ECONOMIA INTERNACIONAL: VICTOR PAVON

Paraguay: una buena macroeconomía no es suficiente; es necesario contar con mayor libertad económica

En Paraguay, cada vez que se habla del estado de la economía y se comparten análisis...

13 de Octubre de 2019

 

En Paraguay, cada vez que se habla del estado de la economía y se comparten análisis frente a lo que se viene en los próximos meses, se menciona recurrentemente a la fortaleza lograda en materia macroeconómica. Se cita que Paraguay está bien posicionado en aspectos tales como política monetaria, fiscal, control del déficit, política cambiaria, endeudamiento, y tipos de interés, etcéteras. Suele declamarse una sentencia similar a ésta: Todo está monitoreado, pronto volvemos al crecimiento del 4 por ciento del producto.
 
Paraguay, Libremercado, Libertad económicaSin embargo, ni todo está tan monitoreado, ni es cierto aquello del 'cauce normal' del crecimiento. Y no puede estar monitoreado por el Banco Central ni por Hacienda, dada la persistencia de la debilidad institucional. Y si bien se fue consolidando un saludable ambiente de respeto a las decisiones en lo que respecta a la macroeconomía, no es menos certero subrayar que Paraguay continúa expuesto a los verdaderos policy makers (hacedores de política), con tendencia hacia el populismo y la demagogia, como en efecto sucedió con la ley de tarjetas de crédito -legislación que aún continúa perjudicando a sectores sociales menos pudientes.
 
Estos tomadores de decisión políticos están allí con el sólo fin de resguardar los propios intereses, y los de los núcleos que viven del dinero ajeno. Este consorcio toma decisiones teniendo en cuenta incentivos grupales, entre los que revistan la propia supervivencia y privilegios. Tampoco es acertado el insistir en la sentencia 'volver a crecer', como si la economía respondiera a reglas de las ciencias físicas o exactas. Aquéllo de esperar crecer al 4 por ciento en el Producto Interno Bruto (PBI) refleja un bajo sentido aspiracional para un país como Paraguay, que se encuentra en perfecta capacidad para consolidar un 7 por ciento de crecimiento anual.
 
La realidad es que la macroeconomía es una parte de algo más determinante. La economía es  'un amplio orden de cooperación social', como acertadamente advirtió en su momento el Nobel de Economía, F. A. Hayek, a tecnócratas y políticos.
 
La macroeconomía está relacionada, a fin de cuentas, con la pujante o debilitada economía en la que individuos y empresas son protagonistas estelares, y que ciertamente no actúan como lo harían los funcionarios del Estado o el Congreso. Es la economía privada la que decide a diario qué se produce, compra, vende e intercambia en los mercados, sin descanso alguno. La macroeconomía se sitúa, en rigor, en un andarivel de directa interdependencia frente a la microeconomía, la de los individuos y las empresas.
 
Si la macroeconomía está separada del análisis del comportamiento de los individuos y empresas, insistir con medidas de modificar las tasas de política monetaria para irrigar con guaraníes el mercado es un error. Esta medida del Banco Central y del mismo gobierno -que parece ser toda una innovación técnicamente bien dispuesta- no es más que un placebo cortoplacista similar a lo que genera una aspirina en un cardiópata severo.
 
Una buena macroeconomía -esto es cierto- garantiza el funcionamiento en su conjunto de la economía, a criterio d econtar con algún margen de certezas frente a ciertos agregados; no obstante, resulta insuficiente para lo que hoy se está dando en el país, y para lo que se viene. El crecimiento económico y su sostenibilidad están supeditados a la libertad económica.
 
La diferencia entre los países que prosperan y los que no lo hacen, entre los que siguen estancados en la corrupción y los que son transparentes, entre los que crean más empleos y los que generan desempleo, entre los que atraen inversión y los que la ahuyenta, entre los que elevan su inversión per cápita y los que se estancan se encuentra en la libertad económica.
 
Para proceder en la consolidación de esta tarea, es preciso fortalecer el Estado de Derecho, el respeto a la Constitución y a la propiedad privada, preservar la imparcialidad e independencia del Poder Judicial, elaborar leyes que saquen de las espaldas del ciudadano el peso de gobiernos que se dedican a poner trabas, impuestos, burocracias inservibles y regulaciones absurdas. La libertad económica es el resguardo de la autonomía individual bajo el imperio de la ley.
 
La libertad económica no solo guarda relación con el entorno de negocios y radicación de capitales; también significa calidad de las instituciones políticas e independencia y efectividad judicial. Al respecto, y de acuerdo al índice de 2019 publicado por la Heritage Foundation y en nuestro país, el Instituto Patria Soñada, Paraguay se encuentra mejor ubicado que Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia y Venezuela -aunque muy por debajo de Chile, país que debe ser nuestra guía en cuanto a reformas a llevar a cabo.
 
Existe un proceso doloroso del cual Paraguay no necesita experimentar, tal como lo hicieron otros países. Nuestros vecinos, la Argentina y Brasil, son dos gigantes con pies de barro, a los que no debemos imitar. La libertad económica no es un abstracto ni un tema sin importancia. Está visto que no es suficiente la buena macroeconomía. Necesitamos libertad económica, como aspecto central para abandonar el esquema de infortunios que hoy experimenta la República del Paraguay.


 
Sobre Víctor Pavón

Decano de Currículum UniNorte (Paraguay) y autor de los libros "Gobierno, Justicia y Libremercado" y "Cartas sobre el Liberalismo". Publica periódicamente en el Diario ABC Color, de Asunción.