INTERNACIONALES: BRETT SCHAEFER

EE.UU.: apresurada decisión de retornar a Naciones Unidas, sin exigirse reformas

Durante el pasado año, el presidente estadounidense Donald Trump decidió interrumpir...

24 de Enero de 2021

 

Durante el pasado año, el presidente estadounidense Donald Trump decidió interrumpir el financiamiento de los Estados Unidos a la Organización Mundial de la Salud, y retirarse de esa organización en virtud de su inepta respuesta frente al COVID-19 y a su notorio fracaso a la hora de confrontar a la República Popular China en razón de su falta de transparencia y de cooperación mientras se desarrollaba el brote.

Dr Tedros, Corrupción en Naciones Unidas, ONU, Organización Mundial de la SaludEl presidente Joe Biden, como una de sus primeras medidas, revirtió aquéllas decisiones, en una misiva enviada al secretario general de Naciones Unidas.

La decisión de Biden es apresurada y carente de visión, en tanto más bien parece presentarse como una maniobra tendiente a revertir lo hecho por Trump, antes que por promocionar y resguardar los intereses de los Estados Unidos de América en la OMS.

Trump tuvo la razón al plantear sus críticas contra la Organización Mundial de la Salud. De haberse mostrado China más transparente y de haber cooperado con mayor profundidad, muchas vidas pudieron salvarse -y el perjuicio económico contra el mundo y los EE.UU. hubiese podido evitarse.

De igual manera, el ex presidente estadounidense tuvo razón cuando refirió que la OMS mostró una predisposición excesiva frente a las garantías chinas; también acertó cuando denunció la lentitud del organismo al momento de responder al brote inicial de COVID-19.

Esto no significa que la decisión de Donald Trump no se acompañara de errores. Trump compartió su anuncio previo a ofrecer a sus representantes una oportunidad para determinar qué debía repararse en el funcionamiento de la OMS; asimismo, debió buscar apoyos entre otros Estados-miembro, a efectos de promocionar la búsqueda de esos cambios.

Trump complicó las cosas, al no atenerse a su propia línea de conducta. El ex mandatario americano tomó su decisión definitiva antes de los sesenta días originales que dijo precisaba para llevar adelante una investigación sobre Naciones Unidas. La modificación de los objetivos declarados comprometió los esfuerzos del equipo de Trump al momento de asegurar la implementación de las reformas buscadas, lo cual trasladó la atención desde las tropelías de China y de la OMS hacia otros temas. Seis meses después, las cosas son diferentes -no necesariamente mejores.

Mientras tanto, la decisión de Biden de retornar a la Organización Mundial de la Salud pretende poner el foco en el renovado compromiso de los Estados Unidos ante el sistema multilateral, y su predisposición de cooperar en la réplica frente a la pandemia de COVID-19. Sin embargo, este gesto de aparente buena voluntad, en todo opuesto a lo hecho por Trump, es apresurado. Biden se opuso a la decisión de Trump de retirarse, pero debió haber contemplado esa antigua decisión como un medio útil para presionar en favor de una reforma de la Organización Mundial de la Salud.

Biden nada objetó, a la hora de decidir el regreso de EE.UU. al sistema y la reposición del financiamiento. En rigor, la carta dirigida al secretario general no menciona los fallos de la OMS en el tratamiento de la pandemia, como tampoco subraya la necesidad de reforma alguna, planteadas por Washington.

El mensaje implícito es que Biden se muestra feliz con el status quo. Sin que ello represente sorpresa, el Director General de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha expresado su inmensa alegría tras la decisión de los EE.UU. de regresar, pero tampoco reconoció la necesidad de la implementación de reformas. Esto debería enfurecer a todo ciudadano estadounidense, en particular a los seres queridos y amistades de las más de 400 mil personas que perdieron la vida a causa del COVID-19.

Mientras China debería ser calificada como principal responsable, la OMS también porta consigo la responsabilidad de haber fracasado a la hora de alertar a la comunidad internacional frente a la falta de transparencia y de cooperación que caracterizó a Pekín. Sin cambios, la OMS volverá a fallarle al mundo.

El liderazgo comienza desde arriba, y el daño ya ha sido provocado. Los llamados subsiguientes para reformar la OMS de parte de otros funcionarios gubernamentales no tendrán el mismo peso. Biden debió dejar en claro que los Estados Unidos esperan mucho más de la OMS, y compromisos de parte de otros gobiernos ante las reformas, previo a anunciar su decisión de retomar el financiamiento americano y regresar al órgano.

Con la decisión del retorno ya tomada, obsérvese que China y otros Estados-miembro de la OMS que se oponen a las reformas procederán a embolsarse más dinero estadounidense, alejándose de cualquier modificatoria necesaria.

El mundo merece contar con una OMS sometida a rendición de cuentas, y que sea eficiente. Al no plantear el retorno estadounidense al órgano y al evitar condicionar el financiamiento, Biden echó a perder una oportunidad para mostrar fuerza, alejando cualquier necesario planteo reformista.



Artículo original, en inglés

 

Sobre Brett Schaefer

Es analista de temas internacionales en la Fundación Heritage, en Washington, D.C. Schaefer se dedica al análisis extensivo de una serie de temáticas de política exterior, con foco en los programas de Naciones Unidas sobre afiliación y fondos. Con frecuencia, se presenta en medios de comunicación estadounidenses para comentar sobre el accionar y las actividades de la ONU. Sus trabajos también son publicados en el sitio web estadounidense The Daily Signal.