POLITICA: MATIAS E. RUIZ

La coronación de la torpeza

El acuerdo con la República Islámica de Irán, como cierre perfecto para el siniestro círculo de las relaciones exteriores de la Argentina.

19 de Febrero de 2013

Cualquiera que se permita desandar el sendero de las iniciativas más polémicas elaboradas por el cristinismo desde su arribo al poder en 2007 contará, sin espacio para la duda, con abundante material para el análisis. No obstante ello, será difícil no acordar que el subsistema gobernante ha puesto de suyo para que la opinión pública pueda certificar, sin gran esfuerzo, que la República Argentina se ha apartado definitivamente del curso observado por Twitter, Matías E. Ruizla civilización occidental. En el país solo subsisten unas contadas migajas de capitalismo, solo al alcance de una clase pudiente dispuesta a pagar el abultado precio de, por ejemplo, bienes inmobiliarios ideados para el segmento ABC1 y traslados al exterior echando mano de recursos propios (dado que solo los sectores de alto poder adquisitivo pueden obsequiarse el lujo de adquirir moneda extranjera a precio de Blue). Porciones mayoritarias de la ciudadanía se encuentran avocadas hoy a la poco envidiable cotidianeidad de la supervivencia: el kirchnerismo en su versión cristinista ha redondeado una faena perfecta, ajustando "hacia abajo". "Pobreza para todos" podría resumir perfectamente el eslogan pergeñado en el scrapbook de Ernesto Laclau y que la Presidente Cristina Fernández Wilhelm de Kirchner se empecina en poner en práctica. Quedan fuera de esta consideración, desde luego, las clases altas y su más fiel representante, un cluster dirigente que jamás supo de privaciones ni de la estatura real de los precios en las góndolas del supermercado. Así las cosas, los argentinos nos hemos convertido en los poco felices integrantes de un gigantesco zoológico en el cual todo experimento es de lícita -y plausible- aplicación.

A la nación que, de manera lenta pero segura, se arrima cada vez más a un esquema protocapitalista, solo le faltaba aportar la cuota necesaria de coherencia desde sus relaciones internacionales. Y estos últimos diez años solo han sabido asistir a su programado bastardeo: a la sociedad de facto con la Venezuela castrochavista (que involucra, por cierto, a satélites de la cuestionable altura de Bolivia, Nicaragua o Ecuador), un cristinismo hambriento de piedras preciosas le endosó la amistad tan circunstancial como poco envidiable de la dictadura angoleña de José Eduardo Dos Santos. Tristemente célebre gira en donde no faltó una visita atiborrada de interrogantes a Azerbaiján, protagonizada por Guillermo Moreno y un puñado de entrepreneurs amigos surgidos de la oscuridad de la falsificación marcaria. Sin información que educara al ilustre visitante frente al hecho de que los negocios petroleros en aquellas tierras ya desde hace tiempo fueron clausurados entre la función pública local y ciertas potencias occidentales, el patético entourage remató en otro episodio de dilapidación de fondos en perjuicio del Tesoro Nacional. De ahí, el silencio relativo a las gestiones oficiales y sus resultados en la ex república soviética.

El epítome del aquelarre con modus operandi rocambolesco, representado por las RR.II. de la Argentina e inmejorablemente corporizado en el Canciller Héctor Timerman, sin embargo, estaría aún por verse. Este consistió -como no podía esperarse diferente- en la configuración del pacto de impunidad con la República Islámica de Irán, que las mismas voces que trocan "inflación" por "tensiones del crecimiento" han bautizado como "Comisión de la Verdad". En su más reciente columna en Diario Clarín (http://www.clarin.com/politica/justicia-peligroso-tener-razon_0_867513309.html), la intelectual Susana Viau sintetizó con presteza y contundencia los motivos por los cuales la Causa AMIA jamás siquiera rozó investigación alguna dotada del menor ápice de orden y procedimiento. Una fauna que pareciera haber surgido del mismísimo Inferno de Dante Allighieri -nutrida de los más execrables seres humanos surgidos de los servicios de inteligencia argentinos, la colectividad judía local, la Justicia y la dirigencia política- era, precisamente, la encargada de indagar sobre la elusiva verdad. Resultó, a la postre, que hasta los más altos dignatarios de la comunidad semita y numerosos familiares de las víctimas (en teoría, los damnificados primigenios) terminaron siendo presas de las jugosas oportunidades de negocio que dejó entrever la ocasión.

Pero limitar la variable iraní a las recurrencias imperfectas relacionadas con el factor AMIA sería injusto, si de lo que se trata es de contemporizar con los peligros que se ciernen sobre la República a partir de la amistad con Teherán. Baste decir que, no en vano, los medios de comunicación del planeta comienzan a hacerse eco -cada vez más- de la cercanía entre persas y venezolanos. Acaso sinergizando con la incidencia geopolítica regional que ha observado la enfermedad terminal que se lleva por delante a la capacidad intelectual de Hugo Chávez para recuperar su presidencia. Aún aquellos que gustan convencerse de la declamada inocencia de Teherán en el bombardeo de la mutual israelita porteña y de la imposibilidad de la relación que hace de argamasa entre el régimen del tándem Ahmadinejad-Khamenei con Hezbollah o Hizbulá (a base de la "negación plausible" al momento de ejecutar atentados terroristas), deberán tomar consciencia de que Irán no es la mejor opción para los intereses nacionales. A partir de cierto punto, es inaceptable que la defensa férrea de los intereses económicos personales y la militancia terminen ciñéndose a la promoción de las falseadas bondades de una nación racista como Irán y que -sin ánimo de ocultarlo- considera al occidental como un ser "impuro", un "infiel" o un "indigno".

Fundamentalmente -y más allá de consideraciones deontológicas-, la instancia presente es la menos indicada para rubricar convenio alguno con la República Islámica. En especial cuando, a mediano o a largo plazo, una intervención militar estadounidense en el Medio Oriente se encuentra garantizada y se complementa con sanciones económicas diagramadas al unísono entre Washington y la Unión Europea. Abundan las señales: el Estado de Israel hace incursiones periódicas con su fuerza aérea en territorio sirio (aliado de Teherán) testeando, en el proceso, los sistemas de alerta temprana de su contraparte iraní. Y los inspectores de la AIEA (la Agencia Internacional de Energía Atómica) certifican que el programa de enriquecimiento de material sensible en las centrales del país bajo análisis es cualquier cosa menos pacífico.

De cara a la empresa militar que el futuro le depara a Oriente Medio, la solidaridad que el gobierno argentino -en la figura de Cristina Kirchner y Héctor Timerman- edulcora para beneficio de la República Islámica podría hacer acreedor a nuestro país de, al menos, un grave compendio de sanciones que los argentinos podrían tener que abonar dolorosamente, de la mano de la suspensión de gran parte de su comercio exterior. No interesa cuánto se proponga alimentar sus fantasías la jefe de estado, porque la Argentina no vive realmente 'fuera del mundo'. Si el acercamiento con Irán sobreviene a cuenta de una minúscula potenciación del intercambio comercial bilateral y con el objeto de hacerse de un puñado de dólares extra, de poco servirá comprometer el todo para ganar, apenas, una parte.

A no ser que -como parece observarse- la arrogancia y la cerrazón de Cristina Elisabet Fernández Wilhelm la empujen en una empresa destructiva para alcanzar la coronación en la torpeza. Terminando de demoler lo poco que queda del país, cuando ni siquiera ha llegado a la mitad de su segundo período presidencial.

 

Matías E. Ruiz | Editor