INTERNET & TECNOLOGIA | POR MATIAS RUIZ, PARA EL OJO DIGITAL
Google, la tecnodictadura que viene. Larry Page, Sergey Brin y el monstruo de Frankenstein
Desde la llegada de Google en 1998, el mundo de Internet se ha visto modificado radicalmente : lo que hoy no puede encontrarse en el popular buscador, simplemente, no existe.

En verdad que Larry Page y Sergey Brin lo revolucionaron todo, desde que unieron fuerzas para dar a luz a lo que hoy se conoce como Google, Inc, allá por septiembre de 1998.
Es así como Internet tomó un giro casi copernicano desde los tiempos de la prehistoria de la Red, en que directorios temáticos como Altavista y Yahoo eran los más utilizados por los millones de usuarios de todo el mundo, pero sin brillar y sin haber explorado en forma definitiva las potencialidades de la búsqueda de contenidos en el Internet.
En los inicios del año 2000, aproximadamente siete de cada diez personas que navegaban en la Red utilizaban Yahoo para satisfacer sus necesidades de búsqueda de información. Es que a Google le llevó algo de tiempo desplazar a su otrora competidor. Lo cierto es que nadie sabe qué fue lo que sucedió, pero Yahoo y Altavista pasaron al olvido, y Google se posicionó como el motor de búsqueda más popular en la mente de los usuarios.
Algunos intentaron explicar la raíz de lo ocurrido en la abundancia de información y temas que Yahoo presentaba en su página inicial. Larry Page y Sergey Brin revolucionaron el concepto de las búsquedas online y presentaron la matriz de Google, que se reveló como sencilla, muy básica, y en su comienzo, más "democrática". El carácter popular de Google, dijeron, se basó en un nuevo algoritmo que explicaba la aparición de ciertas páginas web por encima de otras, a partir de un ranking de popularidad que denominaron "Page Rank", término que, sugestivamente, representa un curioso juego de palabras que incluye el apellido de uno de los creadores de la compañía que hoy tiene su base en la bella ciudad americana de Seattle.
Pero toda explicación quedó al margen, pues Google barrió con el pasado en materia de búsqueda de información y datos a través de Internet, y hoy es el motor más utilizado por cualquiera que navegue por Internet, llegando a ser incluso utilizado por nueve de cada diez personas, según el país bajo análisis.
Muchos académicos hoy rescatan como proféticas las expresiones del austríaco Peter Drücker, quien supo decorar numerosos textos de administración de empresas publicados hace ya varios años : "en el futuro, la información será la mercancía más cotizada", solía decir. "La tecnología del conocimiento reemplazará a los recursos naturales". Aunque Drücker citaba, en sus obras más cercanas en el tiempo, el uso de la tecnología de la información que naciones desarrolladas como Japón y los Estados Unidos planteaban, enfrentados al ejemplo de países con abundancia de recursos naturales pero que seguían siendo subdesarrollados (como la Argentina), el autor jamás imaginó que Google vendría a ser el más fiel exponente práctico de sus escritos y desarrollos teóricos.
A partir del uso masivo de Google, hoy asistimos a una influencia marcada del motor de búsqueda en las vidas de miles de millones de personas en todo el mundo, y esta materia aún resta ser analizada por expertos en sociología y otras áreas humanísticas, dado lo amplio del espectro y la manera en que la sociedad globalizada depende hoy de la tecnología para satisfacer sus necesidades.
Políticos y personajes influyentes lanzan airadas protestas cada vez que un sitio web con alto ranking en el buscador publica secretos y datos sobre ellos o detalles que estas personas no quisieran ver públicos. Terroristas inexpertos buscan información en Google acerca de cómo construir explosivos caseros o incluso "bombas sucias" con material nuclear en desuso. Una mujer intentó asesinar a su marido infiel buscando en Google la fórmula de un efectivo veneno. Jóvenes adolescentes con el corazón roto publican en la Red las fotos de sus traicioneras ex novias en situaciones íntimas... y Google las publica. No hace mucho, cierto magistrado argentino desató la hilaridad generalizada al fallar que Google debía remover de sus resultados un número de páginas web que acusaba a ciertas modelos locales de ser prostitutas VIP.
En el mundo del periodismo online o en línea, las repercusiones sociales son igualmente importantes. Aunque la peor parte la llevan los medios tradicionales, que se han visto rápidamente relegados por sus lectores en beneficio de otras páginas o diarios de Internet s trayectoria pero con rankings más altos que sus publicaciones. Diario Clarín, por citar un caso, ha reasignado sus recursos de diseño web para acoplar ls contenidos de sus noticias para que sean más Google-friendly. Wikipedia se ha vuelto una fuente obligada de información para muchas personas, incluso periodistas de investigación de jugoso prontuario, a pesar de que sus escritos no son manufacturados precisamente por periodistas expertos, sino por usuarios comunes. ¿La ventaja de Wikipedia? Rankea estupendamente en el Google de Page y Brin. Internet es democrático porque aquí todo se equipara. ¿O no es así?
En el caso particular de El Ojo Digital, una nota divertida : sus creadores se han topado con la "buena" noticia de que los titulares del portal gozan de buen ranking en los resultados de Google. Tal vez esa es la razón por la cual empresas y particulares han ofrecido adquirir el portal por cifras nada despreciables, con el único objetivo de "remover" del buscador aquello que no desean ver publicado. Infortunadamente, la respuesta de los responsables nunca es sencilla : Google no remueve noticias viejas de sus rankings, ni siquiera a cambio de ofertas de dinero...
Ocurre que Google representa un problema fenomenal para todos. Del mismo modo en que sucede en el mundo real, cuando una empresa controla la distribución de cierta mercadería en forma monopólica en un determinado mercado, y los consumidores de ese producto no tienen otra alternativa que pagarlo al precio final que esa compañía exige, con Google sucede algo similar, pero con una salvedad fundamental : Google parece ostentar el control absoluto sobre una realidad completa, la virtual.
Desde luego que sus creadores no se propusieron inicialmente tener el control abrasivo de la realidad en el Internet; seguramente se han topado de golpe con la noticia. Y de seguro no han tenido mucho tiempo para reflexionar sobre la importancia de su creación.
¿Cuál es el inconveniente principal del estado de dominio absoluto con que Google se revela ante la sociedad globalizada virtual? Algunos ya comienzan a insinuarlo : Google tiene el poder para desaparecer páginas web, empresas y personas, en un microsegundo, por obra y gracia de su refinado algoritmo. Puede destruir a presidentes, reyes y gobernantes, solo con posicionar al tope de las búsquedas aquella página rebelde que revela sus secretos más oscuros de corrupción, preferencias sexuales o la información que se desee publicar. En definitiva, la información es poder. Poder para influir sobre la realidad en formas que la sociedad ni siquiera alcanza a imaginar. Y, yendo aún más lejos, podría decirse que lo que no figura en los rankings de Google, simplemente no existe. Es entonces cuando Google deja de ser una democracia para convertirse en una herramienta peligrosa : Google bien puede convertirse en la tecnodictadura del futuro. Un futuro que ya está al alcance de la mano.
Insistirán Page y Brin en que el mecanismo de su creación para posicionar ciertos sitios web antes que otros constituye el cénit de la democracia en la Red. Pero cabe preguntarse si acaso su creación no se ha ido de las manos, en una lóbrega comparación con el monstruo de Frankenstein, que en el final del cuento de Mary Shelley termina aniquilando a aquel que le infundiera con el soplo de la vida.
En concreto, podría también argüirse que los extremos se tocan. Democracia y dictadura tecnológica bien pueden encontrarse más cercanos de lo que parece. Google es primero en preferencias porque una gran mayoría de usuarios así lo han decretado. Ni siquiera Bill Gates ha podido destronarlo, insertando a su motor de búsqueda MSN en cada computadora vendida en el mercado estadounidense y mundial. Gates incluso se ha "jubilado" del negocio de Microsoft sin haber logrado superar el desafío, ese que le ha costado incontables horas de insomnio.
Pero este artículo no tiene el fin último de proponer soluciones o caminos alternativos para sortear a Google. El presente material invita al lector (que seguro busca inforación permanentemente en Google) a acostumbrarse al escenario tecnológico bajo descripción.
En la actualidad, la batalla en la que se han trenzado numerosos programadores e informáticos con sus computadoras personales se libra con el objetivo de descubrir la manera en que Larry Page y Sergey Brin han dado vida al algoritmo de la discordia. Pero el camino se asemeja demasiado a una causa perdida. En su impotencia, muchos han acusado a Page y Brin de manipular en forma manual los resultados, dado que empresas y organismos desaparecen como por arte de magia -y de un segundo al otro- de las listas de resultados. Otros han ido más lejos y han disparado que los creadores del buscador acumulan ingentes riquezas dinerarias a partir de una explotación publicitaria de la manipulación de resultados, pero que ello solo se realiza en reuniones secretas y a cambio de grandes sumas, porque de otro modo, las acciones del motor de búsqueda caerían estrepitosamente. Como se ve, teóricos de la conspiración jamás escasean.
Cierto estudiante español de la carrera de periodismo remata en su blog -no sin antes despotricar contra la dictadura de Google- : "No quiero ser cómplice de engaños. A partir de ahora utilizare otro buscador. ¿Hay más aparte de Google? Sólo hay una forma de saberlo. Voy a mirar en Google".