POLITICA ARGENTINA: LAUTARO BONINO

La Alianza Avanza

La alianza entre la República Argentina y los Estados Unidos de América...

06 de Abril de 2026


La alianza entre la República Argentina y los Estados Unidos de América transita por el momento más sólido de su historia. Lo que Javier Milei anticipó previo a su llegada al poder se ha convertido en uno de los pilares de su administración. La nueva política exterior rompió la tradición de neutralidad del pasado, para consolidar un alineamiento total con Washington.

Donald Trump y Javier Milei, Argentina y Estados Unidos

En agosto de 2023, tras su victoria en las PASO, Milei fue categórico: “Si soy presidente, mis aliados son los Estados Unidos e Israel”. No fue solo un discurso de campaña. Antes de su investidura, el presidente ya coordinaba visitas a ambos países y demostraba que el cambio geopolítico sería inmediato.

Desde entonces, la construcción del vínculo -con Tel Aviv como tercer vértice- ha configurado un escenario inédito. Comenzó con la sintonía diplomática, y pronto se transformó en un esquema con los mismos votos en organismos internacionales, adquisición de armamento, ejercicios militares combinados y hasta colaboración en materia de inteligencia. Esta arquitectura institucional y militar proyecta consecuencias para la futura política exterior argentina.


Datos, gestos y coherencia diplomática


La acumulación de señales no deja margen para la ambigüedad. Hace dos años que cada movimiento del Palacio San Martín funciona como pieza de un rompecabezas que coincide con las prioridades de Washington.

En la Asamblea General de Naciones Unidas, los números son elocuentes. Según el informe del Departamento de Estado en torno a las votaciones en Naciones Unidas durante 2024, la Argentina fue, detrás de Israel, el segundo país con mayor coincidencia con los intereses de los EE. UU., con un 82% de acompañamiento en las 95 convocatorias. En cuestiones vinculadas a Israel, alcanzó el 83%, y en temáticas vinculadas a Ucrania, la coincidencia con Washington fue del 100%.

La calidad de esos votos también es reveladora. Por primera vez en la historia, la Argentina votó a favor del embargo de los EE. UU. contra Cuba en ONU, rompiendo con más de treinta años de tradición diplomática. Hasta entonces, todos los gobiernos argentinos, sin importar el signo político, habían votado en contra del embargo desde 1960.  En otra sesión reciente, la Argentina fue uno de los tres países que rechazó una resolución que califica a la esclavitud africana como el máximo crimen contra la humanidad. La compañía en esos votos, casi siempre, es la misma: Israel, Hungría y, a veces, nadie más.

Otras decisiones siguieron la misma lógica binaria. El gobierno declaró terrorista a la Guardia Revolucionaria de Irán y al Cártel de Jalisco Nueva Generación, lista que coincide exactamente con las prioridades de designación del Departamento de Estado y del Tesoro norteamericano.

La CIA reconoció formalmente a la SIDE y abrió una agenda de cooperación con foco en capacitación antiterrorista. En paralelo, el fallo judicial sobre YPF tuvo respaldo diplomático explícito de Washington: el procurador del Tesoro destacó el rol clave del acompañamiento estadounidense en el expediente
 

Helicópteros y Strykers, nuevos pilares de la defensa

El capítulo más estructural de la alianza es el militar. No solo por los ejercicios, sino por la decisión de reequipar las Fuerzas Armadas argentinas con tecnología estadounidense, lo que genera una dependencia logística, de repuestos y de capacitación que excede cualquier gobierno futuro.

La compra de 24 aviones F-16 fue el hito inaugural. Luego vinieron los helicópteros Black Hawk y los carros blindados Stryker, adquiridos para proteger los recursos estratégicos del país. El gobierno decidió destinar el 10% de los ingresos de privatizaciones a la compra de armamento.

Bajo la mecánica del Foreign Military Sales (FMS), la operatividad de estos sistemas queda supeditada a Washington para el mantenimiento, la provisión de repuestos y las actualizaciones de software. De esta forma, Argentina se transforma en un nuevo cliente formal del sistema.

Los ejercicios conjuntos son la cara operativa de la integración. El portaaviones nuclear USS George Washington operó en aguas argentinas durante los ejercicios Southern Seas 2024, el operativo más importante en la materia después de 14 años. El Decreto 697/2025 autorizó la llegada de un destacamento de Navy SEALs para participar en el Ejercicio Tridente, desarrollado en bases navales de Mar del Plata, Ushuaia y Puerto Belgrano. El siguiente ejercicio, planeado para abril y denominado "Daga Atlántica", fue incluido en un Memorando de Entendimiento firmado en marzo de 2025 entre el Comando Conjunto de Operaciones Especiales de Argentina y el Comando Sur de Operaciones Especiales de los EE. UU.

Fuentes castrenses lo describieron como "inédito en los tiempos que corren" por la calidad y cantidad de equipamiento que comprometería EE. UU. Lo significativo es la confianza que deposita Washington al traer ese nivel de personal y equipamiento al territorio argentino.

El interés por la Argentina responde a factores geopolíticos críticos. El Atlántico Sur es una zona de creciente relevancia. El país tiene soberanía reclamada sobre las islas Malvinas, acceso antártico, la mayor reserva de litio del mundo junto a Chile y Bolivia —el triángulo del litio, insumo crítico para la transición energética y la industria militar—, y una posición geográfica que cubre el corredor bioceánico. Tener un aliado confiable en ese vértice del hemisferio, en un continente donde los EE. UU. ven con preocupación la influencia china, tiene un valor estratégico que va mucho más allá de los guarismos del comercio bilateral.
 

El desafío de la continuidad

El principal interrogante es la sostenibilidad de este esquema ante un eventual cambio de administración. La base identitaria del peronismo y sus vínculos históricos con ejes como Venezuela o Cuba resultan, en principio, incompatibles con la arquitectura que Milei está construyendo.

Pero incluso dentro del campo no-kirchnerista la pregunta tiene aristas. El PRO y otros partidos de centro mantienen una tradición de pragmatismo que incluye vínculos con China, el multilateralismo europeo y con una lectura más matizada de la relación con los estadounidenses.

Sin embargo, lo más difícil de revertir no será la ideología, sino el equipamiento. Los F-16 necesitan repuestos norteamericanos, los Stryker necesitan capacitación norteamericana y los Black Hawk necesitan mantenimiento con tecnología que los EE. UU. controlan a través de licencias. Cualquier gobierno futuro que quiera distanciarse de Washington habrá de enfrentarse a esta dicotomía: heredar unas Fuerzas Armadas que operan con tecnología del socio del que pretende alejarse.

La apuesta de largo plazo se simboliza en gestos como el envío de la Fragata Libertad a las celebraciones por el 250° aniversario de la independencia de los EE. UU. La Argentina manda su buque escuela -el navío destinado a la formación de sus futuros oficiales de la Armada- a rendir honores a su aliado. La próxima generación de jefes militares argentinos aprenderá el oficio en ese contexto.

Tal es la apuesta de Milei: no solo cambiar la política de un gobierno, sino la cultura estratégica de una institución. De lograrlo, la alianza no solo habrá avanzado en estos años; habrá echado raíces.


 
Sobre Lautaro Bonino


Lautaro Bonino es Licenciado en periodismo (UP) con posgrado en Economía y Ciencia Política (UCEMA).