INTERNACIONALES | REALPOLITIK: PHILIP GIRALDI

Sobre la política exterior de Donald Trump para 2019

¿Será creíble, o apenas una carnada?

08 de Enero de 2019

Nunca antes una Administración presidencial en los Estados Unidos ha sido tan desordenada en términos de seguridad nacional y de política exterior, como la de Donald J. Trump.

Donald Trump, John BoltonEn efecto, uno podría bien argumentar que no hay novedades allí en torno de una doctrina nacional respaldada en el análisis de riesgos versus beneficios en lo que hace a escenarios internacionales en desarrollo. En lugar de ello, se ha consignado un patrón de reacciones emocionales alimentadas por la desinformación de los medios, suplementado aquél con 'corazonadas' de cara a una serie de relaciones bilaterales que con frecuencia tienen poco o nada que ver con los intereses nacionales de los Estados Unidos.

No se sugiere aquí que las 'corazonadas' siempre sean desacertadas. Durante mucho tiempo, el conocimiento establecido en Washington ha sabido reflejar que EE.UU. debe ejercitar liderazgo en el establecimiento y en la manutención de consensos neoliberales que ganaron tracción luego de la devastación producida por la Segunda Guerra Mundial. Las elecciones libres, el librecomercio y la libertad de expresión en los medios fueron la piedra de toque del nuevo orden mundial pero, asimismo, sobrevinieron con el combo de la hegemonía estadounidense, la cual estaba llamada a confrontar con aquellos que resistieron el desarrollo. Y terminó sucediendo que aquéllos 'beneficios' fueron difíciles de consolidar, conforme, en ocasiones, las elecciones tuvieron por costumbre dar lugar a funestos resultados, mientras que los acuerdos comerciales y los medios de comunicación carentes de control se dieron a la faena de trabajar contra los objetivos más amplios de los Estados Unidos. Con demasiada periodicidad, EE.UU. se vio a sí mismo yendo a la guerra contra naciones a las que no veía con buenos ojos, o por razones que nada tenían que ver con los intereses de Washington. Rutinariamente, se afirmaba -erróneamente- que los regímenes disidentes eran tanto 'amenazantes' como disruptivos para los valores universales que EE.UU. declamaba defender.

A los efctos de ponderar los modos en que el orden neoliberal funciona en la práctica, uno está obligado a considerar a los Clinton, que supieron justificar brutales intervenciones militares en los Balcanes y en Libia, basándose en lo que afirmaban eran principios humanitarios. Y lo propio le cabe a Obama, quien exigió un cambio de régimen en Damasco, habiéndose preparado también para ejecutar un ataque a gran escala versus Siria, previo a percatarse de que no había respaldo del público para semejante maniobra. Luego, terminaría retrocediendo en ese propósito.

Más recientemente, particularmente desde el 11 de septiembre de 2001, los neoconservadores han dominado la política exterior americana a través de sus think tanks, de su acceso a los medios y de su capacidad para infiltrar a los partidos políticos principales, respaldándose en sus visiones esencialmente fraudulentas respecto de las amenazas contra la seguridad nacional. Y han sido tan exitosos comercializando su producto, que las ridículas afirmaciones de que Irán es una amenaza para EE.UU. son generalmente aceptadas sin preguntar, tanto por Demócratas como por Republicanos -sin mencionar a la Casa Blanca. Rusia, mientras tanto, continúa estando en la mira de la ira bipartidista, desde la izquierda (con sus reclamos sobre las elecciones de 2016) y desde la derecha (a partir de la diseminación del miedo en torno de supuestas amenazas contra la Europa Oriental).

Pero la esperanza pareciera ser eterna, incluso en lo que respecta a 2019. Recientemente, se han registrado señales alentadoras que verifican que el cambio sobrevuela el ambiente. Donald Trump ha declarado que retiraría a los soldados estadounidenses de Siria, y que haría lo propio con la mitad del elemento militar que Estados Unidos mantiene en Afganistán, aunque la fecha para hacerlo se ha ralentizado, en apariencia; y lo ha hecho cada vez más cada vez que el establishment incrementó la presión. El que Trump haya decidido romper con el modelo intervencionista a partir de Siria, si es que tiene éxito al hacerlo, ciertamente es celebrable. Pero un testigo ha observado que la partida de territorio sirio se parecerá, en gran medida, al verso de la canción de los Eagles 'Hotel California', el cual reza 'You can check out any time you want, but you can never leave'. ('Puedes hacer el check-out [del hotel] cuando te plazca, pero nunca podrás irte').

Sin embargo, existen otros indicadores de que algo está en marcha. El 3 de enero, Trump comentó que Irán podría hacer lo que quisiera en Siria -comentario que generó oleadas de shock a en la cobertura que el matutino neoconservador Washington Post explicitó en su cobertura. Para ser precisos, otros funcionarios de la Administración continuaron enviando señales diferentes, con Mike Pompeo (Secretario de Estado), afirmando que Estados Unidos permanecería en Siria toda vez que Irán haga lo mismo.

De igual manera, Pompeo ha advertido a Irán al respecto de su desarrollo de misiles balísiticos en conexión con un pretendido programa espacial, advertencia que Teherán ha rechazado. Por su parte, Israel -presuntamente, actuando con la connivencia estadounidense- ha introducido un novedoso elemento desestabilizador en el caldero de Oriente Medio, empleando aerolíneas comerciales para enmascarar la aproximación de sus jets de combate, a efectos de ejecutar ataques en Siria. Por lo tanto, la posibilidad de que una aeronave comercial sea derribada, con la gran pérdida de vidas que ello implique -por 'accidente'- se ha elevado exponencialmente.

Continuando con las precisiones, existen algunos que creen que el giro antiintervencionista de Trump es, en esencia, fraudulento. Esos analistas suspicaces citan la recurrente hostilidad que proviene de la Casa Blanca hacia Irán, país que es vilipendiado casi a diario por la supuesta amenaza que representa, no solo para Oriente Medio sino para la Europa Occidental y para los Estados Unidos. El hecho de que los ataques de la Administración tengan escaso respaldo en datos concretos es, en rigor, el detalle que reposa detrás del asunto, en tanto parecería ser que Trump, Pompeo, John Bolton y la recientemente eyectada Nikki Haley creen en conjunto que el objetivo de desarmar a Irán y motorizar un cambio de régimen en esa nación ha sido promocionado con eficiencia. En efecto, la guerra dirigida contra la economía iraní ya dio inicio con una serie punitiva de sanciones específicas -y se estima que a éstas le seguirán otras muchas, especialmente cuando mayo próximo asista a la prohibición completa de las exportaciones de crudo de la República Islámica.

Iran ha replicado a las amenazas reafirmando en diciembre pasado su intención de ejercitar controles sobre la totalidad del tráfico marítimo que zarpe del Golfo Pérsico, a través del Estrecho de Hormuz, si acaso sus exportaciones son obstaculizadas por los Estados Unidos. Washington respondió de inmediato, enviando al portaviones U.S.S. John C. Stennis al Golfo, lo cual ha consignado el primer despliegue en la región tras ocho meses. Estando ya todas las piezas en su lugar, la posibilidad de que ocurra algún incidente regional -que, según se supone, podría involucrar a la Guardia Revolucionaria de Irán y a unidades navales americanas- escalará, tal como sucedió con el célebre incidente del Golfo de Tonkín, que aceleró el involucramiento estadounidense en la Guerra de Vietnam.

Mucho de lo que sucede en Oriente Medio dependerá, a la postre, en qué tanto los funestos aliados de Washington, Arabia Saudita e Israel, tengan éxito en comerciar sus versiones relativas a lo que sucede en la región. Contra todo lo esperado, Trump parece mostrarse firme, habiéndole comentado a un periodista recientemente que las preocupaciones en torno del retiro de Siria parten del equívoco porque 'Le otorgamos a Israel US$4.5 mil millones al año. Y, francamente, les damos más dinero del que, si Usted se fija en los estados contables-, más dinero que eso. Y ellos han estado haciendo un buen trabajo por su cuenta'. De igual manera, la relación más importante -con Rusia- dependerá de la capacidad del presidente a la hora de ignorar la hostilidad que parte del Congreso contra el Kremlin, así como también dependerá del sesgo de los medios de comunicación -los cuales continúan promocionando el Russiagate como si se tratase de una amenaza para la seguridad nacional.

Y también está Corea del Norte, que acaba de explicitar claramente que sus autoridades están dispuestas a conversar con las de los Estados Unidos, pero que jamás retrocederán en su programa de desarrollo nuclear, a no ser que las sanciones sean levantadas. Y, ¿qué hay de Latinoamérica? Bolton ha calificado a Cuba, Nicaragua y Venezuela como una 'troika de tiranía', aún cuando -afortunadamente- las sugerencias en torno de que Venezuela terminaría siendo invadida por fuerzas estadounidenses con el objeto de restaurar el orden, al parecer se han diluído.

Si Usted presta atención a la prensa neoconservadora, no podrá evitar notar que China está llamada a protagonizar el horizonte de las amenazas; aunque, al mismo tiempo, es un aliado comercial fundamental para EE.UU. y los estrechos vínculos económicos entre ambos países dificultarán la renegociación de los términos. Debe uno echar mano de la cautela, ante lo que ahora se exhibe como un agravamiento de la competencia entre potencias -lo cual es, también, peligroso. La detención de Weng Manzhou en Canada un mes atrás, junto con la acusación de que EE.UU. puede (y así lo hará) reforzar su sistema de sanciones globalmente, fácilmente podría desembocar en un grave problema con China, y lo mismo con otras naciones, incluyendo a algunos aliados de OTAN. Es cierto que la noticia del arresto ha desaparecido ya de los titulares, pero no pocos ciudadanos canadienses han sido detenidos por Pekín, y el gobierno estadounidense ha advertido a los hombres de negocios de su país que no viajen a China por estas épocas.

Todo lo aquí expresado bien podría sonar tristemente familiar, pero la verdadera pregunta que es menester hacerse es si acaso, en 2019, Donald Trump tendrá la visión y las 'corazonadas' necesarias para cumplir con sus promesas de campaña, al respecto de cambiar la cara de la política exterior estadounidense, retirándose de guerras inútiles en el exterior y firmando treguas con países que verdaderamente son importantes, como Rusia. Conforme es de público conocimiento, del dicho al hecho hay mucho trecho, pero lo cierto es que Trump sí cuenta con la capacidad para hacer frente a los halcones de su Administración, cambiando el eje de la conversación en lo que tiene que ver con el sitio que le cabe a los Estados Unidos en el mundo.


Artículo original, en inglés, aquí | Traducido y republicado con permiso del autor y del Editor en el sitio web estadounidense The Unz Review


 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios estadounidenses, y como Director Ejecutivo en el Council for the National Interest. Giraldi es colaborador frecuente en Unz.com, Strategic Culture Foundation y otros. En español, sus trabajos son sindicados con permiso en El Ojo Digital.