ECONOMIA INTERNACIONAL: ROBERTO CACHANOSKY

El Estado presente condujo a la pobreza creciente

Una semana atrás, el Indec informó que, durante el primer semestre de 2022, el nivel de pobreza...

06 de Octubre de 2022

 

Una semana atrás, el Indec informó que, durante el primer semestre de 2022, el nivel de pobreza descendió unas pocas décimas en proporción al total de la población, pero que se incrementó la indigencia, en particular en la franja de los niños hasta 14 años. Claramente, la magnitud de esos indicadores consigna el fracaso de las políticas populistas y distribucionistas, porque el 'Estado presente' se ha convertido en el Estado empobrecedor y ausente donde debe estar.
 
Pobreza e indigencia en Argentina
A lo largo de décadas, la dirigencia política nacional ha intentado promocionar que son sus referentes quienes concentran el monopolio de la benevolencia, y que el sector privado es insensible ante la pobreza de la gente. En consecuencia, la política ha defendido la idea de que, si no interviene redistribuyendo el ingreso en forma 'justa', crecería la legión de la población con carencias de ingreso para poder satisfacer las necesidades básicas.
 
Sin embargo, el gasto público fue creciendo año tras año, en nombre de la solidaridad social y del Estado presente, sin advertir los funcionarios que fueron sus políticas las responsables primigenias de la destrucción de la economía, concierto que condujo a un proscenio de pobreza e indigencia como jamás había conocido la Argentina.
 
Entre 1980 y la actualidad, la pobreza aumentó 4,5 veces a pesar del Estado benefactor o 'Estado presente', como le dicen ahora, y el Estado populista -como debería llamarse efectivamente.
 
Datos del Ministerio de Economía certifican que el gasto público consolidado pasó de 29% del PBI en 1980 a 47% del PBI en 2016 y que ha retomado esa postura durante 2020, con el presupuesto que se debió destinar en un escenario de crisis sanitaria mundial. Y, con el aumento de los subsidios económicos y el tsunami de planes sociales que disparó el 'Plan Platita' no debe haber bajado notablemente esa relación en el año siguiente.
 
De lo anterior se desprende que, pese a que el gasto consolidado se incrementó en 17 puntos del PBI, cada año hay en la Argentina más pobreza, indigencia, inseguridad y una educación pública en franco deterioro.
 
Es decir, se asiste a un Estado que gasta mucho, como contrapartida cobra impuestos gigantes espantando inversiones, destruye la moneda, se endeuda y no devuelve casi nada a cambio. Ni siquiera un mínimo de seguridad física, pese a tener el monopolio de la fuerza.
 
Gasto, cuadro ISi se observa la evolución del gasto público social consolidado, es decir, lo que destinan a ese fin nación, provincias y municipios, se ve que se duplicó entre 1980 y 2020. No obstante, hay jubilados más pobres, más indigentes, más desocupación en los puestos registrados y una economía que estancada desde 2011, pese a que hubo un período con condiciones excepcionales de los precios de exportación.
 
Los datos son contundentes. La cultura de la dádiva destruyó a la cultura del trabajo, donde todos se sienten con derecho a vivir del trabajo ajeno y, por su puesto, destruyó la economía, por las crecientes regulaciones, la presión impositiva, las prohibiciones, el castigo a las exportaciones, entre otros factores.
 
Gasto, cuadro 2En la Argentina, quien es exitoso porque desarrolló su capacidad de innovación, invirtió, arriesgo y logró conquistar el beneficio del consumidor en condiciones de competencia, por lo menos, es considerado 'sospechoso' por una parte de la política. Mientras que quien se propone vivir del trabajo ajeno es una víctima de la opresión del mercado y del 'capitalismo salvaje' del que tiene que salvarlo el político con su 'monopolio de la benevolencia'.
 
Esto lleva a la conclusión de que el problema de la economía argentina es el severo deterioro de la escala de valores, provocado por políticas públicas que fracasaron en todo el mundo, porque alentaron dejar de lado la cultura del trabajo -desde la cual nuestros abuelos, por entonces inmigrantes, construyeron este país.
 
Los mesías y salvadores aparecen tanto por derecha como por izquierda. Unos denunciando al FMI, los grupos concentrados y la especulación como causa de todos los males de la Argentina; y otros promocionando que combatirán al populismo de izquierda vendiendo humo, como si en vez de ser elegidos presidentes fuesen elegidos monarcas, que de un día para otro van a poder resolver todos los problemas nacionales; la realidad, sin embargo, subraya que su resolución demandará bastante tiempo.
 
Si no se logra cambiar los devaluados valores que hoy impera en la mayoría de la población que pretende vivir del fruto del trabajo ajeno, no habrá magia económica que pueda modificar la decadente tendencia. Volver a la cultura del trabajo y terminar con la historia que unos son pobres porque otros son ricos es la base para poder volver a crecer.


 
Sobre Roberto Cachanosky

Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, y profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Columnista de temas económicos en el diario La Nación (Argentina). Publica regularmente en el reconocido sitio web Economía Para Todos.