POLITICA: DR. ROBERTO PORCEL

¿Es esto vivir en democracia?

Tenemos una Presidente de la Nación denunciada por encubrimiento y traición a la Patria...
20 de Enero de 2015
Tenemos una Presidente de la Nación denunciada por encubrimiento y traición a la Patria, al igual que su Canciller. El Fiscal General a cargo de esa denuncia fue encontrado muerto en misterioas circunstancias, apenas horas antes de exhibir las pruebas respectivas ante una Comisión del parlamento. La Procuradora General de la Nación ha sido denunciada por sus propios fiscales a raíz de haber violado la Constitución, en tanto la misma se exhibe enfrentada de forma manifiesta con el Poder Judicial. Se asiste a fiscales militantes enrolados en una corriente política afín y defensora del gobierno, pronunciándose contra fiscales que defienden la independencia de la administración de justicia. En paralelo, un Vicepresidente de la Nación resulta procesado en múltiples causas, y el personaje ni siquiera se enrojece. Contamos con un servicio de inteligencia inmerso en un completo desbarajuste, en el cual parecieran reinar las luchas intestinas y la vendetta personal entre sus elementos.

Los ciudadanos hemos llegado a oír, absortos, al Ejecutivo y a los legisladores oficialistas afirmar alegremente que el deceso del fiscal pudiera haber obedecido, precisamente, a la actividad de alguno de los núcleos de inteligencia que -se supone- deben controlar. Otra explicación que también promociona la primera magistratura es que el responsable de todo este delirio debe rastrearse en el Grupo Clarín, el cual solo reflejó, en uno de sus titulares, el orgulloso marchar de ciudadanos franceses contra el terrorismo internacional, tras el sangriento atentado contra la editorial Charlie Hebdo; a esa marcha, el repreentante argentino de las Relaciones Exteriores concurrió a título personal, nunca en carácter oficial. En la opinión profesional del Jefe de Gabinete de Ministros, un complot mediático de orden nacional habría buscado ocultar el sonoro éxito de la temporada estival... en Mar del Plata.

Como si el panorama de referencia no fuese suficiente, las denuncias por corrupción se acumulan -tanto dentro como fuera del país. Hombres de negocios peligrosamente cercanos a la Presidente son investigados por lavado de activos. Más deplorable aún es que una porción mayoritaria de los negocios de estas personas se entrecruzan con obscuros acuerdos rubricados en sociedades que se exhiben como propiedad de la Presidente y/o su familia. En algunos casos, incluso suele suceder que un puñado de empresarios administraban bienes que, en rigor, son parte del pecunio de la jefe de Estado y su núcleo familiar.

Y la trama no se agota allí. También de manera casual, los mismos señores de empresa involucrados resultaron beneficiarios de importantes licitaciones de obra pública, sobre todo en la Provincia de Santa Cruz, distrito en donde reside desde hace muchos años la familia de la propia Presidente. Una vez más -y en el tren de estos procesos-, ha tenido lugar un enfrentamiento entre fiscales militantes y fiscales independientes. Desde la Procuración, se buscó destituir a fiscales por el solo hecho de investigar; los funcionarios judiciales que se desempeñan en sectores independientes acusaron, a su vez, a los militantes de no hacer lo propio.

En un país que exhibe una economía francamente devastada, en donde el cepo al dólar y la aniquilación del comercio exterior han conducido al absurdo de la escasez de tampones, la corrupción, la crisis de la seguridad y, ahora, la incertidumbre sobre quién nos cuida -o quién nos mata- elimina radicalmente todo vestigio de optimismo (más difícil todavía es poder vivir en paz y tranquilidad). Acaso en forma definitiva, la dirigencia política parece hacer causa común con la ilegalidad antes que con el Estado de Derecho; casi podría decirse que la política comparte un formato policial.

Optar por vivir en democracia significa elegir vivir en libertad, con alegría. En una nación en la que reinan las denuncias por corruptela, donde los amigos y socios de la Presidente parecieran ser los exclusivos beneficiarios de interminables favores y obra pública, en donde los ciudadanos de bien son reprendidos por pensar diferente, donde el Estado de Derecho naufraga víctima de una puja entre magistrados y fiscales, desde luego no es posible vivir con esa alegría y libertad, constitutivas de un verdadero sistema democrático. Ni qué hablar a partir de la muerte del fiscal Alberto Nisman.

En la noche del lunes, el pueblo en su conjunto se manifestó a lo largo y a lo ancho del país para expresar -con todo derecho- su disgusto, su tristeza e impotencia ante tan grave hecho. La triste desaparición de Nisman solo logra exarcebar ese estado de descomposición que carcome a nuestra democracia. Sin lugar a dudas, el episodio ha conmovido el espíritu de todos los argentinos.

A quien corresponda, va dirigida la pregunta inevitable: ¿es esto es vivir en democracia?

 
Sobre Roberto Porcel

Es Abogado en la República Argentina, especialista en Derecho Comercial y experto en temas relativos a la falsificación marcaria. Socio en el Estudio Doctores Porcel, fundado en 1921. Los textos del autor en El Ojo Digital pueden consultarse en http://www.elojodigital.com/categoria/tags/roberto-porcel.