NARCOTRAFICO Y ADICCIONES: JUAN A. YARIA

Argentina: vivir en 'Villa Narco'

Un joven -su nombre es Jorge- es trasladado en una ambulancia, de emergencia...
05 de Noviembre de 2017
Un joven -su nombre es Jorge- es trasladado en una ambulancia, de emergencia. El médico me relató que venía recorriendo distintos centros de atención desde hacía ya tres horas, pero nadie quería recibir a Jorge como paciente. Apelaban a su voluntariedad, cuando su capacidad de decisión y libre albedrío habían quedado abolidas por el consumo inveterado de todas sustancia imaginable. Era un todo un gran absurdo, ya que no se podía actuar ante a un ser humano aquejado del peor de los dolores, que es el de haber perdido su sentido de realidad. La ideología progre buscaba a un paciente inexistente, esto es, un paciente que expresara permanentemente su deseo de curarse cuando, en rigor, aquél solo busca morir con la nariz puesta en un plato de cocaína. Así iba de centro en centro mientras su angustia crecía; era imposible ver la psicosis transitoria que el paciente tenía a partir de su consumo.

Ketamina, Drogas sintéticas en Argentina, Psicología, PsiquiatríaLa genial María Elena Walsh popularizaría esta hermosa filosofía del desencanto y la irrealidad, en su Reino del Revés. En lo que a las drogas respecta, y a las políticas para hacer frente a la pandemia/epidemia, todo parece recordar a la ilustre poeta. Ahí todas las cosas están 'dadas vueltas, nada el pájaro y vuela el pez, nadie baila con los dos pies y dos y dos son tres, un año dura un mes y un Sr.  que tiene mil quinientos chimpancés, si miras, no lo ves'. En la Argentina, en el tema de drogas abandonamos la realidad, no solo la negamos: la abolimos. Al cierre, terminamos creando un mundo que bordea con lo delirante.

Desde 2010, el consumo ha crecido en un 200%, especialmente entre la población más vulnerable (franja de 12 a 17 años de edad). El SEDRONAR actual nos ha mostrado la realidad del apagón estadístico que tuvimos durante siete años. En simultáneo, se impedía la apertura de nuevos centros de tratamiento y se ponía como fecha límite de cierre el 2016 -luego prorrogado hasta el 2020-, salvo que se readaptaran a un imposible, transformándose en centros médicos con un 10% de atención de adicciones y con una inversión millonaria que nadie tiene. Esta reglamentación absurda aún está vigente, mientras van creciendo en las provincias centros ilegales de atención, ya que la demanda del sufrimiento no tiene tiempos de espera. En el 2020, caerían las habilitaciones, en medio de una epidemia que ya es pandemia en ciertos sectores sociales. Es el Reino del Revés de Walsh.

El apagón estadístico empieza a promoverse como una política cultural de aceptación de las drogas, que llega incluso a las escuelas secundarias. Se han desactivado ya la totalidad de los intentos de prevención en los institutos educativos. En paralelo, la red de venta y comercialización de estupefacientes se instala con fuerza en los barrios, sin importar se trata de sectores más pobres o sectores ricos (es interesante, a tal efecto, el escenario de consumo que hoy se registra en el interior sojero).

Los griegos supieron enseñarnos el 'Cuídate de tí mismo' en el oráculo de Delfos -no sólo el 'Conócete a Tí Mismo'. Y la sociedad argentina haría bien en aplicarlo; en particular tras haberse consolidado un franco reconocimiento de los perjuicios de la nicotina -pero se minimiza el efecto de las drogas. En nuestro Reino del Revés tan argentino, la deserción de los adultos a la hora de enfrentar el problema (particularmente los políticos) se exhibe patética; todo depende de la sustancia, la cantidad, con que se la corta, etcétera. No dan con el diagnóstico correcto; menos con las soluciones.


El ambicionado 'pisito'

Jorge deja la ambulancia (hace ya muchos meses); a posteriori, le informamos al juez acerca de su estado psiquiátrico, y de la alienación transitoria que padece. A los pocos días, volví a entrevistarlo: me relata que es consumidor desde hace quince años. En rigor, no hay en él conciencia sobre lo que le sucede, sino algo más grave. En lenguaje neurológico, sufre anosognosia, mal en donde el paciente ha perdido su lucidez de conciencia, pero él lo desconoce. No sufren por esto, como tampoco nadie lamenta su pérdida. Los otros lo observan como si se tratase de un mutante que camina. Precisamente, el estudioso K. Goldberg describe la anosognosia como la pérdida de las funciones esenciales del lóbulo frontal -estructura superior del cerebro-, el cual es -afirma- un sinónimo de civilización. En simultáneo, Goldberg señala con brillantez que la civilización hace al lóbulo frontal (la educación y la cultura formatean nuestro cerebro).

La vida de Jorge se resumía en abusar de las drogas, en todo momento. Todo lo que ganaba iba a parar al dealer. Su salvación: pertenecer a un sindicato cuyos delegados lo acercaron a un centro médico, ya que su trabajo peligraba. Con inocencia, el paciente me relata que había conseguido un 'pisito' en la villa narco del barrio porteño de Chacarita. Un peruano me abrió las puertas, me decía. Para él, era como si San Pedro le hubiera abierto las puertas del Cielo -el Infierno que veíamos los otros era su Cielo. Jorge es el fiel testimonio de la irrealidad que nuestra sociedad hoy experimenta, conforme mientras se discuten banalidades, se potencian las enfermedades incapacitantes de tipo psiquiátrico y social. Jorge salvó su vida tras un año de terapias muy estrictas, con el respaldo de su obra social y de su familia, cuyos integrantes habían sido jaqueados por el estrés y la angustia de largos años.

Lo cierto es que debieron transcurrir meses intensos para ayudarlo a sostener la abstinencia, para poder vivir en un ambiente libre de drogas, y mediando un aprendizaje de conductas con el objetivo de liberarse realmente de los perniciosos riesgos de consumo. En tal escenario, la psicoterapia certificó la importancia del duelo por la muerte del padre en su adolescencia -instancia en la que empezó a consumir. Supimos asistirlo y ayudarlo para que pudiese ampliar su círculo de redes sanas, y consolidar los vínculos con su empleo, así como a edificar una auténtica filosofía de vida. En definitiva, nuestro equipo -con esfuerzo y dedicación- logró rehumanizarlo: el tratamiento es una humanización, mientras que la droga es hoy, más que nunca, un factor de deshumanización.


Humanizar la vida

Las frías estadísticas consignan que la edad típica del inicio en el consumo tiene lugar entre los 12 y los 16 años de edad. en simultáneo, se conoce de decenas de laboratorios clandestinos que producen drogas sintéticas en la República Argentina. Así lo denuncian los propios pacientes, y fuentes periodísticas profesionales y creíbles. Por citar un caso, la ketamina ('keta', en lenguaje suburbano) hoy provoca estragos, habida cuenta de que se trata de un peligroso disociador de la personalidad que conlleva agudos efectos psicóticos. Este sintético crea una realidad paralela, a partir de los cambios perceptuales y sensoriales cuyo consumo provoca.

Siempre en paralelo, no pocos conglomerados urbanos y suburbanos del país exhiben tasas de homicidio similares a las de naciones con altos índices delictivos; un caso en la Argentina es la ciudad de Mar del Plata. En el conurbano bonaerense, por ejemplo, autoridades judiciales y policiales han decidido recientemente, en conjunto con representantes de municipios, reforzar lo que han catalogado de '25 zonas críticas'. Las locaciones mencionadas por los pacientes son bien conocidos: Villa La Rana, Villa Corea, Sapito, etcétera.

A la postre, la promoción de valores y de una educación preventiva -mediando siempre una red organizada de centros asistenciales- representan un factor crítico a la hora de hacer frente a una epidemia en ascenso. Provisto que tengamos bien presentes las palabras de Dante Allighieri: 'La confusión es el principio del mal de las ciudades'.  Ante todo, y a la hora de lidiar seriamente con el problema, terapeutas y profesionales deben tener por meta humanizar la vida.

 
Sobre Juan Alberto Yaría

Juan Alberto Yaría es Doctor en Psicología, y Director General en GRADIVA, comunidad terapéutica profesional en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Los artículos del autor en El Ojo Digital, compilados en éste link.