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INTERNACIONALES: TED R. BROMUND

El Brexit y la eventualidad de un acuerdo de libre comercio entre EE.UU. y el Reino Unido

La pasada semana, visité Bruselas, a efectos de asistir en la presentación de un nuevo informe...

06 de Marzo de 2018

La pasada semana, visité Bruselas, a efectos de asistir en la presentación de un nuevo informe referido a servicios financieros en la Gran Bretaña y la Unión Europea tras el Brexit. En ese lapso, terminamos acercándonos a la creación de una zona de libre comercio entre los Estados Unidos de América y el Reino Unido -ocasión en la que aprendí por qué la UE está entorpeciendo el proceso. Gran Bretaña no eligió abandonar la Unión Europea para volverse un país más rico. Lo hizo para recuperar su derecho a autogobernarse. Pero Europa es una geografía mundial de lento crecimiento del PBI, y ello tiene mucho que ver -no en todo, pero sí en gran parte- con políticas europeas inadecuadas.

Tratados de libre comercio, UE, Bruselas, Burocracia europeaAl reclamar su soberanía, la Gran Bretaña también recuperó su capacidad para elegir un sendero propio en materia de fijación de impuestos, políticas de empleo, políticas regulatorias y políticas comerciales. Esto no es del agrado de la UE: los líderes europeos, como ser el caso de la Canciller germana Angela Merkel, han advertido en reiteradas oportunidades que al Reino Unido no se le garantizará acceso pleno al mercado de la UE, si Londres se rehúsa a aceptar la totalidad de obligaciones que vienen con la UE.
 

Haciendo a un lado el hecho de que Gran Bretaña no necesita, en rigor, aceptar todas las obligaciones de la UE para comerciar con Europa -como tampoco debe hacerlo Estados Unidos-, la acusación de selectividad que pesa sobre Merkel es reveladora. Implica que, mientras el apartado que hace al comercio con la UE es positivo, el resto no lo es tanto. Y una mayoría de ciudadanos del Reino Unido estarían de acuerdo en este punto.

Lo que en realidad preocupa a la UE es que Gran Bretaña se quite de encima un cúmulo de marcos regulatorios impuestos por la UE, que el Reino Unido mantenga acceso a los mercados europeos, y que luego Londres proceda a firmar acuerdos de libre comercio con el resto del mundo -tratados que la UE no ha estado en capacidad de negociar. En otras palabras, la Unión Europea teme al escenario de una Gran Bretaña competitiva.

Felizmente, hacia allí parecen encaminarse las cosas. El Reino Unido se ha tomado su tiempo -en rigor, demasiado- para definir con claridad que, mientras desea un acuerdo de libre comercio con la UE, se propone alejarse de su modelo regulatorio. El tiempo que se ha tomado Londres se explica a partir de motivos de política doméstica. Pero, por estas horas, ha quedado claro que Gran Bretaña optará por disentir con las regulaciones de la UE, y esto es positivo. De no hacerlo, Londres no podría firmar nuevos tratados de libre comercio, porque se quedaría sin nada para ofrecer en un convenio con otras naciones.

A partir de una serie de visitas de alto nivel (de parte de personalidades estadounidenses a la Gran Bretaña), la semana pasada ha quedado claramente explicitado que, si el Reino Unido no está en capacidad de conversar sobre temas como marcos regulatorios y agricultura, entonces no habrá mucho más de qué hablar, porque el comercio en otros bienes visibles entre los Estados Unidos y Gran Bretaña ya se acercan a caracterizarse por una absoluta libertad. Y este dato no remite a una preocupación exclusivamente de los EE.UU. La mayor noticia de la pasada semana remitió a la invitación hecha por el primer ministro de Australia a Gran Bretaña, a efectos de unirse a la Asociación Transpacífico -mismo convenio que Washington, careciendo de sensatez, abadonó el pasado año. Ello conduciría a un escenario de libertad comercial entre el Reino Unido junto a Australia, Nueva Zelanda, el Japón, y una serie de economías asiáticas en rápido crecimiento. La oferta australiana refuta la afirmación ridícula de que nadie desea negociar con el Reino Unido -la quinta o sexta mayor economía del planeta- por fuera de la Unión Europea.

Pero, nuevamente, los australianos han expresado un punto de interés, a saber, que la Gran Bretaña precisa salirse de las muletas personificadas en la Unión Europea, a los efectos de que la propuesta del Transpacífico funcione. Y allí reposa la ironía del caso. Por fuera de la UE, los países están buscando consolidar convenios de libre comercio con Gran Bretaña, pero la UE se resiste. La reacción inmediata al informe sobre regulaciones en materia de servicios financieros que ayudé a promocionar consistió en que la UE no puede comprometerse con acuerdo alguno con Londres: aún cuando se firme el convenio, la UE -por razones políticas- debía retener poder de veto. Y esta no es la manera en que los acuerdos comerciales se formulan. No es así tampoco como funcionan los contratos en los negocios. Pero la UE parece operar bajo la presunción de que un convenio favorable para ambas partes es imposible. De un modo u otro -entienden en la UE-, una parte debe resultar perdidosa.

Tal actitud ilustra la razón por la cual la Gran Bretaña jamás se mostró muy comfortable en el seno de la Unión Europea. Sencillamente, la UE no fue diseñada para eso, ni política ni económicamente. Aún cuando pocas naciones de la UE tenían una actitud favorable hacia Londres, la UE jamás se mostró interesada en una Comunidad diversificada, eficiente y evolucionada con capacidad para amoldar a Gran Bretaña -sin importar cuánto Bruselas ha declarado contar con esas características.

Pero las cosas han cambiado. Cuando pertenecía a la UE, el Reino Unido contaba con una escasa gama de opciones. Una vez que la abandone definitivamente, contará con muchas alternativas más, en tanto sepa respaldarse en la valentía necesaria para tomar ventaja de ellas. Obviamente, la UE preferiría que Gran Bretaña no aproveche esas oportunidades. Pero, tal como han explicitado los resultados del comicio (favorables al Brexit), la UE volverá a quedar desencantada.

 



Artículo original, en inglés, en http://dailysignal.com/2018/03/05/how-brexit-opens-up-a-path-for-a-us-u-k-free-trade-area/

 

Sobre Ted R. Bromund

Egresado de la Universidad de Yale y con un doctorado obtenido en esa casa de estudios, es Analista Senior en Relaciones Británico-estadounidenses. Se unió a la Fundación Heritage (Washington, D.C.) en 2008, luego de oficiar como director asociado de Estudios de Seguridad Internacional en Yale, un centro de investigación y enseñanza dedicado a historia de la estrategia, temas militares y diplomáticos. Ha brindado numerosas conferencias en Historia y, desde 2004, sobre asuntos internacionales. Sus artículos y análisis son publicados regularmente en The Daily Signal.