POLITICA: POR EL LIC. GUSTAVO ADOLFO BUNSE

El mejor de los mundos posibles

En la historia, ya ha ocurrido… tal vez… como una señal … que hoy viene a quitar olvido… de aquello… que siempre ha sido, nuestro verdadero mal… Y si sabemos, a quién… se parece… lo casual… veremos… a una mujer… que todo el mal lo hizo bien y todo el bien… lo hizo mal (G. A. Bunse Poemas de la Argentina trágica)

06 de Septiembre de 2011

Todo los absolutismos cayeron en tirabuzón, no sin antes hacer escala en etapas inevitables de terror.

El absolutismo francés del siglo XVIII -encarnado en principio por los tres más famosos  “Luises” (XIV, XV y XVI)- tuvo una primera escala trágica en la inútil Revolución Francesa…  y un segundo escenario, imposible de esquivar, en septiembre de 1793. Se trató de la "época del terror francés”, que durarar poco más de nueve meses.

La guillotina cortaba tantas cabezas en la que es hoy famosa “Place de la Concorde” que su cuchilla debía ser afilada todas las noches durante una hora, con un sistema de piedras que manejaban cuatro operarios.

Hay algo que esas épocas tienen en común:  los mercenarios y rastreros.

Volviendo a la Argentina del persente, la última reunión ocurrida entre los industriales y la Presidente el jueves de la semana pasada en Tecnópolis, puede resumirse en una descripción muy clara del más repugnante rastrerismo -y de la más clara genuflexión empresaria- hecha por la propia mandataria quien, textualmente, dijo:

“Es la primera vez que no tengo que responder nada de las cosas que se dijeron en esta reunión”. Lo por ella expresado da tanta vergüenza ajena, que el propio De Mendiguren, al verse en el video… salió a expresar alguna preocupación que compensara un poco su enciclopédica sumisión.

Del caos y de la inutilidad rampante de la policía de Daniel Scoili, y de la dirigida por Nilda Garré, nada se habló. Para todos los empresarios, ni la inflación ni la inseguridad existen. Y ni uno sólo de ellos se anima a expresar alarma.

Ella podría haberles dicho en otras palabras directas y sin eufemismos:

Queridos Caballeros de la “Augusta Orden del Felpudo” :

Es la primera vez que se nota cabalmente, vuestro carácter de rastreros, mercenarios y reptantes, maestros todos ustedes…  de la genuflexión y el arrodillamiento de las cohortes romanas… es la primera vez que veo palmariamente el grado de felpudismo infame que me prodigáis, y del que sois capaz… queridos caballeros…y está muy bien que así lo hagáis,… a la vista de los resultados del último 14 de agosto y en previsión de mi arrollador triunfo del 23 de octubre próximo. Aquí tenéis mi anillo para besarlo.

Manteneos así queridos señores de rodilla fácil…bajadores de la cerviz   y siervos del albañal, revolcándose en vuestra propia indignidad. Acomodaos pues para recibir mis nuevas ordenes sin chistar… las cuales, no por antojadizas o caprichosas han de ser menos temidas que cualesquiera de las anteriores. Apoyad entonces las palmas de vuestras manos sobre el piso… y disfrutad de la fragancia de mi alfombra sin levantar la mirada jamás.    Gozad de mi decisión absoluta que caerá sobre vosotros, Amén.


La siguiente nota pretende ser el modelo más acabado de editorial del absolutismo que, sin que nadie lo haya advertido, se ha desatado de un modo sutil pero imparable en esta comarca:
 
El caso más resonante y trágicamente fatal de los últimos días, no es un caso de inseguridad.

Precisamente, por tratarse este último factor, sólo de una sensación; ese hecho terrible debe ser -seguramente- una operación política preparada siniestramente para que la Presidente se desprestigie.

Por esa razón, la mandataria, conciente de su responsabilidad, decidió entrevistarse una hora y media con la madre de la niña secuestrada. No usó la cadena nacional como se había hecho con el  caso Gerez pero (mostrando su infinita prudencia) se puso al frente del caso.     

El desenlace fue un fracaso total, pero debe entenderse que lo hubiese sido igual si ella no hubiese intervenido… o si la eficiencia investigativa del Gobernador pudiese librarse de su mala suerte que la persigue.

Es, pues, una gran injusticia pensar que eso ocurrió por su incompetencia o porque su augusta figura trae mala suerte. La Presidente no es símbolo de la mala suerte.

No. Eso es una clarísima operación política.   

Y ella no se merece esto… a 50 días de un triunfo que no sólo ya tiene seguro sino que, además, por su brillante gestión tiene también merecido.

Afortunadamente, la masa crítica del pueblo la ha votado en modo mucho más que categórico. Es una mayoría especial, acaso nunca bien valorada y sin dudas enormemente perceptiva, equilibrada, justa, observadora y de un extraordinario valor cívico.   

Gracias a ellos… gracias a esta magnífica civilidad responsable… toda la población tiene hoy la oportunidad de abrir los ojos y advertir que, tal  como decía Pangloss, en el “Cándido” de Voltaire:  "Nuestra muy querida comarca, con nuestro muy querido gobierno, es … sin ninguna duda… el mejor de los mundos posibles".

Debemos convencernos todos y deponer nuestra necedad.

Pues aquí, en esta comarca, por empezar no existe la inflación.
   
Los medios de comunicación, las consultoras privadas y algunos otros inescrupulosos instalaron esa acción psicológica para impactar sobre la calidad institucional. El Ministro del Interior tiene razón plena en eso.  

Lo que deberíamos hacer todos frente a cualquier imperceptible cambio o modificación de algún precio es simplemente no comprar… y si todo lo que vemos ha aumentado, nuestra democracia nos indica algo simple: no comprar nada.

Y no comprar nada… es eso: NADA.

La imaginación que nos ha prodigado la Presidente debe permitirnos que cualquier elemento que hasta hoy hayamos podido conservar en nuestros domicilios sirva para alimentarnos en momentos de carencia.

Pan vencido, restos de frascos … lo que sea… todo sirve.

Hasta el agua de una servilleta bien escurrida tiene valor alimenticio.

Es sólo cuestión de aguantar uno o dos años así. Pronto se verán los resultados que -según el INDEC- han de ser de una inflación de 5,2% para todo el año 2011. Un ejemplo que el mundo ha de admirar.

Y más aún, en otro orden de cosas:

La inseguridad pública en el país ya está plenamente resuelta.

Alborozados, debemos festejar que definitivamente se halla terminado desde el 14 de agosto último. No existe más, eso.  

Este es un país absolutamente seguro. Lo que pasó con el último caso ha sido un típico episodio de narcotráfico. Algo injustamente importado de México o de Colombia. La Argentina es ajena a eso.  

Tenemos todos los climas, todas las riquezas, todas las razas y todos los subsidiados, todos los trabajadores más descansados por la ayuda social.

La gente -la masa crítica de la gente- así lo ha dictaminado.

Pues esa masa crítica, de quienes debemos tomar ejemplo,  convalidó, cohonestó, apoyó, suscribió y dio su total apoyo al  esfuerzo que ha venido mostrando el gobierno por la prioridad de Estado, denominada “inseguridad pública”. Y la mejor prueba, pues, se ve en las urnas.

La inseguridad no existe más… según esta gran cantidad de ciudadanos, que son los que deciden cual debe ser hoy nuestro gobierno.

No importa mucho ya este asunto. Y no nos debe importar a los que no alcanzamos a ver, seguramente por error, que esto sea así. Deberíamos callarnos de una vez por todas, e imitar rápido a los señores empresarios que por algo lo son. Y apurarnos todos a aprender a convencernos que estamos errados.

Este, como decía  Pangloss, es "el mejor de los mundos posibles".

Si hay un poquito de inseguridad, no seamos fatalistas.

Debemos cerrar los ojos cuando veamos con total perplejidad que ya se espiraliza como una epidemia de tifus, a la vista y paciencia de todos.

Y debemos tener esto muy clarito:

El que se atreve a hablar de “inseguridad” en este país, o a reclamar por este asunto, pretextando una retribución al salvajismo impositivo, debería de inmediato, pasar a formar parte de la derecha.   

Y la derecha es definitivamente, antiargentina.

La derecha es condenable.

La derecha es delictiva. Es el origen oculto de los daños del país y debe ser combatida desde los claustros escolares y universitarios.

Peor que lo anterior... Ser de la derecha… es ser un fascista.   

Digámoslo sin ambages: ser de derecha es, a priori, ser un represor liso y llano.

Entonces, volviendo al principio y por carácter transitivo, ser de derecha es entonces, ser un represor.  

Ergo, hablar de seguridad es ser represor.

Y acaso, en la verdadera concepción de este gobierno (prácticamente ya reelecto), la óptica es mucho más genial y respetable todavía:

Cualquiera que vista o haya vestido un uniforme es un fascista.

Por lo dicho:

En esta comarca, no es patriótico ni civilizado hablar de una supuesta  inseguridad pública. Las cartas están, así, puestas sobre la mesa y aceptadas por lo esencial de nuestra sociedad. Por lo más válido y lo representativo de ella (más de un 50%).

No hay inseguridad pública.

Y la verdad revelada para haber logrado hoy este maravilloso estado de seguridad, ha sido esta correcta liturgia ideológica implantada desde que  asumió ella para nuestra gloria.

La culpa de la inseguridad en los países que la tienen (no el nuestro, por suerte) no es atribuible ni a la pobreza, ni a la miseria, ni a la falta de oportunidades, ni a la orfandad educativa.

No. La culpa, así como están las cosas, la tiene exclusivamente la visión sesgada de la derecha. Esa visión fascista y represora que ha inventado a través de los diarios este verdadero atentado contra la democracia que es hablar de inseguridad.

El Ministro del Interior así lo ha expresado y debe saberse que las cosas que él dice son aquellas que resultaron beneficiadas con el apoyo de esa respetable masa crítica, tan abrumadora de votos.

No se hable más, por favor, de inseguridad.

Cualquier hecho que uno pueda sufrir en su vida privada, en su domicilio o en la vía pública es solamente un episodio aislado que, por más que deje sin vida a cualquier miembro de nuestras familias debe ser, antes bien, entendido, como una excepción.

Es decir, el Estado (a través de nuestro gobierno y ya hasta el año 2015) garantiza la ley, (en última ratio), con el NO USO de la coerción directa y de la violencia, o el NO USO de la fuerza, siendo el único que sabiamente la puede dejar de aplicar.  

Y si lo hace de este modo, sabrá muy bien por qué lo hace.

El poder como concepto, es, antes que nada, eso mismo:  
 
Es toda oportunidad de hacer triunfar la voluntad propia, en el seno de una relación social, incluso contra la resistencia o la voluntad abierta de quien no cumpla con la ley o de quien se ocupe de violentarla.

Debemos saberlo y allanarnos a nuestros hermanos ciudadanos.

Pues nuestro gran gobierno sabe muy bien que el poder es la capacidad de hacer, producir o destruir pero, ante todo, la de influir en la conducta o en los sentimientos de otros individuos.

Que, en suma, el poder político, si las cosas están así … puede ser muy bien un “absoluto” conceptual, y no una relación entre las personas. Y una posibilidad de acción.

Se trata de una capacidad (no de un acto) sobre las personas.

Y aunque parezca arbitrario, es la voluntad de tanta gente que resulta demencial e insolente discutirlo o cuestionarlo.

Y esto es lo que ignoran estos cartoneros del suicidio colectivo, que todavía critican a nuestro gobierno.

Dicho mejor: Lo saben, pero prefieren cometer, con un fin obvio, el delito de “no hacer lo que deben por mandato constitucional”:

OBEDECER.

Aún cuando veamos que nuestra jefa ha subordinado el plexo íntegro de la reglamentación nacional… a una ideología, debemos obedecer.

En otras palabras, si acaso alguien piensa que debe haber un reemplazo de este poder por suponer que ya, el Estado, se encuentra cataléptico o dinamitado, que deje ya de soñar… y que se defienda como pueda hasta que -esta nueva época- nos inunde de beneficios. O nos inunde de algo.

Hemos salido ya del purgatorio que describiera nuestro prócer difunto...

Y este es, sin ninguna duda, "el mejor de los mundos posibles".

Por el Lic. Gustavo Adolfo Bunse, para El Ojo Digital Política