INTERNACIONALES: PHILIP GIRALDI

Turquía y la próxima guerra

La República de Turquía se ha convertido en una suerte de 'tiro al aire'...

07 de Noviembre de 2016

La República de Turquía se ha convertido en una suerte de 'tiro al aire', un activo de corto plazo útil para poner en marcha los bombardeos sobre el norte de Siria pero es, al mismo tiempo, una complicación cuando se trata de consolidar cualquier acuerdo eventual con miras a morigerar los combates en la región.

El presidente Recep Tayyip Erdogan busca destruir tanto a enemigos genuinos como a críticos por igual, en la sobreactuación que compartiera tras el intento de golpe militar de julio pasado. Sus poderes de emergencia fueron, recientemente, ampliados. Erdogan ha utilizado un listado de enemigos, preparado previo al golpe, para detener a 37 mil personas sin prospecto alguno de proceso judicial; ha recurrido a aquella herramienta para arrestar a más de cien mil funcionarios del gobierno, para clausurar periódicos y estaciones de televisión, para clausurar escuelas y universidades, y para emprender una guerra increíblemente sangrienta contra la minoría kurda del país. En la Turquía del sudoeste -de mayoría kurda-, se han registrado despidos de maestros a mansalva -e incluso arrestos-; lo propio ha sucedido con burócratas y funcionarios electivos, incluyendo intendentes. Todos los cuales están siendo reemplazados por personas designadas por Ankara, leales al gobierno -pero que, con frecuencia, carecen del entrenamiento o la capacidad necesarios para cumplir con sus tareas.

La paranoia de Erdogan y su deseo de venganza son profundos. El supuesto organizador del golpe, Fetullah Gulen, ha sido descripto como cabecilla de una 'organización terrorista (...) que ha intentado de subyugar al mundo entero, mucho más allá de Turquía'. Las embajadas y consulados de Turquía en el exterior recibieron órdenes de compilar listados de ciudadanos desleales, y Ankara incluso demandó a un comediante alemán que satirizó a Erdogan. En la propia Turquía, agentes de policía y de inteligencia han arrestado a personas en posesión de múltiples billetes de un dólar estadounidense cuyos números de serie comienzan con la misma letra (se cree que tales billetes fueron utilizados para establecer y reclutar bona fines entre los promotores del golpe). El solo hecho de leer el periódico o libro equivocados ha conducido a la prisión o al despido, mientras que los críticos parlamentarios están siendo silenciados y amenazados con el arresto -siendo etiquetados como terroristas. Se ha conocido de informes frecuentes relativos a torturas, golpizas e incluso violaciones de individuos detenidos -y Erdogan ha respaldado pedidos en pos de la pena de muerte para oficiales militares involucrados en el golpe.

ErdoganY luego está el detalle de la recurrente corruptela en la que Erdogan es protagonista, junto a sus aliados más cercanos. De manera ilegal, Turquía compró petróleo iraní mientras el régimen de Teherán se hallaba bajo el sistema de sanciones internacionales, y Bilal (hijo mayor de Erdogan) utilizó sus buques tanqueros para movilizar ese crudo hacia mercados en el Este de Asia, a los efectos de ser comercializado. En cierto punto, al temer un raíd de la policía, Erdogan telefoneó a su hijo y le ordenó que se acercara a su caja fuerte, quitara todo el dinero que se encontraba allí, y lo ocultase. Ahora, el gobierno ha comenzado a arrestar a hombres de negocios, acusándolos de simpatizar con el golpe (sin presentarse evidencias sobre ello), en tanto se procedió a confiscar miles de millones de dólares en activos pertenecientes a las compañías privadas de aquellos acusados. Tales activos financieros están siendo administrados 'perentoriamente', por socios políticos de Erdogan.

Infortunadamente, Erdogan cuenta con el apoyo de un sólido bloque de votantes que ven al mundo del mismo modo en que lo hace él mismo y, generalmente, comparten su intensa religiosidad. Erdogan se muestra inspirado por su propio sentido de la rectitud, y ha exhibido lo que uno podría, razonablemente, describir como megalomanía, evaluando proyectos de construcción grandilocuentes y presentando una redefinición de los intereses domésticos e internacionales de Turquía como parte de su propia autoridad y de su partido oficialista, el AKP.    

Previamente, he referido cómo la recurrentemente agresiva política exterior de Erdogan se ha visto conducida por lo que se presenta como un legítimo temor de cara al desarrollo de un Estado kurdo independiente que, presumiblemente, incorporaría porciones de Turquía, junto al norte de Siria e Irak -así como también el oeste de Irán. En efecto, la reciente participación de Erdogan en los combates contra ISIS son, en rigor, parte de un engaño deliberado -tratándose ello más bien de atacar a las milicias kurdas que Estados Unidos evalúa como su fuerza de combate más efectiva contra los grupos terroristas.

Lo que resulta más perturbador es que las novedades más recientes sugieren que, ahora, Ankara motoriza insostenibles reclamos sobre porciones que otrora constituían el Imperio Otomano -adyacentes a las fronteras actuales de Turquía-, incluyendo Mosul en Irak, áreas apenas al norte de Aleppo en Siria, y porciones de Grecia. Erdogan ha argumentado tener la responsabilidad de proteger a los 'turcos' en Estados vecinos, racionalización que ha estado utilizando para bombardear áreas bajo control de los turcos y para exigir un rol en el ataque iraquí sobre Mosul, el cual cuenta con una pequeña minoría kurda. El gobierno de Irak, a sabiendas de que una vez que Ankara ponga pies frente a la puerta, será difícil lograr que los soldados turcos regresen a casa, ha rechazado tajantemente tal oferta. Erdogan replicó observando que Turquía tiene el derecho de invadir Irak -si se siente bajo amenaza.

El objetivo de plantar algún tipo de preeminencia regional es una reversión de la antigua política exterior turca, que ha buscado relaciones amistosas con todos sus vecinos. Uno podría incluso sugerir que el golpe de julio permitió que el genio emergiera de la botella, completamente liberando a Erdogan de cualquier tipo de restricciones que él pensara tener, ofreciéndole la oportunidad de reescribir la constitución del país, a los efectos de optimizar y perpetuar el propio poder -proceso que ahora se halla en marcha.

Muchos cuestionan, razonablemente, si acaso la OTAN debería existir, tras la caída de la ex Unión Soviética -pero la inclusión de Turquía como miembro presenta algunas preocupaciones serias en relación al Artículo V del Tratado de Washington (que sembró el surgimiento de la alianza). Esta provisión exige que todos los miembros respondan a una amenaza militar contra cualquier Estado de la Alianza Atlántica, como 'defensa colectiva'. Conforme la OTAN se propone como defensiva en su naturaleza, los indefendibles reclamos de Turquía son problemáticos -particularmente, debido a que no sería difícil que ello diese lugar a un incidente que muestre a una operación ofensiva como de carácter autodefensivo. Tal incidente tuvo lugar en diciembre de 2015, con la premeditada caída a tierra de un avión de guerra ruso que había merodeado el espacio aéreo de la frontera turca durante diecisiete segundos. Turquía calificó la incursión como un acto de guerra. Por fortuna, Moscú se restringió en su réplica, y la situación no escaló en términos militares, de tal forma que el asunto del involucramiento de la OTAN -aún cuando emergiera brevemente en Bruselas- fue esencialmente puesto bajo escrutinio.

Adicionalmente, y como una alianza intrínsecamente europeo-americana, la OTAN ha sido considerada como un espectro en el que los Estados-miembro se conformarían con normas razonablemente democráticas. Esto es algo que Turquía rápidamente está dejando atrás, de la mano de sus arrestos masivos, procesos judiciales acelerados, y reprimendas colectivas, mientras Erdogan busca soliviantar su posición -ampliando sus propios poderes presidenciales. Conforme lo explicitara, Doug Bandow, del think tank The Cato Institute, 'el breve moméntum democrático de Turquía está llegando a su fin'.


Para los Estados Unidos, el cálculo es, en más de un sentido, complejo. Probablemente, Hillary Clinton redoble la apuesta en Siria, lo cual demandará el empleo de la base aérea de Incirlik. Pero, luego de ello, presumiendo que una Tercera Guerra Mundial pudiese -de alguna manera- ser evitada en momentos en que la escalada y la intervención militar estén teniendo lugar, el rol de Turquía deberá ser reevaluado, basándose en consideraciones estratégicas distintas de la que comportan los actuales combates en Irak y Siria. El status de Ankara como activo/socio estratégico de largo plazo ciertamente debiera ser desafiado, particularmente, a la luz de las predilecciones autoritarias de Erdogan.

El grueso de los observadores en Washington ahora entienden que ISIS (como amenaza territorial) será derrotado próximamente, aún cuando probablemente retenga una base de operaciones en la complicada Libia. Esto significa que cualquier tipo de continuidad de las operaciones contra el grupo serán conducidas por personal de inteligencia y de operaciones especiales y, por ende, no requerirá de una infraestructura y de apoyo logístico de importancia. Habida cuenta de que Estados Unidos retendrá los activos militares de mayor calibre en Kuwait, Bahrein, y Qatar, Turquía se convertirá en una reliquia de la Guerra Fría, portadora de redundancia -con Washington reenfocado en asuntos de seguridad vinculados a Irán y el conflicto sunita-chiíta.

Ankara persiste en su creencia de que su importancia estratégica actual implica que puede decir o hacer lo que quiera, y que Washington evitará endilgarle cualquier tipo de crítica, pero la Casa Blanca claramente está empezando a reconocer que Turquía es, a largo plazo, un problema, toda vez que la impronta del centralismo democrático de Erdogan prevalezca. Y debe apuntarse que la relación bilateral actual, en la cual la Administración Obama evita aplacar a un invariablemente irritable Erdogan, da lugar a una política errónea. En los recientes contratiempos con Bagdad (lindantes con el más nutrido rol de Turquía en Mosul), el Secretario de Estado John Kerry ha urgido a los iraquíes -de manera poco inteligente- a que permitan a los turcos convertirse en socios de la empresa. Kerry ha prestado oídos sordos a otras consideraciones, sobre las cuales el gobierno de Bagdad y los socios kurdos de EE.UU. están en perfecto conocimiento.

La Casa Blanca debería reconocer que Turquía se ha convertido en una fuerza desestabilizadora en el Próximo Oriente. Su antigua colusión con grupos terroristas como ISIS (así como también en la provisión de armamento para los mismos) revela que no está dispuesta a llevar adelante un doble juego contra sus aliados nominales. Su implacable hostilidad hacia todo lo que huela a kurdo afecta la estabilidad interna de casi todos sus vecinos, e incluso compromete la capacidad de Washington de lidiar con ISIS. Su recurrentemente asertivo nacionalismo, que está comenzando a autodefinirse como indefendible -respaldado por la purga de miles de personas, en la fuerza armada más poderosa de la región -perfectamente podría mutar en una serie de conflictos locales, en tanto Ankara busca realinear sus fronteras.

Si Turquía continúa en la OTAN, y si Estados Unidos persiste en mantenerse íntimamente atado a Ankara en lo logístico, las eventuales consecuencias podrían ser graves, con Washington nuevamente arrastrado a un Medio Oriente en ebullición, por las virtudes de una guerra para la cual ni se ha preparado, ni busca pelear.


Artículo original en inglés, en http://www.theamericanconservative.com/articles/turkey-and-the-next-war/ | Traducido y republicado con permiso del autor y de The American Conservative magazine (Estados Unidos)


 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios de EE.UU., y Director Ejecutivo del Council for the National Interest. Otrora articulista en la revista The American Conservative, Giraldi publica ahora en el sitio web Unz.com. En español, en El Ojo Digital.