ESTADOS UNIDOS: PHILIP GIRALDI

El extraño caso de Imran Awan

¿Debe hablarse solamente de fraude, o hubo algo más?
04 de Agosto de 2017

El 25 de julio pasado, el ciudadano paquistaní-estadounidense y especialista en tecnología informática, Imran Awan, fue arrestado en el Aeropuerto Internacional de Dulles (Washington, D.C.), bajo cargos de fraude bancario, mientras alegó que debía tomar un vuelo hacia Paquistán. Los informes, como era predecible, dieron lugar a cierta cobertura de prensa previo a que la historia se diluyera. Con todo, la velocidad en la que los titulares sobre el tema se desvanecieron, motorizó que algunos observadores sugirieran que, en rigor, podría haber algo más relacionado con la desaparición de lo que el simple ciclo de los medios comunicó. Un número de sitios web de orden conservador, incluyendo a Breitbart News, hizo sonar la alarma en relación a un eventual encubrimiento, que podría terminar relacionado con lo que se conoce como el Rusiagate.

A los efectos de estar seguros, el relato es ciertamente extraño, con una serie de vínculos poco confortables. Awan -de 37 años de edad-, así como también su esposa y sus hermanos Abid y Jamal, trabajaron como administradores de IT para casi treinta congresistas -todos ellos, Demócratas-, incluyendo la ex presidente del Comité Nacional Demócrata, Debbie Wasserman-Schultz. Aquéllos no contaban con permisos de seguridad, y ni siquiera es certero que sus antecedentes fueran revisados en profundidad al momento de ser contratados. En un momento, llevaron a la Cámara de Representantes a un colega, Rao Abbas, individuo a quien le debían dinero, y que pudo haber no contado con calificaciones para desempeñarse en el rubro IT. Abbas terminó trabajando en la oficina del Representante Patrick Murphy, que en su momento era miembro del Comité de Inteligencia de la Cámara, y también para el Representante Theo Deutch. Fue remunerado con US$250 mil.

Debbie Wasserman-SchultzEl procedimiento para otorgar accesos de seguridad a personal del Congreso no es del todo transparente, pero no es igual que los accesos de seguridad para desempeñarse en otras agencias del gobierno. La oficina que requiere accesos para un miembro debe ser sometida a aplicación; luego, le sigue una investigación, y el aplicante debe, entonces, firmar un acuerdo de confidencialidad previo a otorgarse la autorización. En ocasiones, el Congreso acelera el procedimiento, exigiendo que su personal cuente con el permiso de referencia, yendo más allá del riguroso 'need to know' estándar. En marzo de 2016, por ejemplo, ocho Demócratas en el Comité de Inteligencia de la Cámara exigieron que su personal recibiera permisos de seguridad para acceder a información compartimentada de carácter sensible (SCI). Se desconoce si los Awan, que trabajaban para varios miembros del Comité, estuvieron involucrados pero Buzzfeed, en su informe inicial sobre la investigación de la familia Awan, reiteró las preocupaciones de un congresista, al respecto de que los sospechosos podían 'haber tenido a la red de computadoras de la Cámara de Representantes en su totalidad'.

Los Awan le facturaron al Congreso más de US$ 4 millones entre 2004 y 2016, cifra de la que se informó era tres o cuatro veces más elevada de lo que las normas toleran para un contratista del gobierno, para especialistas en IT de escalafón similar. Este considerable esfuerzo de sobrefacturación no ha sido explicado por los congresistas involucrados. A pesar del grueso de esos ingresos, Imran Awan se declaró en bancarrota en 2010, citando pérdidas de US$ 1 millón en un negocio de vehículos del cual era titular en la localidad de Falls Church, Virginia. El negocio llevaba el nombre de Cars International A, y en las tarjetas de presentación, se resumía en las iniciales 'CIA'.

A febrero de 2016, los Awan terminaron bajo sospecha, por haber montado una operación para robar y revender equipo de computación que pertenecía al gobierno. Se creyó también que, de alguna manera, habían obtenido acceso a las bases de datos de la Cámara de Representantes, así como también a otra información en la red, a la que normalmente no se les permitía acceder como parte de sus responsabilidades. La Policía de Capitol Hill dio inicio a una investigación y, en voz baja, alertó a los congresistas involucrados de que podría haber un problema. La mayoría dejó de contratar a la familia Awan, pero Wasserman-Schultz mantuvo a Imran en la nómina, hasta el día en que fue arrestado.

Algunos de quienes defendían a los Awan, incluyendo a Wasserman-Schultz y al abogado de la familia de aquéllos, han venido insistiendo en que tanto él como su familia fueron víctimas de 'un trabajo de ultraderecha, de carácter antimusulmán', aún cuando no existe evidencia concreta para sugerir que ése sea el caso. Asimismo, afirma la defensa que el fraude bancario, en medio del cual él obtuvo un préstamo hipotecario de US$ 165 mil de parte de la Congressional Federal Credit Union, se respaldó en una propiedad que él tenía, y afirmó residir en Lorton, Virginia, y que todo ello era un malentendido; el abogado Chris Gowen -confidente de la familia Clinton- describió el cargo como 'extremadamente menor'. Resultó luego que había un inquilino en la casa, un ex Marine junto a su esposa (que revistaba en la Armada de EE.UU.), quienes se mostraron muy suspicaces en torno de una gran cantidad de lo que parecía ser equipo de computadoras e insumos pertenecientes al gobierno, material que había sido dejado atrás por los Awan. El matrimonio de inquilinos contactó entonces al FBI, que descubrió que los discos duros habían sido destruídos deliberadamente.

Desde luego que al FBI le interesa el robo de ordenadores del gobierno. No obstante, también está explorando la posibilidad de que los Awan utilizaran sus capacidades para acceder y, eventualmente, explotar información sensible almacenada en la red de computadoras de la Cámara de Representantes, así como también en el iPad de Wasserman-Schultz, al cual Imran tenía acceso y que se hallaba conectado al servidor del Comité Nacional Demócrata. Conforme Imran Awan siempre contó con doble ciudadanía y era nativo de Paquistán, la posibilidad de espionaje también fue ponderada. El cargo bajo el cual Awan fue arrestado, fraude bancario, era una manera sencilla para retenerlo, y ese aspecto de sus actividades se hallaba bien documentado. Permitía que las investigaciones más importantes sobre él continuaran, de tal suerte que el argumento de que Imran Awan es retenido solo por un cargo menor no es, necesariamente, correcto.

Awans giró el dinero de la cooperativa de crédito hacia Paquistán, como parte de una transferencia de US$ 283 mil que se llevó a cabo en enero. Su esposa Hina Alvi también dejó los Estados Unidos dos meses después. Fue registrada por funcionarios aduaneros, y se determinó que transportaba US$ 12 mil en efectivo. También se hallaban con ella tres niños, y numerosas cajas que portaban ropa y bienes hogareños. Estaba claro que ella no tenía la intención de regresar, pero no había explicación alguna para cifrar por qué se le permitió dejar Estados Unidos, dado que portar más de US$ 10 mil a través de las fronteras sin informarlo constituye un delito.

Tal como se informara en su oportunidad, Imran Awan contaba con acceso al iPad de Wasserman-Schultz y, presumiblemente, tenía acceso a los emails que incriminaban a Hillary Rodham Clinton. También utilizó una laptop en su oficina que, de acuerdo a los investigadores, había sido escondida en un 'cajón sin utilizar' en el Edificio Rayburn de la Cámara de Representantes. La computadora está siendo examinada por la policía, pero Wasserman-Schultz ha intentado denodadamente recuperarla, previo a que pueda ser examinada. Ella presionó al Jefe de la Policía de Capitol HillMatthew Verderosa, para que la devuelva, amenazándolo con las palabras: 'Usted debe saber que habrá consecuencias'.

Existe otra peculiar vinculación de Imran Awan que conduce al círculo que rodea al prominente neoconservador Paul Wolfowitz, en tiempos de la Guerra de Irak. Hacia fines de 2002 y comienzos de 2003, Wolfowitz se reunió periódicamente, y en secreto, con un grupo de expatriados iraquíes que residían en el área de Washington, D.C. y que eran opositores al régimen de Saddam Hussein. Los iraquís no habían estado en su país de origen desde hacía años ya, pero afirmaron mantener contacto regular con aliados políticos y familias bien informadas. Los consultores iraquíes proporcionaron a Wolfowitz una afirmación muy familiar hoy día, esto es, que el pueblo iraquí se levantaría para respaldar a los estadounidenses invasores para derrocar al odiado Saddam. Y que el pueblo de Irak agradecería a sus libertadores con flores y gritos de júbilo.

El líder del grupo iraquí era el Doctor Ali A. al-Attar, nacido en Bagdad de padres iraníes en 1963, y graduado en 1989 de la Universidad Americana, Facultad de Medicina en Beirut. A posteriori, emigró a los Estados Unidos y dio inicio a su práctica como interno en Greenbelt, Maryland, suburbio de Washington, D.C. Eventualmente, al-Attar amplió su negocio, incluyendo nueve prácticas de las que era dueño absoluto o en parte en Virginia y Maryland, pero tiempo más tarde perdería su licencia debido a 'prácticas cuestionables de facturación', así como también debido a 'conducta poco profesional' -dado que mantenía relaciones sexuales con sus pacientes.

Al-Attar fue investigado por el FBI y, eventualmente, acusado por fraude a gran escala contra el sistema sanitario entre 2008 y 2009. Lo cual incluyó cargar a compañías de seguros más de US$ 2.3 millones por servicios que sus pacientes jamás recibieron, con muchas de las falsas presentaciones utilizando identidades de diplomáticos y empleados registrados en un plan grupal en la Embajada de Egipto en Washington. En un caso, los doctores afirmaron que un empleado diplomático visitó tres de sus clínicas cada 26 días entre mayo de 2007 y agosto de 2008, para hacerse las mismas pruebas una y otra vez. La compañía de seguros pagó a los médicos US$ 55 mil por más de 400 procedimientos inexistentes, para un sólo paciente.

Al-Attar abandonó los Estados Unidos tras la acusación para evitar ser arrestado y enviado a prisión, y ahora es considerado un fugitivo de la justicia. Hacia fines de 2012, fue visto en Beirut, Líbano, conversando con un funcionario de Hezbolá. Al-Attar comporta interés en este caso, porque parece ser amigo de Imran Awan, y porque le prestó US$ 100 mil, cifra que jamás fue devuelta. Por estas horas, el FBI está rastreando cualquier actividad de espionaje que involucre a ambos individuos, dado que Awan y sus socios claramente tenían acceso a información clasificada mientras trabajaban para la Cámara de Representantes.

El caso de Imran Awan reviste, naturalmente, considerable interés; no solo por los resultados que surjan de la investigación, sino también por lo que aquélla revele en lo que hace al modo en que el Congreso funciona. Uno podría preguntarse cómo es que especialistas IT del extranjero son seleccionados, para luego recibir onerosos salarios, permitiéndoseles trabajar con computadoras en oficinas del Congreso. Y la capacidad de los mismos individuos para seguir trabajando, aún cuando congresistas de alto nivel recibieran la advertencia de que uno de sus empleados se hallaba bajo investigación es algo que debe ser explicado, más allá de lo dicho por Wasserman-Schultz al respecto de que Awan no había cometido delito alguno. Y, ¿cómo es que Imran Awan, en franca 'bancarrota', terminó contando con un carísimo abogado defiendiéndolo, y ese abogado es asociado con los Clinton? Finalmente, existen preocupaciones remanentes frente a la infortunadamente bien arraigada narrativa del Rusiagate. ¿Hackearon realmente los rusos al Comité Nacional Demócrata, o se trató de un trabajo interno perpetrado por alguien que en realidad trabajaba para Debbie Wasserman-Schultz, por razones que aún deben determinarse, posiblemente, espionaje? Como ahora se ve, abundan las preguntas -y las respuestas escasean.


Artículo original en inglés, en http://www.theamericanconservative.com/articles/the-strange-case-of-imran-awan/

 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios de EE.UU., y Director Ejecutivo del Council for the National Interest. Publica periódicamente en inglés en The American Conservative; en español, en El Ojo Digital.