ESTADOS UNIDOS: PHILIP GIRALDI

¿Hizo Jeff Sessions algo impropio?

En un momento en que cualquier contacto con Rusia se exhibe como tóxico, el fiscal general está siendo juzgado solo por insinuaciones.

06 de Marzo de 2017
Estados Unidos está ingresando en un ambiente político cargado, en donde las interacciones ordinarias entre funcionarios gubernamentales de carrera y sus contrapartes extranjeras rápidamente pueden volverse tóxicas.
 
El flamante consejero de Seguridad Nacional Michael Flynn no hizo nada malo al comunicarse con el embajador ruso Sergei Kislyak. Es igualmente evidente que el Senador Jeff Sessions nada malo hizo cuando se comunicó en dos oportunidades con el mismo caballero, en el contexto de su membresía en el Comité de Servicios Armados del congreso. La primera reunión de Sessiones en junio fue parte de una conferencia organizada por el Departamento de Estado y el think tank The Heritage Foundation, que incluyó a cincuenta embajadores. Sessiones fue el disertante de mayor importancia, y algunos de los embajadores se acercaron a hablarse poco después, incluyendo el enviado ruso.
 
La segunda reunión en septiembre tuvo lugar en la oficina de Sessions. Había personal presente en la reunión, que se llevó a cabo en un edificio del Senado porque Sessions había rechazado un pedido del embajador para un almuerzo privado, que él consideró inapropiado. Nadie está diciendo que los temas conversados en cada encuentro fueran en modo alguno incriminatorios o perjudiciales para la seguridad nacional de Estados Unidos. De acuerdo con el congresista republicano Devin Nunes, los investigadores del FBI -según se informara- fueron demasiado lejos, habiendo indicado previamente a los comités de inteligencia de la Cámara de Representantes y del Senado: 'no existe evidencia de connivencia entre la campaña de Trump y Moscú'. Esa conclusión fue, sin embargo, desafiada por el Representante Demócrata Adam Schiff, que replicó que la investigación se hallaba en la etapa inicial.
 
Flynn fue forzado a dar un paso al costado, luego de una campaña de vilificación orquestada por algunos ex oficiales senior de la CIA y la NSA, posiblemente actuando en representación de la saliente Administración Obama, aún cuando el tema bajo discusión que condujo a su renuncia fue un pretendido fallo al momento de mostrarse del todo honesto frente al vicepresidente Mike Pence en relación a sus conversaciones telefónicas con Kislyak. Si acaso se trató de un descuido o si se trató de un acto deliberado, ello aún ha de determinarse, pero la Administración Trump claramente ha decidido que el caso no ameritaba una pelea, dada la sobretensionada cobertura mediática que motorizó.
 
La historia con Sessions es, de alguna manera, diferente, aunque también involucra reacciones histriónicas de parte de los medios y también de parte de algunos referentes Demócratas de importancia. La controversia en torno a Sessiones se sustenta en una pregunta sencilla, puesta sobre la mesa por el Senador Al Franken: 'Si existiese alguna evidencia de que alguien afiliado a la campaña de Trump se comunicara con el gobierno ruso en el curso de esta campaña, Usted qué haría?'.
 
Sessions respondió no estar 'en conocimiento de tales actividades. He sido llamado títere en una o dos oportunidades en la campaña, y no he tenido comunicaciones con los rusos, y no estoy en capacidad de comentar sobre ello'.
 
Las explicaciones sobre qué hizo o dejó de hacer Sessions generalmente exhiben dos enfoques. Si Usted cree que Sessions estaba comentando cómo Moscú podría ayudar a derrotar a Hillary, ¿ocultó él algo funesto? O, si Usted cree que Sessions es inocente, ¿estaba respondiendo con sinceridad al aparente foco de Franken en el contacto con los rusos, como un elemento de la campaña?
 
Conforme entiendo que el grueso de la narrativa está buscando mostrar la victoria de Trump como alguna suerte de esquema del tipo candidato manchuriano e ingeniado por el Kremlin, es un completo sinsentido, tiendo a pensar que Sessions contestó con sinceridad, luego de interpretar a su manera la pregunta. Su vocero ha descripto el intercambio de la siguiente manera: 'Le fue preguntado, durante la audiencia, sobre comunicaciones entre Rusia y la campaña de Trump -no sobre las reuniones que llevó a cabo como senador y miembro del Comité de Servicios Armados'.

Es crucial notar que Sessions no fue parte del personal de campaña de Trump, lo cual explica su respuesta al Senador Franken. Hubiese sido bonito si hubiese comenzado su respuesta apuntando que él había tenido interacciones intermitentes con funcionarios rusos, como parte de sus responsabilidades en el Senado, continuando luego con la afirmación de que no habían existido tales contactos en su conocimiento, como parte de la campaña. Pero Sessions no contestó así, lo que abrió las puertas para la tormenta de fuego políticamente motivada a la que hoy se asiste.
 
Sessions, JeffLo que resulta particularmente perturbador en relación al ataque contra Sessions es la hipocresía, evidenciada por congresistas de la talla de Charles Schumner y Nancy Pelosi, quienes están exigiendo ahora que el fiscal general renuncie porque -dicen ellos- cometió perjurio. Responder preguntas de una manera en la que se evita decir demasiado es un arte notable en Washington -una habilidad que también Schumer y Pelosi supieron desarrollar-, pero eso no implica perjurio. La respuesta de Sessions a Franken no está del todo clara, pero no es una mentira abyecta. A tal efecto, el ataque contra Sessions es similar al ataque contra Flynn, básicamente un modo de atacar y debilitar al presidente Donald Trump -desacreditando, con oportunismo, sus designaciones de alto nivel.
 
El hecho de que Sessions se desentendiera de cualquier cuestión que tuviere que ver con Rusia podría ser políticamente recomendable, al menos en parte, para morigerar la furia de los medios de comunicación y de casi todos los Demócratas -lo cual involucra también a los Republicanos políticamente correctos. Pero las afirmaciones originales fueron inapropiadas, conforme nadie ha demostrado que Sessions haya, en modo alguno, trabajando en mancomunidad con una potencia extranjera para dañar la seguridad nacional de los Estados Unidos. Sessions está siendo juzgado por meras insinuaciones, y en los medios corporativos.
 
Y luego está la variable aún más perturbadora, la cara rusa del problema. El personal de Sessions notó que, como senador de carrera en el Comité de Servicios Armados, se reunió con 25 embajadores. ¿Por qué Schmer y Pelosi no están pidiendo información sobre esos contactos? Los embajadores están haciendo su trabajo y representando los intereses de sus países, lo cual incluye trabajar contra porciones de la política exterior estadounidense, y buscar que funcionarios del gobierno americano revelen información sensible en formato 'off the record'. Rusia, en efecto, hace eso; pero lo mismo hacen muhcas naciones que son consideradas como amigas cercanas.
 
Una vez más, Rusia está siendo acusada por razones políticas, aún cuando Moscú y Washington no se encuentran en guerra. La evidencia de que Vladimir Putin ha, de alguna manera, estado interfiriendo en la política estadounidense es definitivamente floja y, en apariencia, sigue sin aportar datos de valor. Y equivocarse con Rusia puede ser peligroso, conforme se trata del único país de la Tierra que puede destruir a los Estados Unidos. En cualquier caso, y a pesar de ello, hay muchos en el Partido Demócrata y los medios de comunicación que gustarían de ver a Rusia como un enemigo permanente, para sostener el Estado de bienestar bélico mientras que, al mismo tiempo, cuentan con un punching bag que pueda recibir las culpas por todo aquello que funcione mal.

Razonablemente, uno podría consierar que los ataques contra Sessions tienen menos que ver con él, que con Trump y con Rusia. En efecto, Trump y Rusia se han puesto de acuerdo, conforme la investigación pendiente en relación al posible rol de Moscú en la elección es, por propia naturaleza, un modo de dar inicio a un proceso que revertiría la victoria electoral de Trump. El implicar a otro funcionario de carrera del gobierno como posible títere ruso -y el promocionar una investigación bipartidista y más amplia sobre la supuesta subversión de la campaña de Trump por parte de Moscú- acortará las opciones del presidente para cualquier reinicio con Rusia, en tanto que también logrará debilitar a su Administración.
 
He notado que el presidente Trump ha designado a Fiona Hill, de línea dura, como representante para lidiar con Rusia en el Consejo de Seguridad Nacional. Se trata de una mala maniobra, y posiblemente sea una señal de que la recurrente presión en relación a Moscú está comenzando a rendir frutos, forzando a Trump a retroceder en sus promesas de campaña de consolidar un reinicio con Putin.


Artículo original en inglés, en http://www.theamericanconservative.com/articles/did-sessions-do-anything-wrong/

 
Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios de EE.UU., y Director Ejecutivo del Council for the National Interest. Otrora articulista en la revista The American Conservative, Giraldi publica ahora en el sitio web Unz.com. En español, en El Ojo Digital.