reflexión sobre lo que él estimaba era obvio, a saber, que 'Inglaterra no tiene amigos eternos; Inglaterra no tiene enemigos perpetuos. Inglaterra solo tiene intereses eternos y perpetuos'. Lo que Palmerston estaba diciendo era que los intereses nacionales deberían regir las relaciones con las naciones del extranjero. Un país que cuenta relaciones amistosas la mayor parte del tiempo con algunos otros, y relaciones difíciles con otras más, es aceptable; pero lo cierto es que la política de Estado debería regirse por lo que resulta beneficioso para una nación y para sus ciudadanos.

Fin del mundoSi Palmerston viviera hoy y tomara nota sobre las relaciones de los Estados Unidos de América con el resto del mundo, bien podría percatarse de que Washington constituye una excepción a su regla. Sin lugar a dudas, Estados Unidos se ha vuelto ducho en convertir a adversarios en enemigos y en decepcionar a los amigos; y todo ello se ha logrado desde la superficial percepción de que, de alguna manera, el proceder de esa manera traería democracia y libertad para todos. En efecto, ya se trate de la promoción de la democracia neoliberal o de la versión neoconservadora de la misma, han sido vistas como intereses primarios durante los últimos veinte años, aún cuando, en sí mismas, esas políticas han sido desastrosas y solo han contribuído a dañar los intereses reales del pueblo estadounidense.

La relación entre los Estados Unidos e Israel, por ejemplo, se exhibe regida por un rico y poderoso lobby antes que por intereses comunes, lo cual es, a pesar de todo, falsamente descripto como un vínculo entre 'aliados cercanos' y 'mejores amigos'. A la ciudadanía estadounidense, eso le ha costado centenares de miles de millones de dólares en subsidios destinados a Tel Aviv, en tanto que la influencia israelí sobre la política de Estado americana para Oriente Medio ha llevado a las catastróficas intervenciones militares estadounidenses en Afganistán, el Líbano, Irak, Siria, Mogadiscio y Libia. En la actualidad, Israel azuza con la acción americana versus la inexistente 'amenaza' iraní, al tiempo que empuja a su lobby en los EE.UU. para que califique como ilegales a cualquier crítica que se presente contra sus crímenes de guerra, logrando -efectivamente- reprimir la libertad de expresión y de asociación para la totalidad de los estadounidenses.

Más peligrosa aún es la recurrente excoriación del Kremlin, perpetrada en torno del extendido mito que hace a la narrativa del Russiagate. Recientemente, el Congreso ha aprobado un proyecto que otorgaría US$ 300 millones en asistencia militar suplementaria a Ucrania, para que aquélla sea empleada contra Rusia. El dinero y la atribución de poderes han sido tipificados en la versión del acta para la autorización de defensa nacional (NDAA), aprobada en la Cámara de Representantes durante la pasada semana.

El proyecto no es otra cosa que un planteo renovado de la controvertida Iniciativa de Asustencia en materia de Seguridad para Ucrania (Ukraine Security Assistance Initiative) que, supuestamente, Donald Trump manipuló a criterio de propiciar una investigación contra Hunter, hijo del ex vicepresidente Joe Biden. La flamante versión amplía el paquete original de asistencia, para incluir misiles crucero destinados a la defensa costera y misiles antinavío, los cuales consignan una exportación aceptable para Kiev. Asimismo, autoriza una asistencia militar extendida de US$ 50 millones por sobre los US$ 250 millones autorizados por el proyecto del Congreso del año pasado, 'de los cuales, US$ 100 millones estarían disponible solo para asistencia de material letal'.

Ucrania necesitaba el dinero y el armamento, a efectos de contrarrestar la supremacía naval rusa en el Mar Negro, desde la base que posee en Sebastopol (Crimea). Un año atrñas,la armada rusa capturó tres navíos de guerra ucranianos, y Kiev no contaba con la capacidad para replicar contra Moscú, debido a que carecía de los sistemas de armas diseñados para atacar a buques. Ahora, los tiene y, presuntamente, los utilizará. Se desconoce el modo en que Rusia podría responder.

Dmytro Kuleba, primer ministro para la Integración Europea y Euroatlántica, ha visitado Washington, D.C., con miras a ejercer presión política que le permita obtener asistencia militar adicional. El funcionario ha tenido un éxito considerable, particularmente debido a que existe apoyo bipartidista en el Congreso para otorgar mayor ayuda a Kiev, y también porque los Departamentos de Defensa y de Estado en la Administración Trump -así como también el Consejo Nacional de Seguridad- respaldan la premisa, con el objetivo de contrarrestar la 'amenaza rusa' en el Mar Negro. El presidente Trump firmó la iniciativa NDAA la semana pasada, lo cual completó el proceso.

En lo que remite a un episodio más ominoso aún, Kuleba y sus interlocutores en la Administración americana y el Congreso han estado revisando los alcances de una propuesta que emergiera durante el gobierno de Bill Clinton, esto es, que Ucrania y Georgia deberían ser admitidas en OTAN. Tal como sucede con los US$ 300 millones de asistencia militar, parece registrarse aquí un notorio respaldo bipartidista para semejante maniobra. En rigor, OTAN ya cuenta con una presencia de magnitud en el cuadrante del Mar Negro, con Bulgaria, Rumanía y Turquía formando parte de la alianza. El agregar Ucrania y Georgia terminaría de aislar a la presencia rusa y Moscú, sin lugar a dudas, ponderará a ese escenario como una amenaza existencial.

La iniciativa NDAA, de igual modo, contempla el remitir partidas de fondos a efectos de poner en marcha a la denominada Fuerza Espacial o Space Force, inaugurada por el presidente Trump hace poco, y a la cual describiera como 'el nuevo dominio bélico del mundo'. 'Entre las graves amenazas contra nuestra seguridad nacional, la superioridad estadounidense en el espacio es absolutamente vital. Llevamos la ventaja, pero no tenemos la suficiente; pero, próximamente, lideraremos por mucho más. La Fuerza Espacial nos ayudará a disuadir ante la agresión, y a controlar el terreno elevado de mayor importancia'.

Por si todo ello no fuera lo suficientemente malo, el nuevo presupuesto de la Defensa también exige, de modos preocupantes, que la Administración Trump imponga sanciones 'teniendo en cuenta la puesta en funciones de ciertos navíos dedicados a la construcción de ductos de exportación de energía rusa'. También la semana pasada, la Cámara de Representantes y el Senado aprobaron un sistema de sanciones específicas contra compañías privadas y gobiernos que colaboren con el gasoducto Nord Stream 2, el cual cruzará el Mar Báltico desde Vyborg hacia Greifswald, conectando a Alemania con el gas natural ruso. El presidente Trump firmó esa legislación.

Estados Unidos se ha opuesto al citado proyecto desde que fuera delineado originalmente en los papeles, afirmando que convertiría a Europa en 'rehén' de la energía rusa, lo cual a su vez enriquecerá al gobierno ruso, y dotará de mayor poder al presidente Vladimir Putin para que pueda comportarse de manera más agresiva. Las compañías de ingeniería abocadas a la iniciativa ofrecerán servicios vinculados al despliegue de gasoductos, y terminarán en la mira de Washington, mientras la Administración Trump se esmerará para detener las obras de finalización del proyecto, cotizado en US$ 10.5 mil millones.

Ahora que la NDAA cuenta con la firma que necesitaba, la Administración Trump tendrá sesenta días para identificar a las firmas privadas, a individuos y a gobiernos extranjeros que, de algún modo, han proporcionado servicios o asistencia en la obra. El sistema de sanciones impedirá que individuos puedan trasladarse hacia los Estados Unidos, y congelaría cuentas bancarias -y otros bienes tangibles- identificados por el Departamento del Tesoro. Una firma que, sin lugar a dudas, terminará en la mira para ese esquema de sanciones será Allseas. De origen suizo, esa empresa fue contratada por la rusa Gazprom para construir el segmento marítimo del gasoducto. La misma ha suspendido su dedicación al proyecto, a efectos de ponderar adecuadamente las implicancias de esas sanciones.

Considérese que el gasoducto Nord Stream 2 es un proyecto pacífico de índole comercial firmado entre dos naciones que mantienen relaciones amistosas, todo lo cual vuelve impropias a las amenazas consignadas por la reacción estadounidense. Un incremento en las sanciones estadounidenses contra Rusia se exhiben hoy como una posibilidad cierta, e incluso se ha sugerido que el gobierno alemán y su ministro de energía podrían llegar a ser sancionados. Predeciblemente, este concierto ha llevado a Alemania a retroceder en su participación en la iniciativa, aún cuando Alemania suele mostrar predisposición a respaldar toda propuesta de origen estadounidense. La semana pasada, el Ministro alemán de Relaciones Exteriores, Heiko Maas, le pidió al Congreso estadounidense abstenerse de involucrarse en la política energética germana, con estas palabras: 'Creemos que esto es inaceptable porque, a la postre, se trata de una maniobra destinada a ejercer influencia contra decisiones autónomas que se llevan a cabo en Europa. La política energética europea se decide en Europa, no en los Estados Unidos'.

Andreas Nick, miembro del Bundestag alemán, advirtió: 'Se trata de un asunto de soberanía nacional y, potencialmente, es un conflicto legal de cara a las relaciones transatlánticas'. La Administración Trump, gratuitamente, está alienando a países importantes y aliados genuinos como Alemania, a diferencia de lo que hace con Israel o Arabia Saudí, en torno de un aspecto que no hace a los intereses estadounidenses y que, en todo concepto, es infortunado. Lo invita a uno a pensar que Washington definitivamente ha extraviado el camino.

El punto es que Donald Trump, Mike Pompeo, Mike Pence y Mike Esper (es cierto: hay aquí demasiados Mikes) ignoran lo que es un interés nacional, ni aún cuando lo tengan bajo las narices. La politización que ellos han hecho del objetivo de 'ganar 2020' y, para ello, propiciando un sinsentido apocalíptico como ser la guerra en el espacio, también refuerza la tesis que versa sobre la existencia de una visión estrecha sobre lo que significa Rusia bajo Vladimir Putin; y esta percepción es extremadamente peligrosa. En efecto, el Team Trump arroja sanciones por doquier, la mayoría de ellas dirigidas contra Rusia, Irán, Corea del Norte y, su actual favorito, Venezuela. Nadie es inmune. Pero la escalada que lleva de las sanciones al obsequiar armamento a los enemigos del Kremlin es desaprensivo, y carece de sentido. Definitivamente, Rusia replicará si es atacada -y nadie debe equivocarse a este respecto. La guerra podría escalar fácil y rápidamente, con trágicas consecuencias para todos nosotros. El hecho de que la guerra quizás sea plausible es, en sí mismo, un pensamiento deplorable, sobre todo cuando el medio Business Insider ha publicado, hace poco, un artículo que explica cómo sobrevivir a un ataque con armas nucleares. Próxima y probablemente, los nuevos hogares en los Estados Unidos serán dotados de refugios antinucleares -tal como sucediera en los años cincuenta.


Publicado originalmente en The Unz Review (Estados Unidos) | Traducido y republicado con permiso del autor

 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios estadounidenses, y como Director Ejecutivo en el Council for the National Interest. Giraldi es colaborador frecuente en Unz.com, Strategic Culture Foundation y otros. En español, sus trabajos son sindicados con permiso en El Ojo Digital.