ECONOMIA INTERNACIONAL: GABRIELA CALDERON

Ecuador: ¿es un problema el déficit comercial?

Numerosas autoridades del gobierno ecuatoriano han venido celebrando que el déficit...

28 de Agosto de 2016
Numerosas autoridades del gobierno ecuatoriano han venido celebrando que el déficit en la balanza comercial se haya convertido en superávit. No parece importarles que el desempleo esté incrementándose, ni que las proyecciones de crecimiento de la economía se mantengan negativas (-4% en 2016 y 2017 según el Banco Mundial (1) y similares proyecciones del FMI (2)). Esto debería empujarnos a cuestionar el saldo en la balanza comercial como un indicador acerca del estado de una economía.
 
Correa, CFKMi colega Daniel Ikenson (The Cato Institute) suele decir que es errado considerar la balanza comercial como un marcador. En un artículo reciente señaló que Estados Unidos cumple este año 41 años consecutivos de registrar déficit en su balanza comercial y explica que lejos de ser una señal de debilidad, 'el déficit comercial anual es una señal de la hegemonía económica de EE.UU. —un respaldo global a la fortaleza relativa de la economía estadounidense y de su dirección'.  Agrega Ikenson:
 
'Durante esos 41 años consecutivos de déficit en la balanza comercial, la economía estadounidense se triplicó en tamaño, la manufactura real de valor agregado se cuadruplicó, y el número de empleos en la economía casi se duplicó'.
 
Los mercantilistas modernos refieren que un déficit comercial es algo malo, pues nos estarían empobreciendo los extranjeros. Todo déficit comercial debe financiarse de alguna forma y por eso viene acompañado de un superávit en la cuenta capital. Mientras que el déficit en la balanza comercial no importa, si importa es en qué se está gastando determinado país ese superávit en la cuenta capital. Si la mayoría se destina a inversiones realizadas por el sector privado, ese déficit refleja la confianza de los extranjeros en nuestra economía, lo que a su vez genera mayor inversión, producción y empleo. Si, en cambio, la mayoría se destina a financiar el gasto público, acabamos con una deuda pública insostenible.
 
Así que la balanza comercial es un indicador irrelevante acerca del estado de una economía. Por ejemplo, Venezuela ha tenido un superávit promedio en su cuenta corriente de 7,4% entre 2000 y 2015 mientras que Panamá ha registrado un déficit promedio de -6,6%.3 Pero una de las economías estrella de los últimos años en Latinoamérica ha sido Panamá, mientras que Venezuela está colapsando. Tampoco olvidemos que la última vez que nuestra balanza comercial estuvo así de “bien” fue en el año 2000, cuando estábamos todavía en medio de la crisis financiera y sin necesidad de que se implementaran salvaguardias ni toda la tropelía de barreras arancelarias y no arancelarias al comercio que se han venido implementado desde 2009.
 
Pero, aquí, siguen con el cuco del déficit comercial. No sorprende, dado que la propaganda que lo ensalza proviene de un gobierno cuyo presidente y Secretario de Educación Superior, Ciencia y Tecnología e Innovación no entienden conceptos tan básicos como las ganancias del comercio derivadas de la división internacional del trabajo y de las ventajas comparativas. En una sabatina celebraron que Ecuador haya logrado fabricar cables de fibra óptica y que incluso podría llegar a fabricar sus propias computadoras. Claro que sí, si ya logramos fabricar el nanosatélite Pegaso y podríamos hacer muchas otras cosas. La pregunta es a qué costo, para qué y con plata de quién. 
 

Referencias

1. Global Economic Prospects, Banco Mundial, Junio de 2016, p. 130.
2. World Economic Outlook. Fondo Monetario Internacional. PIB precios constantes, cambio porcentual.
3. Base de datos World Development Indicadors del Banco Mundial.

 
Sobre Gabriela Calderón de Burgos

Es Magister en Comercio y Política Internacional de la George Mason University y graduada con un título de Ciencias Políticas con concentración en Relaciones Internacionales de la York College of Pennsylvania. Se desempeña como Editora de ElCato.org. investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo (Ecuador) desde enero del 2006. Sus artículos y papers son publicados regularmente en otros periódicos de Latinoamérica y España.