INTERNACIONALES : MICHAEL CUNNINGHAM

En plena capital estadounidense, estudiantes chinos buscan resguardar sus derechos frente a la opresión desatada por Pekín

Un grupo de estudiantes de nacionalidad china han decidido plantarse, en Washington, D.C...

16 de May de 2023

 

Un grupo de estudiantes de nacionalidad china han decidido plantarse, en Washington, D.C., frente a la interferencia del Partido Comunista Chino en el mundo académico de los Estados Unidos.

Partido Comunista Chino, Pekín, Interferencia china, Amenaza china, Estados UnidosEste pequeño pero decidido núcleo de estudiantes de la Universidad George Washington dio a conocer un comunicado el pasado 25 de abril, anunciando la formación de un Sindicato de Estudiantes Chinos Independientes, con miras a ofrecer a los jóvenes chinos en la ciudad una plataforma desde la cual organizarse y expresar ideas políticas libres de la mirada predatoria del Partido Comunista en Pekín.

Entre las principales prioridades del grupo, de acuerdo a su comunicado, se encuentran: el resguardar a los participantes frente a los subnúcleos de Estudiantes Chinos y la Asociación de Académicos -ambos tutelados por el Partido-, y convencer definitivamente a la Universidad George Washington de alejarse de 'las compañías cómplices del genocidio de la etnia uigur, que le dan poder al PCCh'.

Esta es apenas la manifestación más reciente del despertar político que caracteriza a los estudiantes de nacionalidad china en los campus universitarios del territorio estadoundiense. Se trata de un desarrollo significativo, que exhibe el potencial de amplificarse a otros espacios universitarios en los EE.UU. y en todo el mundo.

Sin embargo, y curiosamente, los medios masivos de comunicación han venido ignorando el fenómeno. Aún multiplicándose las expresiones de repudio contra la infiltración que China viene ejecutando en perjuicio de las instituciones académicas americanas, es sorprendente la escasa atención que se presta a los estudiantes de esa ciudadanía, muchos de los cuales son los principales damnificados por el accionar del Partido Comunista.

Asimismo, la novedad encarna un pedido de ayuda en pos de asistir a una población vulnerable, cuyos derechos son violados rutinariamente por lo que, en esencia, son agentes de una nación extranjera que operan ilegalmente en territorio de los Estados Unidos de América. Infortunadamente, las universidades, las fuerzas de seguridad y el gobierno estadounidense fracasan a la hora de proteger a estos estudiantes.

El comunicado compartido por los estudiantes de la Universidad George Washington denuncian una 'campaña sistemática de represión' por parte del Partido Comunista Chino, en la que 'todos nosotros -y nuestras familias en territorio chino- deben lidiar con la recurrente realidad de la intimidación, monitoreo, acoso, extorsión, y otras maniobras violatorias de nuestros derechos'.

Como resultado, denuncia el grupo de estudiantes, 'carecemos de acceso significativo a ámbitos de libertad académica y a nuestros derechos civiles, a pesar de estudiar en una universidad que declama defender aquéllos'.

Tal es la crudeza a la que deben hacer frente los estudiantes chinos en el extranjero quienes, durante décadas, debieron respaldarse en Asociaciones de Estudiantes y Académicos Chinos -financiados por Pekín- para organizar actividades sociales y culturales junto a sus pares.

En la superficie, aquellos órganos funcionan tal como lo hacen otras organizaciones en los campus. Sin embargo, los mencionados no ocultan sus vínculos con el PCCh, que aprovechan para mantener información detallada sobre otros estudiantes y académicos oriundos de China. Asimismo, mediante ese y otros instrumentos, se garantizan la lealtad de los mismos al Partido; los acosan, intimidan, o bien informan a aquellas personas que no suscriben al ideario ortodoxo de la organización política en Pekín.

En reiteradas oportunidades -el año pasado-, bolsones de estudiantes chinos en los Estados Unidos y en otras naciones tomaron la arriesgada decisión de plantarse frente al opresivo régimen -el cual los amenaza desde suelo chino. En febrero pasado, los estudiantes colgaron banderas y pancartas en los campos de la Universidad George Washington, manifestando su oposición al desarrollo de los Juegos Olímpicos de Pekín, sobre la base de las violaciones contra los derechos humanos. Durante octubre y noviembre, los estudiantes en todo el mundo exhibieron su solidaridad con los valientes compatriotas que, en territorio chino, decidieron oponerse al líder Xi Jinping y a su política de 'COVID Cero'.

Antes que celebrar la poco frecuente decisión de los estudiantes de ejercitar su libertad y manifestarse en pos de principios democráticos, los administradores en numerosas universidades prestaron oídos sordos al asunto, mientras el elemento nacionalista del PCCh acosaba, intimidaba y buscaba identificar a aquellos jóvenes que protestaban -reportándolos a la Embajada de la República Popular China. Este elemento subsidiario del Partido también presionó a las universidades estadounidenses para que quitara las pancartas de los manifestantes, sobre la base de que, en una extraña perspectiva, alentaban el racismo contra personas oriundas de Asia.

Sin lugar a dudas, no todos los estudiantes han tenido choques con los núcleos de Estudiantes Chinos y de la Asociación de Académicos. Algunos respaldan, genuinamente, las actividades del PCCh y de sus organizaciones afines.

No obstante, y con demasiada frecuencia, esas organizaciones amenazan a los estudiantes, con el objeto de impedirles ejercitar sus derechos a consciencia. Cuando lo hacen -a instancias del gobierno en Pekín-, lo que en realidad están haciendo es fungir como agentes de una potencia extranjera.

Los organizadores del núcleo independiente de estudiantes de la GWU aspiran a romper con lo que ellos califican de monopolio en la representación de los jóvenes universitarios. Al día de la fecha, 'más de doce estudiantes' se han unido a este naciente grupo, y han decidido permanecer anónimos -temiendo por su seguridad y por los miembros de sus familias que aún residen en territorio chino.

La mayoría de los jóvenes chinos temen unirse a una organización sobre la que estiman podría quedar en la mira del PCCh, y preferirían mantenerse alejados de la acción. Sin embargo, es probable que las membresías a estos núcleos se incrementen, conforme las noticias se extienden hacia otros campus en el área de Washington. Desde allí, también la novedad podrá trascender a otras urbes -y aún a terceros países.

Aún cabe evaluar el impacto que tales grupos podrían tener en el futuro. Cierto es que maniobran contra numerosos obstáculos, y hoy parece difícil verlos rivalizar con las organizaciones respaldadas por el Partido -en razón del amplio poder coercitivo que caracteriza a Pekín. En cualquier caso, la sóla existencia de estos novedosos núcleos consigna una genuina amenaza para el Partido Comunista Chino, y para sus esfuerzos en pos de mantener a raya las mentes y corazones de toda la población de su país, en el seno de la ideología dirigista.

En Pekín, el régimen teme más a la población que a cualquier otra cosa -en particular, el sistema teme a los estudiantes destacados en el extranjero. En rigor, el PCCh no puede controlar el acceso de estos últimos a la información tal como lo hace en suelo chino, y conoce de primera mano el destacado rol que las organizaciones estudiantiles han tenido en instancias revolucionarias previas. Los propios fundadores del Partido fueron expuestos inicialmente a la ideología comunista, mientras se registraban en universidades del Japón.

Esta es la razón que explica la importancia del crítico accionar de los estudiantes. Aún cuando es menester mensurar objetivamente sus expectativas e impacto directo, cualquier plataforma en la que ciudadanos chinos se liberen de sus ataduras a la hora de ejercitar sus libertades civiles y desarrollar ideas políticas alejadas del PCCh, contribuirá a consolidar el objetivo global de libertad frente a la tiranía. Esto es una verdadera amenaza para el principal conglomerado con el que hoy rivalizan los Estados Unidos de América en el mundo.

Este naciente movimiento deberá mantener su esfuerzo orgánico por y para los estudiantes chinos. No obstante, también los tomadores de decisión política y las universidades tienen hoy rol que desempeñar a la hora de ayudar al resguardo de sus derechos -para emparejar el terreno frente a asociaciones más poderosas, enroladas con Pekín.

La dirigencia política americana y las universidades del país habrán de educar más activamente a los estudiantes chinos al momento de ponderar los derechos constitucionales vigentes. Estos protegen a toda persona en los EE.UU., con independencia de su status de ciudadanía.

Mientras tanto, las fuerzas de seguridad federales habrán de concentrar esfuerzos con miras a perseguir y procesar a todo aquel que incurra en comportamientos ilegales, apadrinados por el régimen chino. Los cargos recientemente presentados contra una persona de la ciudad de Boston, acusada por compartir al gobierno chino listados de disidentes pro-democracia (una táctica que asociaciones como Estudiantes Chinos y la Asociación de Académicos también han utilizado) prueban que esto puede hacerse eficazmente.

A la postre, dirigentes políticos y universidades deberán considerar seriamente el denunciar a organizaciones afiliadas al Partido Comunista Chino -como las ya mencionadas-, eyectándolas de los campus universitarios del país. Aún cuando la remoción de tales grupos no impedirá que el Partido Comunista continúe acechando a los estudiantes, ello dificultaría seriamente sus posibilidades de moverse con impunidad en los campus de los EE.UU..



Artículo original, en inglés



El autor, Michael Cunningham, es fellow de investigaciones en el Centro para Estudios Asiáticos del think tank estadounidense The Heritage Foundation, en Washington, D.C..