INTERNACIONALES: JEFF SMITH

Una medida con impacto real: Donald Trump ha recortado la asistencia financiera a Paquistán

Suele afirmarse que la definición de locura equivale a hacer una y otra vez lo mismo...
07 de Enero de 2018
Suele afirmarse que la definición de locura equivale a hacer una y otra vez lo mismo, para luego esperar resultados diferentes. Se trata de una lección que el gobierno de los Estados Unidos de América ha aprendido por las malas, en lo que a Paquistán respecta.
 
Por fortuna, la reciente decisión de la Administración Trump, vinculada a suspender una partida de asistencia financiera de US$ 255 millones a Islamabad, ha sido bienvenida, a la hora de celebrar la racionalidad en la profundamente disfuncional relación entre EE.UU. y Paquistán.
 
'Estúpidamente, Estados Unidos ha obsequiado a Paquistán más de US$ 33 mil millones en los últimos quince años, y ellos no han respondido con nada salvo con mentiras y engaños, tomando a nuestros líderes por idiotas', declaró el mandatario estadounidense en un tweet. 'Ellos ofrecen santuario a los terroristas a los que damos caza en Afganistán, y poca ayuda. ¡Nunca más!'.
 
Islamabad, PaquistánLa furia y la frustración expresadas por el presidente estadounidense no solo está justificada: la medida se ha demorado por demasiado tiempo. A través de su respaldo al Talibán, a la red Haqqani y a sus combatientes aliados, Paquistán ha comprometido durante una década, de manera coherente y con determinación, el esfuerzo liderado por los Estados Unidos de América para llevar paz y estabilidad a Afganistán.
 
En los esfuerzos tendientes a persuadir a Islamabad de abandonar su funesto 'doble juego', el gobierno de EE.UU. ha desplegado un flujo constante de zanahorias diplomáticas y económicas -incluyendo una cifra lindante con US$ 33 mil millones en asistencia financiera y 'reembolsos' desde 2002-, pero jamás ha incluído reprimendas ante eventuales incumplimientos.
 
Conforme era predecible, todos los intentos individuales han fracasado. Resulta ser que es difícil intentar cambiar el cálculo costo-beneficio utilizado por un país, cuando uno no muestra firmeza a la hora de imponerle costos.
 
El doble juego de Paquistán, por otro lado, le ha consolidado beneficios tangibles.
 
Islamabad tiene objetivos coherentes y claros en Afganistán: busca que Kabul cuente con un gobierno manipulable, sometido, y que se muestre hostil hacia la República de la India. Dado que el pueblo afgano -que ahora se muestra comprensiblemente hostil a Paquistán, y favorable a Nueva Delhi- jamás votará un gobierno como el que Islamabad prefiere, el próximo resultado buscado por Paquistán es garantizarse que la nación afgana y su gobierno se mantengan en una atmósfera de inestabilidad y divididos.
 
No solo esa meta de inestabilidad en Afganistán ha sido exitosa: Paquistán ha logrado convencer a EstadoS Unidos de que pague la cuenta. Tras verse rehén de un doble juego durante más de una década, la paciencia y la generosidad del pueblo estadounidense ha llegado a su fin.
 
La frustración ha estado acumulándose en Capitol Hill durante años, lo cual se vio reflejado en la reducción de asistencia financiera hacia Paquistán. De los US$ 2.6 mil millones de 2013, se llegó a US$ 1.60 mil millones en 2015. Los pedidos para remesa de fondos y reembolsos militares cayeron, en 2018, a solo US$ 350 millones.
 
Ahora, la Administración Trump acaba de apuntar -con razón- que aquello de los 'negocios, como siempre' con Paquistán, llegó a su fin.
 
Y Paquistán no podrá alegar que no ha sido advertido. 'No podemos mantenernos en silencio, de cara a los santuarios que Paquistán ofrece a organizaciones terroristas', afirmó Trump en el mes de agosto. 'Hemos estado pagándole a Paquistán miles de millones de dólares, al mismo tiempo en que ellos daban cobijo a los terroristas que combatíamos. Esto deberá cambiar, y habrá de cambiar inmediatamente'.

En igual sentido, la estrategia de seguridad nacional de la Administración Trump, fechada en diciembre de 2017, subrayó: 'Ninguna asociación puede sobrevivir al respaldo que una nación efectúe en favor de combatientes y terroristas que pongan en la mira a funcionarios y miembros en servicio, de un socio de los Estados Unidos'.

En el terreno, la Administración Trump ha autorizado a los militares para que ejecuten más -y más potentes- ataques con aeronaves no tripuladas (drones) contra combatientes que operan en la frontera occidental de Paquistán, luego de que esos ataques fueran interrumpidos durante el segundo gobierno de Barack Obama.
 
Esta semana, la Administración americana ha puesto a Paquistán en la mira -en un listado especial que evalúa a países donde se toleran violaciones de libertad religiosa.

Al menos un renombrado político paquistaní parece tomar en serio al gobierno de Donald Trump. El 3 de enero, Nawaz Sharif, quien renunció como primer ministro en julio, imploró a los paquistaníes que 'midieran sus acciones' y que pusieran fin a 'esta serie de autoengaños'. Señaló que era hora de que Paquistán pusiera su 'casa en orden' y que entienda 'por qué el mundo guarda opiniones negativas contra nosotros'.
 
Infortunadamente, el poderoso sector militar paquistaní parece incapacitado para escapar a esa prisión de perpetua negación. 'Hemos derrotado al extremismo... Ahora, los terroristas provienen desde Afganistán', declaró el jefe del personal de la Fuerza Aérea de Paquistán, en noviembre pasado.
 
Cuando la Embajadora de los Estados Unidos ante Naciones Unidas, Nikki Haley, acusó a Paquistán de 'ofrecer santuario a los terroristas que atacan a nuestras tropas en Afganistán', un vocero militar paquistaní apuntó que Haley tiene origen indio y que 'los actuales errores de comprensión entre Paquistán y los Estados Unidos son creados por la India'.
 
Pero este tipo de respuestas ya no serán de mayor utilidad para Islamabad. El status quo, durante mucho tiempo lamentado por Washington -aunque decidió tolerarlo- ya no sobrevendrá sin costos para ese país. Si acaso este escenario conduce a que ambas naciones se involucren en un círculo vicioso de hostilidad y recriminaciones recíprocas, pues eso habrá de ser endilgado estrictamente al comportamiento paquistaní.
 
Como siempre, el sendero hacia la estabilidad, la prosperidad y una sociedad verdaderamente estratégica con los EE.UU. es claro: Paquistán habrá de abandonar su respaldo hacia militantes extremistas, hacer a un lado su paranoia con la India, hacer las paces con sus vecinos afganos, y respetar las libertades individuales y la libertad religiosa en el propio territorio.


Artículo original, en inglés, en http://dailysignal.com/2018/01/05/trump-just-cut-aid-pakistan-long-overdue-move-real-impact/

* El autor, Jeff Smith (@Cold_Peace_), asistente en investigaciones en el Centro de Estudios Dedicados al Sur de Asia, en el think tank estadounidense The Heritage Foundation (Washington, D.C.)