ECONOMIA Y NEGOCIOS | POR MARCELO D. FERRER, LIC. EN ECONOMIA
Señales que anuncian una nueva crisis
¿Cuándo se homogenizan ideologías desbocadas con recursos económicos rumbo a la escasez? La respuesta es: en crisis.

Luego de que la devaluación trasfiriera enorme cantidad de recursos y riquezas al estado, los gobiernos se han dedicado a gastar o repartir esos recursos sin prever que la situación de bienestar es transitoria.
Desde antes de 2001 es imprescindible una adecuación de la estructura del estado al menor tamaño de nuestra economía; una reforma política que tanto fortalezca los partidos como a las instituciones y haga más transparente el ejercicio de la democracia; una reforma tributaria; una reforma financiera que de confiabilidad al sistema; una reforma laboral que permita la movilidad y la adecuación de la mano de obra a las nuevas tecnologías; un sistema de inclusión de los sectores marginados de la sociedad; etc.
Amén de la necesaria prioridad que debiera dársele a la educación como política de estado de corto, mediano y largo plazo. Otras cuestiones, que son también prioritarias: salud, justicia y seguridad, en alguna medida dependen de aquellas otras reformas.
Somos de la creencia que la negociación de la deuda, si bien tuvo beneficios económicos notables, acarreará -acarrea ya- pérdida de oportunidades de inversión, que sin ser notorias para la simple apreciación, afectan el desarrollo de nuestra economía hacia el futuro.
La elegibilidad de los países por parte de los inversionistas depende en gran medida de la previsibilidad de las políticas de estado de largo aliento, y de que esas políticas se sostengan entre las sucesivas alternancias gubernamentales; una cuestión que en nuestro país no se cumple, más sí, un agudo movimiento pendular entre ciclos de diferente signo. Incluso, han dejado de ser previsibles los partidos políticos dándose dentro de ellos alternancias diametralmente opuestas.
Casi cuatro años lleva insumida la negociación de la deuda y aún no se ha dado cabal final a la cuestión. Sin bien hay una propuesta con mayoritaria aceptación, existe un remanente cuyo volumen iguala casi, el default de Rusia. Pero quizá la cuestión más relevante en el manejo de la situación haya sido la "diplomacia de la imposición" y cierta jactación y soberbia sobre los -vencidos(?)- bonistas-inversores, de los cuales siempre dependeremos. Una prueba más -entre otras tantas- de la miopía de nuestros estadistas.
En otro orden, no podemos pasar por alto la "ideología de la reivindicación" -no interesa si de centro izquierda, izquierda o marxista- puesto que ese discurso inmoderado a venido a apresurar los ánimos de una sociedad ciertamente desigualitaria. La batalla por una más equitativa redistribución del ingreso no será nunca ganada por la fuerza; es preciso para ello desarrollar políticas de estado, que al lograr consenso, se fortifiquen a lo largo de los años.
El desenvolvimiento del capital es excesivamente corporativo e individualista a la vez, en un mundo tan carente como el actual, siempre encontrará oportunidades si es obligado a emigrar.
El excesivo poder otorgado a los sindicatos por un Ministerio de Trabajo que incumple sus funciones; la entidad que han adquirido los "piqueteros"; cierto grado de garantismo judicial al crimen; violaciones al derecho de la propiedad y cierta zona liberada a la usurpación de empresas; el manoseo tarifario que se hace con las empresas privatizadas, sumado a ello el acercamiento a líderes como Chávez; son cuestiones que afectan la previsibilidad, hoy, de nuestro país, y que obedecen a ese discurso de la "ideología de la reivindicación" al que nos referíamos.
Es contradictoria la acción del gobierno si por un lado alienta la ideología de la reivindicación y por el otro sale a demandar inversiones.
Pero nuestro país no es una isla. La población Argentina puede no tener claro cómo alcanzar el bienestar driblando de un extremo al otro, pero sabe que esa es su meta. Un país inserto en el mundo más por la calidad de sus ciudadanos que por su economía, buscará siempre un lugar expectante en él.
Hoy, el contexto económico del mundo nos favorece. Bajas tasas de interés y altos precios de la materias primas básicas de exportación (comodities) son la combinación ideal para un país en vías de desarrollo. Pero esto no se sostendrá de manera indefinida; es más, el proceso ha iniciado su reversión.
La crisis del petróleo, los desastres climáticos, la guerra; pero sustancialmente la situación de la mayor economía mundial (EEUU), están emitiendo señales de que la economía mundial va rumbo a su desaceleración. Esto afectará nuestra economía, puesto que la base del superávit primario, del que tanto nos jactamos, depende de las imposiciones a la exportación; y, en igual medida, una restricción de la liquidez mundial por causa de la desaceleración de la economía, afectará nuestras necesidades de financiamiento, seriamente dañadas por la torpe salida del default y la demorada negociación con el FMI..
Dicho esto, y a modo de síntesis, detallo seguidamente algunas de las premisas que podrían presumir el adelantamiento de una nueva crisis, en la medida de que no se tomen acciones a la brevedad.
Premisas políticas de la crisis:
" Dos años de discursos reivindicativos y aliento a las pujas redistributivas del Ingreso.
" Poder político y económico a sectores no moderados del ámbito laboral y social.
" Promesas electorales de difícil cumplimiento, pero de extrema necesidad.
" Desatino político en las relaciones con los entes financieros internacionales.
" Injerencia política en los entes descentralizados e independientes como el Banco Central.
" Exitismo fiscal respecto de un superávit relativizado a la bonanza internacional.
" Fatiga de la población ante la falta de respuestas de la democracia.
" Soledad en el ejercicio del poder por haber exacerbado y denigrado a la oposición.
" Soledad en lo institucional por haber manoseado los estamentos de la democracia.
" Manoseo de la justicia; único resguardo del estado de derecho.
Premisas económicas de la crisis:
" La estructura del estado es más que proporcional al tamaño de la economía.
" La necesidad de adecuar la estructura del estado embiste con la ideología gubernamental.
" La puja redistributiva del ingreso, el exceso de gasto y emisión y la estrechez en la oferta de bienes, harán persistente la inflación.
" La inflación licuará el diferencial de precios relativos que posibilitó el superávit primario luego de la devaluación.
" La espiral inflacionaria, de no detenerse, hará más desigualitaria a la sociedad exacerbando las reivindicaciones.
" La inexistencia de un clima de negocios aleja las inversiones.
" La economía mundial va rumbo a una paulatina desaceleración. Esto afecta el financiamiento y el precio de nuestras materias exportables.
Básicamente, resulta inconsistente el ánimo acelerado de las reivindicaciones con la escasez de recursos para promoverla. El exitismo político tras su afán electoralista embestirá con la realidad pasado el 23 de octubre.
(Se autoriza su difusión)
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(*) MARCELO D. FERRER es Contador Público Nacional y Licenciado en Economía; Escritor, Poeta y Ensayista. Es miembro y ha presidido diversas O.N.G. dedicadas a la educación y al servicio comunitario.