El Cerco Energético: Cuba como segunda estación de la doctrina hemisférica de Washington
La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 no sólo alteró el mapa político venezolano: cortó el subsidio petrolero que sostenía a Cuba desde hacía dos décadas.
Resumen ejecutivo
La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 no sólo alteró el mapa político venezolano: cortó el subsidio petrolero que sostenía a Cuba desde hacía dos décadas. Siete meses después, la isla atraviesa un colapso energético con apagones nacionales recurrentes, un sistema sanitario en desintegración y una campaña de sanciones que ya alcanza a sus misiones médicas en el exterior. Díaz-Canel denunció el 73º aniversario del Moncada como escenario de un castigo colectivo destinado a provocar un estallido social.
I. De Caracas a La Habana: la secuencia causal
El 3 de enero de 2026, tras meses de despliegue naval y de ataques letales contra embarcaciones señaladas como transportistas de estupefacientes, fuerzas especiales estadounidenses ejecutaron una operación sobre Caracas que culminó con la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, trasladados a Nueva York para enfrentar cargos de narcoterrorismo, tráfico de drogas y armas. Trump declaró que Estados Unidos administraría el país hasta que se produjera una transición segura y prudente. El Tribunal Supremo venezolano ordenó a la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumir las funciones presidenciales.
La secuencia posterior fue vertiginosa. El 5 de marzo, tras siete años de ruptura, Washington y Caracas restablecieron relaciones diplomáticas y consulares. El 8 de marzo, durante la cumbre denominada Escudo de las Américas, Trump reconoció a Rodríguez como presidenta —llegó a calificarla de presidenta electa pese a no haber sido elegida— el mismo fin de semana en que se reunió con la líder opositora María Corina Machado. Marco Rubio anunció un plan de tres fases: estabilización, recuperación y transición, acompañado de un alivio sustancial de sanciones. Entre enero y marzo, organizaciones de derechos humanos verificaron la excarcelación de al menos 659 personas.
El efecto colateral sobre Cuba fue inmediato y probablemente calculado. La isla produce apenas alrededor del cuarenta por ciento del crudo que consume y dependía históricamente de los envíos venezolanos, que se interrumpieron abruptamente a comienzos de 2026. México suspendió poco después sus propios despachos ante el temor a represalias estadounidenses. El subsidio energético que había sostenido al modelo cubano desde el chavismo temprano desapareció en cuestión de semanas.
II. La arquitectura de la asfixia
La presión sobre La Habana es de naturaleza geoeconómica, no militar. Su columna vertebral es la Orden Ejecutiva 14404, del 1 de mayo, orientada a aislar financieramente al régimen, complementada por un decreto previo que amenaza con aranceles a cualquier país que venda o suministre petróleo a Cuba. Desde enero se han impuesto más de doscientas cuarenta sanciones, incluidas medidas personales contra el propio Díaz-Canel y su entorno familiar anunciadas el 4 de junio.
Las dos oleadas más recientes ilustran la lógica de precisión. El 13 de julio se designaron empresas estatales, grupos parapoliciales y organizaciones de la sociedad civil. El 23 de julio, el Departamento de Estado sancionó a nueve entidades respaldadas por el Estado cubano y a dos funcionarios —entre ellos el ministro de Salud Pública, José Ángel Portal Miranda—, apuntando al sector energético, a redes de elusión de sanciones y al programa de misiones médicas en el exterior, que Washington califica de trabajo forzoso y trata de personas.
El argumento estadounidense se apoya en la estructura de remuneración: sostiene que las autoridades cubanas retienen entre el cincuenta y el noventa y cinco por ciento de los honorarios abonados por los países receptores. Un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, citando estadísticas oficiales cubanas, consigna que los médicos perciben entre el 2,5% y el 25% de lo que esos países pagan a La Habana. La medida golpea simultáneamente la principal fuente de divisas y el instrumento más eficaz de poder blando del régimen.
El componente militar existe pero permanece en segundo plano: el portaaviones USS Nimitz fue desplegado en el Caribe el 20 de mayo en el marco de la operación Southern Seas 2026, y Trump ha declarado que Estados Unidos tomaría el control de la isla casi de inmediato, precisando en junio que se ocuparía de Cuba una vez concluido el expediente iraní.
III. El colapso material
Los indicadores son inequívocos. El 6 de julio, la red eléctrica nacional colapsó al mediodía y dejó sin suministro a unos diez millones de personas: fue el tercer apagón nacional en seis meses. Los cortes superan las treinta horas en la capital y se extienden por varios días en las provincias. Naciones Unidas ha advertido sobre una emergencia humanitaria, con escasez de alimentos, agua potable y medicamentos, cirugías postergadas y transporte prácticamente detenido.
El sistema sanitario expone la profundidad del deterioro. Hacia septiembre de 2025, el 69% de los 651 medicamentos esenciales registraba escasez y el 51% estaba directamente agotado; en marzo de 2026, el 80% de los 401 medicamentos esenciales de producción nacional se ubicaba por debajo de los niveles requeridos. Los trasplantes de médula ósea fueron suspendidos íntegramente —no por falta de capacidad clínica, que persiste, sino por indisponibilidad de un conjunto acotado de fármacos—. Proyecciones del Ministerio de Salud Pública anticipaban que, de persistir la escasez de combustible, doce mil pacientes enfrentarían interrupciones en sus tratamientos de quimioterapia.
El daño alcanza también al activo científico que La Habana exhibía como logro sistémico: en el Centro de Inmunología Molecular, ocho de los diez ensayos clínicos en curso debieron suspenderse por los cortes de energía y el colapso del transporte. La respuesta oficial combina denuncia externa y apertura interna: Díaz-Canel convocó a la unidad y a implementar con prioridad estratégica un paquete de 176 medidas de mercado aprobado por el Parlamento en junio.
IV. Moscú, Pekín y el margen residual
En un hemisferio que se ha desplazado marcadamente hacia la derecha —con Colombia, Perú, Chile, Bolivia, Honduras, Ecuador y la Argentina alineados con la administración estadounidense—, La Habana ha quedado privada de la red de solidaridad regional que la sostuvo durante los ciclos progresistas anteriores. Su margen depende hoy de dos actores extrahemisféricos.
China invierte en los sectores energético y minero de la isla, una apuesta de largo plazo cuya rentabilidad depende precisamente de la supervivencia del régimen. Rusia ha enviado varios cargamentos de petróleo: uno fue interceptado en enero y otro logró atravesar el bloqueo en marzo. Esa diferencia de resultados es analíticamente relevante, porque revela que la interdicción estadounidense es selectiva antes que hermética, y que Washington administra deliberadamente el umbral de asfixia.
La Habana ha optado además por la vía multilateral: el 30 de junio presentó una solicitud formal para que la Asamblea General de Naciones Unidas aborde la campaña de máxima presión, y el canciller Bruno Rodríguez la ha calificado de crimen de lesa humanidad en curso. En el frente interno estadounidense, cuatro legisladores demócratas que visitaron la isla este mes cuestionaron públicamente que Cuba constituya una amenaza apremiante para la seguridad nacional, señalando que las sanciones y la interrupción del flujo de combustible agravan los apagones.
V. Por qué el statu quo es el escenario probable
Pese a la retórica de ambos lados, la continuidad de la situación actual es el desenlace de mayor probabilidad en el corto plazo, y la razón es de asignación de recursos: el refuerzo del despliegue estadounidense en Medio Oriente para ampliar opciones en la guerra con Irán reduce el ancho de banda político y militar disponible para una operación en el Caribe. Washington evalúa alternativas de acción militar, pero los riesgos de una intervención —y la simultaneidad de teatros— vuelven más plausible la persistencia de la presión geoeconómica.
El riesgo dominante no es la decisión deliberada sino el error de cálculo. Con activos rusos y chinos comprometidos en la isla, un portaaviones estadounidense operando en el Caribe y una interdicción marítima que ya ha producido al menos una incautación, el margen para un incidente no querido es estrecho. A ello se suma el costo hemisférico de un colapso social cubano: una crisis migratoria de escala caribeña afectaría de manera directa a Florida y a los Estados insulares vecinos.
Un tercer factor rara vez incorporado al análisis es el efecto demostración sobre el resto del hemisferio. La secuencia venezolana estableció que Washington está dispuesto a ejecutar acciones cinéticas directas contra un jefe de Estado en ejercicio; la secuencia cubana está estableciendo, en paralelo, hasta qué punto la interdicción energética puede sustituir a la fuerza como instrumento de cambio político. Los gobiernos de la región leen ambas curvas simultáneamente, y esa lectura condiciona sus alineamientos con independencia de sus preferencias ideológicas declaradas.
La conclusión analítica es que Cuba funciona hoy como el segundo capítulo de una doctrina hemisférica cuya primera aplicación fue Venezuela, pero con instrumentos deliberadamente distintos: allí, decapitación militar; aquí, estrangulamiento económico. Que Washington haya elegido la variante lenta no responde a escrúpulos sino a aritmética —de fuerzas disponibles, de calendarios y de costos migratorios—. Esa aritmética, y no la retórica de ninguna de las partes, es la que conviene monitorear.
Preguntas frecuentes
¿Qué desencadenó la crisis energética cubana de 2026?
La interrupción abrupta de los envíos de crudo venezolano tras la remoción de Nicolás Maduro en enero de 2026, seguida por la suspensión de los despachos mexicanos y por un bloqueo petrolero estadounidense reforzado con amenaza de aranceles a terceros países.
¿Qué alcance tienen las sanciones más recientes?
Las del 23 de julio alcanzaron a nueve entidades estatales y dos funcionarios, incluido el ministro de Salud Pública, y apuntaron al sector energético, a redes de elusión y al programa de misiones médicas en el exterior, calificado por Washington como trabajo forzoso.
¿Cuál es la magnitud del colapso eléctrico?
El 6 de julio la red nacional colapsó dejando sin suministro a unos diez millones de personas, el tercer apagón nacional en seis meses. Los cortes superan las treinta horas en La Habana y se prolongan por días en las provincias.
¿Qué papel juegan Rusia y China?
China invierte en los sectores energético y minero de la isla. Rusia ha enviado cargamentos de petróleo con resultados dispares: uno fue incautado en enero y otro atravesó el bloqueo en marzo, lo que sugiere una interdicción selectiva antes que hermética.
¿Es probable una intervención militar estadounidense en Cuba?
No en el corto plazo. El refuerzo del despliegue en Medio Oriente y los riesgos de una operación en el Caribe hacen más plausible la continuidad de la presión geoeconómica. El peligro principal es el error de cálculo, no la decisión deliberada.