ESTADOS UNIDOS: PHILIP GIRALDI

El verdadero costo que Israel representa para Estados Unidos

El respaldo estadounidense va mucho más allá de lo que expresan las cifras oficiales.
11 de Abril de 2017

El Comité Americano de Asuntos Públicos sobre Israel (American Israel Public Affairs Committee, AIPAC) concluyó en su conferencia anual -que se llevó a cabo el pasado mes-, generando el debate de costumbre en numerosos canales de comunicación alternativos. ¿Por qué va tanto dinero de los contribuyentes estadounidernses a un Estado cliente de pequeñas dimensiones -y que no es particularmente útil-, que cuenta con una vibrante economía de nivel europeo y que ya es un coloso militar regional?

Aquellos que respaldan ese flujo de dinero argumentan que Israel está bajo amenaza -en especial por Irán-; afirman que la asistencia, cuya mayor porción pero no toda es usada para adquirir armamento hecho en los Estados Unidos, es necesaria para mantener una ventaja cualitativa para el país frente a sus potenciales enemigos. Aquellos que se oponen a la asistencia financiera replican que la amenaza iraní es, en general, una invención israelí y saudita, empleada para justificar el recurrente respaldo estadounidense para las políticas de seguridad nacional de ambas naciones. Y agregarían también que Tel Aviv está más que en capacidad de defenderse a sí mismo, pagando por su propio establishment militar.

Israel, EEUUEn honor a la verdad, la asistencia financiera estadounidense dirigida a Israel es algo así como una olla de oro que no deja de proporcionar monedas. Ambas opiniones probablemente se muestren de acuerdo en que el lobby doméstico israelí ha sido instrumental a la hora de mantener el alto nivel de asistencia, a pesar de que, sin lugar a dudas, estarían en desacuerdo sobre qué es positivo y qué no lo es. La operación de 'El Lobby', ponderada generalmente como la voz más poderosa en lo que hace a política exterior en Washington, condujo a los Profesores Stephen Walt y John Mearsheimer a preguntarse, '¿Por qué Estados Unidos se ha mostrado dispuesto a hacer a un lado su propia seguridad (...) a los efectos de promocionar los intereses de otro Estado? No existe explicación que justifique el notorio nivel de respaldo material y diplomático que Estados Unidos proporciona'. Los académicos apuntaron que 'otros grupos con intereses especiales se las han arreglado para configurar la política exterior, pero ningún lobby ha logrado desviarlo tan lejos como lo sugeriría la seguridad nacional mientras que, simultáneamente, se convence a los estadounidenses de que los intereses de EE.UU. y aquellos del otro país -en este caso, Israel- son esencialmente idénticos'.

Desde la fundación del Estado de Israel en 1948, el país ha sido 'el más grande receptor de asistencia exterior estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial', de acuerdo al Servicio de Investigaciones del Congreso de EE.UU. Estados Unidos ha proporcionado a Israel US$233.7 mil millones en asistencia ajustada por inflación entre 1948 y finales de 2012, informa el matutino israelí Haaretz. Las conversaciones actuales se centran en el memo de entendimiento de la Administración Obama con Israel, a través del cual EE.UU. prometió US$38 mil millones en asistencia durante los próximos diez años, una suma considerable pero, sin embargo, menos de lo que Israel recibe en realidad de parte del Tesoro de los Estados Unidos y de otras fuentes en Norteamérica.

El Senador Lindsey Graham (Republicano, Carolina del Sur), al exponer en la más reciente conversación legislativa sobre la asistencia a Israel, expresó que los US$38 mil millones deberían ser ponderados como piso, y que el congreso debería aprobar fondos adicionales para la defensa de Israel, a medida que sean necesarios. De hecho, fue así. En su más reciente cónclave, AIPAC anunció el últmo envío desde Estados Unidos, celebrando a 'la Cámara de Representantes americana por potenciar, de manera significativa, la cooperación misilística entre EE.UU. e Israel en el proyecto de asignaciones presupuestarias para 2017. La Cámara asignó US$600.7 millones para los programas de defensa israelíes-estadounidenses'. Y ahí está, también, el amplio historial de fondos especiales para proyectos vinculados a Israel. El sistema defensivo misilístico israelí Iron Dome (Domo de Hierro) fue ampliamente financiado por estados Unidos, en más de US$ mil millones. En los años ochenta, el programa de desarrollo del jet de combate israelí Lavi fue financiado por Washington, costándole US$ 2 mil millones a los contribuyentes estadounidenses previo a que llegara a término a raíz de problemas técnicos y de otra índole, en lo que fuera parte de un financiamiento de US$5.45 mil millones desde el Pentágono -destinado a numerosos proyectos de armamento para Israel a lo largo de 2002.

El conocido como poco confiable ex congresista James Traficant alguna vez declamó que 'Israel obtiene US$ 15 mil millones al año de parte de los contribuyentes estadounidenses'. En efecto, el monto que Israel obtiene de parte de EE.UU. es, en rigor, bastante complejo y no demasiado transparente de cara al público americano, llegando a más de US$3.8 mil millones entregados desde el comienzo del año fiscal el primero de octubre. Aún cuando ese cheque, otorgado especialmente a Israel como receptor de asistencia financiera el primer día del año, es manipulado convenientemente para producir ingresos extra. Normalmente, es redepositado de inmediato en el Tesoro de los Estados Unidos y, entonces, debido a que opera bajo déficit, pide prestado el dinero para pagar intereses sobre el capital a medida que los israelíes lo retiran. Ese pago de intereses le cuesta al contribuyente estadounidense un estimado de US$ 100 millones más por año. Asimismo, Israel se ha mostrado inclinado a utilizar 'garantías de préstamos', temática que bien podría haber contribuído a la caída en desgracia del presidente George H.W. Bush. La realidad es que los préstamos, que totalizan US$ 42 mil millones, jamás son repagados por Israel, lo cual significa que el Tesoro de los Estados Unidos de América se hace cargo de pagar la cuenta en lo que hace a principios e intereses, un formato de asistencia adicional. Los créditos para Israel en la Era Bush totalizaron US$10 mil millones.

Los proyectos de coproducción en el Departamento de Defensa, contratos preferenciales, formatos de 'chatarra' o 'excedente militar' (surplus) de equipo utilizable que luego es remitido a las Fuerzas de Defensas de Israel (IDF), así como también la remisión de equipo militar para una base israelí (administrada en ese país por Tel Aviv, y empleada para respaldar operaciones militares locales), son beneficios considerables para el gobierno israelí. Gran parte de esta asistencia se oculta del escrutinio público.

En 1992, el presidente de AIPAC, James Steinerhizo alarde sobre el modo como él obtuvo 'mil millones de dólares en otros beneficios [en negociaciones con el Secretario de Estado, Jim Baker] y sobre los cuales la gente nada conoce'. En septiembre de 2012, el ex comandante en jefe de Israel, el General Gabi Ashkenaziadmitió en una conferencia que, entre 2009 y 2012, los contribuyentes estadounidenses habían financiado más de la mitad del presupuesto de defensa de ese país, de lo que lo habían hecho los contribuyentes israelíes. Tales cifras han sido disputadas, pero el hecho permanece: una considerable porción del gasto militar israelí proviene de los Estados Unidos. Hoy día, representa más del 20% del total del presupuesto de US$16 mil millones -sin contar las asignaciones especiales de presupuesto.

A través de exenciones impositivas, el gobierno estadounidense también subsidia el esfuerzo coordinado para proporcionar asistencia adicional a Israel. Ningún otro esfuerzo de lobby destinado a promocionar los intereses de una nación extranjera gozan de tales beneficios y, en efecto, la mayoría de grupos similares están obligados a registrarse bajo el Acta de Registración de Agentes Extranjeros de 1938, conforme el ex Consejero de Seguridad Nacional Michael Flynn ha aprendido tras su experiencia con Turquía.

La mayoría de las organizaciones y fundaciones que, razonablemente, pueden ser consideradas como parte activa del lobby israelí generalmente se encuentran registradas en el apartado de exenciones impositivas para fundaciones educativas del Departamento del Tesoro (sección 501[c]3). Grant Smith, al referirse al particular en una conferencia sobre Estados Unidos e Israel el próximo-pasado 24 de marzo, explicó cómo el extendido lobby isralí aprovecha el marco legal:

 

Organizaciones estadounidenses críticas incluyen el Comité Estadounidense de Asuntos Públicos sobre Israel (AIPAC), el Comité Judío Americano (AJC), la Organización Sionista de Estados Unidos (ZOA), y a la Liga Antidefamatoria (ADL). Otro centenar de aquéllas, incluyendo un pequeño número de organizaciones cristianas, desempeña un rol en el seno de un vasto ecosistema que exige apoyo incondicional de parte de EE.UU. hacia Israel. En el año 2012, el ala sin fines de lucro del lobby israelí recaudó US$3.7 mil millones en ingresos. Y buscan alcanzar la meta de US$6.3 mil millones hacia 2020. Colectivamente, emplean a 14 mil personas, y a 350 mil voluntarios.

Los US$ 3.7 mil millones recaudados en 2012 fueron, en su mayor parte, eximidos de impuestos, y eso no incluye a los miles de millones en donaciones privadas que van directamente a Israel, así como también los miles de millones de dólares en contribuciones ponderadas bajo la cobertura de 'exenciones religiosas' para grupos que ni siquiera se registran para tales fines. Existen también contribuciones enviadas directamente a numerosas fundaciones con base en Israel, registradas como asistencia social. La revista The Forward investigó a 3.600 fundaciones judías de asistencia social en 2014, y determinó que contaban con activos netos por US$26 mil millones, un ingreso anual de entre US$12 mil y US$14 mil millones, y que 'enfocaban el grueso del dinero donado en Israel'. Esa porción representó un 38% sobre el ingreso total. The Forward agrega que se trata de 'un aparato que se beneficia masivamente del gobierno federal estadounidense y de numerosos gobiernos estatales y locales, en forma de centenares de millones de dólares en subsidios gubernamentales, miles de millones en donaciones deducibles de impuestos, y miles de millones de dólares más en comisiones sobre programas pagados con fondos del gobierno'.

Algunas fundaciones israelíes admiten con crudeza sus objetivos. Los 'Amigos de las Fuerzas de Defensa de Israel' (The Friends of the Israel Defense Forces), que 'respalda el bienestar y las necesidades educativas de los valientes soldados de Israel', son un grupo de asistencia social eximido de impuestos que se dedica a recaudar fondos a través de Estados Unidos. Y el dinero es útil, conforme algunos judíos estadounidenses han aprendido, no sin sorpresa, que las donaciones que presumían iban a lo que entienden por causas de asistencia social en Israel terminaron, en rigor, en la financiación de la ampliación de asentamientos ilegales en Cisjordania, objetivo que muchos de ellos podrían no respaldar. Recientemente, se informó que el yerno y consejero personal de Donald Trump, Jared Kushner, es titular de una fundación familiar que ha hecho donaciones a Israel, incluyendo el financiamiento de asentamientos en Cisjordania -lo cual es ilegal bajo la legislación estadounidense.

Israel también se beneficia de otras maneras, frecuentemente gracias a la acción legislativa en el congreso. Disfruta de un status comercial libre y preferencial con los Estados Unidos, y regentea un superávit de US$ 9 mil millones per annum. Sus firmas privadas y organizaciones paraestatales pueden, sin restricción alguna, ofertar en proyectos vinculados a la Defensa y la seguridad interior -privilegio que normalmente se concede solo a socios de la OTAN-, lo cual le ha obsequiado supremacía frente a sectores estadounidenses de las fuerzas de policía, telecomunicaciones y traslados de seguridad. Su involucramiento y empleo de tecnología militar clasificada -desarrollada por productores de armamento estadounidenses- ha conducido, en ocasiones, a críticas que versan que Israel ha adoptado o bien adaptado -e incluso, robado- propiedad intelectual, utilizándola para desarrollar su propia industria de armamento, que ahora se sitúa en el sexto lugar en el mundo por volumen de ventas. Irónicamente, los contribuyentes estadounidenses han subsidiado una industria isralí que compite directamente con firmas americanas, dando lugar a la pérdida de empleos en los Estados Unidos.

También se ha registrado un considerable daño colateral, derivado de la relación con Israel, incluyendo el embargo petrolero árabe y, posiblemente, algunos incluso culpan a Tel Aviv por el ruinoso costo de Irak, guerra que muchos entienden que ha sido peleada, en gran parte, para Israel. Pero, aún sin el caso de esa guerra, la relación bilateral americano-israelí ha sido una propuesta onerosa para los estadounidenses. Si acaso Israel es un problema estratégico o no, o si acaso su complicada situación geoestratégica amerita un respaldo sin cuestionamientos de parte de EE.UU., la realidad es que se asiste a una relación de sube y bajas con Washington. Todo lo cual ha sido -y continúa siendo- pagado por el contribuyente americano promedio, que no está tan bien hoy como alguna vez lo estuvo.

La relación bilateral entre Estados Unidos e Israel consigna otra instancia en la que las necesidades percibidas de un 'aliado' de EE.UU. confecciona precedentes en detrimento de intereses nacionales genuinos. Son decenas de miles de millones de dólares que no necesariamente deben ir a aplacar a una rica nación extranjera y a su poderoso lobby local. En efecto, otras opciones coincidirían con utilizar ese dinero para hacer cosas más relacionadas con Estados Unidos -en la forma de escuelas, autopistas y hospitales-; lo cual podría resultar altamente atractivo para los votantes estadounidenses.



Artículo original en inglés, en http://www.theamericanconservative.com/articles/the-true-cost-of-israel/

 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios de EE.UU., y Director Ejecutivo del Council for the National Interest. Publica periódicamente en inglés en The American Conservative; en español, en El Ojo Digital.