POLITICA ARGENTINA: MATIAS E. RUIZ

Argentina, Alberto Fernández y el BID: hacia una retórica de la derrota recurrente

Conmovido por una colección de movilizaciones ciudadanas de magnitud organizadas...

14 de Septiembre de 2020


Se nos acusa de crear la opinión de las masas. Ese reproche es inexacto; sólo intentamos formularla.


León Trotsky


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Conmovido por una colección de movilizaciones ciudadanas de magnitud organizadas contra su gestión -que cobraron fuerza a partir de la destrucción económica propiciada por un ecosistema de confinamiento que hoy languidece, y por el paulatino pero firme cercenamiento de libertades individuales y colectivas-, el Presidente Alberto Angel Fernández parece haberse abrazado a una retórica derrotista, en donde los yerros se acopian de manera inconveniente. Infortunadamente para él, estos errores no forzados se han vuelto costumbre; van desde la liberación de reos peligrosos y los intentos de interferencia gubernamental en la administración de justicia -el experimento fue dado en llamar 'reforma judicial'- hasta las fallidas avanzadas contra Vicentín y Edesur, para desembocar, poco después, en el tropiezo albertista que buscó imponer al resbaladizo Gustavo Béliz en el trono del Banco Interamericano de Desarrollo (BID, o IDB, su acrónimo en inglés).

Alberto Fernández y Gustavo BélizLa peripecia oficialista en el BID ha consignado un sonoro fracaso para el régimen frentetodista, particularmente cuando se examinan su corte y confección inicial, y las aristas que dan forma a la argamasa del desastroso resultado. Precisamente, el primer periplo internacional de Fernández lo llevó a hacer migas con su par mexicano Andrés Manuel López Obrador, hacia noviembre de 2019. Ya en ese entonces, el jefe de Estado argentino planteó in situ ante AMLO la posibilidad de configurar un andamiaje regional antiimperialista fraccionado, que sirviera de Línea Maginot progresistoide frente a la agenda de la Administración americana de Donald John Trump en Latinoamérica. López Obrador, sin embargo, se dio el lujo de obsequiarle una microclase magistral sobre la relación especial entre el Palacio Nacional y la Casa Blanca: la nación de orgullosas raíces aztecas es el principal socio comercial de los Estados Unidos de América y, desde declarado el puntapié inicial del interdicto comercial americano con la República Popular China, los beneficios de ese vínculo se han multiplicado: Washington ha visto en México (su destacado partenaire en el T-MEC) una inmejorable oportunidad para proceder con una mecánica de sustitución de importaciones provenientes de Asia, flanqueando la proyección geoestratégica y geoeconómica de Pekín.

Como era de esperarse, el mandatario mexicano no habrá tenido espacio en su agenda protocolar para desarrollar ante Alberto Fernández algunos de los caracteres más intrincados y subterráneos de la relación bilateral mexicano-estadounidense, particularmente en lo que hace a asuntos de seguridad nacional o del contrabando de estupefacientes. Menos podía sobrar tiempo para que el presidente argentino tomare notas sobre, por ejemplo, aquel colorido episodio del pasado no tan remoto, en el que activos de la agencia antinarcóticos DEA acercaran al abismo al ex presidente Miguel de la Madrid, luego de que los socios de éste en el difunto cártel de Guadalajara ejecutaran a ciudadanos de los EE.UU. por sospecha de espionaje. El lugarteniente de la Madrid, quien en su oportunidad oficiaba como Ministro del Interior, fue registrado en un voluminoso archivo fotográfico, mientras recogía maletines con dinero de parte de los narcoterroristas. Incidentalmente, y en lo que remite a aspectos bastante más comentables, la simbiosis heredada por Trump y AMLO abarca también a la industria de la defensa: el sector aeroespacial que colabora con el Tío Sam necesita imperiosamente del output producido por fábricas localizadas en suelo azteca. Información ciertamente sofisticada para los limitados conocimientos de un presidente argentino delarruizado sin remedio, cuyo breviario se extingue en arrebatos pueriles e inconducentes.

Así las cosas, la prerrogativa de la Casa Rosada que buscó plantar a Gustavo Béliz en el BID/IDB finalizó en un estrepitoso revés. El aspirante estadounidense Mauricio Claver-Carone logró ponerse al frente del directorio del organismo en una holgada votación, muy a pesar de la furtiva maniobra argentina que -urdida por el propio Alberto Fernández y por su Canciller Felipe Solá- tuvo la intención de postergar el comicio interno, especulando en favor de una eventual victoria de Joe Biden en las elecciones presidenciales americanas de noviembre próximo. Para Carone, una de las prioridades -una vez que asuma efectivamente en el cargo- coincidirá con poner fin, de una vez por todas, a un desequilibrio que porta consigo el desagradable aroma de la injusticia: la República Argentina ha sido el tercer país más beneficiado por el organismo en la región -con dinero, subsidios o grants, y empleos-, a pesar de evidenciar un magro 11.4% de la posesión financiera

La introductoria mexicana al presente planteo cobra importancia cuando el BID es tema de tratamiento, por cuanto López Obrador se desentendió de Alberto Fernández, a último minuto. El argentino no podrá alegar traición, en virtud de la advertencia del jefe de Estado mexicano de noviembre pasado, aún cuando la disputa por la conducción del banco no estaba en los planes. Previo al desastre diplomático, el gobierno de Fernández se acogió a la abstención y no al voto en contrario; y lo propio hicieron sus socios en Perú, Chile y la Unión Europea. La estratagema del retroceso en chancletas exige, por estas horas, bregar porque Claver-Carone no adopte represalias contra Buenos Aires. No en vano, el mustio comunicado de Balcarce 50 puso el foco en la defensa de la 'inclusión social y el desarrollo humano' para el futuro del BID, acaso como visibilizando a priori la pérdida de la monumental caja latinoamericana que, por años, financió el buen pasar de cierto bien identificado progresismo de Business Class muy adepto a viajar por el mundo, en un despreocupado recorrido por salones VIP de aeropuertos, mientras vociferaba en diversos foros sobre 'pobreza, feminismo y derechos humanos'. En la Argentina al menos, esta colección de dividendos fue explotada por dignatarios emparentados no solo con el Frente de Todos, sino también con el espectro accidentalmente opositor rebautizado como Juntos por el Cambio, y con escuderos pertenecientes a un agolpado transversalismo progre, en donde también destacan la Coalición Cívica y su lideresa espiritual Elisa Carrió. En última instancia, juega en este monumental consorcio una galería de personajes de la academia caviar integrada por izquierdistas 'demócratas', abrazados a la Universidad de San Andrés [Juan Abal Medina, Juan Gabriel Tokatlian], a FLACSO, a la Universidad Torcuato di Tella [José Nun], a la Universidad Católica Argentina, y también a la Universidad del Salvador [Magdalena Faillace]. Todos éstos -y muchos más-, mutualistas de un nutrido repertorio que ha lucrado gracias al esperpento de la Constitución de 1994, que soslayó a la Carta Magna para otorgarle prioridad a tratados internacionales apuntalados por un derechohumanismo tan moralmente retorcido como salvaje y predatorio. Fortuitamente, en las últimas horas, Sergio Berni hizo mención a este nebuloso círculo, criticando su nula afección al trabajo. Ya semanas atrás, el justicialista de vieja guardia Guillermo Moreno la había emprendido contra el propio Presidente Fernández, pintándolo como 'socialdemócrata' -lo cual en modo alguno ha de tomarse como un cumplido.


En el ínterin, otro notable damnificado de la catástrofe electoral en el BID es, por supuesto, el jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta: la prominente ausencia de rendición de cuentas en el Banco Interamericano de Desarrollo permitió que su gestión se apalancara financieramente nimium quantum, con fondos desde allí otorgados. Casi una tragedia americana, que nunca deja de echarle combustible al fuego de agitadas discusiones recogidas en el Beltway o en Foggy Bottom, en el Distrito de Columbia: al final del partido, una institución financiera regional en la que Estados Unidos contabiliza una participación del 30% termina aportándole dinero a opacos movimientos sociales y partidos políticos que, desde las Américas, festejan el incendio de íconos de la cultura y la historia estadounidense a manos de organizaciones clandestinas como Black Lives Matter o Antifa. Si la oposición política argentina -la de Juntos por el Cambio, por caso- se identifica con el ala radicalizada del Partido Demócrata, quizás sea hora de otorgarle un descanso a las coincidencias. Atendible curiosidadMarcos Peña, el caído en desgracia ex jefe de Gabinete del entonces presidente Mauricio Macri, recordó alguna vez que su partido era 'socialista y popular'. Hace no mucho, las legisladoras del ex PRO -autoproclamadas feministas- Karina Banfi, Silvia Lospennato, Camila Crescimbeni, Carla Carrizo, Brenda Austin y Josefina Mendoza, arengaron en un acto público a 'incendiar la Catedral'. En ocasiones, ciertos testimonios se vuelven reveladores con el tiempo.

¿Consigna la hecatombe del BID un tiro de gracia para el régimen de Alberto Angel Fernández? La respuesta es afirmativa, toda vez que el análisis se limite a la responsabilidad táctico-estratégica que involucra a los ideólogos de la maniobra. No obstante, las esquirlas habrán de llover también sobre la humanidad de un segmento mayoritario de la dirigencia política, ya mencionada. Fundamentalmente, sobre muchos de sus prominentes voceros, para quienes no ha sido suficiente con el haber parasitado fondos públicos del Estado argentino a criterio de financiar un emprendedurismo ideologizado, conforme han salido corriendo a apropiarse de partidas aportadas por organismos internacionales -sean éstos el BID, Naciones Unidas, exóticas ONGs o think tanks hermanados con distintas escuelas del crimen organizado transnacional.

Nunca es buena idea apedrear al águila, cuando el ave está ocupada en resguardar el propio nido.

Se entiende: habrá consecuencias.

 

Sobre Matias E. Ruiz

Es Analista en Medios de Comunicación Social y Licenciado en Publicidad. Es Editor y Director de El Ojo Digital desde 2005.