INTERNACIONALES : LIC. SANTIAGO PEREZ

En camino hacia un nuevo orden mundial

El mundo se dirige hacia una reconfiguración del orden internacional...

05 de Febrero de 2014
El mundo se dirige hacia una reconfiguración del orden internacional. Esta afirmación fue, probablemente, una de las más repetidas a lo largo de los últimos años. Iniciado el siglo XXI, el proceso de pos Guerra Fría comenzó a extinguirse. Nacía, de esta manera, un nuevo ciclo, en el cual la novedad excluyente sería el fin de la unilateralidad. A partir de la disolución de la Unión Soviética en 1991, Estados Unidos gozó de una posición de poder virtualmente absoluta dentro del esquema internacional. Este escenario de hegemonía norteamericana comenzó, iniciada la presente centuria, a verse cuestionado. Como consecuencia de una alteración en los términos del intercambio, el crecimiento del precio internacional de las materias primas y la ralentización de las economías desarrolladas, distintos actores emergentes comenzaron a ganar protagonismo internacional. La tesis de los BRIC, difundida por Goldman Sachs en 2001, aportó estructura teórica al análisis de este incipiente nuevo equilibrio. Brasil, Rusia, India y China serían, en teoría, los países que liderarían el crecimiento mundial. Esta tendencia, sumada al estancamiento estadounidense, configurarían, de cara al futuro, un renovado orden mundial de estructura multipolar. El estallido de la crisis financiera internacional en el año 2008 pareció terminar de diagramar el nuevo mapa económico. El panorama remitió a un mundo desarrollado en crisis -catalogada por algunos aventurados como terminal- y con las naciones emergentes en vigoroso crecimiento, transformadas en la nueva locomotora de la economía mundial. Todas las variables se alineaban para dar inicio a una nueva etapa.
 
Pero las tendencias cambian, sobre todo cuando entran en juego los caracteres cíclicos de la economía. A diferencia de lo sucedido desde 2008 a esta parte, las naciones desarrolladas parecieran haber logrado superar lo peor de la crisis y comienzan a dar signos de recuperación, siendo Estados Unidos un claro ejemplo de ello. Solo por citar un dato reciente, en el último trimestre de 2013 el PBI norteamericano se expandió un 3,4% (en proyección anual), cifra nada despreciable. La mejora en las condiciones domésticas ha llevado a la Reserva Federal a disminuir sus paquetes de estímulo y con ello a restringir la liquidez internacional. Este nuevo escenario ha hecho tambalear las monedas de los hasta ahora sólidos países emergentes. Desde Brasil, hasta Sudáfrica y Turquía, todos han sufrido los efectos del cambio en la ecuación monetaria. La influencia norteamericana en las finanzas mundiales pareciera mantenerse intacta.

¿Se dirige el planeta hacia un nuevo orden mundial? Los analistas deberán sacar sus propias conclusiones. Con toda probabilidad, el único competidor real frente a la supremacía económica estadounidense sea la República Popular China. Desde las reformas iniciadas por Deng Xiaoping en 1978, el gigante asiático crece a tasas superiores al 10% anual. Se trata de un fenómeno de alguna forma exógeno al "superciclo" de los commodities que alimentara el boom de las economías emergentes. Las proyecciones de crecimiento para 2014 de Brasil (2%), Rusia (1,5%), India (5%) y Sudáfrica (2,7) han disminuido a tasas porcentuales equiparables a la estadounidense (2,8%). China, aún algo desacelerada, continúa expandiéndose bien por encima de la media mundial. Mientras el PBI global crecerá 3% en 2014, la economía china lo hará en un 7,5%. En otras palabras, Pekín  continúa acercándose a Washington y, de mantenerse las tendencias, algún día podría superarlo.
 
De todos modos, el económico es solo un ángulo desde el cual interpretar la realidad global. Con el devenir del fin de la Posguerra Fría y el arribo de este incipiente balance de poder multilateral, EE.UU. no ha visto alterada mayormente su capacidad de acción. De hecho, el único freno real a las ambiciones de la Casa Blanca ha sido, paradójicamente, el Kremlin. Resulta que los dos únicos actores con preeminencia militar (y política) lo suficientemente sólida como para generar algún tipo de contrapeso el uno al otro son, precisamente, una derivación de los otrora archienemigos de la Guerra Fría. Así, al menos, quedó demostrado en la Guerra de Georgia de 2008 y en la sangrienta e interminable crisis siria. Moscú ha logrado interponer un límite a las ambiciones norteamericanas, consiguiendo mantener a los militares de EE.UU. fuera de su área de influencia directa, algo que no se alcanza precisamente pidiendo permiso. La pulseada ruso-norteamericana demuestra que, en lo que respecta a factores de poder militar, no mucho ha cambiado. La "lejana" China vuelve aquí a ubicarse como una pieza relevante en el tablero geopolítico. Su presupuesto de Defensa crece de manera sostenida, posicionándose ya en el segundo escalafón del ranking mundial del gasto en este área. Asimismo, las tensiones del país asiático con Estados Unidos en torno de las disputas de soberanía sobre el Mar de la China Meridional representan, acaso, el mayor foco de tensión internacional de cara al futuro. Se trata, ni más ni menos, que de una pulseada entre las dos mayores potencias económicas del planeta.
 
Ya sea por su capacidad económica, militar, demográfica, geográfica o por una suma de estas variables, el único actor capaz de mover los simientos del equilibrio de poder planetario pareciera ser la República Popular China. Aunque quizás ello no represente una gran novedad: el potencial de esta milenaria nación se presentaba previsible, previo a la difusión de la tesis de los BRIC y trabajos relacionados.
 
Por último, es importante recordar que, a pesar del transcurso del tiempo, la arquitectura política internacional se muestra hoy anacrónica e inalterable. El status quo emanado del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aún respeta la lógica derivada de los resultados de la Segunda Guerra Mundial. Situación que le permite (por ejemplo) a Francia, potencia en debatible decadencia, operar militarmente y a voluntad en sus antiguas colonias. Las recientes intervenciones en Mali y en la República Centroafricana así lo demuestran. ¿Una nación europea en crisis exhibe mayor capacidad que una potencia emergente? En efecto, así es. Ni siquiera Alemania y Japón, superpotencias económicas, han logrado salirse del apretado cinturón militar impuesto por Los Aliados tras la caída del Eje, hace ya casi siete décadas.
 
En virtud de lo expuesto, sirve preguntarse si el horizonte invita a considerar la configuración de un nuevo orden mundial. Precisamente, de eso se trata: de invitar a la reflexión en pos de la dinámica y el futuro de la compleja realidad internacional.
 
 
Sobre Santiago Pérez

Es Licenciado en Relaciones Internacionales. Observador de la política internacional desde el enfoque realista, es columnista de una decena de medios gráficos y digitales del mundo de habla hispana. Reside en Río de Janeiro, Brasil, y publica regularmente en su sitio web Equilibrio Internacional.