INTERNACIONALES : PHILIP GIRALDI

Jamal Khashoggi murió en vano

Que comience la conspiración.

31 de Octubre de 2018

La conmoción en torno del homicidio de Jamal Khashoggi, acontecida en el edificio del Consulado General de Arabia Saudí en Estambul, ya ha comenzado a diluírse, conforme los medios de comunicación han decidido mudar su foco hacia otras áreas en busca de carne fresca -y posicionando su atención en los intentos por atentar contra personalidades en los Estados Unidos, como también en el tiroteo que tuviera lugar en Pittsburgh. Pero el affaire Khashoggi no ceja en su importancia, habida cuenta de que, potencialmente, viene aparejado de posibles realineamientos en Oriente Medio, al igual que en Europa. Todo ello, mientras muchos países se exhiben envalentonados a la hora de redefinir su relación con Arabia Saudita.

Jamal KhashoggiLos turcos, por su parte, saben exactamente qué es lo que sucedió en el edificio del Consulado General y, ahora mismo, están ejercitando presión contra los saudíes, exigiéndoles que tomen nota de su responsabilidad en el asunto y, sin lugar a dudas, pidiendo a Riad algún tipo de compensación. Algunas fuentes en Turquía creen que el presidente Recep Tayyip Erdogan demandará, en rigor, una recreación del Califato, el cual Kemal Ataturk -conductor del gobierno republicano turco- abolió en 1924. Esta eventualidad podría reducir la capacidad de Arabia Saudita a la hora de considerarse a sí misma como un Estado con preemninencia islámica, debido al resguardo que ejercita sobre sitios santos como la Meca y Medina. A su vez, esta circunstancia llevaría a un realineamiento de proporciones bajo la umma islámica, conducente con la restauración de algún parecido con la supremacía otomana con alcance en toda la región.

En rigor, el brutalmente efectivo servicio de inteligencia turco, conocido por su acrónimo MIT, es muestra siempre muy activo cuando llega el momento de monitorear las actividades de embajadas pertenecientes tanto a naciones amigas como enemigas (y las llevadas a cabo por sus respectivos empleados) a lo largo del teritorio nacional. A tal efecto, se emplea vigilancia electrónica y, si acaso la delegación extranjera cuentas con empleados de nacionalidad turca, muchos de esos individuos sin lugar a dudas serán agentes que reportarán al referido MIT. Como resultado, debería presumirse que el MIT tenía al Consulado General saudí muy bien cubierto tanto con sistemas de cámaras como de micrófonos, posiblemente tanto en el interior como en el exterior del edificio, lo cual implica que el audio del homicidio que fuera reportado en los medios de comunicación sería, sin tapujos, verídico, y que incluso podría estar respaldado por imágenes en video.

Un informe reciente de la cadena británica BBC explicitó que la Directora de la CIA, Gina Haspel, se ha trasladado a Turquía, y que le fue permitido acceder a las grabaciones de la tortura y posterior homicidio de Khashoggi. Ciertamente es algo positivo que la Casa Blanca de Trump haya enviado a Haspel, conforme ella se enteraría exactamente de qué tipo de cosas en el audio se asemejarían bastante a lo recogido por su experiencia personal en Tailandia. Como es de suponerse, ella estaría en perfectas condiciones de explicarle al presidente estadounidense el modo de empleo de un serrucho cortahuesos.

De tal suerte que los sauditas parecen hoy encontrarse en una situación insostenible, pero aún cuentan con muchas cartas con qué jugar. Riad cuenta con un sinnúmero de lobbistas en Washington, los cuales han comprado opinión en think tanks y en editoriales de prestigiosos matutinos. Al mismo tiempo, se han metido en la cama con Israel a efectos de oponerse a Irán, lo cual implica que el lobbi israelí y sus numerosos amigos en el Congreso de los Estados Unidos compartirán sus reclamos en torno del homicidio de Khashoggi pero, a la postre, no harán nada al respecto. De igual manera, la Casa Blanca desalentará a sus aliados más cercanos al momento de adoptar medidas que pudieren perjudicar seriamente a los sauditas. En términos regionales, Arabia Saudita es, adicionalmente, de importancia crítica para el plan de paz para Oriente Medio respaldado por Trump. Si Arabia Saudita se retirase del andarivel que hace a las garantías financieras, aquél plan fracasará; de manera tal que Washington habrá de presionar duro contra Ankara, en especial para forzar a los turcos a que no exageren su pedido de compensación.

Todo lo cual conduce a algunas consideraciones de cara a la hipocresía que sobrevuela el desbarajuste provocado con Khashoggi. Arabia Saudita asesinó a un ciudadano, en un edificio diplomático en Turquía, en apariencia, porque creyeron que la víctima era un disidente que comportaba una amenaza para la seguridad nacional. En consecuencia, amplificaron la conspiración. A pesar de todo lo descripto, pareciera ser que el asunto involucrara solo a dos partes de forma directa: los saudíes y los turcos. Aunque se ha conocido de una serie de arengas, de parte de un número de países, para reprimir a Arabia Saudita por lo que fue, claramente, un horrendo asesinato, ejecutado en franca contravención contra todas las reglas existentes que regulan el comportamiento ante misiones diplomáticas de naciones extranjeras.

La Convención de Viena sobre misiones Diplomáticas y Consulares garantiza a los diplomáticos un cierto nivel de inmunidad al desempeñarse en posiciones en el extranjero, pero estas provisiones no incluyen al asesinato. En puestos consulares como el de Estambul, la inmunidad consular solo se hace extensiva a funcionarios que de verdad desempeñan labores consulares cuando una supuesta infracción tiene lugar. Conozco, por experiencia personal, la manera en extremo subjetiva que puede caracterizar a ese proceso: en una oportunidad, fui arrestado por la policía turca cuando me desempeñaba yo como fucnionario consular del gobierno de los Estados Unidos en Estambul, al intentar localizar yo a un ciudadano estadounidense que terminaría siendo un traficante de drogas. Los turcos no supieron qué hacer conmigo debido a mi puesto, de forma que me lo pasé 24 horas completas jugando a las cartas con el jefe de la prisión previo a ser liberado.

La hipocresía gana particular empuje, cuando el Congreso de los Estados Unidos y los medios de comunicación se enfurecen y exigen que haya 'consecuencias', en parte porque Khashoggi fue un residente legal en territorio estadounidense y, por lo tanto, era una 'persona estadounidense', conforme lo tipificado por nuestra legislación. Arabia Saudita es, sin que haya margen para dudarlo, un país que la mayoría consideraría como un destino indeseable si es que lo que se pretende es salir a almorzar, beber y contraer matrimonio. Y lo propio sucede cuando se trata del tema de las libertades individuales. Se trata de una dictadura absolutista regenteada por una familia, que durante mucho tiempo se ha respaldado en la exportación del formato más retrógrado y desagradable del Islam, el wahabismo. Si no fuera porque los saudíes son exportadores líderes de crudo y, para los musulmanes, guardianes de los sitios sagrados de su religisón, este país hace tiempo hubiese sido calificado de paria internacional.

Dicho esto, el congreso estadounidense y la Casa Blanca podrían tener a bien considerar el modo en que el resto del mundo examina a los Estados Unidos cuando se trata de asesinar de manera indiscriminada y sin temor a consecuencia alguna. El presidente Barack Obama, quien en su momento fue abiertamente beatificado por el mainstream de los medios en EE.UU., fue el primer jefe de Estado americano que abiertamente puso en la mira y asesinó a ciudadanos estadounidenses en el exterior. Tanto él como su consejero de inteligencia John Brennan tenían por costumbre sentarse los martes por la mañana ante un escritorio, para revisar el listado de estadounidenses residentes en el extranjero que ameritarían ser asesinados. Para citar solo un ejemplo, las ejecuciones del disidente yemení Anwar al-Awlaki y su hijo fueron ejecutadas desde un drone (N. del T.: aeronave no tripulada o UAV, Unmanned Aerial Vehicle), tras emitirse la órdenes desde la propia Casa Blanca sin registrarse debido proceso alguno más allá de la autoridad presidencial. Obama y su Secretario de Estado Hillary Rodham Clinton también atacaron a Libia, país con el que Estados Unidos no se encontraba en guerra; destruyó su gobierno, y redujo el país al actual estado de anarquía. Cuando el ex dictador libio Muammar Gaddafi fue capturado y ultimado (tras habérsele insertado una bayoneta en su ano), Hillary lanzó una risita y declaró: 'Llegamos, revisamos, y él murió'.

Complementariamente, Estados Unidos respalda hoy a la guerra que tiene lugar en Siria, mientras que habilita a los saudíes para que continúen con sus brutales ataques contra Yemén -entre las consecuencias de esto, se ha desatado una pandemia de cólera, se ha exacerbado la hambruna, y se ha registrado la muerte de 60 mil yemeníes, sumados a millones que hoy se encuentran bajo amenaza de las enfermedades y la interrupción en la cadena de suministro de alimentos. La Casa Blanca mira hacia otro lado, mientras su mejor amigo en Oriente Medio, Israel, le dispara a centenares de manifestantes palestinos desarmados. Por encima de todo, uno bien podría argumentar que, si acaso algo huele mal en la habitación, pues ese olor proviene de Washington y de una muerte acontecida en Estambul. Sin importar lo deleznable del asunto, lo cierto es que el episodio de Kashoggi palidece al ser comparado con lo que Estados Unidos, Israel y Arabia Saudí han estado haciendo.

Y luego está la siempre pequeña cuestión de los verdaderos intereses estadounidenses. Si acaso Washington insiste en ir contra los saudíes, lo cual jamás hará, pondrá en jaque a las ventas futuras de armamento -evaluadas en decenas de miles de millones de dólares. Los saudíes también alimentan el sistema de respaldo de los petrodólares, lo cual básicamente exige que casi todas las compras internacionales de petróleo se hagan en dólares de los Estados Unidos. A su vez, los petrodólares habilitan a Estados Unidos para imprimir dinero para el cual luego no habrá respaldo, sabiendo que siempre habrá demanda internacional de dólares para adquirir crudo. Los saudíes, que también utilizan sus propios petrodólares para comprar bonos del Tesoro estadounidense, podrían quitar el enchufe y dejar caer a ese sistema. Y estos son, precisamente, los intereses estadounidenses. Si uno comienza a desglosarlos de a uno, comprenderá que Estados Unidos buscará consolidar cualquier escenario en donde el homicidio de Khashoggi no perjudique mayormente a Arabia Saudita.

A la postre, ¿qué pienso que sucederá como resultado del asesinato de Khashoggi? Nada que se parezca a nada. Existen demasiados intereses bilaterales que fusionan a los sauditas con Europa y con los EE.UU. Hay demasiado dinero en juego. En el término de dos semanas o más, la sola mención del apellido Khashoggi en los círculos políticos de Washington recibirán como respuesta un ligero movimiento de cabeza. '¿Khashoggi, quién?, replicarán algunos.


Artículo original, en inglés, en éste link | Traducido y republicado en El Ojo Digital (Argentina) con permiso del autor y del Editor de The Unz Review (Estados Unidos)



 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios estadounidenses, y como Director Ejecutivo en el Council for the National Interest. Giraldi es colaborador frecuente en Unz.com, Strategic Culture Foundation y otros. En español, sus trabajos son sindicados con permiso en El Ojo Digital.