POLITICA ARGENTINA: SERGIO JULIO NERGUIZIAN

La angosta Avenida del Medio

Hace ya seis años, un grupo de dirigentes del peronismo...

10 de Noviembre de 2025


Hace ya seis años, un grupo de dirigentes del peronismo (o, quizá dicho con mayor precisión, de la periferia del peronismo) ensayó un experimento centrista, integrado por Miguel A. Pichetto, Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey, Roberto Lavagna, y Sergio Massa. El ministro de economía de Duhalde y de Nestor Kirchner, fiel a su proverbial egocentrismo, insistió, de presentarse como candidato a presidente, a ungir por pacífico consenso. Esa obstinación, sumada a las encuestas que marcaban un futuro promisorio para el ticket Alberto Fernández-Cristina Fernández, hizo desistir de la empresa a los cruzados.

Avenida del Medio, Provincias Unidas, Nerguizian, Peronismo, Crisis del Peronismo, Análisis político
Más recientemente, se buscó reflotar la siempre atractiva opción de una vía intermedia entre peronismo y variantes del liberalismo (desde ya, aceptándose la ambigüedad actual inherente a esas categorías ideológicas). Se volvió a ofrecer un camino equidistante, tanto frente a la 'idolatría del mercado' como de los 'excesos del populismo irresponsable'. La entente armada precipitadamente sumó a Llaryora (Córdoba), Pullaro (Santa Fe), Torres (Chubut), Sadir (Jujuy), y Vidal (Santa Cruz). La estructura central se organizó en torno a la Unión Cívica Radical (o a los despojos remanentes de ese consorcio, tras el tormentoso matrimonio con el macrismo). El bloque, a la postre, contará con veinte diputados sobre 254: una cosecha magra y, a la vez, una lección definitiva para todo el espectro de la política argentina.

La Avenida del Medio se hunde: examinemos las chances de construir una racionalización del fenómeno, ajustando el análisis a la situación argentina post Legislativas 2025.


Por el lado del liberal-mileismo


El Presidente irrumpió (en todos los sentidos del vocablo) en la Primera Magistratura, con un modelo de dirección administrativa y de comportamiento personal que sustituía los modelos precedentes y convertía al hecho concreto de la novedad en una herramienta de seducción de buena parte del electorado. Algunos medios de comunicación emplearon las palabras 'derecha' y aún 'ultraderecha' con miras a caracterizar la gestión, cometiendo una apreciación errónea en términos de ciencia política, pero dotando de significado, a su vez, la expansión inédita de uno de los puntos del arco ideológico nacional.

El idilio, sin embargo, comenzó a manifestar signos de precoz agotamiento, hacia mayo de este año. El tipo de cambio, diríase piedra angular del sistema de control del IPC, inicia entonces un movimiento ascendente que obliga a la Administración a ensayar todo artilugio disponible en su caja de herramientas. Para apenas quince días antes de los comicios, el rumbo de colisión se presenta como inminente. A través un acontecimiento que no registra antecedentes en nuestra convulsionada historia, el gobierno de los Estados Unidos de América decide actuar directamente en la economía local: lo que siguió es tan reciente, que justifica obviar la crónica. No obstante, una cuestión derivada no parece haber sido debidamente merituada. En efecto, el auxilio se prestó condicionado a un requisito sorprendente: Javier Milei debía girar suavemente hacia la moderación, y ese redireccionamiento se tornaría evidente en tres niveles.

En primer lugar, en el abandono de la autosuficiencia narcisista, y en la construcción de diálogos con las provincias, muchas de las cuales se hallaban, el lunes 27 de octubre, a punto caramelo para el 'dialogo fructífero y enriquecedor', después de la marea de votos violetas con que fueron asolados sus distritos. En segundo lugar, en algunas cuestiones especialmente sensibles se debía probar una ligera elasticidad de cara a las demandas (asuntos Garrahan, subsidios a la discapacidad, lento retorno de la obra pública en las reclamantes provincias).

En el epílogo (más no por eso menos importante), la presentación del personaje MIlei debía mutar hacia un modelo de sujeto prudente y contenido, cerca del saco y corbata, y alejado del arrebato verbal. El favor del Tesoro estadounidense se pagaría con una sola moneda: garantizar la gobernabilidad en la Argentina, a criterio de consolidar su rol como baluarte del plan de restauración geopolítica trumpista. Para asombro de muchos, y aún en dosis homeopáticas, el Presidente ha iniciado algo que, en términos chinos, podría denominarse El Gran Viraje Hacia el Centro. Con las Provincias, el Primer Mandatario será, pues, el artífice del 'dialogo fecundo'.

Claro que, por ahora, el 38% del PBI, representado por la Provincia de Buenos Aires, queda fuera de la táctica inicial. Sin perjuicio de ello, deviene en altamente probable que la Casa Blanca albergue planes para el díscolo Gobernador.
 

Mientras tanto, en el peronismo…
 
En lo inmediato, la estructura agrietada en la que se sostiene el peronismo requiere de urgentes trabajos de refacción. Hasta el último 26 de octubre, se preservó la estructura piramidal de poder instalada por su fundador en la que, desde el vértice, descienden las decisiones trascendentes hasta las bases receptoras. Claro que, cuando se trataba de intuir el contenido de las demandas populares, Juan Domingo Perón encarnaba el modelo eminente. Las conducciones que le sucedieron debieron lidiar con sus propias limitaciones, que se acoplarían a las mutaciones impuestas por las épocas. La resultante retornó, con Carlos Saúl Menem, diez años de un híbrido que conjugaba el acervo folklórico del peronismo con un liberalismo de inédita profundidad. Y, más tarde, con los Kirchner, un experimento exitoso durante doce años en el que se amalgamaban partes desiguales de justicialismo reinterpretado, con revalorización de los años setenta y una franca admiración del devocionario socialdemócrata. Es decir que ambas experiencias aplicaron mutaciones severas a la matriz doctrinaria, a criterio de asegurarse la obtención y el acopio de poder en las circunstancias en que debieron operar.

De tal suerte que el peronismo habrá de moverse hacia el centro, en dos niveles. En primer lugar, democratizando el mecanismo de adopción de decisiones vía la normalización del Partido, sometido desde hace décadas a una corrosiva parálisis institucional.

Constituirá un proceso de aceptación de las reglas que sensatamente definen el funcionamiento de los partidos políticos, allí donde reina algún formato civilizado de democracia.

En segundo lugar,la búsqueda del centro habrá de ser programática: la obtención de consenso en esta cuestión será decisiva, si de lo que se trata es de evitar la fragmentación y el proceso de diáspora que arrastrarían al peronismo hacia una experiencia terminal.

Acto seguido, tomemos nota sobre un listado de asuntos centrales, condicionados por el Momento Milei:

1. Si bien la protección del mercado interno es bandera histórica del justicialismo (con la excepción del paréntesis constituído por el menemismo), habrá de admitir el Movimiento que se impone un 'régimen gradual a fin de enfrentar la competencia internacional, previa adecuación de nuestros costos a fin de  asegurar la competitividad de nuestra producción'.

2. No se admitirá reforma de la legislación laboral que afecte o menoscabe derechos inalienables de los trabajadores. Amén de ello, es probable 'que una norma de 1974 como la ley 20.744 requiera de actualizaciones que contemplen las nuevas modalidades de trabajo o mecanismos alternativos que reduzcan los costos de contratación para pequeñas empresas'.

3. La Argentina tendrá relaciones económicas y políticas con todas la naciones que exhiban respeto por los derechos fundamentales de la persona humana 'aunque, por razones geográficas, históricas y culturales, pertenezcamos a lo que se ha dado en llamar Occidente'.


Será lícito finiquitar en esta instancia el listado, bajo la consideración que exige no atormentar al lector con la saturación de ejemplos. En definitiva, es escaso el margen del peronismo para diferenciarse sustancialmente del sistema capitalista de producción y distribución de riqueza que rige en casi todo el planeta. La nota distintiva podría derivar de la personalidad de los candidatos: soslayada la singularización programática, asistiremos acaso a una confrontación de personas, a una exhaustiva revisión de prontuarios, y a un duelo de discursos.

Las tropas de las fuerzas principales se aprestan a la batalla cercana y final. El lugar de encuentro es el centro del campo.

Quienes se plantan en un punto equidistante de los extremos, pretendiendo erigirse como íconos de una tercera alternativa, llevarán la peor parte. El inminente armagedón no les permitirá siquiera entrar en combate.


 
Sobre Sergio Julio Nerguizian

De profesión Abogado, Sergio Julio Nerguizian oficia de colaborador en El Ojo Digital (Argentina) y otros medios del país. En su rol de columnista en la sección Política, explora la historia de las ideologías en la Argentina y el eventual fracaso de éstas. Sus columnas pueden accederse en éste link.