Ministerio del Interior: crónica de una Función sin Destino
Durante décadas, tanto bajo regímenes democráticos como autoritarios, el Ministro del Interior...
Durante décadas, tanto bajo regímenes democráticos como autoritarios, el Ministro del Interior fue el titular del ministerio 'político' del Gabinete. De tal manera, gozó históricamente de una cierta autonomía para llevar adelante acuerdos y planes de conciliación, o de hostigamiento frente a gobernadores y partidos políticos.

A la hora de ejercer el cargo, se requirió de individuos con el nivel de tacto, paciencia, promesas de premios y amenazas sutiles de castigo, necesario para concretar estrategias de fortalecimiento del Poder Central. Aunque el país tenga, constitucionalmente, una organización federal, desde el fondo de la historia el centro absorbente de decisión residió funcionalmente en el Poder Ejecutivo y, territorialmente, en la Capital Federal.
Pero ahora las cosas están cambiando.
Si se confeccionara una encuesta, podría observarse que menos el 5 % de la población acertaría con el nombre del Ministro del Interior.
La creciente opacidad de sus tareas puede resumirse en tres aspectos:
a) Ha sido despojado de autoridad en cuestiones económicas: los auxilios a las provincias requieren de la bendición de la cartera de Economía, y ha perdido injerencia en el área de Transporte, que antaño fuera de su incumbencia;
Algunas cuestiones concurrentes
La invisibilidad creciente del Ministerio del Interior sólo puede ser entendida en cuanto se acepte el mecanismo montado por el mileísmo para la generación de decisiones.
En primer lugar, roles decisivos son asignados a áreas ajenas al organigrama constitucional y normativo, como es el caso de la Secretaría de la Presidencia -o concediendo peso al rol de operadores sin función asignadas formalmente, como es el caso del santicaputismo. Es decir que, a un desplazamiento del centro de gravedad de la voluntad política, corresponde necesariamente una opacidad creciente de la función formal.
El Ministerio político ha sido despojado de tareas nacionales en áreas clave como Presupuesto, subsidios y transferencias a provincias. Una consecuencia inevitable se aprecia en la actitud de los gobernadores: saben éstos que el Ministro es un empleado fiel, pero con autonomía fuertemente cercenada. En efecto, las provincias con conducción en manos de la oposición negocian sin intermediarios cada voto que en el Congreso facilite la sanción de leyes vitales para el plan de gobierno. Este parece estar alcanzando sus objetivos esenciales: la reorganización del Estado nacional no sólo representó una reducción de ministerios, sino una centralización de la atención del Ejecutivo en el área económica. A una concepción radical de que el 'problema argentino' es el diseño de su programa (entendido como proyección de su ideología de base), corresponde un Ministerio del Interior desvalorizado y definitivamente maniatado.
Nuevos recursos de la negociación criolla
Despojado del manejo de recursos económicos y sin injerencia en áreas que otrora eran cuestiones 'populares' como Tansporte, nuestro desvalido ministerio tiene aún zonas de actuación que le reservan alguna posibilidad de brillar.
1. Actuación preventiva de conflictos: aquí, se requiere de 'mano', en el sentido de habilidad a la hora de conciliar las imposiciones de un PEN empeñado en ratificar su ideario anarco-capitalista y las quejas de los jefes del interior, tanto amigos como menos-amigos, para administrar la escasez como etapa presuntamente previa a la prosperidad inminente. Las conversaciones son cuidadosamente discretas, porque los términos en que se suele negociar podrían, probablemente, resultar irritantes para la opinión pública.
2. Participación en asuntos que requieren, en este caso, publicidad generosa: por ejemplo, el rediseño del esquema de Consulta Electoral, entendido en sentido amplio. Así ocurre cuando se discute la viabilidad de la PASO, la vida orgánica de los partidos políticos, y el régimen de control del voto popular (boleta electrónica, boleta única, transparencia de la compulsa, y asuntos afines).
3. Aún se le reserva al Ministerio la tarea generalmente incómoda de ofrecer la 'versión genuina de los hechos', como puede darse si en una manifestación popular se produjeran 'hechos lamentables'. Con frecuencia, la labor consiste en recrear los acontecimientos para que la versión exima de cargos a los instrumentos de poder real (como los organismos de seguridad) y elabore una literatura del hecho excepcional que purgue de responsabilidad al Poder Central.
4. 'Entrar en conversaciones' con gobernadores y 'caciques locales' (es decir, ex goberndores que ejercen el gobierno por delegación en sus delfines), a criterio de que sus Diputados y Senadores tomen determinada actitud frente a la necesidad de apoyo o rechazo a una norma planteada en sendas Cámaras. Convendría recordar, en este punto, que la reforma constitucional de 1994 creó la atrocidad del tercer senador por la minoría, con lo cual los niveles de negociación se exacerban y complejizan ya que la Cámara Alta trata cuestiones muy sensibles a los intereses de las provincias.
5. A través del RENAPER (Registro Nacional de las Personas), administra la emisión de DNIs y pasaportes.
6. En la cuestión vital de la Coparticipación (esquema de distribución de algunos recursos fiscales entre las provincias y CABA), el Ministerio es oído cuando informa sobre las tensiones clásicas en torno al asunto, aunque carece de capacidad de decidir por sí mismo: Economía decide cuánto, cuándo y cómo.
Una tarea que implica invisibilidad
En su condición de 'Ministerio político', buena parte de sus tareas desde siempre requirieron discreción y reserva. Claro que su rol como área del gabinete de un Ejecutivo celoso de la delegación de tareas, inevitablemente, tenderá -y de modo paulatino- a opacarse y resignar autonomía.
Vease aquí las personalidades decididamente notables que ocuparon la cartera del Interior, desde 1983:
Presidencia Alfonsín: Trócoli, Nosiglia, Pugliese
A la invisibiidad progresiva del Ministerio, le ha correspondido una doble opacidad: la de la magnitud y trascendencia de las tareas asignadas, y la derivada de la modesta cuota de talento aportada por los funcionarios. Un meta-gabinete de trastienda absorbe, con impaciencia, las zonas de decisión trascendente.
La Argentina de siempre avanza a tientas a través del camino de cornisa que es en sí mismo, una forma de estar en el mundo.
De profesión Abogado, Sergio Julio Nerguizian oficia de colaborador en El Ojo Digital (Argentina) y otros medios del país. En su rol de columnista en la sección Política, explora la historia de las ideologías en la Argentina y el eventual fracaso de éstas. Sus columnas pueden accederse en éste link.