ESTADOS UNIDOS: PHILIP GIRALDI

Remanente del informe sobre el 9-11

Los meses de presión sobre la Administración Obama para que ésta liberase...

05 de Septiembre de 2016
Los meses de presión sobre la Administración Obama para que ésta liberase las '28 páginas' redactadas del informe del 9-11 (en relación al posible involucramiento saudí), finalmente rindieron fruto el 15 de julio próximo-pasado. A criterio de estar seguros, se registró borrado de textos para proteger identidades y fuentes, pero el documento producido por la Casa Blanca fue bastante completo. El director de la CIA, John Brennan, asistió proporcionando 'control de daños' previo a la publicación de los datos, argumentando que gran parte de la información contenida en la sección redactada consistía de información 'cruda' y no contrastada, sugiriendo que aquella podría no ser completamente confiable, mientras que algunos que habían leído el documento completo revelaron (a través de filtraciones) que no habría 'grandes revelaciones' al exponerse el involucramiento directo de sauditas en los eventos del 9-11.
 
Bandera, EUALa publicación del documento produjo una breve conmoción en los medios pero, acaso intencionalmente, la historia desapareció en la avalancha de los informes sobre las convenciones de los partidos políticos. Había allí una buena cuota de nueva información, aunque gran parte de ella sirvió para corroborar o ampliar sobre aquello que ya se sabía. Un ítem que, en lo personal, hallé particularmente interesante, relataba cómo, en 1999, dos hombres de nacionalidad saudí tomaron un vuelo desde Phoenix hacia Washington, D.C., para llevar a cabo una pretendida visita a la embajada de Arabia Saudí, a los efectos de asistir a una fiesta; este dato dio lugar a numerosas preguntas en relación a la seguridad del avión -los hombres intentaron varias veces ingresar en la cabina, y afirmaron que sus boletos fueron pagados por la embajada saudí.
 
Existe una vinculación directa entre algunos de los secuestradores de aeronaves del 9-11 y presuntos agentes del gobierno saudita, pero las 28 páginas de referencia no aportan información alguna que sugiera en nivel alguno que alguien sabía de personas involucradas en una conspiración terrorista. De hecho, y conforme un ex oficial de inteligencia supo relatarme en persona, los datos ahora conocidos sugieren que, con mayor probabilidad, los sauditas estaban siguiendo a algunos ciudadanos sobre los cuales pesaba la sospecha de actividades extremistas. Hay allí numerosas pistas en el texto, al respecto de que los sauditas estaban conduciendo, agresivamente, operaciones contra conciudadanos que eran parte de la diáspora. El informe apuntó, en reiteradas ocasiones, que los sauditas fallaron a la hora de cooperar de manera extensiva con los investigadores estadounidenses de contraterrorismo previo al 9-11 -lo cual no sería sorprendente si, en todo caso, los sauditas actuaban en simultáneo y de manera independiente.
 
El rol central en el relato, quien directamente asistió a algunos de los secuestradores de aeronaves -un tal Omar al-Bayoumi-, fue descrito como un oficial de inteligencia NOC ('Non-official cover'; N. del T.: sin cobertura oficial, esto es, oficial de inteligencia no declarado a través de canales oficiales), pero el modo en que al-Bayoumi fue financiado (esto es, de manera irregular) sugiere que pudo haber sido una fuente o bien un informante -y no un case-officer del gobierno saudí (muchos otros ciudadanos sauditas identificados en las 28 páginas encajan con idéntico perfil). Al-Bayoumi tomaba contacto periódico con Fahad al-Thumairy, empleado del consulado saudita en Los Angeles (California), en el formato de relación oficial de inteligencia-controlador.
 
El documento de referencia no demuestra intento alguno del gobierno de Riad a la hora de capacitar a sus ciudadanos para ejecutar un atentado terrorista en suelo estadounidense, como tampoco aporta conocimientos en relación a nada similar que pudiere haberse puesto en práctica. Asimismo, también debería notarse -en cualquier caso-, que la Administración Bush claramente consideraba a Arabia Saudita como un amigo especial, y que el ex presidente ordenó al FBI y la CIA que no investigaran agresivamente las operaciones de inteligencia sauditas en los Estados Unidos y en el concierto global. Ya fuere que ello estableciera diferencia alguna en términos de lo que luego estaría llamado a suceder, no puede determinarse.

 
Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios de EE.UU., y Director Ejecutivo del Council for the National Interest. Otrora articulista en la revista The American Conservative, Giraldi publica ahora en el sitio web Unz.com. En español, en El Ojo Digital.