ECONOMIA: JÚBILO MACRO

Euforia en los mercados: ascenso a 'B-', inflación en retroceso, y riesgo país en mínimos desde 2018

La mejora de calificación de Standard & Poor’s, el dato de inflación de mayo...

12 de Junio de 2026

 

La mejora de calificación de Standard & Poor’s, el dato de inflación de mayo y la compresión del spread soberano configuran el momento financiero más auspicioso del ciclo libertario. Pero las calificadoras advierten: la vulnerabilidad dominante es política.

BCRA, Argentina, Calificación de deuda y bonos argentinos
 
Mientras la política doméstica se sumerge en la turbulencia del Caso Adorni, la macroeconomía argentina transita su semana más virtuosa en años. La confluencia de tres vectores -la elevación de la calificación soberana por parte de Standard & Poor’s, la confirmación de una desinflación que se consolida mes a mes y la perforación de umbrales de riesgo país inéditos desde 2018- ha desatado una genuina euforia en los mercados financieros, con bonos en dólares en franca apreciación, renta variable en máximos y un apetito inversor que parecía clausurado para los activos argentinos desde hace casi una década.
 
El catalizador inmediato fue la decisión de S&P Global Ratings de elevar la nota de la deuda soberana en moneda extranjera de largo plazo desde "CCC+" hasta "B-", con perspectiva estable. El movimiento, que replica el adoptado por Fitch Ratings en mayo, reviste una significación que excede lo nominal: implica que los títulos argentinos abandonan formalmente la categoría asociada a un riesgo sustancial de incumplimiento, franja en la que el país convivió con la sospecha permanente de un nuevo default. En los fundamentos de la mejora, la calificadora ponderó la persistencia del ajuste fiscal, la aceleración en la acumulación de reservas internacionales a lo largo de 2026 y el fortalecimiento de la capacidad del Tesoro para refinanciar sus vencimientos en condiciones de mercado.

La reacción de los precios fue inmediata. Los bonos soberanos en dólares registraron subas pronunciadas, el S&P Merval extendió su rally -con avances de hasta 2,3% en papeles líderes del panel energético- y el riesgo país, que días atrás había quebrado el piso de los 450 puntos básicos por primera vez desde 2018, profundizó su compresión hasta la zona de los 433 puntos, su registro más bajo desde abril de aquel año. Para los analistas, el comentado upgrade no clausura el proceso, sino que inaugura una etapa en la que la consistencia fiscal y la robustez de las reservas comienzan a ser premiadas por el mercado, con expectativas de nuevas mejoras de calificación en el horizonte.

El segundo pilar del momentum es la dinámica de precios. El INDEC informó que el índice de precios al consumidor de mayo se ubicó en 2,1% mensual, el guarismo más reducido desde septiembre de 2025 y una desaceleración de cuatro décimas respecto del 2,6% de abril, encadenando así el segundo mes consecutivo de moderación. El acumulado de los primeros cinco meses del año asciende a 14,7%, en tanto la variación interanual se sitúa en 33,2%. El dato perforó incluso la mediana de las proyecciones privadas, que anticipaban un registro de entre 2,1% y 2,4%, y el componente núcleo -depurado de estacionales y regulados- descendió a 1,9%, señal de que el proceso desinflacionario exhibe raíces estructurales y no meramente coyunturales. El Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta que el umbral del 2% mensual sería quebrado hacia agosto.

Las proyecciones de la propia S&P refuerzan el cuadro: la agencia estima una expansión del producto del orden del 2,7% para 2026, con un sendero de crecimiento cercano al 3% anual en los ejercicios subsiguientes, y una inflación promedio que descendería al 32% este año —desde el 42% de 2025— para aproximarse gradualmente al dígito único hacia el final de la década. Mención aparte merece el capítulo energético: la calificadora identifica en el desarrollo de Vaca Muerta uno de los factores estructurales de la mejora en la capacidad de pago, con un superávit comercial sectorial estimado en torno a los 10.000 millones de dólares para 2026, prácticamente el doble de los 5.900 millones registrados en 2024. La transformación de la matriz exportadora argentina, con los hidrocarburos no convencionales como vector dominante, comienza así a internalizarse en la valuación del crédito soberano.

El cuadro, no obstante, dista de ser inmaculado. La propia S&P enumeró las vulnerabilidades persistentes: reservas netas todavía exiguas en términos comparativos, una inflación que -pese a la desaceleración- permanece elevada para estándares regionales, episodios recurrentes de volatilidad cambiaria y la histórica fragilidad institucional del país, que ningún upgrade puede suturar por decreto. La calificadora subrayó, además, que la Argentina continúa expuesta a shocks adversos de origen externo, y condicionó la trayectoria ascendente de la nota a la continuidad del ancla fiscal y de la disciplina monetaria.

Pero la advertencia más punzante del informe es de otra naturaleza: el principal riesgo identificado sigue siendo político. Y es aquí donde la coyuntura adquiere una ironía casi literaria. En la misma semana en que el mercado celebra la salida del purgatorio crediticio, el Congreso activa por primera vez en la historia el mecanismo de censura contra el jefe de Gabinete, los aliados advierten sobre la parálisis legislativa y la coalición de gobierno exhibe fracturas inéditas.

La sostenibilidad del rally dependerá, en última instancia, de que la política no dilapide lo que la macroeconomía ha construido. Para los inversores con exposición a activos argentinos, el monitoreo de la sesión parlamentaria del 23 de junio será, paradójicamente, tan relevante como el próximo dato de inflación.