INTERNACIONALES: BRUCE KLINGNER

Corea del Sur: Moon Jae-in, nuevo presidente. Implicancias para EE.UU. y Corea del Norte

Como con la mayoría de los procesos electorales, los votantes de Corea del Sur se pronunciaron...
11 de May de 2017
Como con la mayoría de los procesos electorales, los votantes de Corea del Sur se pronunciaron, en mayoría, teniendo en cuenta el interés de su propio bolsillo, en las elecciones nacionales del próximo-pasado martes. Mientras que los comicios se caracterizaron por la clásica puja entre la estrategia respaldada en el crecimiento de libremercado (conservadora) y el redistribucionismo progresista, en esta oportunidad, los ciudadanos surcoreanos se vieron motorizados por un deseo para poner un punto final a la corrupción política en su país.

Luego de diez años de presidencia conservadora -los presidentes surcoreanos sirven por un período de cinco años-, pareció ser concluyente este año que el péndulo se inclinaría hacia el candidato progresista. Esta tendencia natural se vio reforzada por el juicio político de la presidente Park Geun-hye, que abusó de su poder al ejercitar connivencia con una amiga, a los efectos de nutrir a los más amplios conglomerados del país.

Moon Jae-inMoon Jae-in, aspirante del centroizquierda, ganó cómodamente la elección. Previamente, había servido como jefe de gabinete del presidente Roh Moo-hyun, cuyo período se caracterizó por relaciones tensas con Washington, en lo que tuvo que ver con diferencias de política exterior sobre Corea del Norte, mientras Roh exigía mayor autonomía en esa alianza. En tiempos de campaña, Moon golpeó en el centro de los temas de seguridad nacional para hacerse de votantes conservadores, pero aún no queda claro cómo implementará, en los hechos, sus políticas exterior y de seguridad.

Moon se autoretrató como un 'amigo de los Estados Unidos', y declaró que la alianza con los EE.UU. es 'la base más importante para nuestra diplomacia y nuestra seguridad nacional'. Con todo, Moon también defiende la posibilidad de 'decirle No a los estadounidenses', fortaleciendo la capacidad independiente de la defensa de Corea del Sur, y recuperando control operacional en tiempos de guerra de las fuerzas militares surcoreanas, frente a Washington. En la actualidad, el control de las fuerzas armadas de Corea del Sur quedan bajo directivas de un comandante de Naciones Unidas (en general, un general estadounidense), para toda ocasión en que los dos presidentes deciden formular un estado de guerra.

El candidato ganador pidió que Corea del Sur 'tome la delantera' en lo que hace a asuntos coreanos, antes que mirar desde el fondo del auditorio cómo Estados Unidos y China conversan sobre la política que debe implementarse sobre Corea del Norte. Sin lugar a dudas, Moon busca resucitar las políticas progresistas de Roh, aunque la recurrente beligerancia norcoreana podría limitar la forma en que Moon busque acercarse incondicionalmente a Pyongyang.

Algunos entendidos en Corea del Sur plantean que las acciones hostiles de Corea del Norte en tiempos recientes -su desarrollo y testeo de armas nucleares, sus ataque contra su vecino del sur en 2010, y el reciente asesinato del medio hermano del Líder Supremo Kim Jong-un- han erigido una suerte de muro que impedirá a Moon pendular demasiado hacia la izquierda. Otros expertos rechazan esa perspectiva, afirmando que, 'si ese muro existe, Moon lo saltará o cavará por debajo de él, de tal suerte de mostrarse tan hacia la izquierda como Roh'.

En tanto Moon se opuso origialmente al despliegue estadounidense del sistema misilístico defensivo THAAD (Terminal High Altitude Area Defense) en Corea del Sur, modificó su postura durante la campaña, diciendo que 'estaba abierto a ambas alternativas' (léase: desplegar o retirar el sistema THAAD). Moon, en rigor, es partidario de que Corea del Sur administre un sistema defensivo propio, con independencia de una red de aliados más amplia.

Moon percibe a la aproximación económica con Corea del Norte como un medio de regresar a los norcoreanos a la mesa de negociaciones y, eventualmente, lograr la 'unificación económica' de ambas Coreas. Antes que buscar que Corea del Norte realice la primera concesión para continuar las conversaciones sobre desnuclearización, dijo que 'intentaría lograr que tanto Corea del Norte como Estados Unidos actúen en simultáneo'. Asimismo, Moon defiende la reapertura de la asociación económica de Kaesong con los norcoreanos, como parte de un acercamiento más amplio hacia Pyongyang. Kaesong remitió a un intento de Corea del Sur de proporcionar importantes beneficios económicos, a criterio de inducir a Corea del Norte a implementar reformas económicas y políticas, y a que modere su política exterior. El experimento económico fracasó.

El hacerlo, sin embargo, probablemente constituya una violación de las Resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La Resolución 2094 de la ONU (en sus párrafos 11 al 15) exige a los Estados miembro del cuerpo internacional impedir la realización de servicios financieros que pudieren contribuir a nutrir los programas nucleares y misilísticos de Pyongyang. La Resolución 2321 de Naciones Unidas (párrafo 32) va aún más allá a la hora de restringir las asociaciones económicas con Corea del Norte, prohibiendo cualquier respaldo financiero a Corea del Norte, a no ser que aquél sea aprobado específicamente, y por adelantado, en el Comité 1718 de Naciones Unidas.

Moon estará más predispuesto a acercarse a Corea del Norte, induciendo a ese país con ofertas económicas, en un momento en que Estados Unidos y la comunidad internacional están implementando con mayor rigurosidad las acciones de la ONU, y reforzando la legislación estadounidense. Si Estados Unidos y Corea del Sur terminan implementando políticas divergentes, ello podría comprometer los esfuerzos para presionar a Pyongyang, lo cual dará lugar a fricciones potenciales en el seno de la alianza entre Seúl y Washington.

Adicionalmente, Moon también ha prometido renegociar el convenio de 2015 entre Corea del Sur y el Japón en lo que hace a las 'mujeres de consuelo' (lo cual se refiere a mujeres que fueron forzadas a esclavitud sexual por los japoneses en la Segunda Guerra Mundial). El hacerlo solo logrará incrementar las tensiones en aquélla relación. El insistir en que Washington, Seúl y Tokio se pronuncien en idéntico sentido a la hora de hacer frente a amenazas comunes exigirá una diplomacia diestra, conforme el nuevo presidente surcoreano y el mandatario estadounidense Donald Trump completan sendas Administraciones y formulan sus nuevas políticas.

El sendero futuro podría ser escarpado, pero Corea del Norte y China, indudablemente, seguirán actuando bajo sus formatos confrontativos clásicos, escenario que recordará a Corea del Sur cuál es la verdadera nación amiga que contribuye a su protección.
Sobre Bruce Klingner
Es Analista Senior en Investigación para el Centro de Estudios Asiáticos de la Fundación Heritage. Publica periódicamente análisis y escritos sobre Corea del Norte, Corea del Sur, Japón y temáticas de seguridad en la región. Klingner se desempeñó veinte años en la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA). Fue jefe de la estación de la CIA en Corea en el bienio 1993-1994.