POLITICA ARGENTINA: AJEDREZ POLITICO

Dos Cumbres y una Ley Electoral: dos bloques descubren que la verdadera disputa es por las reglas

En cuarenta y ocho horas, el sistema político argentino ejecutó tres movimientos que, leídos por separado, parecen inconexos, y que examinados en conjunto revelan una lógica única.

Sábado, 15 de Agosto de 2026
Congreso argentino, Partidos políticos, Ajedrez político, Peronismo, La Libertad Avanza, PRO


En cuarenta y ocho horas, el sistema político argentino ejecutó tres movimientos que, leídos por separado, parecen inconexos, y que examinados en conjunto revelan una lógica única. El miércoles 12, los principales referentes del peronismo se reunieron durante cinco horas en un hotel porteño y alcanzaron su primer acuerdo colectivo en años: defender las primarias abiertas. El jueves 13, por la mañana, La Libertad Avanza y el PRO abrieron en Casa Rosada una mesa formal de negociación con reuniones cada quince días, cuyo horizonte declarado es una alianza que haría innecesarias esas mismas primarias. Esa misma tarde, el oficialismo inauguró su sede partidaria bonaerense con una liturgia de estética inequívocamente peronista. 
 

La cumbre del Emperador: un acuerdo defensivo y una advertencia

El encuentro se produjo de manera reservada la noche del miércoles 12 en el hotel Emperador, sobre la Avenida del Libertador, y se extendió cerca de cinco horas. La convocatoria provino de los jefes de bloque —José Mayans en el Senado y Germán Martínez en Diputados—, un detalle procedimental de lectura obligada: la instancia que reunió al peronismo no fue partidaria sino parlamentaria, lo que permitió sortear la disputa por el sello del Partido Justicialista que este medio analizó a comienzos de mes.

La nómina de asistentes define el alcance. Concurrieron Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner —los tres vértices de la interna—, acompañados por los gobernadores Sergio Ziliotto de La Pampa, Ricardo Quintela de La Rioja, Gildo Insfrán de Formosa y Gustavo Melella de Tierra del Fuego, además del senador y ex gobernador santiagueño Gerardo Zamora. Fue la primera vez en mucho tiempo que las principales tribus del justicialismo se sentaron a la misma mesa.

El resultado fue un único acuerdo, y su naturaleza es enteramente defensiva: sostener el sistema de primarias abiertas frente al proyecto oficialista de eliminarlas. La lógica es la que expusimos en nuestro informe del 3 de agosto y que la cumbre confirma con precisión notable: sin primarias, el peronismo carece de mecanismo para dirimir su candidatura presidencial, porque gobierna un número reducido de provincias, tiene el partido intervenido en varios distritos y no dispone de padrón actualizado. Las primarias no son para el justicialismo una preferencia institucional sino, prácticamente, la única vía disponible para competir unido.

El acuerdo tuvo además un destinatario indirecto. Fue interpretado como advertencia a los gobernadores que mantienen diálogo con la Casa Rosada —el tucumano Osvaldo Jaldo y el catamarqueño Raúl Jalil, entre otros—, cuyos legisladores suelen desmarcarse de la posición del bloque. Según trascendió de los propios participantes, la eventual represalia consistiría en la construcción de listas paralelas en sus distritos. Es decir: la unidad se acordó, pero se acordó bajo amenaza de fragmentación selectiva, lo que describe mejor su carácter que cualquier comunicado.

Lo que la cumbre no resolvió es todo el resto. No hubo definición sobre quién encabezará la fórmula presidencial, y las aspiraciones del gobernador bonaerense conviven ahora con la posibilidad de que antes de fin de año se conforme un espacio interno alternativo que integre al kirchnerismo con el Frente Renovador, cuyo titular no ha confirmado siquiera si acaso volverá a postularse.
 

La mesa de Casa Rosada: institucionalizar la convergencia

A la mañana siguiente, el oficialismo respondió con un movimiento de signo inverso y de arquitectura idéntica. En Casa Rosada se constituyó la primera mesa formal de negociación entre La Libertad Avanza y el PRO. La representación amarilla estuvo encabezada por el jefe del bloque de diputados, Cristian Ritondo, y por el secretario general del partido, Fernando de Andreis —hombre de confianza de Mauricio Macri, dato que otorga al encuentro un aval que la línea del fundador había venido escatimando—. Del lado libertario, se sentaron el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y los primos Martín y Eduardo Menem.

La caracterización que los propios protagonistas ofrecieron es deliberadamente contenida: el encuentro no tuvo por objeto cerrar una alianza electoral sino abrir formalmente una instancia de diálogo, tras varios meses de cruces y desconfianzas. Ambos sectores reconocieron que subsisten diferencias y que el primer paso consiste en recomponer el vínculo político. La consigna común quedó fijada en dos formulaciones: blindar el cambio y evitar que la Argentina vuelva a caer en manos del populismo. Se acordó repetir la dinámica cada quince días.

La cautela declarativa no debe confundirse con ambigüedad estratégica. El propio secretario general del PRO precisó que no se conversó sobre distritos ni candidaturas porque resulta prematuro, pero la finalidad última quedó explicitada: concretar la alianza para asegurar la reelección presidencial. Y el terreno donde la convergencia es más probable ya está identificado: tanto Ritondo como el presidente de La Libertad Avanza bonaerense, Sebastián Pareja, manifestaron la intención de replicar el esquema de 2025, cuando ambos espacios compitieron juntos con Santilli a la cabeza y superaron al peronismo en el distrito más adverso.

Aquí reside la simetría que vuelve legible la semana. El peronismo necesita las primarias, porque no puede dirimir su interna por otra vía. El oficialismo necesita de una alianza, precisamente para no necesitarlas: si La Libertad Avanza y el PRO acuerdan candidaturas en una mesa cerrada, la eliminación de las primarias deja de ser un riesgo y se convierte en una ventaja competitiva. Ambos bloques trabajan, con dirección opuesta, sobre la misma variable institucional.


Caseros 514: la liturgia prestada y la geografía reveladora

El tercer movimiento fue de naturaleza simbólica, y quizá el más elocuente. La tarde del jueves, La Libertad Avanza inauguró su sede partidaria de la provincia de Buenos Aires en Avenida Caseros 514, en el barrio porteño de San Telmo. Fue el primer evento partidario del año desde el cierre del período electoral, y congregó a diputados y senadores provinciales, diputados nacionales por el distrito y las columnas del conurbano que responden al armador bonaerense.

El dispositivo escénico incorporó elementos de repertorio inconfundible: bombos y batucadas —una de ellas proveniente de Berazategui—, banderas en las que primó el violeta partidario y que llevaban los nombres de las conducciones territoriales de cada distrito, y una concentración militante que ocupó la esquina de Bolívar y Caseros en espera de la llegada de la secretaria general y presidenta del partido. Los cronistas presentes coincidieron en la lectura: montaje de estética peronista. La secretaria general se asomó al balcón sin pronunciar discurso, en un gesto cuya carga referencial no requiere explicación en el sistema político argentino.

El detalle geográfico merece registro propio porque contiene un argumento. La sede provincial bonaerense de un partido que aspira a disputar el distrito más grande del país se emplazó en la Capital Federal. El oficialismo lo justifica por razones de practicidad logística, y el argumento es plausible. Pero la selección del sitio describe con exactitud dónde reside el centro de decisión del armado: no en La Plata ni en el conurbano, sino a pocas cuadras de la Casa Rosada.

La presencia del secretario general del PRO en esa misma convocatoria completa el cuadro: el partido que a la mañana negociaba en una mesa formal enviaba por la tarde un representante a la inauguración de la estructura territorial de su interlocutor. La convergencia avanza más rápido en los gestos que en los documentos.


El telón de fondo parlamentario

Ninguno de los tres movimientos se produjo en el vacío. La semana anterior, el Senado había otorgado media sanción a la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada tras más de once horas de debate, pero el oficialismo debió retirar a último momento el capítulo que modificaba la Ley de Manejo del Fuego para asegurar los votos. Es decir: obtuvo el título y cedió el contenido más resistido.

A ello se sumó el bloqueo opositor a las reformas de la ley de tierras y del manejo del fuego, que la propia dirigencia justicialista computó como victoria y que operó como catalizador de la cumbre del Emperador. El oficialismo, por su parte, cerró el receso con una mesa política que revisó la coordinación legislativa y la capacidad de sostener proyectos clave, y con una agenda que tendrá su próximo hito el 15 de septiembre, cuando el Presidente concurra personalmente al Congreso a presentar el Presupuesto.

El encadenamiento causal es nítido: el peronismo se reunió porque ganó una votación, y el oficialismo formalizó la mesa con el PRO porque perdió otra. La reconfiguración de alianzas no responde a una conversión ideológica sino a la aritmética de los recintos.


Lectura: la política de las reglas

La conclusión analítica que se desprende es que el ciclo político argentino ha ingresado en una fase en la que la competencia por las reglas precede a la competencia por los cargos. Ese desplazamiento no es infrecuente en sistemas donde ninguna fuerza dispone de mayoría propia, pero sus consecuencias son considerables: cuando el diseño institucional se convierte en objeto de disputa partidaria, la norma pierde el atributo de neutralidad que justifica su obediencia.

Existe además una asimetría de posiciones que conviene explicitar. El oficialismo negocia desde la iniciativa: propone la reforma, define el calendario y decide con quién se alía. El peronismo negocia desde la reacción: defiende un mecanismo existente porque carece de sustituto. En términos de economía política, uno juega a la ofensiva sobre las reglas y el otro a la defensa del statu quo, exactamente la inversión de los papeles que ambos ocupaban hace tres años.

Dos hitos verificables permitirán medir el avance en los próximos noventa días. El primero es si el proyecto de suspensión de las primarias alcanza el recinto antes de octubre, plazo que la Casa Rosada se fijó para dejarlo resuelto. El segundo es si la mesa quincenal entre La Libertad Avanza y el PRO produce, en algún momento del año, un documento que exceda las declaraciones de propósito: mientras la convergencia se exprese únicamente en consignas compartidas y en presencias cruzadas, seguirá siendo un entendimiento reversible. 

La política argentina ha aprendido a distinguir con precisión entre un acuerdo y una foto.

 

Redacción, El Ojo Digital