INTERNACIONALES: JAMES M. ROBERTS

EE.UU. precisa un Departamento de Estado más firme; no una USAID 'independiente'

El presidente estadounidese Donald Trump ha ordenado al Departamento de Estado y a la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional...

21 de Noviembre de 2017

El presidente estadounidense Donald Trump ha ordenado al Departamento de Estado y a la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) que diseñen un plan que reorganice las actividades de ambos, a los efectos de mejorar su eficiencia, efectividad y sistemas de rendición de cuentas. Luego de décadas en la que billones de dólares de los contribuyentes  han ido a parar al extranjero en la forma de asistencia financiera para el extranjero, el referido no constituye un pedido por razonable, por parte del presidente. La optimización de la asistencia financiera al extranjero está en el interés de todos los ciudadanos estadounidenses.

USAIDA criterio de asistir a la Administración Trump y al Congreso en los planes de reorganización, el think tank americano The Heritage Foundation publicó en su oportunidad un extensivo estudio que recomienda un reordenamiento fundamental en lo que respecta al modo en que el gobierno de los Estados Unidos entrega asistencia financiera al extranjero. Específicamente, el informe Heritage invita a:

 

  • Una reestructuración completa de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), incorporándose sus misiones principales vinculadas a asistencia humanitaria y de salud, al organigrama del Departamento de Estado.
  • Se proceda a la transferencia del trabajo de asistencia de USAID a la Millennium Challenge Corporation, una agencia americana relativamente nueva y dedicada a la asistencia extranjera, pero que exhibe un modelo de negocios superior.
  • Encargar a la Millennium Challenge Corporation que garantice que la totalidad de las naciones en desarrollo se 'gradúen' en un examen que cifrará si acaso califican para recibir asistencia extranjera, adoptando e implementando políticas que fortalezcan el Estado de Derecho, atraigan la inversión privada, e incrementen el crecimiento económico.

Otros think tanks en Washington, D.C. han procedido a defender el status quo, argumentando que USAID continúa siendo una agencia independiente, y que acaso su influencia deba ampliarse. El informe del Atlantic Council al respecto de las reformas en el Departamento de Estado repite las palabras 'independencia' e 'independiente' en compañía de USAID, al menos seis veces. El Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) también exige que USAID se mantenga independiente. El Centro para el Desarrollo Global (Center for Global Developmentpide que se efectivicen mayores cuotas de ayuda extranjera, pero hace silencio a la hora de referirse al futuro de USAID.

El informe de la Brookings Institution se exhibe como el que porta mayor perspectiva, no solamente insistiendo en la independencia del organismo, sino que en efecto exige que el Administrador de USAID sea promocionado para que su rango equivalga al de los miembros del Gabinete -en igualdad de condiciones que el Secretario de Estado Rex Tillerson, en lugar de ser su subordinado.

Así las cosas, surge la pregunta: ¿por qué los think tanks citados -la mayoría de ellos, centristas o de izquierda- de súbito se preocupan tanto por la independencia de USAID? La respuesta más probable es que desean proteger los programas de asistencia financiera al extranjero iniciados por USAID y en cualesquier otros sitios bajo el presidente Barack Obama, resguardándolos ante los recortes propuestos por la Administración Trump. Aquí se asiste a una suerte de versión de la campaña 'Resist', pero con formato de militancia en políticas públicas.

Estos think tanks jamás precisaron qué es lo que definen por 'independencia'. ¿Debería la discrecionalidad de la asistencia extranjera sea aislada de las preocupaciones de seguridad y política exterior de los Estados Unidos? ¿Deberían el Departamento de Estado y USAID ser depositadas en posiciones antagónicas, combatiendo entre ellas por los limitados recursos que proporciona el Congreso? Ambos resultados serían ciertamente contraproducentes. Los programas de asistencia extranjera han sido diseñados y financiados por el Congreso, para asistir al Departamento de Estado a la hora de consolidar los objetivos de política exterior del gobierno estadounidense. Pero una USAID 'independiente' no funcionaría, careciendo de contexto.

Esto se convertiría en una tendencia de largo plazo: tras su creación después de la Segunda Guerra Mundial, el Departamento de Estado, de manera recurrente, ha resignado sus responsabilidades como agencia de asuntos internacionales, para transferírselas a una serie de terceras agencias. Por ejemplo, el Departamento del Tesoro ha conservado durante mucho tiempo el liderato en el diseño de las políticas monetarias y fiscales. Las políticas comerciales hoy son determinadas por la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos en la Casa Blanca. Otras agencias han tenido la decisión definitiva en lo que hace a convenios internacionales sobre espacio aéreo o de telecomunicaciones -y lo propio sucede con otros asuntos de naturaleza más arcana, como ser científicos y vinculados a aspectos sanitarios.

Y esto no es necesariamente negativo. Pero ya no es 1847, y lo cierto es que el Departamento de Estado no tiene el expertise (ni debería tenerlo) para tener la discrecionalidad absoluta en incontables y complicados asuntos con los que el gobierno ha de lidiar. Pero la asistencia al extranjero cadad vez más se ha venido convirtiendo en una función crítica del Departamento. El dinero es clave a la hora de influenciar a la gente y a gobiernos alrededor del globo, a la hora de lograr los objetivos de seguridad de mediano y largo plazo de los Estados Unidos.

Aquellos que promocionan a viva voz la independencia absoluta para USAID y se oponen a su fusión con el Departamento de Estado, básicamente están diciendo que Estados Unidos debería tener dos Departamentos de Estado -uno con dinero, y otro sin financiamiento alguno. Esa prerrogativa bien podría satisfacer los deseos de burócratas y contratistas que prefieren lidiar con una agencia federal independiente, pero la solución en nada serviría al país. Tal como en el exterior, donde el embajador estadounidense porta el rol de funcionario de mayor carrera en una sede diplomática, en Washington, el Secretario de Estado debería contar con autoridad absoluta en relación a cualquier decisión que tenga que ver con definir parámetros de asistencia al extranjero.
 

El Departamento de Estado -altamente competente, bien pertrechado, dotado del personal apropiado y con los recursos adecuados- debería incluir un componente de asistencia al extranjero. Esto es lo que países como Canada, Dinamarca y Suecia han hecho. La Administración Trump ha dado a entender que está lista para promocionar reformas fundamentales. El Embajador Mark A. Green, recientemente confirmado como Administrador para la Agencia de los EE.UU. para el Desarrollo Internacional (USAID), prometió -en ocasión de su confirmación en el Senado- tomar 'duras decisiones' a la hora de reformular USAID, en especial en lo que tiene que ver con la asistencia estadounidense al extranjero.

Conforme Green ha dicho, 'la ayuda debería apuntar a construir instituciones que sean efectivas, responsables y, a fin de cuentas, que reemplacen la asistencia recibida'. En otras palabras, una estrategia correcta de desarrollo es una que convierte a la asistencia financiera recibida en innecesaria. Los defensores del status quo que se quejan de que la amenaza de recortes a USAID no es lo ideal a la hora de hablar de reformas. En rigor, y luego de décadas de estudios y análisis que recomendaban ejercitar mejoras sobre la ayuda al extranjero, la Administración Trump parece haber hallado la única manera de hacerlo.


Artículo original en inglés, en http://dailysignal.com/2017/11/17/america-needs-a-stronger-state-department-not-an-independent-foreign-aid-agency/

 

Sobre James M. Roberts

Es Analista en temáticas de Libertad Económica y Crecimiento en el Centro para Comercio Internacional y Economía (CITE). Responsable de tareas de investigación, desarrollo y análisis del Indice de Libertad Económica (desarrollado en conjunto entre la Fundación Heritage y The Wall Street Journal). Sirvió durante 25 años en el Departamento de Estado, desempeñándose en el servicio exterior en las embajadas de los Estados Unidos en México, Portugal, Francia, Panamá y Haití