INTERNACIONALES: TOM G. PALMER

Todos -incluso los políticos- deberían tomar responsabilidad por sus acciones

¿No es acaso interesante el modo en que los líderes de los gobiernos suelen emplear...

06 de Septiembre de 2016

¿No es acaso interesante el modo en que los líderes de los gobiernos suelen emplear la voz pasiva para referirse a sus malas decisiones? 'Se cometieron errores'; 'La inteligencia fue errónea'; 'Las cosas se salieron de control', etcétera. E incluso cuando dicen 'Me hago cargo', casi nunca lo llevan a la práctica, por ejemplo, renunciando a sus puestos, reembolsando fondos o siquiera pidiendo disculpas a las víctimas por aquellas malas decisiones. Solo siguen haciendo lo que estaban haciendo, casi sin mirar atrás y sin compartir disculpas. Cualquier político estadounidense, por ejemplo, que declara: 'Me hago responsable', en realidad está intentando decirnos: 'Circulen... No hay nada que ver aquí'.

Sin embargo, los políticos suelen mostrarse dispuestos a hacernos responsables -a ciudadanos y contribuyentes- por obedecerlos y por pagar impuestos. Si los contribuyentes y los ciudadanos comunes fallan a la hora de obedecer, es probable que los políticos den el paso y les caigan con la fuerza de un martillo.

CorrupciónLa sentencia 'Me hago responsable' fue oída en conexión con algún candidato presidencial en EE.UU., de tal suerte que evitaré referirme a asuntos que podrían categorizarse como partidistas y, en lugar de ello, me referiré a cierto episodio de algunos años atrás en donde las decisiones de cierto funcionario/a condujeron a la muerte de 26 niños. Tras resultar incinerados esos niños en las instalaciones de Waco, Texas, la Fiscal General de Estados Unidos, Janet Reno, se refirió a las causas: 'Tomé la decisión, soy responsable, la responsabilidad termina en mí, y nadie jamás me ha acusado de rehuír de una decisión que tomé basándome en la mejor información con la que contaba. No tergiverso las cosas, y no tomo distancia de nada ni de nadie. Les digo esto tal como exactamente sucedió'. ¿Y después? Nada sucedió. Reno no fue a prisión por las muertes de aquellos niños, ni tampoco por las mentiras deliberadas que expresó bajo juramento. Y tampoc nadie más fue a la cárcel, cuestión que sí les sucedió a aquellos que sobrevivieron al ataque.

Ninguna ley puede llevarse a la práctica por el mero empleo de la violencia. La totalidad de las leyes exigen al menos algún grado de cumplimiento voluntario. Esto es bastante más cierto para el Estado de derecho que para edictos y ordenanzas, por cuanto el Estado de derecho demanda que los agentes del gobierno -que tienen el poder- se sometan voluntariamente ante las reglas, de las que eventualmente podrían escapar a través del ejercicio ilegal de sus poderes. La responsabilidad y el autocontrol son elementos críticos para el disfrute de la libertad; factor que aplica por igual a las fuerzas de policía, a los políticos y a los burócratas (no solo a los ciudadanos). En efecto, la responsabilidad no está destinada exclusivamente a contribuyentes y ciudadanos.

El Estado de derecho no remite a la sumisión de la ciudadanía sin cuestionamientos de cara a exigencias interpuestas por funcionarios del gobierno -en modo alguno es esto así. Antes bien, el Estado de derecho es un ingrediente esencial, no en un formato de servilismo, en la libertad. Cada persona, incluyendo a los agentes del gobierno, exhiben responsabilidad por la observancia del Estado de derecho, que no es lo mismo que la emisión de edictos y ordenanzas respaldados por la fuerza. El Estado de derecho remite a reglas en general. Conforme lo apuntara el Premio Nobel Friedrich A. Hayek en su Camino de Servidumbre:


'Bajo el Estado de derecho, el gobierno se encuentra impedido de estultificar esfuerzos a través de la acción ad hoc. Dentro de las reglas conocidas del juego, el individuo es libre de perseguir sus propios fines y deseos, garantizándose que los poderes gubernamentales no serán utilizados deliberadamente para fustrar sus esfuerzos'.

Este patrón se repite, una y otra vez. Los ciudadanos de a pie pueden ser multados, enviados a prisión e incluso asesinados, de manera tipificada o por error. La violación de las leyes, e incluso una orden ilegal, remitirá a reprimendas impiadosas para los ciudadanos comunes -y no tendrán lugar allí repercusiones para funcionarios del gobierno. Los funcionarios del gobierno rara vez son tenidos como responsables por violaciones deliberadas de las leyes que los rigen, o por juramnetos que realicen para respaldar tales leyes. Y eso debe cambiar. Todo mundo debe ser responsable, y nadie debería situarse por encima de la ley.

 

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