ESTADOS UNIDOS: PHILIP GIRALDI

En los Estados Unidos, avergonzar al gobierno es el peor delito

Por qué a los informantes se los trata peor que a los traidores.
11 de May de 2017

El presidente estadounidense Barack Obama fue un maestro en utilizar toda herramienta disponible a través del Departamento de Justicia para silenciar a informantes y para cubrir con un velo todo desarrollo que pudiere avergonzar a su Administración. Obama dio inicio a numerosos  privilegios de secretos de Estado para obstaculizar demandas contra el gobierno, mientras que perseguía a filtradores de información con un celo nunca visto antes.

De tal suerte que quizás no represente sorpresa alguna enterarse de un relato verdaderamente bizarro que salió a la luz la pasada semana, vinculado a un juicio a puertas cerradas en la Era Obama, y a la puesta en prisión de una traductora de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI). Daniela Greene, lingüista alemana que, según se informó, se trasladó en secreto desde Detroit a Siria para evaluar a un terrorista cabecilla de ISIS a quien ella había estado investigando pero a quien jamás conoció.

Estados Unidos, árbitro, gobiernoEl extraño romance bien podría haber salido de una obra de ficción. De hecho, comporta una perturbadora similaridad con el trabajo De Rusia Con Amor, de Ian Fleming, que versaba sobre la doble agente rusa Tatiana Romanova -ella afirmaba haberse enamorado perdidamente de James Bond, como resultado de haber estudiado su archivo en la KGB. Y, tal como en la novela de Fleming, nuestra heroína del FBI experimentó culpa y remordimiento previo a decidirse, finalmente, a hacer lo correcto. Aunque, en su caso, lo correcto implicaba volver a su viejo juramento antes que abrazarse a uno nuevo.

Un aspecto interesante del juicio y posterior encarcelamiento de Greene es el modo en que todo se mantuvo en secreto. Otro hecho notable es que ella fue procesada por un cargo menor que minimizó su permanencia en la cárcel, con el juez inducido posteriormente a otorgarle la sentencia más liviana posible. Esta morigeración se debió, según se ha informado, a su cooperación; pero también debido a que el caso era en extremo vergonzoso, probando que existen por allí numerosos vacíos en los chequeos de seguridad del FBI y en los procedimientos de administración de personal.

Ha de admitirse que hay mucho que uno desconoce sobre la saga de Greene, conforme porciones considerables de los registros judiciales fueron sellados y son hoy imposibles de obtener. Pero existen ciertas porciones que casi podrían resultar parecidos a casos que involucraron deserciones. Daniela Greene, de 38 años de edad, nació en Checoslovaquia, y creció en Alemania. Contrajo nupcias con un estadounidense de servicio en el extranjero, de quien luego se separaría, y se mudó luego a los Estados Unidos. Eventualmente, ella obtuvo un master en Historia en la Universidad Clemson y, eventualmente, fue contratada por el FBI en 2011 como traductora de idioma alemán. Como parte del proceso de reclutamiento, se vio sujeta a lo que se creyó era una profunda revisión de antecedentes, que incluyó un paso por el polígrafo. Se le dotó de un acceso de seguridad del tipo top secret (alto secreto), a los efectos de proporcionar respaldo como traductora en investigaciones en extremo sensibles, relacionadas con terrorismo.

En enero de 2014, Greene trabajaba en la oficina de Detroit del FBI, enfocándose en un músico de rap nacido en Alemania que luego se había convertido al Islam, y devenido en yijadista afiliado a ISIS. El hombre era bien conocido por sus videos de propaganda y de reclutamiento, dirigidos a audiencias germanoparlantes. Su nombre real era Denis Cuspert, y su nombre de rapero, Deso Dogg. Tanto online como en Siria, se le conocía por diversos nombres, incluyendo Abou Mamadou y Denis Mamadou Cuspert. También utilizaba un nombre árabe, Abu Talha al-Almani ('Padre de' Talha 'el Alemán'). En uno de sus videos, se lo ve sosteniendo una cabeza humana recientemente cercenada, mientras que en otro, se lo ve propinándole puntapiés a un cuerpo en cercanías de una zona de combate en Homs, Siria.

Cuspert abandonó Alemania en 2012, poco después de haber posteado un falso video en Facebook del que, según se dijo, exhibía a soldados estadounidenses violando a una mujer musulmana. Según se ha informado, el video llevó a un hombre a atacar a militares estadounidenses en Frankfurt, matando a dos de ellos. Tras algunas paradas en Egipto y Libia, Cuspert terminó en Siria, donde fue puesto a trabajar para el departamento de propaganda de ISIS.

El interés profesional de Greene en Cuspert, en apariencia, remató en un tipo bien distinto de obsesión. Ella identificó numerosas cuentas telefónicas y de Skype utilizadas por el músico, pero también una tercer cuenta que mantuvo para sí misma, sin informarlo a sus superiores. Poco tiempo más tarde, hizo contacto con Cuspert de manera subrepticia a través de esa cuenta. En junio de 2014, presentó una requisición para trasladarse al exterior, afirmando que su intención era visitar a su familia en Munich, permiso que fue otorgado pero, en lugar de ello, trasladóse a Estambul y se acercó hasta la frontera, donde contactó a Cuspert; éste arregló que Greene pudiese ser trasladada a Siria. Una vez en territorio sirio, ella contrajo nupcias inmediatamente con Cuspert, aún cuando todavía estaba casada con su esposo estadounidense. Al cabo de dos semanas, ella comenzó a exhibir serias preocupaciones frente a lo que había hecho.

El día primero de agosto, cinco semanas después de partir Greene desde Estados Unidos, el FBI emitió una orden secreta de arresto para ella. Notablemente distraída por su situación, Greene, de alguna manera, huyó de Siria y logró retornar a los EE.UU., donde fue arrestada el 8 de agosto. De acuerdo a informes, ella se mostró en extremo cooperativa, su caso fue cerrado, y a ello le siguió una serie de audiencias a puertas cerradas a lo largo del año, donde ella declaróse culpable y recibió una sentencia de dos años de prisión, cifrados desde el momento de su arresto en agosto. Fue liberada en agosto de 2016, y hoy reside en Syracuse (estado de Nueva York).

El testimonio de Greene en relación a Cuspert en apariencia llevó a identificarlo como 'Terrorista Global Especialmente Designado', en febrero de 2015. Asimismo, ella -según informes- proporcionó otro tipo de información de carácter 'significativo, de largo plazo y sustancioso'. Greene afirmó que, en oportunidad de ser interrogada hacia fines de 2014, ella había revelado poco a su esposo americano y a sus compañeros de trabajo en relación a su corta estadía en Siria -afirmación que el FBI bien pudo, o no, haber tomado por cierta. Poco después de la sentencia de Greene, los medios alemanes echaron mano de porciones de la historia, afirmando que Cuspert, en rigor, había sido engañado para terminar contrayendo matrimonio con una 'espía' del FBI -variante del relato que probablemente se originó en el seno del gobierno estadounidense, con el objeto de crear sospechas sobre Cuspert entre sus colegas de ISIS.

La manipulación del Caso Greene es solo una porción discernible, dado que mucha de la documentación judicial sigue sellada, pero multiplica preguntas que versan sobre los procedimientos utilizados para incorporar nuevos empleados. Greene pudo haber estado en capacidad de proporcionar información sustanciosa sobre Cuspert de manera personal, y sobre lo que la rodeaba en la fortaleza de ISIS en Siria. Pero ella no hablaba idioma árabe, y es certero presuponer que ella no hubiese sido digna de confianza, con lo cual ella debió ser monitoreada de cerca. Y ella admitió haber proporcionado información al propio Cuspert, relacionada con la investigación que se hacía en EE.UU. sobre él. Así que es posible que ella también cooperara con otros casos del FBI sobre los que tenía conocimiento.

Los traductores del FBI trabajan en cercanía de agentes especiales en casos puntuales; por ello, no es que tales traductores inviertan días enteros sin entender por qué esos textos son relevantes. Greene bien pudo contar con información considerable relativa a investigaciones sobre terrorismo en curso en Alemania. Ciertamente, ella hubiese podido recibir presiones de parte de ISIS, a los efectos de establecer su bona fides y, sin lugar a dudas, ella habrá cooperado -tal como lo hizo cuando retornó a casa a Estados Unidos y optó por ayudar a sus interrogadores del FBI. Y, dado que ISIS habrá sido cauteloso en no permitirle saber demasiado mientras era evaluada, uno debería ser escéptico de cara a la confiabilidad o importancia de la información que proporcionó al gobierno estadounidense.

Con algún nivel de plausibilidad, Greene era una traidora. Ella proporcionó información clasificada a un enemigo de los Estados Unidos (conforme la definición de la Autorización del Congreso para el Empleo de Fuerza Militar). Greene fue juzgada en secreto, y recibió apenas un golpe en la muñeca por su comportamiento. Otros ciudadanos estadounidenses o residentes sentenciados por proporcionar asistencia material a terroristas, o bien por haber deseado unirse a ISIS o al-Qaeda, han recibido sentencias mucho más crudas. El terrorismo en casos de seguridad nacional produce una tasa de sentencias de prisión efectiva del 87 por ciento, y tales sentencias han promediado los 14 años, aún cuando el acusado ha hecho absolutamente nada más que hablar o enviar dinero en alguna de las frecuentes operaciones de 'infiltración' del FBI (que algunos califican como trampas). Así es que existe una diferencia sustancial, en términos de cómo se aplica la justicia en el Caso Greene, al compararse con lo que es normal para otros que 'proporcionan asistencia material al terrorismo'.

Dos otros casos de seguridad nacional que involucraron a informantes que eran oficiales de la CIA y terminaron enviados a prisión, también ilustran cómo la justicia no siempre es ciega. El 23 de enero de 2012, John Kiriakou, informante que había expuesto el programa secreto e ilegal de submarino o waterboarding ante investigadores del Senado, fue acusado por divulgar información clasificada a periodistas, incluyendo el nombre de un agente encubierto de la CIA que ya había sido expuesto antes en los medios de comunicación. El gobierno no hizo esfuerzos para demostrar que interés de seguridad nacional alguno había sido, en realidad, perjudicado por las acciones de Kiriakou. Para evitar un tribunal secreto, en octubre de 2012, Kiriakou se confesó culpable por un cargo de compartir información clasificada a los medios y, por lo tanto, violar el Acta de Protección de Identidades de Inteligencia. En enero de 2013, fue sentenciado a treinta meses de prisión, y hoy está en libertad.

Luego está el caso de Jeffrey Sterling, quien actualmente sirve una condena de tres años y medio de prisión por, supuestamente, filtrar información al periodista del New York Times, James Risen. Sterling llegó inicialmente a la atención pública cuando, en 2003, informó sobre una operación frustrada de la CIA intitulada 'Operación Merlín', relatando aquél al Comité de Inteligencia del Senado que la CIA había, por error, enviado secretos nucleares a Irán. Así es que quizás era inevitable que, en 2006, cuando James Risen publicó un libro que discutía, inter alia, la frustrada Operación Merlín, el Departamento de Justicia se enfocara en Sterling como fuente sospechada de filtrar datos. En la corte, los fiscales federales confiaron casi ciento por ciento en el teléfono de Risen y en accesos a su correo electrónico que, según se informó, probaron que dos hombres habían estado en contacto hasta 2005. Pero los fiscales no proporcionaron el contenido de tales comunicaciones, aún cuando el FBI había puesto el oído en algunas de ellas. Risen ha afirmado que contaba con fuentes múltiples para informarse sobre Merlín, y Sterling siempre ha negado el haber estado involucrado. Jamás se halló evidencia en la corte que probara que se hubiese compartido información clasificada entre ambos.

Jeffrey Sterling ni siquiera pudo testificar en el juicio por su propia cuenta, porque hubiese tenido que discutir la Operación Merlín, que era -y sigue siendo- clasificada, lo cual significa que no podía revelar detalle alguno sobre aquélla, aún si esos detalles ya se hubiesen hecho conocidos a través del libro de Risen. En efecto, porciones de la información citada en el trabajo de Risen relativa a Merlín no pudo haber sido conocida por Sterling, dado que ya no estaba vinculado con la operación después de mediados de los 2000, detalle que tampoco pudo ser presentado, porque también era considerado secreto. El jurado sentenció a Sterling basándose en 'sospecha', veredicto que el testigo de la defensa, el Coronel Pat Lang -ex jefe del programa clandestino de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), describió como 'travestismo'.

Luego de ser condenado, Sterling fue enviado a prisión en el estado de Colorado -900 millas alejado de su familia en Saint Louis, Missouri. De acuerdo a su esposa Holly, los costos legales han barrido con las finanzas de la pareja, llevando a algunos a pensar que el gobierno deliberadamente buscó hacer de Sterling un ejemplo. John Kiriakou observó que 'el punto no era solo enviar a prisión a Jeffrey, sino arruinarlo. Definitivamente, arruinarlo. El punto era demonizarlo. Y atemorizar a cualquier otro potencial informante'.

Y así están las cosas con la justicia igualitaria en los Estados Unidos de América. El unirse a un grupo terrorista o contraer matrimonio con uno de sus líderes mientras se comparte información clasificada amerita poca publicidad y consencuencias, porque avergonzaría al 'sistema'. Pero informar sobre hechos injustos puede provocar que una enorme pared de ladrillos se desmorone sobre uno -sin importar que el gobierno yerre a la hora de probar que se han provocado daños. Es todo una cuestión de percepción. La traductora coopera y se le obsequia un salvoconducto, mientras que aquellos que exponen el lado criminal del gobierno no pueden esperar otra cosa que lo peor, aún cuando un caso esencialmente falso deba construirse para agigantar el castigo.



Artículo original en inglés, en http://www.theamericanconservative.com/articles/embarrassing-the-government-is-the-ultimate-crime/

 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios de EE.UU., y Director Ejecutivo del Council for the National Interest. Publica periódicamente en inglés en The American Conservative; en español, en El Ojo Digital.