ECONOMIA INTERNACIONAL: ADRIAN RAVIER

Argentina: liberales versus libertarios

El cambio ideológico que hubo en la Argentina a partir de 2015, tras el fracaso del kirchnerismo...
25 de Enero de 2018
El cambio ideológico que hubo en la Argentina a partir de 2015, tras el fracaso del kirchnerismo a la hora de reducir la pobreza y de resolver otros males como la inflación o el estancamiento económico, no solo ha llevado a Maurico Macri a la Presidencia, sino que además ha dado lugar a nuevas posiciones de filosofía política y económica que contribuyen hoy al debate público.
 
Liberales y libertarios, que otrora tenían limitado acceso a los medios, hoy reciben una renovada atención, aún cuando no quede claro, para una mayoría de televidentes y lectores, qué diferencia a estas posiciones.
 
Macri y DujovneLa confusión proviene de una deformación que, en los Estados Unidos de América, se le ha dado al término 'liberal' frente al que utilizamos en América Latina. "Liberal" en EE.UU. [N. del E.: progresismo] es, por ejemplo, John Rawls, un intelectual cuya obra se utiliza frecuentemente como fundamento de la redistribución del ingreso. Un liberal en América Latina defiende más bien la libertad individual, la economía de mercado, la propiedad privada y el gobierno limitado, por lo que se opone en general a la obra de John Rawls y a los distintos fundamentos que sugieren quitar a unos lo que le pertenece para darles a otros lo que no les pertenece.
 
Es por ello que, en los Estados Unidos, se haya acuñado un novedoso término para denominar a lo que nosotros entendemos como liberal, y es el término libertarian o, en español, 'libertario'.
 
El libertario incluiría, en EE.UU., a quienes defienden los cuatro principios recién mencionados, aunque habría una calurosa y abierta disputa respecto del último término, esto es, el gobierno limitado. Los libertarios estadounidenses podrían dividirse entre los libertarios minarquistas, que consideran útil y necesario al gobierno, aunque en funciones limitadas, y los libertarios anarco-capitalistas de propiedad privada, que estiman que es innecesario contar con el ente gubernamental no solo en materia de educación, salud, infraestructura y pensiones, sino también en cuanto a dinero, seguridad y justicia.
 
La escuela austriaca -fundada en 1871 y consolidada en los años 1920- es quizás la más representativa del movimiento libertario, pero no es hasta los años setenta que emerge, puertas adentro, una línea anarquista que subdivide a su tradición de pensamiento. Es importante notar que los principales pensadores de la tradición, como Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, defendieron una posición liberal o libertaria minarquista, mientras que Murray Rothbard respaldó una posición libertario-anarquista.
 
Es curioso también notar que el Ludwig von Mises Institute, con base en Auburn, Alabama y que fuera creado por el mismo Rothbard junto a Lew Rockwell, le ha obsequiado a esta tradición de pensamiento austríaca una mirada más anarquista de la que el propio Mises defendió a lo largo de su vida.
 
¿Por qué es importante llamar la atención de los lectores acerca de las diferencias de estos movimientos? Porque el fracaso del kirchnerismo abrió la puerta en la Argentina para un aporte liberal que busque reducir los excesos de la política económica de los años 2003-2015, pero lo cierto es que, en la época actual, la Argentina no demanda una posición radical anarquista que proponga eliminar al Estado.
 
El debate filosófico que plantea el anarco-capitalismo o anarquismo de propiedad privada es sumamente interesante para los ámbitos académicos, aunque ha de decirse que distraen y confunden a la opinión pública al plantearse ideas extremas, en ausencia de un adecuado contexto para estas propuestas. El resultado es un lógico y total rechazo a estas ideas.
 
El que hoy aparezcan libertarios radicales afirmando que el impuesto es un robo o que todos los políticos son delincuentes contribuye poco, me parece, a los problemas urgentes que debemos resolver.
 
El liberal o libertario minarquista hace un llamado mucho más oportuno y relevante para la Argentina de hoy, que es, sin ánimo de ser exhaustivo, insistir en terminar con los controles de precios, dejar de monetizar el déficit público, no abusar del endeudamiento, reducir todo lo posible el gasto público o al menos congelar el número de empleados públicos, abrir la economía e integrarla al mundo, respetar la división de poderes y fortalecer las instituciones.
 
Un ejemplo puede mostrar la diferencia. El liberal sabe que la Argentina tiene que plantearse, como la mayoría de los países del mundo, un nuevo debate acerca del sistema de pensiones, modificar el sistema de reparto. Sin embargo, dado un déficit fiscal consolidado en torno al 8% del PBI, no es oportuno plantear la discusión, porque no hay forma de financiar la transición. Recordemos que, al plantear Chile la privatización del sistema, acumuló muchos años de superávit fiscal del 5%, a efectos de garantizar los medios necesarios para que los jubilados y los pensionados del momento pudieran contar con ingresos acordes con los aportes de las décadas anteriores. El mismo menemismo, y en esto tiene responsabilidad Domingo Cavallo, debería comprender que el fracaso de la convertibilidad sintetiza, en gran parte, un problema fiscal que proviene especialmente de no haber pensado una transición para la privatización del sistema de pensiones. De haber continuado con el sistema de reparto, el gobierno no habría tenido déficit fiscal, lo cual hubiera reducido las necesidades de financiamiento externo, con intereses de deuda muchos más bajos, y la situación del país habría sido mucho más sólida para afrontar los shocks externos que fueron el tequila de México en 1995, la crisis asiática de 1997, el default ruso de 1998 o la devaluación de Brasil en 1999. Está claro que el 2001 se pudo haber evitado.
 
Los libertarios hoy tenemos que plantear un debate inteligente. Existe un espacio para los debates puros que están en el aula, en los congresos académicos y en las revistas especializadas, pero hay otro debate que es el de los medios de comunicación, donde la preocupación está puesta en otros problemas más urgentes. Si Argentina tiene éxito en normalizar su situación institucional y macroeconómica, asemejándose a la situación de países vecinos que integran la Alianza del Pacífico, entonces seguramente surgirán nuevos espacios para discutir otros problemas que hoy lamentablemente están presentes, pero lejanos en la atención que se le puede dar.
 
Como cierre, entendemos que el libertario debe insistir en que el gradualismo está justificado, en la medida en que lo caractericemos como reformismo permanente, pero el problema es que Cambiemos, en muchas áreas, ha transformado el gradualismo en inacción.

 
Sobre Adrián Ravier

Es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Publica periódicamente en el sitio web en español del think tank The Cato Institute y medios nacionales.