TURISMO: MARIANA KOSINER

Catamarca, el secreto mejor guardado del turismo argentino

Montañas de más de 6.000 metros, dunas gigantescas, termas, paisajes que parecen de otro planeta, bosques, ríos, sitios arqueológicos y una cultura ancestral. Catamarca tiene casi todos los ingredientes para convertirse en uno de los grandes destinos turísticos del país...

Lunes, 28 de Septiembre de 2026
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Montañas de más de 6.000 metros, dunas gigantescas, termas, paisajes que parecen de otro planeta, bosques, ríos, sitios arqueológicos y una cultura ancestral. Catamarca tiene casi todos los ingredientes para convertirse en uno de los grandes destinos turísticos del país, pero todavía permanece relegada frente a otras provincias del Norte argentino.


Hay lugares que necesitan ser descubiertos. Y hay otros que, sencillamente, necesitan ser mirados de otra manera.

Catamarca pertenece a esta segunda categoría.

La provincia reúne algunos de los paisajes naturales más extraordinarios de la Argentina, aunque todavía no ocupa, en el imaginario turístico nacional, el lugar que podría corresponderle por la magnitud y diversidad de sus atractivos. Mientras Salta, Jujuy, Mendoza, Bariloche o Iguazú se instalaron hace décadas en el mapa turístico masivo, Catamarca continúa siendo, para muchos viajeros, una provincia de paso -o un territorio prácticamente desconocido.

La paradoja es evidente: en sus límites conviven volcanes y cumbres que superan los 6.000 metros, desiertos, dunas, lagunas altoandinas, termas, valles verdes, bosques, ríos y un patrimonio arqueológico relacionado con las culturas andinas y el antiguo Imperio Inca.
 

Un paisaje que parece de otro planeta

En el noroeste provincial, Antofagasta de la Sierra conserva uno de los escenarios más sorprendentes del país: el Campo de Piedra Pómez.

Una extensa formación geológica de origen volcánico transforma el paisaje en una sucesión de crestas, corredores y esculturas naturales de tonos blancos, grises y rosados. La sensación, desde determinados sectores, es la de estar caminando sobre la superficie de otro planeta.

La distancia, la altura y las características del terreno hacen recomendable visitar la región mediante excursiones con operadores locales y vehículos adecuados.
 

Los Seismiles: donde los Andes alcanzan otra dimensión

Si existe un lugar capaz de convertir a Catamarca en un destino internacional de montaña, es la Ruta de los Seismiles.

La Ruta Nacional 60 atraviesa uno de los sectores más elevados de la Cordillera de los Andes, y conduce hacia el Paso Internacional de San Francisco. En este corredor se concentran numerosas cumbres superiores a los 6.000 metros, entre ellas el Monte Pissis y el Nevado Ojos del Salado.

El Balcón del Pissis, la Laguna de los Aparejos, la Laguna Celeste y el propio Paso de San Francisco conforman una sucesión de paisajes extraordinarios, en los que también es posible observar vicuñas, guanacos y fauna altoandina.

Pero, como es lógico, se trata de un recorrido que requiere planificación. La altura, las condiciones meteorológicas, las distancias y el estado de los caminos hacen aconsejable contratar tours con operadores locales y, especialmente en determinados sectores, utilizar vehículos 4x4. Antes de emprender el viaje resulta imprescindible consultar las condiciones climáticas y el estado de las rutas.

La aventura, justamente, forma parte del atractivo.


Fiambalá: termas, montaña y desierto

Pocas localidades argentinas pueden ofrecer en un mismo entorno termas, dunas y alta montaña.

Fiambalá califica -en toda regla.

Las Termas de Fiambalá, emplazadas en una quebrada cordillerana, ofrecen piscinas naturales de piedra ubicadas en diferentes niveles y alimentadas por aguas termales de distintas temperaturas.

El atractivo no reside únicamente en sus propiedades termales. El verdadero espectáculo está alrededor: montañas, silencio, aire seco y un paisaje árido que contrasta con la presencia de agua caliente surgida naturalmente de las profundidades.

A pocos kilómetros aparecen las Dunas de Saujil, Medanitos y Tatón, enormes acumulaciones de arena que permiten practicar sandboard y contemplar uno de los paisajes desérticos más singulares del país.

La denominada duna Federico Kirbus, en Tatón, alcanza una altura considerable y llegó a convertirse en uno de los escenarios emblemáticos del Rally Dakar.

Para acceder a determinados sectores es recomendable contar con guía habilitado y, según las condiciones del camino, un vehículo 4x4.
 

El Rodeo: la otra Catamarca

Y debe subrayarse: Catamarca no es solamente puna, volcanes y desierto.

A unos 40 kilómetros de la capital, emerge El Rodeo, una villa serrana completamente diferente al paisaje del oeste provincial.

Bosques, ríos, arroyos y montañas forman un pequeño valle donde el verde domina el horizonte. El destino permite realizar trekking, cabalgatas, pesca y distintas actividades vinculadas con la naturaleza.

Es, en definitiva, la otra cara de la riqueza catamarqueña.

La provincia puede pasar de un paisaje lunar a un bosque serrano en pocas horas; del desierto absoluto a los ríos de montaña y de las cumbres de casi 7.000 metros a una tranquila villa serrana.


El Shincal: cuando el turismo también mira al cielo

En Londres, departamento Belén, se encuentra El Shincal de Quimivil, uno de los sitios arqueológicos vinculados con la presencia del Imperio Inca más importantes de la Argentina.

Y El Shincal ofrece mucho más que ruinas: se caracteriza por una extraordinaria relación con el cielo.

Investigaciones arqueoastronómicas determinaron que determinadas alineaciones de piedras del sitio coinciden con la dirección de la salida del Sol en momentos astronómicamente significativos. Una de ellas corresponde al solsticio de invierno del hemisferio sur, alrededor del 21 de junio.

Durante ese momento del año, la disposición arquitectónica permite que la luz solar atraviese exactamente un punto determinado del complejo, demostrando que la construcción fue planificada teniendo en cuenta el movimiento del Sol.

La ceremonia del Inti Raymi, vinculada con el solsticio de invierno, recupera esa tradición ancestral y convierte a Londres en un destino particularmente atractivo para quienes buscan combinar turismo, historia, arqueología y cultura andina.

No se trata solamente de observar una construcción antigua: es comprender cómo sus habitantes incorporaban el cielo y los ciclos solares a su concepción del mundo.
 

Dormir en Catamarca y viajar con la casa a cuestas

La provincia dispone de hoteles, hosterías, apart hoteles, cabañas, hospedajes y complejos turísticos tanto en la capital como en localidades integradas a los principales circuitos.

Fiambalá, Belén, Tinogasta, El Rodeo y Antofagasta de la Sierra cuentan con distintas alternativas de alojamiento, aunque en las zonas más remotas la oferta es naturalmente más limitada y requiere mayor planificación.

También existe una posibilidad especialmente atractiva para quienes disfrutan del turismo itinerante: recorrer Catamarca en motorhome o casa rodante.

La enorme extensión territorial, los paisajes y la posibilidad de conectar diferentes localidades hacen que esta modalidad resulte particularmente adecuada. Sin embargo, es importante señalar que la provincia todavía no dispone de una red homogénea de infraestructura específica para vehículos recreativos.

Por eso, el viajero debe planificar previamente dónde abastecerse, pernoctar y disponer de servicios como agua, electricidad y tratamiento de residuos. En los circuitos de alta montaña y la Puna, esta planificación adquiere todavía mayor importancia.

La situación también representa una oportunidad: el desarrollo de áreas específicas para motorhomes, campings y servicios destinados al turismo itinerante podría contribuir a ampliar todavía más la llegada de visitantes.


Llegar es más sencillo de lo que parece

Aunque Catamarca pueda parecer lejana para el viajero de Buenos Aires, la conectividad aérea reduce considerablemente esa distancia.

El Aeropuerto Internacional Coronel Felipe Varela, ubicado cerca de San Fernando del Valle de Catamarca, recibe vuelos de Aerolíneas Argentinas desde el Aeroparque Jorge Newbery, con una programación que contempla entre uno y dos vuelos diarios según el día y la temporada.

Para quienes prefieren viajar por tierra, las rutas nacionales permiten acceder a los diferentes circuitos y convierten a la provincia en un destino especialmente interesante para quienes utilizan automóvil, camioneta o motorhome.

Una provincia que todavía espera ser descubierta

Quizás allí esté la explicación más interesante.

Catamarca no carece de atractivos. Tiene naturaleza, aventura, historia, cultura, gastronomía y paisajes de una diversidad excepcional.

Tiene un paisaje lunar en el Campo de Piedra Pómez, volcanes de casi 7.000 metros, lagunas altoandinas, el Paso de San Francisco, termas enclavadas en la montaña, dunas gigantes, pueblos históricos, bosques serranos y un patrimonio arqueológico que conecta a la Argentina actual con la civilización inca.

Lo que todavía existe es un enorme margen para instalar esos atractivos en el mapa turístico nacional y desarrollar infraestructura y servicios que permitan aprovecharlos plenamente.

Catamarca no necesita competir con los destinos más famosos del país. Solo necesita conseguir que más argentinos descubran que existe.

Y, cuando ello ocurra, probablemente muchos se pregunten por qué tardaron tanto en conocerla.

Porque hay lugares donde el viaje importa tanto como el destino.

Catamarca es uno de ellos.

Una provincia donde la montaña supera los 6.000 metros, el desierto se convierte en una inigualable pista de sandboard, una pileta termal aparece en medio de una quebrada y la luz del Sol atraviesa una construcción ancestral exactamente en el momento previsto hace siglos.

Quizás haya llegado el momento de dejar de pensar en Catamarca como una provincia que se visita de paso.

Catamarca no está lejos del mapa turístico argentino. Está, simplemente, esperando que el mapa vuelva la mirada hacia ella.

 

Sobre Mariana Kosiner

Mariana Kosiner es Licenciada en Relaciones del Trabajo, Administradora Hotelera (Hospitality Consultant) y Coach Ontológica.Mariana Kosiner