POLITICA: MATIAS E. RUIZ

El salto al vacío de Ricardo Lorenzetti

Tras conocerse el fallo favorable de la Corte Suprema de Justicia frente a la Ley de Medios Audiovisuales oficialista, el presidente del máximo tribunal...

05 de Noviembre de 2013

Tras conocerse el fallo favorable de la Corte Suprema de Justicia frente a la Ley de Medios Audiovisuales oficialista, el presidente del máximo Twitter, Matías E. Ruiztribunal se ha involucrado de lleno en una campaña personal en todo espacio de prensa disponible, con el propósito de contener la sanguinolenta marejada de críticas que ha comenzado a endosarle una peligrosa cercanía con Balcarce 50 y sus impetuosos moradores.

A estas alturas, parece insoslayable que el esfuerzo de Ricardo Lorenzetti ha cosechado el efecto contrario al originalmente buscado. La alta exposición encarnada por el magistrado, más las justificaciones que posteriormente compartiera in córpore o por vía telefónica a los matutinos, sirvieron al ciudadano de a pie (rara vez interesado en temáticas de índole judicial) para formarse una idea sobre el letrado rafaelino. Y no precisamente para relacionarlo con valoraciones positivas: Lorenzetti es percibido hoy como un auténtico par de Norberto Oyarbide, conforme sirve recordar que el juez federal residente en el barrio porteño de Recoleta comenzó a desandar el camino hacia su interminable averno personal apenas se decidió a rescatar a la Presidente de las inenarrables torpezas operativas plasmadas en su declaración patrimonial.

Así, pues, el bueno de Lorenzetti reduce a cenizas su propia foja de servicios, aventurado en las mismas fases que servirían para tipificar el comportamiento de no pocos funcionarios empantanados en el descrédito: desconocimiento -instancia en la que la lejanía ante la opinión pública sirve al propósito del resguardo o la autoprotección del actor-; compromiso -moméntum en que el personaje bajo análisis toma abierta posición por alternativas que portan el potencial de demoler su imagen-; y justificación -proceso en el que el protagonista no contempla otra salida que aferrarse a cualquier método válido, con tal de que su carrera y ambiciones ocultas no se licúen en algún pútrido alcantarillado-. El desprestigio -sobra decirlo- es la última parada en esta autopista de alta velocidad hacia el oprobio y la enajenación intelectual. Ricardo Lorenzetti ha aterrizado de narices en esta suerte de "recta final", convocado a acopiar padecimientos bastante más cruentos que los que aguardan a, por ejemplo, personeros del kirchnerismo en el futuro. Porque de éstos no se esperaba otra cosa y, a la hora de considerar al supremo, gran parte de la ciudadanía aún cobijaba esperanzas.

Peor todavía: el hombre de negocios de Rafaela ha contribuído con flaco favor a sus colegas en el seno de la corporación judicial. La opinión pública ya se encontraba notificada frente a la poco elegante cohesión molecular que siempre ha conjuntado a jueces y dirigencia política. El problema es que la postura candente de Lorenzetti en lo que a la Ley de Medios respecta es que su voto ha puesto en la "agenda de la gente" aquella relación, antes adyacente y que solía pasar bastante inadvertida. Ahora, la credibilidad de la Corte Suprema se muestra en jaque.

En la hora del quebranto, se vuelve necesario desglosar el listado de enemigos actuales y/o potenciales que hacen a la figura del letrado, conforme cada uno de ellos influye (o bien lo hará, próximamente) en los modos y procedimientos del interesado, a saber:

- Un espectro creciente de la "familia judicial", sobradamente disconforme con el proceder mediático de Lorenzetti y su pasmosa adscripción a lo que sus integrantes consideran "políticas neofascistoides" del Gobierno Nacional. Se trata de los mismos que motorizan una iniciativa local lindante con el mani pulite romano, fórmula que oportunamente pusiera término a las conexiones más gravosas entre diferentes liceos mafiosos y encumbrados enlaces en la clase política de la península. El razonamiento: la vecindad de ciertos jueces con la política amenaza con llevarse puesta a la administración de justicia en su totalidad; ergo, se exige remover de la ecuación o, cuando menos, aislar a todo aquel miembro que comprometa la existencia misma de la corporación y su raison d'être.

- El espionaje castrense, que ha invertido tiempo en anticiparle al magistrado de la Corte las consecuencias del denominado fallo Zanotti, del cual aquél es autor y cuyos prolegómenos alcanzan una profundidad tal que aún se desconocen sus aspectos más sombríos. El fallo en cuestión detonó los salarios del sector, retirado y en actividad. Y que -de acuerdo a fuentes- tiene su origen en las presiones ideológico-presupuestarias esbozadas por el tristemente célebre clan Verbitsky-Garré-Milani, lumbreras que amplifican el calibre de sus orgasmos emprendiéndola contra la propiedad privada (siempre que no se trate de la propia).

- Los (ex) comanditarios comerciales de don Ricardo en diversos emprendimientos en la Provincia de Santa Fe y áreas de influencia. Visiblemente perturbados por la ruidosa exposición del letrado en los medios, estos han puesto en marcha un mecanismo de doble vía, que tiene por fin cubrir sus espaldas, por un lado, y filtrar información puntual sobre Lorenzetti a la prensa nacional, por otro. Siempre con el objetivo no declarado de, convenientemente, resguardar sus negocios, y oficiando también como grupo de presión en las sombras.

- La superestructura de la corriente judicial de filiación pro-gubernamental cuyo liderato encarna su colega Eugenio Raúl Zaffaroni, único miembro del tribunal que no precisa audiencia para mostrarse en la Quinta Presidencial de Olivos, y que -en un comentado desliz- blanqueara la existencia de febriles "alegatos de oreja". Este claustro sinergiza en metodología y operaciones con el Secretario Legal y Técnico Carlos Zannini, y tiene en sus manos la faena de recordarle al protagonista del presente análisis que ya no le será tolerado retroceder en su apoyo a la Administración, muy a pesar de los costos ("Pacta sunt servanda", es la expresión latina que popularizaría la irreverente Elisa Carrió).

- El consorcio mediático-empresarial bajo comando de Héctor Magnetto, cuyos escribas dedicarán más horas/hombre a esmerilar a Lorenzetti, en "pago" por su voto favorable a la polémica legislación que tiene a Martín Sabbatella en el rol estelar de agent provocateur venido a menos. Espectrograma en donde cabe apuntar que, no por particionarse en los "seis miniclarines", el Grupo dividirá poder de fuego. Antes bien, se presume todo lo contrario: las señales del consorcio servirán de catalítico para cada vez más furibundos consumidores de análisis y noticias anti-K. Acción y reacción.

- Un puñado de legisladores de la oposición atomizada, que han hecho de los pecadillos de Lorenzetti una agenda política que gana cada vez mayor terreno ante la opinión ciudadana. Responsables, en último término, de posicionar ante el periodismo al presidente de la CSJN como un individuo "apretable" (para citar el concepto utilizado por cierto notable operador de la Casa Rosada), decidido a intoxicarse en una cruzada orientada a rescatar a una devaluada Cristina Elisabet Fernández Wilhelm de una debacle institucional de proporciones. Se trata de Diputados Nacionales que fundamentan su esquema retórico en la consabida "ley de compensaciones" de que suele echar mano el tribunal.

A la postre, el efecto colateral era esperable: el amontonamiento de carpetas y archivos confidenciales que versan sobre la figura de Ricardo Lorenzetti se ha convertido en una práctica casi cercana al deporte nacional.

Las conclusiones, mientras tanto, adquieren rango de obviedad: a la luz de la coacción y la profusión de intereses en juego, Lorenzetti simplemente no se encuentra en condiciones de seguir arbitrando como magistrado de la Suprema Corte de Justicia.

Acaso previendo esos masivos cuestionamientos, el Doctor ha reaccionado como lo haría cualquier dirigente político manchado, esto es, demandándole a sus pares que -como acaban de hacerlo hace cosa de horas- emitan un comunicado de apoyo. Lo que, en buen romance, solo puede leerse como acción corporativa. Praxis que -lícito es intuírlo- Lorenzetti parece haber calcado del manual de sus camaradas predilectos en el seno del Gobierno Nacional. "Ir por todo", que le dicen.
 

 

Matías E. Ruiz