INTERNACIONALES: LIC. SANTIAGO PEREZ

Mercosur: estado de situación

Las negociaciones con la Unión Europea y el acercamiento a Centro América y el Caribe. Oportunidades, desafíos y la necesidad del bloque de abandonar el presente estado de parálisis.

07 de Noviembre de 2013
La pasada semana, el Mercosur celebró una nueva cumbre. Ministros y cancilleres se dieron cita en Caracas, con el objetivo de reactivar la agenda regional.
 
El primer aspecto tratado fue la propuesta de creación de una zona económica complementaria que introduzca al ALBA a Petrocaribe y al Caricom Twitter, Lic. Santiago Pérez(Comunidad del Caribe). Si bien en principio se trataría de un acuerdo de tipo económico-comercial, es altamente probable que este anuncio no pase de lo estrictamente discursivo. La estructura arancelaria del Mercosur es marcadamente rígida, por lo que, en la práctica, se torna muy difícil que estos tres bloques o asociaciones logren beneficios considerables en el corto plazo.

La cumbre de Caracas fue la primera en la que Venezuela ejerció la Presidencia pro témpore del bloque, y era esperable que el gobierno de Nicolás Maduro aprovechara las ventajas de la localía. Desde hace ya mucho tiempo, la nación caribeña intenta expandir su influencia en Centroamérica y el Caribe; la construcción geopolítica de Hugo Chávez se orientaba en tal sentido. El petróleo de la Cuenca del Orinoco fue de utilidad para cosechar apoyos en aquella región, y la pertenencia al Mercosur como herramienta de poder no podía ser desaprovechada.
 
El segundo asunto abordado en el cónclave fue el ya convenio entre el Mercosur y la Unión Europea. Las conversaciones entre los bloques dieron inicio en el año 1999 y, si bien ha transcurrido más de una década, lo cierto es que no se han conseguido avances considerables. El hecho de que trece años de diálogos no hayan sido suficientes para liberar el comercio entre el nuevo y el viejo mundo representan un innegable fracaso. Es posible también que este estancamiento no sea fruto de la incapacidad, sino del desinterés. En opinión de analistas internacionales, existe la sensación de que los gobiernos de los países miembros desearan mostrarse en estado de deliberaciones permanentes con un cuerpo supranacional tan importante como lo es el europeo, pero jamás integrados formalmente, acaso como si la fase que hace al debate otorgara alguna suerte de rédito político. Si se configura un análisis detallado, podrá advertirse que no existe la voluntad política necesaria para alcanzar un acuerdo real. Mientras Brasil y la Argentina trabajan desde hace años en entorpecer la libertad de comercio que, en teoría, pregona el Mercosur, resulta difícil pensar que todos los participantes -incluídos aquellos que portan una visión más proteccionista- anhelen abrir las puertas al intercambio sin restricciones con la mayor economía mundial. En ocasiones, se pierde de vista este pequeño pero importante detalle. Con un PBI nominal de 17 billones de dólares, una población 500 millones de habitantes y una composición de 28 países, la Unión Europea es, a pesar de la crisis, la principal economía del globo. La decisión de levantar la compuerta al libre flujo de mercaderías con un gigante -incluso mayor que los Estados Unidos- no es nada fácil. 
 
Trece años de diálogos, misiones transatlánticas y millones invertidos en salarios de burócratas internacionales podrían haber conducido a algún tipo de resolución. ¿Corresponde decir o No al acuerdo con Europa? La respuesta no llega; subsisten las dudas. De todas maneras y, al decir del viejo refrán, lo último que se pierde es la esperanza. Se ha confirmado, mientras tanto, una reunión extraordinaria del Mercosur para el próximo 15 de noviembre, nuevamente en Caracas. ¿Con qué objeto? Para volver a discutir la presentación ante la Unión Europea.
 
Desafortunadamente, el cónclave no logró cosechar avances en las cuestiones realmente importantes, esto es, progresar en la eliminación de las barreras que de hecho existen al comercio intrabloque. Porque, si bien se trata en teoría de una unión aduanera, las excepciones, cupos, trabas y barreras para arancelarias, continúan allí. Acaso sería esperable que una asociación de este tipo se preocupe por eliminar, aunque más no sea paulatinamente, esta suerte de obstáculos. De nuevo, lo que se requiere es decisión política; valor que, precisamente, escasea.
 
En un mundo cada vez más integrado e interconectado, el Mercosur es una alternativa válida. Lo que se ha construído en todos estos años es importante; debe ser protegido y profundizado. El estancamiento y parcial retroceso por el que atraviesa la unión podría funcionar como una llamada de atención. Si los líderes regionales no trabajan en alcanzar consensos políticos que permitan corroborar avances, las voces partidarias de la integración internacional independiente cobrarán mayor peso. En Brasil y la República Oriental del Uruguay, ya hay quienes impulsan negociaciones autónomas, por fuera de la inmóvil estructura del bloque. Es necesario llevar al campo comercial las conquistas obtenidas en el plano político. La salida de la parálisis es una responsabilidad indelegable que pertenece, en forma excluyente, a los propios representantes del Mercosur.



 
 
Sobre Santiago Pérez

Es Licenciado en Relaciones Internacionales. Observador de la política internacional desde el enfoque realista, es columnista de una decena de medios gráficos y digitales del mundo de habla hispana. Reside en Río de Janeiro, Brasil, y publica regularmente en su sitio web Equilibrio Internacional.