INTERNACIONALES: JAMES PHILLIPS

Convenio de 'des-escalamiento' con Rusia atenta contra intereses de los Estados Unidos

'Creo que él ha llevado adelante un trabajo notable, a la hora de ser más inteligente que nuestro país'...
05 de Noviembre de 2017

'Creo que él ha llevado adelante un trabajo notable, a la hora de ser más inteligente que nuestro país', señalaba Donald Trump al entrevistador Larry King en 2013. Naturalmente, el ahora presidente se refería al mandatario ruso Vladimir Putin y a su política en Siria.

Mucho antes de convertirse en presidente de los Estados Unidos, Trump tomó nota de los desaciertos de la política exterior estadounidense en relación a Siria, los cuales pusieron en una encerrona a la Administración Obama. Pero, ahora -aún bajo el gobierno de Trump-, Moscú continúa siendo 'más inteligente' que Washington, al ignorar abiertamente el convenio tendiente a des-escalar las tensiones en la zona, toda vez que ello beneficia a los intereses de Moscú. El 'des-escalamiento' [N. del T.: deconfliction, en inglés del original] coincide con un acuerdo informal alcanzado en 2015 entre las fuerzas de coalición lideradas por EE.UU. y las fuerzas militares rusas en Siria, a los efectos de evitar choques entre ambos.

Bombardero sirio, Guerra civil siria, Oriente Medio, RusiaSin embargo, a medida que Estado Islámico (ISIS) comenzó a ser eyectado de sus zonas de control, fuerzas rusas, iraníes y de Hezbolá han comenzado a ejecutar operaciones en riesgosa proximidad de gurpos rebeldes respaldados por Estados Unidos en el terreno, atacándolos con frecuencia. Lo cual consigna un quiebre del convenio de 2015 -aún cuando estos hechos debieron preverse, a raíz de que ese acuerdo no exhibía un carácter vinculante. En respuesta, los líderes militares estadounidenses le han recordado a sus contrapartes rusas las respectivas locaciones de las fuerzas de coalición y de los rebeldes sirios que operan con su respaldo, al tiempo que han intentado poner paños fríos a las tensiones.

En otras palabras, Rusia no ha acusado impacto ni consecuencias, a partir de este pernicioso comportamiento. Moscú y Washington exhiben, cada una por su cuente, objetivos conflictivos en Siria. Rusia busca promocionar al régimen de Basher al-Assad, que ha garantizado y ampliado el acceso por aire y bases navales en Siria occidental a Rusia.Estados Unidos, por su parte, ha exigido que el presidente sirio abandonase el poder, como parte de una transición negociada a un nuevo gobierno que, eventualmente, podría disponer el fin de la extensa guerra civil en ese país.

La prioridad fundamental de los Estados Unidos en Siria es derrotar a ISIS. Pero Rusia no se exhibe como un aliado útil en contra de Estado Islámico. Antes bien, parece buscar obstaculizar los intereses estadounidenses en la región. Mientras que Rusia declama que su presencia en Siria coincide con respaldar los combates contra ISIS, lo cierto es que cada vez más ataques aéreos golpean a grupos de rebeldes moderados antes que a posiciones de ISIS- así ha sucedido en la pasada primavera. El accionar de Rusia, que abiertamente ataca a grupos rebeldes moderados anti-Assad, consigna con contundencia el hecho de que Moscú respalda la meta declarada por al-Assad de reclamar la totalidad de territorio antes controlado por  'terroristas' -así define al-Assad a todos aquellos que resisten a su brutal dictadura.

Adicionalmente, debería ponderarse que nada tiene de nuevo el hecho de que Moscú subvierta los convenios sobre Siria. La Administración Obama, por caso, cayó presa del comportamiento dual ruso cuando un 'cese de hostilidades' fuera negociado entre el Secretario de Estado John Kerry y su contraparte ruso, Sergey Lavrov. Con todo, los combates no se detuvieron por completo. En lugar de ello, la coalición ruso-iraní-siria echó mano del convenio como medio para consolidar su control sobre porciones de territorio, afirmando su control de Alepo -atalaya clave de los rebeldes, que fuera en su oportunidad pulverizado por los bombardeos indiscriminados ejecutados por el ejército de Basher al-Assad.

Más aún, la Administración Obama selló otro dudoso acuerdo con Moscú en 2013, a los efectos de destruir -de manera pacífica- el arsenal de armamento químico de al-Assad, para mediados de 2014. Pero Siria no solo incumplió su parte, que involucraba destruir la totalidad de sus armas químicas, sino que continuó empleándolas contra los rebeldes. En abril pasado, el régimen de al-Assad lanzó otro ataque con armas químicas; la réplica de la Administración Trump fue lanzar un ataque con misiles crucero contra la base aérea desde la que había partido el ataque químico. A pesar del recurrente empleo de arsenal químico por parte de Siria, Rusia decidió, recientemente, vetar una Resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que perseguía ampliar el mandato de la única investigación oficial sobre ataques con armas químicas en suelo sirio.

La Administración Trump, que llegó al poder con la expectativa de trabajar en mancomunidad con Moscú a criterio de combatir a ISIS en Siria, debería mostrar particular cautela, y no caer en las vacuas promesas rusas que tomaron por sopresa a la anterior gestión americana. El escepticismo en torno de los convenios de 'des-escalamiento' probó ser certero cuando Rusia respaldó una ofensiva conducida por fuerzas sirias e iraníes. Aquella ofensiva cruzó la línea del Río Eufrates, el cual se suponía constituía la frontera que separaba las acciones de los aliados de Rusia y las de las Fuerzas Democráticas Sirias -coalición respaldada por Washington. Ambas partes ahora se han involucrado en una carrera para tomar control de campos petroleros y gasíferos críticos en suelo sirio, pero informes recientemente divulgados afirman que al menos un campo petrolero de vital importancia se halla bajo la tutela de las Fuerzas Democráticas Sirias.

La competencia por el control sobre campos petrolíferos y gasíferos tras la derrota de ISIS constituirá un factor crítico a la hora de determinar el futuro de Siria. Hasta el momento, la Administración Trump apenas se ha enfocado en derrotar a ISIS, pero poco dice sobre los planes post-ISIS. En tanto la derrota de la amenaza terrorista en Siria ha de constituír la prioridad más inmediata, lo cierto es que la Administración americana habrá de tener en mente que el terrorismo encarnado por ISIS consigna solo una pieza del rompecabezas sirio y de Oriente Medio.

Irán consigna una amenaza más importante y de largo plazo -peor que ISIS-, y Estados Unidos deberá contar con aliados confiables en el terreno, a los efectos de retrotraer la influencia iraní en Siria, impidiendo que Teherán consolide un puente a lo largo de Irak y Siria, desde el cual proyectarse más fácilmente hacia el Líbano. A criterio de promocionar la estabilidad regional y proteger los intereses de los Estados Unidos y de sus aliados, Washington habrá de mantener su involucramiento en Siria. Si EE.UU. se decide por abandonar Siria luego de la derrota de ISIS, ello habilitará a Rusia y a Irán a consolidar su supremacía en un país de importancia crítica. Tal escenario también comprometerá los esfuerzos de Estados Unidos y de sus aliados en la región.

La Administración Trump deberá atender a la región con cautela y evaluarla como un conjunto, en lugar de concentrarse exclusivamente en la derrota del Estado Islámico. En tanto Rusia e Irán también buscan destruir a ISIS, ambas naciones son parte de un problema más abarcativo, que amenaza los intereses estadounidenses en Oriente Medio.



Artículo original en inglés, en http://dailysignal.com/2017/11/03/deconfliction-agreement-russia-syria-undermines-us-interests-region/

 

Sobre James Phillips

Analista senior en el Centro Douglas y Sarah Allison para Estudios de Política Exterior en la Fundación Heritage. Ha desarrollado numerosos trabajos sobre asuntos relativos al Medio Oriente y sobre terrorismo internacional desde 1978. Es columnista en medios televisivos norteamericanos y ha testificado en comités del congreso estadounidense en relación a temáticas de seguridad internacional.