Mochila empresaria e inversión
No todo es paja; es mucho mas el trigo. En Argentina son mas los empresarios honestos, de vocación y con apego al riesgo.
21 de Julio de 2010
En la jerga futbolera se dice que los goles que se yerran en un arco se hacen en el otro. Es claro que los ciudadanos honestos -mal representados por jueces prebendarios- no pudimos en 2002 llevar a la justicia, y de corresponder, penar, a los responsables del infierno económico-social del país de aquellos días. No me refiero a los chivos expiatorios ni a los que en su ingenuidad fueron cercados por las mafias -los delaruas por ejemplo-; sino a los instigadores y ejecutores: empresarios deshonestos y políticos corrompidos.
Unos beneficiados por la confiscación del ahorro, la devaluación y el default; otros, por haber cumplido el "sueño del pibe" y haber llegado a la primera magistratura o, cuando menos, haber ocupado relevantes sitiales de poder que de ninguna otra forma hubieran alcanzado jamás. Cesado el clamor ciudadano -cacerola en mano- de la época; exaltando tan bien esa verdad de que el más domesticable de los animales es el humano; ahora son aquellos, los delincuentes y sus beneficiarios, los que pretenden ajusticiarnos con todo el poder coactivo de que dispone el estado.
Ya desde antes de la caída al abismo en 2002 la economía del país venía sufriendo los embates de pésimas administraciones que habían llevado a la economía a una recesión. Los empresarios honestos que pudieron sostener hasta ese tiempo activas sus empresas, eran dignos de una mención;.es imposible gerenciar una empresa en Argentina y salir indemne de magulladuras. Crisis tras crisis, confiscación tras confiscación, cambio de reglas e incumplimiento de contratos, altos impuestos y deslealtades comerciales, hijos y entenados, coimas y sobreprecios, industria del juicio y huelgas, etc.,etc.. Pero lo que vino después sobrepasó cualquier imaginario.
Hacia fines de 2001 lo que dio en llamarse "bancarización" se transformó en corralito para convertirse en corralón unos meses mas tarde. Fue el comienzo de una confiscación de riqueza de tal envergadura, que todo precedente reciente, ahorro forzoso y Bonex ´89, parecieron una salida al recreo. El default del estado arrastró al default a la mayoría de las empresas que de la noche a la mañana se quedaron sin financiamiento externo, y que por casi cuatro años -y todavía- son medidas con la misma vara de descrédito con la que es medido el país.
Paralelamente, la devaluación. La devaluación elevó la pobreza a guarismos haitianos e hizo caer el PBI decenas de puntos para conducir al país a la depresión. Pero si algo faltaba a ese panorama desalentador para la empresa, se aplicaron penas cuantiosas al despido de personal, obligando a los empresarios a un malabarismo financiero del que muy pocos resurgirían. Confiscación de activos, una cadena de pagos disuelta, bancos quebrados y demanda paupérrima de bienes y servicios, fueron los signos de un tiempo del que todavía resuenan los ecos.
Y todo eso no fue obra de un tsunami, un terremoto o un huracán quinta categoría; fue la consecuencia de políticos de décima, jueces de oferta y traficantes de dignidades. Lo verdaderamente curioso es que esta resaca todavía nos dura y nos gobierna; y hoy, sobre actuando la pulcritud, acorralan a la libre empresa -seria y honesta- sin darle posibilidades de drenar su lastre de deudas fiscales con un plan que esté a la altura de la gravedad de lo acontecido.
Resultó imposible no endeudarse con proveedores y bancos; imposible cumplir cabalmente con el pago de impuestos y aportes patronales en semejante "sálvese quién pueda". Mientras tanto, el estado, primer beneficiario por la devaluación, no practicó ningún ajuste estructural; y lejos de hacerlo, agregó impuestos dañinos para la economía y para la inversión productiva, parasitándose también sobre las exportaciones argentinas.
Dicen que llegó la hora de la reivindicación económica; de la redistribución de la riqueza. Como si hubieran sido los empresarios los causantes de la pobreza y no los gobiernos con sus corruptelas y desmanejos económicos. Y en el afán de buscar chivos expiatorios y cargar con culpas propias a otros, el blanco son los empresarios, los inversores externos; en general, todo aquel a quien pueda caberle el mote de "burgués". Estos "justicieros tercer milenio", simplemente le dan, a un pueblo carente de educación y sediento de reivindicaciones, un poco de pan, y mucho de circo; esquivando impunemente sus responsabilidades.
Los responsables de aquel genocidio económico no escatimaron desapego a la ética en aras de lograr sus objetivos y beneficios. Aquellos, los de siempre, los traficantes de miseria; imbuidos de todo el poder que es posible comprar con dinero público; son los mismos que hoy nos embargan las cuentas bancarias, nos inhiben, rematan nuestras propiedades, abren cajas de seguridad, amenazan con clausuras y confiscaciones, usurpan empresas, etc., etc..
Mas de trescientas mil empresas se encuentran en mora de impuestos y suman abultadas multas y confiscatorios intereses; una mochila tan pesada como indigna y desalentadora. Pero la situación es todavía más asfixiante. Miles no tienen acceso al crédito, miles tienen embargadas sus cuentas bancarias, miles se encuentran inhibidas, miles tienen sentencia de remate de sus activos y juicios cuantiosos.
Hay un Presidente y su Ministro que hablan de invertir mas; ¿Cómo hacerlo con semejante carga de inseguridad ante todo el poder coercitivo del estado para cobrar deudas que con sus adicionales son de imposible cumplimiento?
El plan amigable que este mismo Ministro pone al alcance de los empresarios a través de la AFIP viene a agregar plomo a sus mochilas. Intereses resarcitorios y punitorios confiscatorios, gastos y honorarios causídicos, multas y condenas carcelarias... ¿Posee algún grado de coherencia con lo que han tenido que pasar las empresas para sostener en pie la economía del país?
Es tiempo de sinceramiento, de soltar el látigo; no sea que de errar el castigo, cambie otra vez de mano.
* MARCELO D. FERRER nació en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, República Argentina. Es Contador Público y Licenciado en Economía; Escritor, Poeta y Ensayista. Es miembro y ha presidido diversas O.N.G. dedicadas a la educación y al servicio comunitario.
Lic. Marcelo D. Ferrer