Jueves 29 de septiembre de 2005
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ESPECTACULOS | EL CONFLICTO DE LAS MALVINAS SIGUE SIN SER NARRADO CORRECTAMENTE


Gastón Pauls e "Iluminados por el fuego", un fuerte insulto a los veteranos de Malvinas


La película "Iluminados por el Fuego" constituye un auténtico insulto a la memoria de los caídos en el conflicto. Y la primera falta de respeto es la participación del patético actor Gastón Pauls.

Que el público argentino hace tiempo está divorciado del cine nacional no es ningún misterio. Pero lo que es insólito es que los realizadores de la Argentina se pregunten acerca del motivo, cuando el patetismo de sus productos es siempre tan elevado.

Tal vez la primera y más poderosa razón por la cual el cine argentino "no pega" sea el uso recurrente de la ideología de izquierda para recordar en forma permanente a las "víctimas del proceso" y castigar con la fuerza de la propaganda a los supuestos "victimarios".

"Iluminados por el Fuego" no es una excepción a esta regla, ya que el filme exagera precisamente el término de "pobrecitos" con el que la sociedad argentina gusta calificar a los veteranos de Malvinas. Precisamente, esa idea que los veteranos se han esforzado en rechazar desde el final del conflicto en junio de 1982.

El público está simplemente harto de escuchar las menciones críticas hacia los militares en el cine y la televisión argentinas. La explicación es muy sencilla : el emisor interpreta erróneamente la necesidad del receptor. O dicho más sencillamente : el público va al cine a divertirse, no busca información de carácter propagandístico-político.

Pero Miguel Bonasso tampoco lo ha entendido así al modificar el guión de "iluminados...". Y ha equivocado groseramente la confección del producto el director Tristán Bauer cuando recurre a Gastón Pauls para hacer de ex-combatiente.

Gastón Pauls no sólo es un actor del nivel más elemental, sino que en la mente del público argentino éste no ha podido desprenderse de su papel juvenil en "Montaña Rusa", que protagonizara junto a una camada de paupérrimos actores infantiles -y que ahora no lo son tanto, pues han crecido y torturan hasta el cansancio con su presencia en las denominadas "revistas del corazón"-.

Dotar a Gastón Pauls de uniforme militar para representar a un ex combatiente argentino de Malvinas es, a todas luces, un insulto de magnitud extraordinaria para cualquier veterano, al tiempo que invita a la carcajada.

Más allá de ello, analizando artísticamente al filme, corresponde decir que lo peor de todo es el insoportable protagonismo del actor, y su relato en off que hace pensar al público que está viendo una versión cinematográfica de su programa televisivo de Telefé.

Tal vez el único punto positivo de la película sean los planos y ciertas escenas cuidadosamente construídas -ciertamente, un logro del director-. No obstante, Bauer ha demostrado una inaceptable torpeza en el manejo del sonido, la mayoría de las veces disociado de la imagen. Gran parte del público se tapa los oídos en la famosa escena bélica de los violines desafinados.

Tampoco se explica la pobre confección de las escenas con explosivos, dueñas de una notable desprolijidad.

La tendencia notablemente política que exhibe el filme, obviamente no incluyó destacar el "factor coraje" que demostraron muchos ex-combatientes, y que realizador y guionistas han "olvidado". Tampoco se observa referencia alguna al rol más que destacado que la Fuerza Aérea Argentina llevara adelante durante el conflicto.

Nada de eso. Lo que primaba en la agenda era la critica ácida a los militares, a través de la presentación de los "estacamientos" a los "colimbas" y los padedimientos de hambre y frío. En definitiva, un nuevo intento de seguir minando la reputación de las fuerzas armadas argentinas.

De todos modos -y retornando a lo artístico-, corresponde hacer una importante salvedad, ya que son más que correctas las actuaciones de Arturo Bonín y Juan Leyrado -dos de los pocos actores argentinos que se salvan de la mediocridad de la actuación local-.

Finalmente, el balance de la mencionada película es malo. Quien no asista al cinematógrafo, no se habrá perdido de nada. De insistir en aventurarse para ver el trabajo de Bauer, el espectador abandonará la sala con la imperiosa necesidad de reclamar el pedido de disculpas por parte de Gastón Pauls.



Fuente: El Ojo Digital Espectáculos





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