Larreta, Siete Semanas Después: lo que se Movió en el tablero, y la aparición de una variable no computada
El presente trabajo se propone como un compendio de observaciones complementarias respecto del publicado por El Ojo Digital el 12 de junio pasado sobre la arquitectura de la candidatura de Horacio Rodríguez Larreta a la Jefatura de Gobierno porteña.
El presente trabajo se propone como un compendio de observaciones complementarias respecto del publicado por El Ojo Digital el 12 de junio pasado sobre la arquitectura de la candidatura de Horacio Rodríguez Larreta a la Jefatura de Gobierno porteña. Aquel ensayo estableció el diagnóstico de base: un piso electoral del 8,08%, el llamado Plan 15%, los contactos exploratorios con el radicalismo y el peronismo no kirchnerista, y la exclusión taxativa de La Libertad Avanza y del kirchnerismo del perímetro de negociación. Siete semanas después, tres desarrollos modifican el cuadro: la formalización anticipada de la candidatura de Jorge Macri, que clausura la ambigüedad del oficialismo porteño; la difusión de mediciones que ubican al ex jefe de Gobierno con imagen mayoritariamente negativa en el distrito; y la irrupción de un nombre que ninguna proyección previa contemplaba como factor porteño. A continuación, disquisiciones en torno a lo que aún se mantiene, a los flancos que acusan cierto deterioro, y qué convendría recalcular.
Lo que se sostiene: el diagnóstico de junio permanece vigente
Conviene comenzar por lo que no cambió, porque delimita el alcance de la actualización. La candidatura permanece firme y públicamente ratificada: el ex alcalde repite en cada intervención que competirá por la Jefatura de Gobierno, y su plataforma conserva los ejes enunciados en marzo ante Carlos Pagni —la denominada segunda transformación, con prioridad para el sur porteño, la elevación del Tren Sarmiento, los trenes de proximidad de jurisdicción porteña y la recuperación de los grandes parques urbanos.
Asimismo, se sostiene la mecánica de acumulación. Desde la Legislatura, el larretismo mantiene la agenda de proyectos en transporte, vivienda, adultos mayores e higiene urbana, y su bloque continúa operando como plataforma de recomposición política, ampliado con dirigentes del MID y de Confianza Pública. Fuentes de su entorno han sido explícitas en que las definiciones sobre alianzas recién se tomarán a comienzos de 2027, calendario que preserva su margen de negociación pero también prolonga la incertidumbre.
A la postre, permanece intacta la ambigüedad de fondo que aquel informe identificara oportunamente: la sospecha, ampliamente extendida en el sistema político, de que la candidatura porteña constituye la escala intermedia de una ambición presidencial nunca formalmente clausurada. Ningún desarrollo posterior ha disipado esa lectura.
Lo que se movió: el oficialismo porteño clausuró su ambigüedad
El desarrollo de mayor consecuencia es la formalización anticipada de la candidatura de Jorge Macri a la reelección, comunicada en junio. Aquel movimiento altera el cálculo larretista en dos sentidos.
El primero es competitivo. Mientras el oficialismo porteño no definía candidato, el espacio del ex alcalde podía presentarse como la alternativa natural de gestión dentro del universo no peronista. Con un jefe de Gobierno en ejercicio lanzado, respaldado explícitamente por su gabinete y con una plataforma articulada sobre movilidad y obra pública, esa vacancia se cerró: la disputa por el voto de gestión pasa a ser frontal y entre dos actores que reclaman la misma herencia.
El segundo es de armado. El macrismo porteño mantiene abiertas dos opciones —un frente amplio con primarias que reagrupe a los antiguos socios de la coalición, o un entendimiento con La Libertad Avanza— y no ha optado formalmente todavía. La primera de esas alternativas, impulsada por sectores del radicalismo, incluye explícitamente al espacio larretista entre sus integrantes previstos. Esto obliga a un ajuste respecto de la lectura de junio: aquel informe consignaba que el larretismo consideraba el puente con el PRO virtualmente demolido, sobre la premisa de que el partido estaría obligado a cerrar con el oficialismo nacional. Si el frente con primarias prospera, esa premisa deberá revisarse, y el ex alcalde enfrentaría una disyuntiva incómoda: integrarse a una coalición donde competiría en desventaja institucional frente a un jefe de Gobierno en ejercicio, o mantener el armado propio asumiendo el costo de la fragmentación.
El problema demoscópico nuevo
El segundo desarrollo es adverso y merece registro preciso. El estudio de DC Consultores realizado sobre 1.130 casos en la Ciudad, con trabajo de campo entre el 12 y el 16 de junio y difundido esta semana, ubica al ex jefe de Gobierno entre los dirigentes con imagen mayoritariamente negativa del universo evaluado, en el mismo segmento que Pilar Ramírez, mientras Jorge Macri alcanza un 61,8% de imagen positiva y Patricia Bullrich encabeza el ranking con 66,5%.
Corresponde una advertencia metodológica que aplica también a otras figuras de ese relevamiento: el instrumento fuerza una distribución binaria entre positiva y negativa, sin categoría residual para el desconocimiento o la indiferencia, lo que tiende a comprimir los registros favorables de dirigentes con alto conocimiento y adhesión minoritaria. La comparación con series que sí computan esa categoría no es directa.
Aun con esa salvedad, el dato es problemático para la hipótesis larretista, porque el Plan 15% —consolidar hacia diciembre de 2026 un piso propio de quince puntos que le permita negociar desde una posición de fortaleza relativa— presupone una trayectoria ascendente de imagen que el relevamiento no documenta. A cinco meses de esa fecha objetivo, la evidencia disponible no permite verificar el avance.
La variable que no estaba en el cálculo
El desarrollo más sugerente del período es de naturaleza distinta. Consultados sobre qué dirigente podría derrotar hoy a Jorge Macri en una elección porteña, los encuestados mencionaron en primer lugar a Victoria Villarruel con el 50,1%, muy por delante de Leandro Santoro —34,3%— y de Manuel Adorni —15,6%—. La vicepresidenta comparte además con Bullrich el primer puesto entre los dirigentes asociados a la idea de cambios profundos, con 28,7% cada una.
El registro exige cautela interpretativa: no se trata de intención de voto ni de una simulación de enfrentamiento directo, y no consta que la vicepresidenta haya manifestado interés alguno en el distrito. Pero el dato es analíticamente relevante por lo que revela sobre la estructura del electorado porteño: existe una demanda de cambio —el 47,3% se inclinó por un cambio de rumbo frente al 52,7% que prefirió la continuidad— que hoy no encuentra un vehículo consolidado.
Ese es, precisamente, el nicho que el proyecto larretista aspira a ocupar, y el hallazgo sugiere que no lo está ocupando. Los porteños que reclaman cambio no piensan mayoritariamente en el ex alcalde: piensan en figuras del oficialismo nacional. Es una impugnación indirecta pero severa a la hipótesis de que el desarrollismo moderado constituye el casillero vacante del tablero. La vacancia existe; la identificación con quien pretende llenarla, no.
Reevaluación: los escenarios de junio a la luz de julio
El informe de junio planteó dos escenarios. El favorable suponía que el deterioro simultáneo de la gestión de Jorge Macri y del ciclo libertario nacional licuara a los competidores por el voto no peronista, permitiendo al ex alcalde llegar a 2027 como el candidato útil para un segundo turno. El adverso suponía la consolidación de una fusión entre el PRO y La Libertad Avanza que produjera un candidato único del oficialismo y disciplinara el voto de centro por efecto de la polarización.
La evidencia de julio no confirma ninguno de los dos, pero desplaza las probabilidades. El primer supuesto del escenario favorable —el deterioro del jefe de Gobierno— no se verifica: sus registros de imagen mejoraron y el electorado porteño se inclina, por estrecho margen, hacia la continuidad. El segundo —el desgaste libertario— se verifica sólo parcialmente: el dirigente que ganó la elección de 2025 en la Ciudad registra hoy el mayor rechazo del universo medido, pero el espacio conserva figuras nacionales con arrastre en el distrito.
Emerge, en cambio, una tercera configuración que ninguno de los dos escenarios previos contemplaba: un oficialismo porteño fortalecido que absorbe la demanda de continuidad, y una demanda de cambio que se canaliza hacia el oficialismo nacional antes que hacia la oferta de centro. En esa configuración, el espacio larretista no queda atrapado entre dos polos —la trampa clásica de la avenida del medio— sino algo más incómodo: queda fuera de ambas conversaciones.
La conclusión operativa no invalida el diagnóstico de junio, lo estrecha. La viabilidad del proyecto sigue dependiendo de una condición exógena que el interesado no controla, pero esa condición se ha vuelto más exigente: ya no alcanza con que la polarización argentina se fatigue: hace falta, además, que la demanda porteña de cambio encuentre en el ex alcalde un destinatario que hoy, según la evidencia disponible, no reconoce en él. Los próximos hitos verificables son dos: si el frente con primarias que impulsa el radicalismo se materializa antes de fin de año, y si el Plan 15% exhibe en diciembre alguna métrica que lo respalde.
Preguntas frecuentes
¿Qué agrega este informe al publicado el 12 de junio?
Actualiza el análisis con tres desarrollos posteriores: la formalización anticipada de la candidatura de Jorge Macri a la reelección, la difusión de mediciones que ubican al ex jefe de Gobierno con imagen mayoritariamente negativa en el distrito, y la aparición de Victoria Villarruel como figura más mencionada al preguntar quién podría derrotar al oficialismo porteño.
¿Sigue en pie la candidatura de Larreta?
Sí. La ratifica públicamente y mantiene la agenda legislativa y la plataforma programática enunciadas. Su entorno sostiene que las definiciones sobre alianzas se tomarán a comienzos de 2027.
¿Qué es el Plan 15%?
La estrategia de acumulación que su espacio se fijó: consolidar hacia diciembre de 2026 un piso propio de quince puntos en la Ciudad, casi duplicando el 8,08% obtenido en mayo de 2025, para negociar desde una posición de fortaleza relativa.
¿Puede integrar un frente con el PRO?
La hipótesis, descartada en junio por el propio larretismo, vuelve a estar sobre la mesa: sectores del radicalismo impulsan un frente amplio con primarias que incluiría al PRO, la UCR, el espacio del ex alcalde, Confianza Pública, la Coalición Cívica y el socialismo. El macrismo porteño lo mantiene como una de dos alternativas abiertas.
¿Villarruel es candidata en la Ciudad?
No consta que haya manifestado interés en el distrito. El dato surge de una pregunta hipotética sobre quién podría derrotar al jefe de Gobierno y no mide intención de voto. Su relevancia es indicativa de la estructura del electorado, no de una candidatura en curso.